domingo, 23 de febrero de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XLV) Isaías

“Con mi alma te he deseado en la noche, y con mi espíritu dentro de mí madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios Tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden a ser justos.” (26:9)

Este versículo es una declaración de Amor y al mismo tiempo una plegaria a Dios, de la añoranza de aquellos que lo buscan como la Fuente de nuestra existencia. Son el preludio de nuestra Redención Final, y el principio de la Conciencia Mesiánica. Reconocemos a Dios como la Luz para todo lo que existe, y el propósito para todo lo que hay. De ahí que lo busquemos en la oscuridad cuando Su Presencia está ocultada. Dios está ocultado donde y cuando no dejamos que Él se revele a nosotros. Nos ocultamos de Él y el resultado es que Él se oculta de nosotros. Nos separamos de Él y nuestra separación es la noche desde la cual añoramos regresar a Él.

Nuestros Sabios dicen que el alma que Dios exhala en nuestros cuerpos añora volver a Él desde el momento en que entra al mundo material. Podemos entender el alma de dos maneras. Como nuestra Esencia y verdadera identidad, o como una entidad separada que nos mantiene vivos mientras estemos en nuestros cuerpos. De hecho el alma es ambas cosas. Nuestra Esencia e identidad es lo que nos mantiene vivos ya sea dentro de un cuerpo físico o no.

Somos almas judías en todas partes y donde estemos o vayamos. Por lo tanto estamos unidos al Creador permanentemente, aún cuando elegimos vivir en la oscuridad de las fantasías e ilusiones de ego como la larga noche desde donde añoramos estar con Él. Esa es la razón por la que sin nuestra alma -- como el espíritu de Dios dentro de nosotros -- no lo podríamos a llamar a Él.

En las tinieblas nos damos cuenta que Dios es de donde provenimos y hacia donde vamos. Así vivir en la noche de la oscuridad es un proceso de aprendizaje para hacernos conscientes de lo bueno que hay en nosotros, y lo bueno que estamos destinados a ser y hacer. Lo bueno es el propósito de Sus juicios, por lo tanto clamamos por Sus caminos y atributos como nuestra Redención de la vanidad en los juicios de ego. Estos impulsan las tendencias negativas en la conciencia, derivadas de nuestras propias fantasías e ilusiones materialistas. Al abrir los ojos y ver la Creación de Dios podemos ver Sus juicios en la tierra como los modos con los que Él se relaciona con Sus obras: “Los cielos proclaman Su rectitud, y todos los pueblos ven Su gloria.” (Salmos 97:6).

Todos Sus juicios son justos, todos ellos son buenos: “Los preceptos del Eterno son justos, alegran el corazón. Los Mandamientos del Eterno son radiantes, iluminan los ojos. El temor [reverencia] del Eterno es puro, perdura para siempre. Los decretos del Eterno son firmes, y todos ellos juntos son justos.” (19:8-9). De ahí que aprendamos rectitud de Él como la salida de las tinieblas.

“Alcanzará piedad el malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará la majestad del Eterno. Eterno, bien que se levante Tu mano, no ven. Verán al final, y se avergonzarán los que envidian a Tu pueblo; y a Tus enemigos fuego los consumirá.” (Isaías 26:10-11)

Hemos dicho que Dios proclamó Su Redención mucho antes de darnos cuenta de esta. Ha estado ahí para nosotros y depende de nosotros. El Profeta nos recuerda otra vez que los malvados también pueden redimirse si lo deciden. El bien es una decisión que siempre ha estado disponible incondicionalmente para nosotros, siempre. Entendamos la incondicionalidad de lo bueno como algo que no coexiste con nada diferente a sus modos y atributos. Lo bueno nos habla así: “Estoy disponible para ti incondicionalmente mientras seas lo bueno y hagas lo bueno, y todo lo que es parte de mis modos y atributos. Nada diferente a ellos”. Entonces es nuestra decisión.

Así mismo asimilamos que la mano de Dios siempre ha estado levantada, como Su Amor que es eterno. Sólo tenemos que darnos cuenta de ello y verlo. Quienes no quieren ver representan no solamente los adversarios de aquellos que buscamos el bien que es la mano de Dios y Su Amor, sino también las tendencias negativas en la conciencia que nos mantienen en las tinieblas. Esos adversarios son los enemigos de Israel como lo bueno que el celo de Dios desea para el mundo material.

Cada vez que caemos en el predicamento de envidia, codicia, lujuria, soberbia, indiferencia, indolencia y crueldad, sentimos vergüenza ante el celo de Dios por el bien como lo opuesto a esos rasgos negativos. Así entendemos que el fuego que devora lo contrario a lo bueno es lo bueno mismo. El fuego que devora los adversarios de Dios [todo aquello que se opone a Sus caminos y atributos] es Su bondad que está destinada a prevalecer en toda Su Creación.

“Eterno, Tú estableces paz para nosotros; porque también has hecho en nosotros todas nuestras obras. Oh Eterno nuestro Dios, otros dioses fuera de Ti han dominado sobre nosotros, pero sólo a Tu Nombre damos gloria.” (26:12-13)

Una vez comenzamos a reconocer nuestra Esencia y verdadera identidad como el nexo común con nuestro Creador, nos hacemos conscientes de la paz como el Pacto eterno con Él. Todo lo que somos y hacemos es posible a través de Él, porque somos una emanación de Su Amor. Así nos damos cuenta que, aún si elegimos las fantasías e ilusiones de ego, reconocemos que el Creador es Dios. Damos gloria a Su Nombre como lo bueno de donde provenimos, y lo bueno que estamos destinados a ser y manifestar.

domingo, 16 de febrero de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XLIV) Isaías

“Porque en este monte reposará la mano del Eterno, y Moab será trillado debajo de él como es trillada la paja en el muladar.” (25:10)

Hemos indicado que Jerusalén representa el conocimiento de Dios en nuestra conciencia. Su monte sagrado -- Sión -- y el Templo de Jerusalén ambos representan nuestra conexión permanente con el Creador, y las naciones vecinas como rasgos y tendencias negativas. El último versículo (Isaías 25:9) citado en nuestro comentario previo a este se refiere al regocijo en nuestra Redención Final, luego de la total eliminación de la maldad de la faz de la tierra. El versículo siguiente mencionado arriba se refiere a la Redención Final también como la conexión permanente con Dios, como el monte donde reposará Su mano. Este, a diferencia de las elevadas montañas de la vecina Moab que será derribada.

Como lo reitera el Profeta, Moab representa soberbia y arrogancia. Estos rasgos negativos son los falsos sentimientos de poder y fortaleza derivados de los deseos de ego para controlar y dominar todos los aspectos de la vida. Estos, al igual que los demás rasgos negativos, son de hecho las fortalezas y murallas elevadas en nuestra conciencia que podemos derribar solamente mediante la compasión y amorosa bondad del Creador.

“Y extenderá [Moab] su mano por en medio de él, como la extiende el nadador para nadar, y [el Eterno] abatirá su soberbia con los miembros de sus manos. Y allanará [el Eterno] la fortaleza de tus altos muros, la derribará y echará a tierra hasta el polvo.” (25:11-12)

Los Profetas hebreos se refieren a la típica terquedad de la soberbia como corona de nuestra auto-proclamación como dioses en las fantasías y deseos desbordados de las ilusiones de ego. Al abrazar la decretada Redención de Dios mediante la regencia de los modos y atributos de Amor en todos los niveles de conciencia, Él nos hace humildes derribando nuestra soberbia.

La humildad es la vasija en la que Dios derrama la libertad total que Él quiere que vivamos sin las cargas ni cadenas de rasgos y tendencias negativas que inflan los delirios de grandeza de ego. Hay una cualidad de astucia en nuestra soberbia que nos seduce para pensar, expresar y actuar con manipulación. El orgullo y la arrogancia como las formas y modos que nos convierten en fanáticos del control.

“En ese día cantarán esta canción en tierra de Judá: 'Fortalecida ciudad tenemos, muros y bastiones Él ha puesto para redención'. Abrid las puertas y entrará la gente justa, guardadora de verdades.” (26:1-2)

Los caminos y atributos del Creador son las ciudades fortalecidas, muros y bastiones que Él nos da para redimirnos de los ídolos que hemos creado. El Profeta llama a las naciones para reorientar su predicamento hacia los modos y atributos de Amor como heraldos de nuestra Redención. Israel es la Nación justa como portadora de lo bueno que Dios quiere hacer prevalecer en el mundo material. Al mismo tiempo es un llamado a nuestro libre albedrío para conducirnos mediante los modos y atributos de Amor hacia Jerusalén como la ciudad donde el Creador mora permanentemente en nosotros.

“Al de firme propósito Tu guardarás en perfecta paz, porque en Ti confía.” (26:3)

Este versículo nos recuerda que la opción es nuestra. Siempre y cuando mantengamos nuestro propósito firme y constante de la voluntad del Creador para nosotros, Él nos da Su Pacto de Paz. Esta constancia es el resultado de nuestra confianza en Su compasión y amorosa bondad como los pilares de nuestra Redención.

“Confiad en el Eterno constantemente porque en Dios el Eterno está la fortaleza de los siglos. Porque Él derribó los que moraban en lugar elevado, humilló la ciudad ensalzada, la humilló hasta la tierra, la derribó hasta el polvo.” (26:4-5)

Hemos mencionado muchas veces que estamos indefensos ante nuestras propias adicciones y apegos. Confiar en Dios significa seguir Sus caminos y atributos, y hacerlos guía y dirección hacia lo bueno en la vida. La salida de nuestro exilio y cautiverio en las fantasías e ilusiones de ego es cambiar los modos paralizantes, destructivos y negativos en los que nuestra conciencia está atrapada.

Confiar en Dios es confiar en lo bueno que Él quiere para nosotros, la fortaleza en la que nos mantenemos firmes hacia el destino que Él nos ha dado como Su pueblo. Lo bueno de los modos y atributos de Amor derriban aquello que niega nuestra Esencia y verdadera identidad. Así la humildad y la generosidad son la tierra y el polvo donde sólo existe lo bueno.

“Y la pisotearán los pies, los pies de los afligidos, las pisadas de los desvalidos. La senda del justo es rectitud. Tú [Eterno] que eres recto allana el sendero del justo.” (26:6-7)

Los pies nos llevan a nuestro destino. Aún aquellos que no son ricos en modos y atributos de Amor pueden hacerse conscientes de estos como nuestra senda de retorno al Amor de Dios. Esta también es el sendero del justo, derecho y directo hacia nuestro Creador de donde proviene todo lo que existe. El Amor de Dios allana nuestro regreso a Él cuando decidimos discernir, pensar, expresar y hacer lo que es correcto y justo.

“También en el camino de tus juicios, oh Eterno, te hemos esperado; Tu Nombre y Tu memoria son el deseo de nuestra alma.” (26:8)

domingo, 9 de febrero de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XLIII) Isaías

Debemos entender la profecía judía como algo previamente decretado por nuestro Creador. Así asimilamos que el Shabat fue el primero en el pensamiento de Dios y fue el último en Su Creación. El Shabat ya existía antes de todo lo que es, al igual que la Torá e Israel. Basados en este principio nuestros Sabios afirman que Dios, la Torá, el Shabat e Israel son Uno. De ahí que Dios al anunciar Sus promesas mediante Sus Profetas, estas ya están manifestadas, y esto quiere decir que ya existen en nuestra conciencia. Sólo tenemos que hacernos conscientes de ellas. De este modo entendemos por qué el Profeta está presentando sus mensajes como algo ya acontecido.

Aprendemos de esto que en nuestra conexión y relación con el Creador no hay tiempo ni espacio. Todo existe al mismo tiempo, y tenemos que comprenderlo aún estando restringidos por el tiempo y el espacio. El hecho de que tiempo y espacio combinados sean el contexto de la vida en el mundo material, no significa que estemos inexorablemente limitados por esas dimensiones. Tarde o temprano nos haremos conscientes de que nuestra conexión con el Creador -- que es indefinible e ilimitado -- también los lleva a contexto donde no hay tiempo ni espacio. Así entedemos lo trascendente, ya que la trascendencia es el contexto de nuestro nexo con Dios. En este punto nos hacemos conscientes de que lo que realmente trasciende en nuestra experiencia de la vida en el mundo material es Amor como nuestro nexo común con Dios.

“Él eliminó la muerte para siempre, y Dios el Eterno ha quitado la lágrima de todos los rostros; y el oprobio de Su pueblo Él ha borrado de toda la tierra, porque el Eterno ha hablado.” (Isaías 25:8)

Este versículo nos hace comprender lo que acabamos de indicar. Es el punto de partida para asimilar el significado de nuestra Redención Final, y comenzar a vivir la Conciencia Mesiánica. Esto ocurre también cuando comenzamos a remover las tendencias negativas en la conciencia, y los apegos, adicciones, obsesiones, y esquemas que nos separan y alejan de lo que verdaderamente somos. Son todo aquello que representa la muerte o que nos conduce a ella, y lo opuesto a lo bueno en la vida. Una vez comenzamos reconocer nuestra Esencia y verdadera identidad como lo bueno que trasciende tiempo y espacio, nos hacemos inmediatamente conscientes de que la muerte jamás ha existido. Lágrimas (sufrimiento) como resultado negativo de fantasías e ilusiones -- derivadas de creencias o sentimientos de carencia instigados por ego --, son todas secadas como si nunca hubieran existido.

También hay algo muy importante para reflexionar en este versículo, porque se refiere a Israel como el pueblo elegido para representar y realizar la voluntad de Dios en el mundo material. Israel será finalmente reconocido y acatado como lo que ha sido y es para el resto de las naciones. Todo lo que se opone, insulta, burla, desprecia, humilla y oprime como "oprobio" de Israel desaparecerá de la conciencia humana. Esto quiere decir que la humanidad comenzará a asimilar lo bueno en los modos y atributos de Amor como la entera razón y propósito de la voluntad de Dios para la vida en el mundo material, tal como la conocemos y vivimos. En este sentido -- como lo hemos mencionado muchas veces -- Israel representa todas las potencias creadoras en la conciencia humana mediante los Mandamientos de Dios en la Torá.

Es irónico que el hecho de que Israel haya contribuido a la humanidad más que ninguna otra nación siga siendo negado en este mundo. Es como si el mal negara lo bueno en la bondad. Comprendemos el mensaje de este versículo como el final del mal en la conciencia humana. Una vez removamos todo rastro de tendencias negativas en lo que discernimos, pensamos, sentimos, decimos y hacemos, lo bueno se manifiesta en todas las facetas y dimensiones de la vida. Esto es nuestra Redención Final y la Conciencia Mesiánica.

“Y será dicho en ese día: 'He aquí que este es nuestro Dios, por quien hemos esperado, que Él nos redimirá; este es el Eterno por quien hemos esperado, nos alegraremos y regocijaremos en Su redención'.” (25:9)

Como dijimos arriba, nuestra Redención existe desde el momento en que Dios nos creó y nos puso en el mundo material. Él nos hizo intrínsecamente buenos para ser y hacer lo bueno como causa y efecto de Su Creación. En Su Amor eterno e incondicional, Él nos dotó con libre albedrío para que usemos nuestro discernimiento y sentido común hacia elegir lo bueno como nuestra Esencia y verdadera identidad. Dios nos respeta como criaturas Suyas que somos, dándonos libre albedrío. De ahí que haya creado tinieblas y maldad como referencias para que elijamos Luz y lo bueno. Todo esto no contradice que lo bueno haya estado eternamente disponible como de hecho lo es para nosotros. Es nuestra decisión elegir lo bueno de los modos y atributos de Amor, en vez de los resultados de las fantasías e ilusiones de ego.

En este sentido comprendemos este versículo. Somos nosotros los que esperamos tomar decisiones, no Dios. Su Redención ha existido todo el tiempo, como lo ha señalado el Profeta al referirse a esta en tiempo pasado. Comenzamos a alegrarnos y regocijarnos en esta Redención cuando tomamos la decisión final y trascendente de vivir permanentemente en lo bueno de los modos y atributos de Amor. Lo hacemos entronizando lo bueno en cada nivel y dimensión de la conciencia. Así vivimos la Conciencia Mesiánica como un legado que Dios ya nos ha dado, aún antes de traernos a este mundo material.

domingo, 2 de febrero de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XLII) Isaías

El Profeta predice (capítulos 20-23) la conquista de Egipto y Etiopía por Asiria, se refiere a cargas adicionales de pueblos vecinos, la caída de Jerusalén, y más cargas que relacionamos con tendencias negativas en la conciencia como rasgos destructivos derivados de las fantasías e ilusiones de ego. De ahí que nuestra Redención Final  del Creador implique una transformación total hacia el despertar de la Conciencia Mesiánica.

“He aquí que el Eterno vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz, y dispersa sus moradores. (...) Del todo será vaciada la tierra, y enteramente saqueada; porque el Eterno ha pronunciado esta palabra.” (Isaías 24:1, 3)

Reiteramos otra vez que el plan de Dios para nosotros no se trata de un círculo vicioso donde el sufrimiento, dolor, engaño, opresión, odio, ira y violencia se repiten constantemente. La única razón de este predicamento es aprender de él, y no vivir para él. De hecho la decisión de cambiar el curso es sólo nuestra. Estamos destinados, ya sea a ahogarnos o a emerger como una conciencia humana unida. Nuestros Profetas claramente nos dicen que si no nos redimimos juntos, nuestro Creador lo hará. También indican repetidamente que Él transformará nuestra conciencia luego de remover todo rastro de tendencias negativas y círculos viciosos.

“Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra. Y la tierra se corrompió bajo sus moradores porque traspasaron las leyes, falsearon los estatutos, rompieron el Pacto eterno.” (24:4-5, 6-13)

Elegir una y otra vez vivir en nuestro predicamento negativo significa destruir lo bueno como nexo común con nuestro Creador. Rechazamos y negamos lo bueno cuando transgredimos sus reglas y directrices como manifestación material de ese bien mayor proveniente de Dios. En este sentido asimilamos que nuestro Pacto con Él es lo bueno que esencialmente somos, y que estamos destinados a hacer prevalecer en la vida.

“Ellos alzan sus voces, gritan de júbilo; desde el mar dan voces por la majestad del Eterno: 'Glorificad por esto al Eterno en las regiones de luz, en las islas del mar sea el Nombre el Eterno, Dios de Israel'.” (24:14-15)

Luz es el paradigma simbólico de lo bueno de los modos y atributos de Amor. En las regiones o dominios de Luz glorificamos lo bueno de nuestro Creador. Proclamamos Su majestad como Su Amor desde el conocimiento de nuestra Esencia y verdadera identidad. Estas son el mar donde reconocemos la Fuente de todo lo que es. Estas son parte de las islas que pertenecen a las tendencias positivas en la conciencia.

El capítulo termina con más alegorías y metáforas como admoniciones en torno al cambio inminente de conciencia que precede a nuestra Redención Final. El capítulo siguiente comienza con el reconocimiento de que provenimos de la amorosa bondad de Dios, y que Él también es nuestro Redentor.

“Eterno, Tú eres mi Dios, te exaltaré, alabaré Tu Nombre; porque has hecho maravillas, Tus consejos de otrora son de fidelidad y verdad.” (25:1)

También seamos conscientes de que nuestra Redención Final igualmente depende de nosotros. Por libre albedrío nos separamos de los bueno de los modos y atributos de Amor, y por libre albedrío debemos retornar a estos.

“Porque has sido fortaleza para el pobre, fortaleza para el necesitado en su aflicción, refugio contra la tormenta, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como tormenta contra el muro.” (25:4)

Debemos retornar al conocimiento permanente de nuestro nexo eterno con Dios, que es nuestra tierra, Jerusalén, Sión como la montaña que concebimos como el tiempo y espacio de todo lo bueno. Esta es la constante alegría en el conocimiento de que nuestro Amor y el Amor de Dios están unidos. Esta conexión permanente es nuestra Esencia y verdadera identidad, como causa y propósito de la vida en el mundo material.

“Y el Eterno de las multitudes hará en esta montaña a todos los pueblos banquete de grosuras, banquete de vinos añejos, de gruesos tuétanos, y de vinos añejos bien refinados.” (25:6)

En este sublime conocimiento aquello distinto a lo bueno de los modos y atributos de Amor será removido.

“Y [el Eterno] destruirá en esta montaña la máscara con la que están cubiertos todos los pueblos, y el velo extendido sobre todas las naciones.” (25:7)

domingo, 26 de enero de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XLI) Isaías

“La carga de Egipto. He aquí que el Eterno va montado sobre una nube veloz y llega a Egipto; se estremecen los ídolos de Egipto ante Su Presencia, y el corazón de los egipcios se derrite dentro de ellos.” (Isaías 19:1)

El Profeta sigue refiriéndose a la carga de las naciones como rasgos y tendencias negativas en la conciencia. Egipto representa las tendencias más abyectas en las pasiones e instintos, instigadas por las fantasías e ilusiones de ego. De ahí que Egipto sea la peor de las esclavitudes y que nuestros ancestros necesitaran la directa liberación del Creador. Hemos mencionado con frecuencia en este blog que Egipto era la nación más depravada de la antigüedad, y que fuimos esclavos en medio de su ambiente corrupto. Dios nos promete mediante el Profeta que Él va a eliminar esa carga de nuestra conciencia.

“Y Yo enfrentaré Egipto contra Egipto, y cada uno peleará contra su hermano, cada uno contra su prójimo, ciudad contra ciudad, y reino contra reino.” (19:2)

Son particularmente peculiares las maneras y medios del Creador para remover los rasgos negativos como ídolos que creamos a partir de la codicia, lujuria y ambición de ego. Otra vez llegamos a comprender que la maldad destruye al malvado, como resultado de la confrontación entre la causa del mal y el efecto del mal. Así asimilamos Egipto contra Egipto, hermano contra hermano, etc. Esta es otra metáfora compleja que se parece más a una paradoja. Lo que realmente hacemos es luchar contra nosotros mismos.

Nuestra envidia pelea contra nuestra ambición, y nuestra lujuria contra nuestra codicia. ¡Estos rasgos se supone pertenecen al mismo bando! ¿Cómo es eso de que se pelean entre sí? Analicemos en detalle. Una vez más la advertencia resuena en nuestra conciencia: el malvado perece en su maldad. En este escenario no hay libre albedrío, ya que no hay nada positivo para pensar, sentir o experimentar. El Creador quiere que aprendamos las lecciones de vivir en las tendencias negativas derivadas de las fantasías e ilusiones de ego.

“Y el espíritu de Egipto se desvanecerá dentro de él, haré desaparecer sus planes. Y ellos acudirán a los ídolos, a los hechiceros, a los espiritistas y a los adivinos.” (19:3)

Es bastante evidente que no podemos deshacernos de nuestras obsesiones, apegos y malos hábitos, simplemente porque estamos adictos a ellos. El Profeta habla de Dios vaciando la vasija de aquello que la hemos llenado con rasgos que nos mantienen cautivos de las bajas pasiones e instintos. Aunque en ese proceso nuestras adicciones se defienden buscando más fantasías e ilusiones, representadas aquí como ídolos, hechizos, fantasmas y espíritus. En los versículos (19:4-16) el Profeta habla metafóricamente de la destrucción de los rasgos negativos representados por Egipto.

“Y la tierra de Judá será terror para Egipto; todo hombre que de ella se acordare se asombrará de ella, a causa del propósito que el Eterno de las multitudes acordó contra aquel [Egipto].” (19:17)

Es necesaria una conciencia elevada para combatir bajos pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Esta es la tierra de Judá como terror para Egipto. En el contexto de nuestra Redención Final, terror significa la reverencia que Judá inspirará en Egipto para convertirse en un rasgo cooperativo en vez de destructivo. Nuestra conciencia superior será la que percibirá, pensará, sentirá, se expresará y hablará en consonancia armónica con los caminos y atributos del propósito de Dios para Su Redención Final.

“En aquel tiempo habrá altar para el Eterno en medio de la tierra de Egipto, y una columna para el Eterno junto a su frontera. Y será por señal, y por testimonio al Eterno de las multitudes en la tierra de Egipto; porque al Eterno clamarán a causa de sus opresores, y Él les enviará salvador y señor que los libere.” (19:19-20)

Un altar implica ofrendas. En este sentido el altar es el medio por el que nos conectamos con Dios. Egipto elevará ofrendas a Él, lo que significa que aquello que instigaba una acción negativa se convertirá en motivación para hacer lo que es bueno. Todos los aspectos, niveles y dimensiones en la conciencia con el potencial de manifestar maldad o bondad estarán armónicamente unidos hacia ser y realizar lo bueno como denominador común en la Redención Final. En conclusión, nuestras vidas se convertirán en altares mediante los que elevamos lo bueno en nosotros hacia lo bueno que es nuestro Creador.

La Conciencia Mesiánica, como el medio para manifestar el Plan Divino para la Redención Final, es el salvador y defensor a través del cual transformamos todas las tendencias y rasgos negativos en la conciencia en cualidades y expresiones positivas de la vida.

“Y el Eterno se dará a conocer en Egipto, y los egipcios conocerán al Eterno en aquel día. Ellos venerarán con sacrificios y ofrendas, harán promesa al Eterno y la cumplirán. Y el Eterno golpeará a Egipto, golpeará pero curará; y ellos volverán al Eterno, y Él les responderá y los sanará.” (19:21-22)

El Profeta nos dice que Dios es nuestro único Redentor, porque Él es nuestro Creador. Todas las dimensiones de la conciencia, incluyendo la “carga de Egipto”, conocerán a Dios cuando comencemos a abrazar Sus caminos y atributos como nuestra propia Esencia y verdadera identidad. En este conocimiento redentor realizaremos Su voluntad. Dios aflojará y aliviará nuestras adicciones y apegos negativos, en un proceso que sentiremos como golpiza y curación al mismo tiempo. En nuestra conexión con el Amor de Dios, a través de Sus caminos y atributos, Él nos sanará de nuestras propias invenciones derivadas de las fantasías e ilusiones de ego.

“En aquel tiempo habrá un camino de Egipto a Asiria, y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán con los asirios al Eterno. En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria; será una bendición en medio de la tierra.” (19:23-24)

Una de las cualidades de la Conciencia Mesiánica es su capacidad de integrar todas las facetas y dimensiones de la vida, incluyendo todos los rasgos y tendencias, en una unidad armónica funcional con el propósito común de realizar la voluntad de Dios mediante los modos y atributos de Amor. En este sentido Amor como lo que une, integra y armoniza todo. En este conocimiento todos nos convertimos en bendiciones en medio de la tierra. Aquí Israel representa los modos y atributos de Amor como herencia del Amor de Dios para la conciencia humana. Así comprendemos que la herencia de Dios para el mundo son los modos y atributos de Amor como las bendiciones materiales de Su Amor.

“Porque el Eterno de las multitudes los bendecirá, diciendo: 'Bendito el pueblo mío Egipto, y Asiria obra de mis manos, e Israel mi herencia'.” (19:25)

domingo, 19 de enero de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XL) Isaías

“Porque tú has olvidado al Dios de tu redención, y no has tenido en cuenta a la Roca de tu fortaleza; porque fuiste sembrado como bulbos placenteros, pero cosechaste retoños ajenos.” (Isaías 17:10)

Hay mucho para reflexionar sobre nuestra separación de Dios. Hemos dicho muchas veces que el mensaje primordial de nuestros Profetas es hacernos conscientes de las consecuencias de vivir desconectados de nuestro Creador. Nuevamente somos convocados a una “revisión de la realidad” para hacer un inventario de lo que somos, creemos y procuramos en el mundo material. Mientras vivimos en las fantasías e ilusiones de ego ciertamente olvidamos, no sólo a nuestro Creador sino al hecho de que también es quien nos trae de vuelta a Él como nuestra Redención. No hemos puesto atención a nuestra Esencia y verdadera identidad como la fortaleza con la que afrontamos todas las facetas y dimensiones de la vida.

Nuestro origen es lo bueno y la amorosa bondad de Dios, de ahí que somos buenos y destinados a ser y hacer lo bueno como bulbos placenteros. Aunque tenemos libre albedrío para tomar decisiones -- preferiblemente positivas --, hacemos de nosotros retoños ajenos. Una y otra vez el Creador nos confronta para que seamos conscientes de lo que verdaderamente somos, nuestra conexión con Él, y el destino que Él quiere compartir con nosotros.

“El día que los plantares los harás crecer, y harás que tu simiente brote de mañana; mas la cosecha será arrebatada en el día del recoger, y del dolor desesperado. ¡Ay! tumulto de muchas naciones que harán ruido como estruendo de los mares, ¡y el ruido de las naciones que rugen como poderosas aguas!” (17:11-12)

Estamos destinados a florecer y fructificar por, en, con y para lo bueno de donde Dios nos creó para ser y trascender. Lo bueno de los modos y atributos de Amor como manifestación material del Amor de Dios. Entonces la extensión de nuestras decisiones negativas vuelve a nosotros como el curso natural de causa y efecto. Esta extensión es como la rama que debe ser cortada en la dolorosa transición de la oscuridad hacia la Luz. Nos hemos referido antes al dolor y aflicción que padecemos al deshacernos de adicciones, obsesiones, hábitos y tendencias que afectan y dañan lo bueno en lo que somos. Conocemos estos desesperados dolores como síntomas de abstinencia.

En este proceso doloroso de separación, nuestros apegos y adicciones se defienden y pelean. Estos son las naciones que invadieron y afligieron lo bueno de lo que vivimos. Naciones como enraizadas creencias, ideologías, pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos, abrazados por fantasías e ilusiones de ego derivadas de orgullo, avaricia, lujuria y codicia. Estas a su vez son instigadas por naciones aún más poderosas como la sociedad de consumo, las tendencias de modas, política correcta, cultura ligera, y vanidades que nos seducen y controlan todos los aspectos de la vida. ¡Son efectivamente como rugido de aguas estruendosas!

“Los pueblos harán estrépito como ruido de grandes aguas, pero el Eterno los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como la paja de las montañas delante del viento, y como el polvo delante del torbellino. Al anochecer he aquí turbación; y antes de la mañana [el campamento asirio] ya no es. Esta es la parte de los que nos oprimen, y la porción de los que nos saquean.” (17:13-14)

El Profeta denuncia el daño y la destrucción (el estrépito de grandes aguas) que las naciones nos infligen, que la compasión del Creador removerá como paja ante el viento. Hemos indicado que las montañas y colinas también representan creencias sólidas (en este caso negativas) que en esta metáfora serán eliminadas de nuestra conciencia.

Nuestra aflicción ocurre en los más oscuros momentos, que son el anochecer y las noches cuando sentimos el dolor de nuestra separación de los modos y atributos de Amor, luego de abrazar las fantasías e ilusiones de ego. Esta aflicción es causada por una nación invasora (Asiria), representando una tendencia negativa particular en la conciencia que oprime y saquea lo bueno en nosotros.

“¡Ay de la tierra que hace sombra con las alas, que está tras los ríos de Etiopía; que envía mensajeros por la mar, y en [rápidos] navíos de junco sobre las aguas! Andad, ligeros mensajeros al pueblo arrastrado y oprimido, al pueblo asombroso desde su principio y después; ¡una nación detestada y pisoteada, cuya tierra destruyen sus [reyes invasores] ríos!” (18:1-2)

Vemos que otras naciones se unen en la cruzada invasora contra nosotros como el pueblo arrastrado, oprimido, detestado y pisoteado, saqueado y desolado por gobernantes de países inclusive lejanos. Tengamos presente que nuestra nación representa lo bueno en la vida, al igual que rasgos y tendencias positivas en la conciencia humana. Estos precisamente son nuestra Esencia y verdadera identidad.

“Vosotros, todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra, cuando un estandarte se levante sobre las montañas, lo veréis; y oiréis el sonido de la trompeta [shofar]. Porque el Eterno me dijo así: 'Estaré quieto, y miraré desde Mi morada, como sol claro después de la lluvia, como niebla de rocío en el calor de la cosecha.” (18:3-4)

Dios promete mediante el Profeta que Él nos redimirá de las tendencias negativas en la conciencia. Lo hace cuando comenzamos a elegir lo bueno como denominador común de Sus caminos y atributos. Estos son el estandarte izado sobre las montañas que vemos, y del sonido del shofar que oímos. Hay una montaña especial que representa nuestra conexión con Dios, la cual espera por nosotros, y que además es el lugar de Su morada. Sus palabras mediante el Profeta son cálidas alegorías llenas de Su Amor, y lo bueno que recogemos de la cosecha de este. De ahí que sea nuestra labor reconstruir el lugar de Su morada entre (en) nosotros como nuestro nexo eterno con Él.

“Porque antes de cosecha, cuando el fruto aparezca, y pasada la flor fueren madurando los frutos, entonces Él podará con podaderas los ramitos, y cortará y quitará las ramas. Y [estos] serán dejados todos a las aves rapaces de las montañas, y a las bestias de la tierra; sobre ellos tendrán el verano las aves rapaces, e invernarán sobre ellos todas las bestias de la tierra.” (18:5-6)

En esta cosecha el Amor de Dios removerá lo que ya no necesitamos. Todo de lo que hayamos aprendido suficiente para finalmente elegir los modos y atributos de Amor, en vez de las fantasías e ilusiones de ego en medio de las tendencias negativas en la conciencia. Ya habremos aprendido que el malvado muerte por su maldad, porque la maldad pertenece a la maldad: “(...) que el malvado muere en su maldad (...)” Ezequiel 33:8, Salmos 34:22).

Aves rapaces y bestias también pertenecen a su propia especie, y devoran lo muerto porque muerte es su alimento. Dios redimirá lo bueno que somos, como también está escrito: “y el polvo regresa al suelo de donde vino, y el espíritu regresa al Eterno que lo dio.” (Eclesiastés 12:7). Como acabamos de mencionar, aprendemos de nuestros momentos oscuros como se nos es recordado: “Por lo tanto me desprecio a mí mismo y me arrepiento [y regreso] en polvo y cenizas.” (Job 42:6).

“En aquel tiempo será traída ofrenda al Eterno de las multitudes, el pueblo arrastrado y pisoteado, el pueblo asombroso desde su principio y después; la nación oprimida y saqueada, cuya tierra destruyen sus [reyes invasores] ríos, al lugar del Nombre del Eterno de las multitudes, al monte Sión.” (Isaías 18:7)

En nuestra Redención del Amor de Dios es reivindicado lo bueno en nosotros, y plena libre de tendencias y rasgos negativos comienza a realizar su destino: “Porque él ha puesto su amor en Mí, Yo lo redimiré; Yo lo elevaré en lo alto, porque conoce Mi Nombre. Él Me llamará y Yo le responderé. Yo estaré con él en [su] aflicción, Yo lo rescataré, y Yo lo honoraré. De larga vida lo colmaré, y haré que él posea Mi redención.” (Salmos 91:14-16).

Nuestra Esencia y verdadera identidad retorna al Creador para compenetrarnos eternamente con Él. En el lugar de Su Nombre, en Sión como Templo de Jerusalén. Este es el tiempo y espacio eternos adonde estamos destinados a estar con nuestro Creador.

domingo, 12 de enero de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XXXIX) Isaías

En todo el capítulo 15 de sus mensajes el Profeta denuncia la carga de Moab y se refiere a la carga de Damasco en el capítulo 17. Alegóricamente, Isaías reitera la desolación de vivir en el predicamento de las fantasías e ilusiones de ego, y en particular la arrogancia como rasgo que caracteriza a Moab (Isaías 16:6). El orgullo es la causa de separación de los caminos y atributos del Creador, cuando su voz nos seduce a ser el dios de nuestra propia existencia.

Arrogancia es el "yo soy mejor que tú" que nos conduce a las demás tendencias negativas en la conciencia. Nuestra separación de Dios marca el comienzo de la dictadura de ego. En medio de nuestras fantasías e ilusiones, la bondad y la rectitud desaparecen. El Profeta aún apela al sentido común para que no se vaya, a pesar del orgullo.

"Traed consejo, impartid juicio. Pon tu sombra en medio del día como la noche: esconde los desterrados, no entregues a los que andan errantes. Moren contigo Mis desterrados, oh Moab; séles escondedero de la presencia del destructor: porque el atormentador perecerá, el destructor tendrá fin, los opresores serán consumidos de sobre la tierra." (16:3-4)

El discernimiento no se pierde en la arrogancia para buscar justicia como rectitud, y poder hacer lo correcto como juicio. Cuando estamos ante el resplandor de las tendencias negativas, nuestra propia sombra deberá protegernos. Esta poderosa metáfora nos revela que, a pesar de vivir en nuestras tendencias negativas, nuestra bondad permanece en lo que esencialmente somos, escondida en la sombra de nuestra existencia material.

En la sombra de lo que somos están ocultados los buenos rasgos como desterrados y errantes. Hasta nuestras tendencias negativas (la arrogancia en este caso) pueden conducirnos a evitar nuestra propia destrucción por aquello que asola la bondad en la vida. El Amor de Dios reafirma Su promesa de ayudarnos a remover lo negativo en la conciencia, y establecer en ella los modos y atributos de Amor cuando comenzamos a hacer prevalecer lo bueno en todos los aspectos de la vida.

"Y el trono está establecido en amorosa bondad, y sobre verdad se sienta uno en él, en la tienda de David, haciendo justicia y procurando justicia, y apurando rectitud." (16:5)

El mensaje es claro. El trono es el mayor nivel de conciencia desde el cual estamos destinados a discernir, pensar, hablar y hacer, bajo la regencia de amorosa bondad. Porque de la amorosa bondad fue creada y sustentada la vida, al igual que todo lo creado por Dios: "Él ama la rectitud y lo justo. La tierra está llena de la amorosa bondad del Eterno.", "La tierra está llena con Tu amorosa bondad, oh Eterno; enséñame Tus decretos." (Salmos 33:5, 119:64), "Amorosa bondad y verdad guardan al Rey, y Su trono se sostiene en amorosa bondad." (Proverbios 20:28).

Así mismo como el Amor de Dios sustenta Su Creación, también debemos hacer de la amorosa bondad la directriz de todos los aspectos y dimensiones de la vida. De esto se trata la Conciencia Mesiánica. La asimilamos y manifestamos cuando entronizamos los modos y atributos de Amor como los destinados regentes en la vida.

"La fortaleza de Efraín cesará, y el reinado de Damasco; y los remanentes de Aram serán como la gloria de los hijos de Israel, dice el Eterno de las multitudes." (17:3)

Como hemos señalado en comentarios anteriores sobre la Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía, Efraín representa tanto la primogenitura de Israel como sus Tribus dispersadas y asimiladas. Efraín representa a todos los judíos que permanecieron cautivos entre las naciones, estas como cargas en la conciencia humana. Efraín será redimido como lo ha prometido Dios. El remanente de los judíos exiliados entre las naciones será reunido por Él, y retornado a su tierra con gloria. El Eterno lo ha dicho.

"Y acontecerá en ese día, que la gloria de Jacob se atenuará, y la gordura de su carne enflaquecerá." (17:4)

Vivir el exilio entre las naciones opaca nuestra Esencia y verdadera identidad. Ser parte de lo que no es de nosotros debilita nuestra conciencia. Esto es el resultado de vivir las ilusiones y fantasías de ego, en vez de vivir los modos y atributos de Amor. Nuestra bondad disminuye y nuestro libre albedrío se limita. El día siempre es hoy, cada momento en que afrontamos nuestro exilio en las tendencias negativas o nuestra libertad en lo esencialmente bueno que verdaderamente somos.

"Y será como cuando el segador coge la mies, y con su brazo siega las espigas: será también como el que coge espigas en el valle de Refaim. Y quedarán en él remanentes, como cuando sacuden el olivar, dos o tres granos en la punta del ramo, cuatro o cinco en sus ramas fructíferas, dice el Eterno, Dios de Israel." (17:5-6)

El Profeta se refiere otra vez al día en que confrontamos lo que es correcto e incorrecto, positivo y negativo, útil e inútil, productivo y destructivo, y recogemos lo que hayamos plantado. La metáfora nos hace conscientes de que, en últimas, lo que que cosechamos es lo que necesitamos para sustentarnos a nuestros mismos. Aquello que no es útil y no nos sustenta. Reflexionemos sobre nuestras acciones como semillas que plantamos y que un día cosecharemos.

"En ese día el hombre verá a su Creador, y sus ojos contemplarán al Sagrado de Israel. Y no mirará hacia los altares que hicieron sus manos, ni mirará hacia lo que hicieron sus dedos, ni a los bosques, ni a las imágenes del sol. En aquel día las ciudades fortificadas serán lugares abandonados a causa de los hijos de Israel, y habrá desolación." (17:7-9)

Cuando removamos las fantasías e ilusiones de ego junto a sus tendencias negativas y sus resultados, veremos lo que queda en nuestra conciencia. Cuando pongamos fin a nuestro exilio y retornemos a nuestra tierra, nuestro Creador esperará por nosotros. Lo veremos a Él, porque verlo es conocerlo. Ese día los ídolos que hemos hecho con nuestras manos, como fantasías e ilusiones que hemos creado con nuestras acciones, dejaran de ser. Solamente veremos lo que es bueno, y sabremos lo que es bueno.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.