domingo, 31 de agosto de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXXII) Isaías

"Oíd esto, oh casa de Jacob, que sois llamados por el nombre de Israel, y que son venidos de la fuente de Judá; que juran por Mi Nombre y que mencionan el Dios de Israel, pero no con verdad ni rectitud. Porque se llaman de ciudad sagrada y permanencen sobre el Dios de Israel, el Eterno de las multitudes es Su Nombre." (Isaías 48:1-2)

El Creador nuevamente reprocha la renuencia de Israel a cumplir su parte del Pacto, el cual es revelar la Presencia Divina en el mundo material. La Torá nos encomienda realizarlo haciendo que la verdad y la rectitud reinen como los fundamentos de los caminos y atributos del Creador.

Su llamado es para Israel y no para otras naciones, porque Israel representa en la conciencia humana el potencial creativo del bien. De ahí que si Israel no cumple, no hay Redención Final ni Era Mesiánica.

"Porque Yo sabía que tú eres obstinado, y tu cuello es un tendón de hierro, y tu frente es de bronce. Por tanto lo he declarado a ti desde antaño. Antes de que acontezca Yo lo anuncié a ti, aun tu diciendo: 'Mi ídolo los ha hecho, y mi imagen tallada, y mi imagen fundida, los ha ordenado'." (48:3-4)

Se trata ya sea de las fantasías e ilusiones materialistas de ego con las tendencias y rasgos negativos en la conciencia, o de los caminos, atributos y Mandamientos de Dios para cumplir nuestra misión en el mundo material. La mentalidad egocéntrica por definición es obstinada, al igual que su predicamento adictivo y destructivo. De ahí que terminemos culpando de nuestras acciones negativas y sus consecuencias a nuestras fantasías e ilusiones como los ídolos que hemos creado, y ante los cuales somos sus sirvientes.

"Tú has oído, visto todo esto; ¿y vosotros no lo declararéis? Yo os he anunciado nuevas cosas para este tiempo, inclusive cosas ocultas, que no has conocido." (48:5-6)

Lo hemos oído de Dios a través de la Torá y de Sus Profetas, pero aún así no lo reconocemos ni lo proclamamos. Esto quiere decir que, aún si admitiéramos la Redención Final de Dios, nos negamos a aceptarla. Tampoco reconocemos las buenas cosas que esta trae, y que han sido ocultadas por Él hasta que comencemos a creer en ellas y abrazarlas.

Preferimos vivir las fantasías e ilusiones que nos hacen vivir una vida intrascendente y sin sentido, y que nos llevan a vivir para morir. Dios tiene planes para nosotros en Su prometida Era Mesiánica, para revelarnos cosas ocultadas que estamos destinados a conocer con el fin de vivir con una nueva conciencia. Esta se manifiesta únicamente con opciones positivas con fines positivos que podremos conocer sólo cuando removamos las tendencias y rasgos negativos que han controlado nuestras vidas hasta ahora.

Dios prosigue confrontando a los hijos de Israel por desconocer no solamente el Pacto de Dios sino también su Esencia e identidad, llamándonos traidores. A pesar de nuestro predicamento, Él reafirma Su Amor por nosotros (48:9).

También nos recuerda que hemos aprendido muy poco del sufrimiento en nuestros exilios que Él llama "el crisol de la aflicción". Dios quiere que lo glorifiquemos eligiendo vivir en Sus caminos.

"Óyeme, oh Jacob, e Israel a quien Yo llamo: Yo soy Él, Yo soy el primero, y también Yo soy el último." (48:12)

El Creador reitera Su absoluto control sobre Su Creación, recordándonos que únicamente Su voluntad es lo que cuenta (48:13-21). De ahí que nuestro deber sea conocer Sus caminos y atributos como nuestra razón y propósito en la vida (48:18).

"No hay paz, dice el Eterno, para el malvado." (47:22)


Nos hemos referido a los significados de la paz en nuestra conciencia, como lo total, lo completo y harmónico que solamente podemos lograr en nuestra conexión con Dios. El mal, la iniquidad y la negatividad son rasgos opuestos al bien que es nuestro nexo común con Dios. De ahí que mientras vivamos por y para fantasías e ilusiones de ego, al igual que tendencias y rasgos negativos, no tendremos lo completo y entero que es vivir en los caminos y atributos de Dios.

En este sentido los modos y atributos de Amor, como manifestación material del Amor de Dios, son las cualidades redentoras que debemos entronizar en cada aspecto y dimensión de la conciencia para entrar en la Redención Final, y comenzar a conocer el Amor de Dios.

domingo, 24 de agosto de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXXI) Isaías

“Bel se inclinó, Nebo se prostró. Sus ídolos están sobre las bestias, y sobre el ganado; las cosas que lleváis encima son un peso, una carga para la bestia cansada. Se prostran, se inclinan juntas, no pueden llevar la carga; y ellas mismas se perdieron en cautiverio.” (Isaías 46:1-2)

Los ídolos como fantasías e ilusiones de ego son ciertamente cargas que llevamos a expensas de la vitalidad y fuerza de la vida, simbolizadas por el ganado en las metáforas del Profeta. Dios no creó nuestra vida como bestia de carga para llevar ídolos pesados. De ahí que no podamos llevar cargas que no necesitamos y que se convierten en nuestro cautiverio. No hay libertad con cargas que nos separan de nuestra Esencia y verdadera identidad.

“Óyeme, oh casa de Jacob, y todo el remantente de la casa de Israel, venidos [de Mí] desde nacimiento, llevados desde el vientre. Hasta tu ancianidad Yo soy el mismo, aún en tu ancianidad Yo te llevo. Yo [te] hice, y Yo [te] cargo. Sí, Yo [te] sostengo, y Yo [te] redimo.” (46:3-4)

Parece que dudamos no sólo del poder y dominio de nuestro Creador sobre Su Creación, sino también de Su amorosa bondad con la cual la sostiene. Nos resistimos a Su Amor cuando Él repetidamente nos llama para retornar a Sus caminos y atributos. Dios claramente nos dice que somos parte de Él, porque nos llevó desde el vientre. Somos Sus hijos que ama, ya que nos ha formado, cargado, sostenido y redimido, a pesar de nuestra elección de separarnos de Él. ¡Este es el más grande Amor de todos!

El Profeta prosigue citando a Dios (46:5-9) reiterando otra vez Su dominio sobre toda Su Creación, para hacernos conscientes de la futilidad en crear dioses de oro y plata. Estos son los ídolos de los que dependemos, que nunca nos van a librar de las adicciones, apegos y obsesiones que tenemos por ellos. Una vez más Dios señala las fantasías e ilusiones de ego que nos separan de Él, y nos recuerda que Él es la causa y propósito de todo lo que existe:

“Yo soy Dios y no hay nada más, Yo soy Dios y no hay nada como Yo que declara el final desde el principio, y desde la antigüedad cosas que aún no acontecen, diciendo: 'Mi consejo siempre perdurará, y lo que Me complace Yo hago'.” (46:9-11)

Esta proclamación debería resonar en cada dimensión de la conciencia, ya que la razón, causa y finalidad de lo que existe es Dios. Todo lo demás es la ilusión que creamos a partir de Su Creación. De ahí que “no hay nada más” y “no hay como Dios”. La Torá es Su instrucción para ser, tener y hacer dentro de los límites de nuestra sabiduría, entendimiento y conocimiento. Así nos hacemos conscientes en el mundo material de lo que es nuestra Esencia y verdadera identidad. La Torá es el consejo de Dios que perdurará de acuerdo a Su voluntad.

En este conocimiento debemos comprender y manifestar nuestro nexo y relación con el Creador. Así disipamos las nubes de nuestras ilusiones y fantasías materialistas, y comenzamos a vivir bajo el cielo despejado de la rectitud como causa y efecto de los modos y atributos de Amor, que son el bien que Dios quiere hacer prevalecer en el mundo. Esta es la cercanía a Su rectitud que no está lejos de nuestra conciencia, porque ya sabemos lo que es el bien.

“Oídme, vosotros de corazón duro, alejados de la rectitud. Yo [os] acerco Mi rectitud, que no está lejos, y Mi redención que no tarda. Y Yo pondré redención en Sión para Israel Mi gloria.” (46:12-13)

Así nos damos cuenta que el bien es nuestra Redención. Nos redimimos con lo bueno de lo cual nos creó el Amor de Dios. Este conocimiento es Sión como nuestra conexión permanente con Él. En Sión honramos y glorificamos a Dios, porque somos el bien con el que lo glorificamos.

domingo, 17 de agosto de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXX) Isaías

El Creador continúa proclamando Su absoluto dominio sobre Su Creación (capítulos 45 y 46). Llama al rey de Persia Su servidor, porque todos y todo sirven a Su voluntad.

“Por amor a Jacob Mi servidor e Israel Mi elegido, Yo te he llamado [Ciro] por tu nombre. Te he nombrado a ti, aunque tú no Me has conocido.” (Isaías 45:4)

En este versículo aprendemos de nuevo que todo lo que ocurre en el mundo está directamente relacionado con Israel. Lo que hagan las naciones y sus gobernantes está vinculado a la presencia y misión de Israel, de acuerdo a la voluntad de Dios. Él decretó la liberación y retorno de Israel a la Tierra Prometida tras el exilio en Babilonia, ocupada entonces por Persia bajo la regencia de Ciro.

“Yo soy el Eterno y no hay nada más, no hay dios fuera de Mí. Yo te he fortlecido [Ciro], aunque no Me hayas conocido. Para que sepan que desde donde sale el sol y desde el poniente, que no hay otro [dios] además de Mí. Yo soy el Eterno y no hay otro más.” (45:5-6)

El Creador nos recuerda que Su voluntad es cumplida por todos, inclusive aquellos que no creen en Él o no lo conocen. La presunción general de las fantasías e ilusiones de ego es que todo lo que creamos o hacemos proviene de nuestra cabeza, olvidando que Dios nos la dio al igual que lo que somos, tenemos y hacemos. Este probablemente es el principio más difícil de aceptar y asimilar por el sentido de individualidad que conocemos como ego. Hasta los más depravados y abyectos entre nosotros también cumplen la voluntad de Dios. Esto genera los consabidos debates en torno a Dios y Su Creación, porque si Él quiere que el bien prevalezca no hay aparentemente necesidad del mal. Así concluimos que el mal y la maldad existen como referencias para que conozcamos el bien y lo elijamos.

Así asimilamos que el propósito esencial de la Torá es enseñarnos que Dios nos creó para ser éticos y morales. De ahí que tengamos leyes y reglas para que el bien como lo justo sea lo que queremos hacer prevalecer. Esto nos hace rechazar todo lo que rebaje y desprecie lo bueno en la vida tal como la Torá lo encomienda a Israel, cuya misión es propagar este principio entre las demás naciones. Una vez toda la humanidad integre el bien individualmente y colectivamente en todos los aspectos y dimensiones de la vida, todos entraremos en la culminación del plan de Dios que es la Era Mesiánica. Entonces sabremos que “(...) no hay otro además de Mí. Yo soy el Eterno y no hay otro más”. Entonces podremos aprender el bien de donde vinimos que es el Amor de Dios, eterno.

De esta manera nos damos cuenta que todos estos años vividos en las tinieblas de tendencias y rasgos negativos han sido el proceso de aprendizaje para conocer y apreciar plenamente lo bueno de los modos y atributos de Amor. Estos son nuestro verdadero nexo y conexión con nuestro Creador. Esto nos enseña que debemos ayudarnos unos a otros, cuidar unos de otros y elevarnos unos a otros, erradicando la maldad de la faz de la tierra. Lo hacemos individual y colectivamente. No podemos eliminar la negatividad exterior si no lo hacemos primero en nuestro interior.

Rociad cielos de arriba, y las nubes destilen la rectitud. Ábrase la tierra y prodúzcanse redención y rectitud, que broten juntas. Yo el Eterno lo he creado.” (45:8)

La Redención cae de “arriba” y la rectitud es su expresión. Asimilemos esto con una concepción multidimensional, ya que en nuestro más elevado nivel de conciencia sabemos que Amor como rectitud es lo que rige. Este es nuestro cielo desde donde estamos por encima de las bajas tendencias y rasgos donde nos mantienen cautivos las fantasías e ilusiones de ego. De ahí que tengamos que abrir la tierra como la vida con todas sus facetas a lo bueno que queremos vivir y disfrutar.

Así es como traemos Redención a nuestras vividas como individuos y como humanidad. Esto también quiere decir que tanto la rectitud del Creador como la nuestra brotan juntas, porque ambas tienen un nexo común que es el Amor de Dios, el mismo que creó nuestra Redención. Sólo tenemos que comenzar a abrazar el bien como nuestra Redención, ya que esta es el inicio de una fase final y eterna en el plan de Dios para Su Creación.

Dios nos recuerda otra vez que nuestro exilio en las fantasías e ilusiones de ego se deriva de estas como los ídolos que adoramos. Hay dos referencias a esto (45:16, 45:20) en el contexto de nuestra Redención, para recordarnos también que Dios es nuestro único Redentor. De Él vivimos y justificamos nuestra existencia.

“En el Eterno toda la descendencia de Israel será justificada, y se glorificará.” (45:25)

domingo, 10 de agosto de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXIX) Isaías

En el capítulo 44 de sus mensajes (versículos 1 al 20), el Profeta Isaías cita al Creador dándonos más recordatorios y advertencias contra la idolatría como la causa principal de los fracasos en la conciencia humana. De ahí la inevitable separación de Sus caminos y atributos que constituyen nuestra conexión permanente con Él. En este contexto entendemos que somos Sus servidores, porque servimos a un propósito en Su Creación.

“Recuerda estas cosas Jacob e Israel, porque tú eres Mi servidor. Yo te he formado, para Mí tú eres servidor Israel, no me olvides. Yo he borrado como una densa nube tus transgresiones; y como una nube tus pecados. Retorna a Mí, Yo te he redimido.” (44:21-22)

Servir a Dios es vivir a través de nuestra conexión con Él, de la cual quiere hacernos conscientes. Nuestros Sabios señalan la diferencia entre crear o hacer y formar. Ellos deducen esta diferencia de la declaración “Él forma Luz y crea oscuridad, hace paz y crea todo”, tomada de la Torá respecto a la Creación de Dios en el libro del Génesis. Indican que lo que Dios “forma” sirve un propósito particular, mientras que lo que Dios “crea” son accesorios para la realización de tal propósito. En el orden de la narración de la Torá, lo que Dios creó “En el principio” es el contexto de lo que Él previamente había “formado”, que son Luz e Israel. De ahí que Israel sea llamado por su propósito en la Creación de Dios en general, y específicamente en el mundo material como “Luz para las naciones”.

Dios reitera Su recordatorio pidiéndonos también que no lo “olvidemos”. Especialmente luego de decirnos que Él ha retirado las tendencias y rasgos negativos en la conciencia que nos hacen transgredir lo bueno en la vida. Sólo tenemos que darnos cuenta que nuestra conciencia es realmente libre siempre y cuando hagamos de esta liberación del mal algo concreto y práctico en cada aspecto y dimensión de la vida. Así debemos retornar a Dios, porque Él ya nos ha redimido del cautiverio en aquello negativo que hemos creado.

“Canten de júbilo, cielos, porque el Eterno lo ha hecho. Griten de alegría, profundidades de la tierra. Estallen montañas en gritos de júbilo, y el bosque y todo árbol en él, porque el Eterno ha redimido a Jacob y Se glorifica en Israel.” (44:23)

Todos los niveles y aspectos de la conciencia también deben asimilar nuestra liberación total decretada por Dios, y celebrar Su Redención. Estos incluyen el más elevado conocimiento de nuestra conexión con Él (“cielos”), las pasiones e instintos que nos impulsan a vivir con intensidad (“profundidades de la tierra”), los valores y principios por y para los que vivimos (“montañas”), y todo lo que proviene de lo bueno en la vida (“el bosque y sus árboles”). Todo debe regocijarse por la liberación especial que Dios ha infundido en nosotros para entrar en la Era Mesiánica. Así asimilamos que Él se glorifica en Israel, porque nuestro destino es hacernos conscientes de Su voluntad y propósito para Su Creación, y realizarlos tal como lo reafirma el siguiente versículo.

“Así dice el Eterno, tu Redentor, el que te formó desde el vientre: 'Yo el Eterno que lo hago todo, que extiendo por Mí mismo los cielos, que extiendo la tierra por Mí mismo'.” (44:24)

El hecho de que Dios diga que Él mismo nos “formó desde el vientre” tiene significados multidimensionales. Por definición no podemos concebir, comprender o asimilar quién o qué es Dios. De ahí que la alegoría de formarnos desde el vientre nos lleve a darnos cuenta que Su “formación” de nosotros provenga de dentro de Él mismo, o como parte de Él, tal como la Luz es “formada” por Él. Enseguida dice que Él hace (crea) todas las cosas según Su voluntad y de acuerdo a Su plan.

“Que frustro las señales de los impostores, y hago necios a los adivinos; que hago retroceder a los sabios, y desvanezco su sabiduría.” (44:25)

Esto también quiere decir que Dios disipa las tendencias negativas en la conciencia y las fantasías e ilusiones de ego, representadas por las alegorías mencionadas en este versículo. Por definición los impostores no son lo que representan, al igual que las fantasías que creamos a partir de creencias y sentimientos de carencia. No somos lo que carecemos, sino lo que tenemos en abundancia. De ahí que debamos ser conscientes de quiénes somos y no de lo que tenemos o carecemos, porque en nuestra Esencia y verdadera identidad sabemos lo que somos. Esto es el Amor de Dios de donde proviene todo lo formado y lo creado. Entonces Dios nos recuerda también la necedad inherente a la supuesta “sabiduría” de las fantasías e ilusiones de ego. Estas nos conducen a la vanidad y futilidad de los ídolos que creamos, y que nos separan de nuestra razón (Dios) y propósito (Su voluntad) en la vida.

“Que confirma la palabra de Su servidor, y realiza el consejo de Sus mensajeros. Que dice de Jerusalén que ella es habitada, y a las ciudades de Judá: 'Serán reedificadas', y sus ruinas levantaré'.” (44:26)

La palabra de Dios (la Torá) es el plan y propósito para (los hijos de) Israel Su servidor, como los mensajeros que realizan Su voluntad. Este conocimiento es lo que nuestros Sabios místicos llaman Jerusalén, como el más elevado nivel de conciencia desde el cual nos hacemos conscientes de nuestra conexión permanente con Dios. Él promete poblarla con lo bueno que representan los hijos de Israel, y las cualidades, tendencias y rasgos positivos como las ciudades de Judá. En este sentido Judá es la regencia como dirección y liderazgo para cumplir el destino de Israel. Así la desolación de las “ruinas” dejadas por la futilidad de las fantasías e ilusiones de ego serán reconstruidas con los modos y atributos de Amor. Estos son las tendencias positivas en la conciencia.

“Que dice al abismo: 'Secaos, y tus ríos hago secar'. Que dice de Ciro: 'Él [Israel] es Mi pastor, y todo en lo que Me deleito lo cumple. Lo mismo al decir de Jerusalén: 'Tú estás reconstruida'. Y del Templo: 'Tú estás cimentado'.” (44:27-28)

Es la voluntad de Dios lo que ha acontecido y lo que acontecerá, como premisa para que asimilemos nuestra misión en el mundo, la cual es Su deleite y satisfacción. Dios nos dice una y otra vez en la Torá (repetidamente en el libro del Deuteronomio) y a través de Sus Profetas que nuestra Redención ya ha sido decretada. Sólo tenemos que hacernos plenamente conscientes de esta reconstruyendo la conexión individual y colectiva con el Creador. Esta es Jerusalén y el Templo como los cimientos de nuestra identidad para cumplir Su voluntad.

Nuestros Sabios enseñan que estos dos versículos están relacionados tanto con Ciro, el rey de Persia, como con Israel respecto a la voluntad de Dios en torno a Su Redención. En los tiempos de nuestro exilio en Babilonia, Ciro representó el rey que cumple la voluntad de Dios tal como lo hace Israel. Dios ordena a Ciro permitir el regreso del pueblo hebreo a su tierra para reconstruir su conexión y relación con Él. Estas son la razón y propósito de Israel en el mundo material. Isaías se referirá otra vez a Ciro en el próximo capítulo como el medio y el mensajero para que Israel retorne a su tierra.

domingo, 3 de agosto de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXVIII)

“Yo anuncié, y redimí, e hice oír, y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros pues sois Mis testigos, dice el Eterno, que Yo soy Dios. Aun antes que hubiera día, Yo era. Y no hay quien de Mi mano escape. Si Yo hiciere, ¿quién lo revertirá?” (Isaías 43:12-13)

La Redención Final es inminente, porque Dios reafirma que no hay vuelta atrás. Deja claro una y otra vez que ni ídolos ni falsos dioses tienen ningún poder aparte de Él. Pongamos atención a las reiteradas advertencias y repeticiones contra aquello a lo que demos poder para controlar nuestras vidas. Debemos comprender esto como una constante invitación para reconocer que somos creaciones de Dios, y que debemos todo lo que somos, tenemos y hacemos a Su Amor por nosotros. Somos una emanación de Su eterna amorosa bondad, que es la Esencia que define nuestra verdadera identidad.

La única manera de asimilar plenamente esta irrefutable realidad es poniendo de lado todas las fantasías e ilusiones individualistas provenientes de la creencia egocéntrica de que somos dioses de nuestras propias vidas. A partir de esta creencia ilusoria creamos los ídolos y dioses a los que servimos con nuestra codicia, ambición, lujuria, arrogancia e ira por un lado; y con nuestras frustraciones, depresiones, obsesiones, adicciones y apegos que nos mantienen cautivos y alejados de lo bueno de los modos y atributos de Amor como la libertad inalienable de nuestra Esencia e identidad.

“Así dice el Eterno, Redentor vuestro, el Sagrado de Israel: 'Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender fugitivos a todos ellos; y el estruendo de caldeos en las naves. Yo soy el Eterno, vuestro Sagrado, el Creador de Israel, vuestro Rey.” (43:14-15)

El Creador reafirma Su promesa de transformar nuestra conciencia retirando las cargas de las tendencias y rasgos negativos, referidos aquí como Babilonia, fugitivos y caldeos, incluyendo el estruendo de sus modos (“naves”). Otra vez Él se presenta no sólo como Dios sino como el Sagrado de Israel, lo que significa que Él es lo sagrado en nosotros. De ahí que sea el Rey como único conductor de todos los aspectos y dimensiones de la vida que Él espera que abracemos.

“He aquí, Yo hago algo nuevo, ahora surge. ¿No lo sabéis? Hago un camino en el desierto y ríos en el yermo.” (43:19)

Aún si no creyéramos posible retirar el mal y lo negativo de la conciencia humana, para el Creador sí es posible. Por lo tanto más nos valga que lo creamos. También nos pregunta si no lo sabemos, en caso de que ignoremos que Él puede transformar desiertos en ríos y yermos en campos fructíferos. Igualmente puede transformar nuestra conciencia hacia una sola dirección, en la que únicamente el bien sea la causa y el efecto con el elevado destino que el Creador tiene para nosotros. Este es el propósito de la Redención Final y la Era Mesiánica.

Dios evoca nuestra memoria del Éxodo de Egipto (43:16-18) para recordarnos de Su total control sobre Su Creación, y de todos los acontecimientos ocurridos desde el comienzo de nuestra historia. Esta premisa es el preámbulo para asimilar la Conciencia Mesiánica.

“La bestia del campo Me honra, dragones y las crías de avestruz. Porque He dado aguas en el desierto, ríos en la desolación, para que beba Mi pueblo, Mi elegido. El pueblo que Yo he formado para Mí, proclama Mi alabanza.” (43:20-21)

En la Era Mesiánica todas las criaturas vivientes rendirán honor y alabanza al Creador, porque no solo tiene el poder de crear y sustentar sino también de transformar. Esto igualmente se aplica en particular para Israel, a quien Él da Su conocimiento (la Torá) como el agua que nutre la conciencia que Él quiere para Su voluntad. Esta misma conciencia es la que le expresa alabanzas como el Rey de todo.

“Pero no Me has llamado, Jacob, sino que te has cansado de Mí, Israel.” (43:22)

A pesar del Amor de Dios por Israel, Él cuestiona los motivos de nuestros corazones para despreciar el nexo eterno con Él (43:23-24). Somos Sus elegidos, pero nos olvidamos de elegirlo a Él. Esto nos conduce a reflexionar acerca de la Esencia e identidad que Él nos da en la Torá, la cual es también el agua que nos sustenta a lo largo de nuestro paso por el mundo material.

“Yo, Yo soy el que borro tus transgresiones por amor a Mí mismo, y no Me acuerdo de tus pecados. Hazme acordar, entremos en juicio juntos; declara tú para justificarte.” (43:25-26)

Si Dios es presto para borrar y olvidar nuestras transgresiones, y ya nos ha perdonado, ¿cómo podríamos justificar nuestros pecados? El Amor de Dios es mayor que nuestro Amor, y no debemos tomar esto como una razón para deshonrar nuestro nexo con Él. Dios quiere que recordemos Su Amor y retornemos a Sus caminos y atributos que son la verdadera libertad en nuestra conciencia.

“Tu primer padre pecó, y tus maestros transgredieron contra Mí. Por lo tanto Yo declaro profanos los príncipes del Santuario, y doy a Jacob condena, y a Israel reproches.” (43:27-28)

Nuestra separación de Dios rompió el nexo con Él, y nuestras decisiones negativas nos llevaron a sus consecuencias destructivas. Aún así el Creador en Su Amor se atribuye esto, diciéndonos que Él invalidó el servicio sacedotal en el Templo, y envió a Israel a la condena y reproches de las naciones. Esto quiere decir que, en vez de culpar a Dios por las consecuencias de nuestras malas acciones, debemos reflexionar en nuestras decisiones.

Así comprenderemos que nuestra Redención comenzará cuando retornemos a nuestra Esencia y verdadera identidad, con la que Él nos creó como lo bueno de Jacob, y lo recto de Israel. Estos son los nombres con que Dios nos llama para recordarnos lo que somos y tenemos en la vida, y el propósito y destino de estos dos nombres.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.