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domingo, 5 de agosto de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (XXV)


“En el retorno del Eterno con las tribus de Sión, sería como si fuésemos soñadores. Entonces nuestra boca se llenaría de risas, y nuestra lengua una canción de alegría. Y en las naciones dirían, ‘grandeza el Eterno ha hecho para ellos’.” (Salmos 126:1-2)

Nuevamente el rey David aborda la redención final judía y la era mesiánica. Notemos que todas profecías hebreas fueron escritas en tiempo pasado por dos razones. Al recibir sus mensajes de Dios, los profetas los narraron como algo que les fue revelado, de ahí que se  refieran como lo que ya tuvo lugar aunque sería completamente visto en un futuro.

La otra razón es que Dios ya lo había dispuesto desde el momento de Su creación. De ahí que la redención final haya estado a nuestro alcance en cuanto nos hiciésemos plenamente conscientes de ella.

Este pleno conocimiento lo logramos cuando permitimos que el bien conduzca nuestro discernimiento, mente, pensamientos, emociones, sentimientos, palabras y acciones, porque es el principio rector en la creación de Dios destinado a prevalecer en la conciencia humana. Sin embargo, de nosotros depende hacernos constantemente conscientes del bien que somos, tenemos y hacemos.

Veamos la primera oración de estos dos versículos. Dios y las tribus regresan juntos, lo cual implica un tiempo y espacio que una vez existieron, y que dejaron con la dispersión del pueblo de Israel en el exilio entre las naciones. El salmista se refiere al retorno de las tribus perdidas por voluntad de Dios, tal como lo confirmarían posteriormente los profetas judíos.

Hemos señalado repetidamente que Sión es el nexo que une al Creador con el pueblo de Israel como las tribus de esta conexión. También que las tribus de Israel representan los potenciales creativos positivos de todos los aspectos, dimensiones, facetas y expresiones de la conciencia humana. Estos son los talentos y destrezas inherentes a la diversidad de nuestro potencial individual.

Podemos ser artistas, constructores, comerciantes, agricultores, pastores, guerreros, jueces, curanderos, maestros, científicos, guías espirituales, enfermeros, limpiadores, escritores, labriegos, facilitadores, administradores, etc., cuyas vidas estén regidas por expresiones creativas positivas en lo que sea que hagamos. El denominador común de nuestra diversidad debe ser el bien.

Las tribus de Sión son ciertamente las tribus de Israel reunidas juntas por Dios en su retorno con Él, hacia una nueva conciencia que se hará manifiesta en la era mesiánica. La llamamos conciencia mesiánica porque es una cualidad colectiva que será compartida por el pueblo de Israel con el resto de las naciones, cuando éstas acepten plenamente que Israel fue elegido para cumplir la voluntad de Dios en este mundo.

El rey David caracteriza esta nueva conciencia donde solamente el bien reina con sus típicas cualidades de “risas” y “alegría”, porque no pueden ser menor que eso. Son realmente efectos del bien y no sus causas.

Es relevante resaltar la participación de las naciones en el advenimiento de la era mesiánica. Como hemos dicho antes, éstas deben reconocer el bien que Israel ha hecho al mundo con sus contribuciones. Ésto como el primer paso para ser parte de la redención final que se aproxima. La última oración del segundo versículo confirma esta premisa.

En este contexto, la “grandeza” mencionada por el salmista es el bien que el Creador encomienda a los hijos de Israel compartir con el resto del mundo.

Es el mismo bien que en la redención final toda la humanidad compartirá de la mano de Israel, tal como el Creador lo estableció en Su Torá y a través de Sus profetas.

domingo, 8 de abril de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (VIII)

“Eterno, en Tus palacios [eres] conocido por fortaleza.” (Salmos 48:4)

Hemos dicho que Jerusalem, como la ciudad de Dios, es también el lugar de Su morada. Entendemos que un “lugar” es para estar o ser como fuerza motriz conductora de vida y cimiento de nuestra conciencia, y en este sentido ese lugar es el bien.

Los “palacios” son cualidades, tendencias, medios y modos positivos que son fortalezas, con las que nos protegemos y prosperamos, porque el propósito del bien es el bien mismo.

“Tal como hemos oído, así hemos visto en la ciudad del Eterno de multitudes, en la ciudad de nuestro Dios. El Eterno la ha establecido por siempre, para la eternidad.” (48:9)

El bien está destinado a prevalecer en la creación de Dios, por toda la eternidad. Llegamos a esta máxima realización sabiendo que la ciudad de Dios es el bien. Igualmente entendemos que “multitudes” son las formas y dimensiones donde Él reina y dirige Su entera creación, tal como lo proclama el salmista.



“Y David bendijo al Eterno ante toda la congregación; y dijo David, ‘Bendito eres Tú, oh Eterno, Dios de nuestro padre Israel en todos los planos y eternidades. ¡Tuyos son, oh Eterno, la grandeza, el poder, la gloria, la victoria y la majestad! Porque todo en los cielos y todo sobre la tierra, Tuyo es. Tuyo, oh Eterno, es el reinado y Tú dominas sobre todo.” (I Crónicas 10-11)

Esta bendición del rey David nos invita a reflexionar en torno a lo que somos, tenemos y hacemos, que también proceden del Creador y estamos destinados a cumplir Su voluntad.

“Hemos reflexionado en Tu amorosa bondad, oh Eterno, en Tu templo.” (Salmos 48:10)

Amorosa bondad es un atributo primordial del bien, en el que nos inspiramos para compenetrarnos con el Creador, y este nexo está representado por el Templo de Jerusalem.

La Torá menciona la abundante amorosa bondad (Éxodo 34:6-7) como uno de los trece atributos de compasión de Dios. Estos son considerados referencias para Sus juicios.

“Regocíjese el monte Sión; regocíjense, hijas de Judá, debido a Sus juicios.” (48:12)

Este versículo nos invita a entender los juicios de Dios como fuente de regocijo, ya que provienen de Su bien que se erige en el monte de Su sacralidad. Las “hijas de Judá” son expresiones de nuestro reconocimiento del bien como nexo con el Creador.

También pueden entenderse como expresiones de gratitud y reconocimiento del bien proveniente de Él, ya que en hebreo, Judá significa “Agradeceré/reconoceré a Dios”.

sábado, 15 de abril de 2017

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XXXV)

“¡Yo soy una muralla y mis pechos [son] como torres! Entonces yo soy en Sus ojos como la que encontró paz.” (Cantar de los Cantares 8:10)

La conciencia mesiánica venidera responde a Dios y a Israel que esta se ve construida como torres protectoras para guardar y cumplir los planes del Creador luego de Su redención final. Sus ojos como alegoría de Sus planes para hacer que la paz de los modos y atributos de amor prevalezcan por toda la eternidad.

“A Él que la paz le pertenece tenía una viña en Baal Hamón [Amo de Multitudes]. Él dio la viña a cuidadores. Cada uno trae por su fruta mil piezas de plata.” (8:11)

La conciencia mesiánica habla de sí misma como una viña plantada por Dios en Su campo. Este lleva Su nombre como Amo de Multitudes (Baal Hamón). Él la dio a guardianes que representan los futuros rasgos, tendencias, cualidades y expresiones de la nueva conciencia humana en tiempos mesiánicos.

Su cosecha es de un valor mayor que cualquier precio, ya que de uno produce mil. Estos guardianes son también las futuras multitudes de Israel como herederos y portadores de la venidera conciencia mesiánica que regirá hacia la eternidad.

“Mi viña, que es Mía, está ante Mí. Las mil [piezas de plata] son para ti, Salomón [a él a quien la paz le pertenece]. Y las doscientas para los cuidadores de su fruta.” (8:12)

El amor de Israel cuida la viña, unido al amor de Dios. Cada judío en la era mesiánica será como uno a quien la paz le pertenece (Salomón), cosechando su millar acompañado de sus ayudantes de las naciones redimidas. Estos también serán recompensados por cuidar la cosecha.

“Oh tú, sentada en los huertos, amigos estarán atentos a tu voz. [Y] Que Yo la oiga.” (8:13)

Cumplida la promesa de Dios, Israel entra en su redención final y construye otra vez para Él un lugar en el que more entre (en) nosotros. El campo de Dios (el huerto del Edén) será completamente revelado en el mundo material, cuando lo espiritual y lo material compartan el mismo espacio.

Aquí Israel está sentada y el Creador de dirige a ella haciéndole saber que las naciones, ahora sus amigas, están deseosas de oír su voz con las enseñanzas necesarias para asimilar la nueva conciencia humana que el Creador ha establecido para la era mesiánica. Él quiere oír la voz de Israel como Su voz para la nueva humanidad.

Entonces un huerto se convertirá en muchos huertos para que el Creador hable a la nueva conciencia, y sus rasgos y atributos que atentamente escucharán Su voz. Israel como la nación regente y conductora en la eterna era mesiánica será la primera en conocer la voluntad de Dios, y comunicarla a sus amigas las naciones.

lunes, 5 de diciembre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XVI)

“Tú eres completamente hermosa, amada Mía, y no hay tacha en ti. Conmigo desde el Lebanón, O esposa. Conmigo desde el Lebanón. Observa desde la cima del Amaná, desde la cima del Senir y del Hermón, desde los refugios de los leones, desde las montañas de los leopardos. Tú has cautivado a Mi corazón, Mi hermana, oh esposa. Tú has cautivado a Mi corazón con uno de tus ojos, con una de las cuentas de tu collar.” (El Cantar de los Cantares 4:7-9)

En esta compenetración no hay mancha en Israel, porque su amor es puro y sagrado como el amor de Dios proveniente de la blanca (Lebanón) pureza del Templo de Jerusalén.

Desde este sublime nivel de conciencia, cada concepción, idea, pensamiento, emoción, sentimiento y expresión pasional, son como las montañas, altas y por encima su básica tendencia natural. Allá en esas cimas elevamos nuestras fuerzas vitales e instintos que nos mueven como leones y leopardos que igualmente representan fortaleza, agilidad, belleza y majestad.

El Creador se deleita en el bien inherente a las cualidades y rasgos de Israel, que construyen un lugar en la conciencia humana para manifestar Sus caminos y atributos, en cada faceta y dimensión de la vida en el mundo material. Así Israel, como la esposa de Dios, realiza su misión como Su socia en la creación.

El ojo de Israel procura hacer prevalecer la voluntad de Dios en el mundo, y hasta una sola de sus cualidades (“una cuenta de su collar”) apuntan hacia los senderos que Dios quiere que la humanidad camine.

“¡Cuán hermosos han sido tus amores, Mi hermana esposa! ¡Cuán buenos tus amores, [que] han sido mejores que el vino. Y la fragancia de tus unciones [mejores] que todos los perfumes! ¡La dulzura brota de tus labios, oh esposa! Miel y leche debajo de tu lengua. Y la fragancia de tus vestiduras como la fragancia del Lebanón. Un huerto cerrado es Mi hermana esposa, un manantial cerrado, una fuente sellada. Tus retoños son un huerto de granadas con preciosos frutos.” (4:10-13)

El Creador prosigue elogiando la esencia y verdadera identidad de Israel, y el bien proveniente de sus contribuciones a la humanidad, como Su socia (“Mi hermana esposa”) para el mundo material. Estas son mejores que los placeres sensuales efímeros, disfrutados por las emociones surgidas del vino, los perfumes y las fragancias.

El amor de Dios evoca con poesía la dulzura del bien de los principios éticos y morales derivados de Su Torá, enseñados por Israel a las naciones. Las delicias de los modos y atributos de amor son vistos y vividos como la identidad de Israel, reflejada por la fragancia de sus vestiduras, emanada de su nexo permanente (el Templo de Jerusalén) con el amor de Dios.

Dios describe la esencia de Israel como un huerto, manantial y fuente ocultados para las naciones como rasgos inferiores y tendencias negativas de las fantasías e ilusiones de ego. En este huerto cerrado, manantial y fuente hacen crecer granadas con frutos preciosos. Otra vez vemos a estos últimos como metáforas de los mandamientos de Dios en este huerto esplendoroso y oculto.

Este huerto cerrado con manantiales y fuentes son el paraje y entorno de la conciencia mesiánica a ser revelada en la redención final de Israel. En esta nueva conciencia el mal no existe, y solamente el bien de los modos y atributos de amor como principios regidores y conductores que guiarán a la humanidad hacia el único interés del corazón humano.

El Creador promete a Israel revelar inclusive la luz ocultada que no podemos ver en la oscuridad.

“Y Yo te daré los tesoros de las tinieblas, y las riquezas ocultas de los lugares sellados, para que sepas que Yo soy el Eterno, que te llama por tu nombre. Sí, el Dios de Israel.” (Isaías 45:3)

Las granadas y frutos preciosos que cosecharemos en ese paraíso ocultado de la conciencia mesiánica estarán más allá de toda descripción o comprensión humana actual.

lunes, 28 de noviembre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XV)

“Id y ved, hijas de Sión, en el rey Salomón con la corona que su madre lo coronó en el día de su boda, y en el día de la dicha de su corazón.” (3:11)

El amor de Israel por Dios la obliga a convocar sus más sublimes cualidades positivas (las hijas de Sión) en el Rey al que la paz le pertenece. Procuramos el amor de Dios como nuestra esencia y verdadera identidad, y en aquel como la corona de Su motivación (en este caso la “madre”) que hace posible toda Su creación.

El amor de Dios se hace manifiesto en Su creación como Su corona, con la que aprendemos Su dominio sobre todo lo existente. Así nos hacemos conscientes que nuestro amor y el amor de Dios están unidos desde el día cuando Él se reveló a nosotros al darnos Su Torá. Este es el día de Su boda que hace alegrar Su corazón. En ese día el Creador vio el amor de Israel por Él como un destino eterno, lleno de júbilo y dicha sin fin.

“Tú eres hermosa, amada Mía, Tú eres hermosa. Tus ojos son palomas detrás de tu velo. Tu cabello es como un rebaño de cabras resplandeciendo desde el monte Guilead. Tus dientes son como un rebaño bien contado, subiendo luego de lavarse. Todos ellos son perfectos y no hay tacha en ellos. Como una hebra escarlata son tus labios, y tu hablar es hermoso. Como una rebanada de granada son tus sienes detrás de tu velo. Como la torre de David es tu cuello construido como baluarte, un millar de escudos cuelgan de él, todos flechas de los poderosos. Tus pechos como venados, gemelos de gacelas que pastan entre las rosas. Hasta que el día comienza y las sombras se disipan, Yo me iré a la montaña de la mirra, y a la colina del incienso.” (4:1-6)

Los primeros seis versículos de este capítulo, al igual que la mayoría en el Cantar de los Cantares son una exaltación y alabanza al nexo del amor de Israel y el amor de Dios. Tal y como hemos señalado muchas veces, este nexo está simbolizado por el Templo de Jerusalén.

Belleza, amor, más belleza, palomas, velo y cabello, se refieren aquí a las decoraciones  del Tabernáculo y su cámara interior. Cabras y ovejas que brillan descendiendo de una montaña son las ofrendas que Israel eleva al Creador. Estos bovinos representan las cualidades vitales positivas que siguen como un rebaño la voz y vara del Pastor de Israel, “El Eterno es mi Pastor, nada me ha de faltar (...)”, “Conoce que el Eterno es Dios. Es Él quien nos hizo, somos Suyos, Su pueblo, y el rebaño de Su pastoreo (...)” (Salmos 23:1, 100:3).

Así comprendemos que las ofrendas traídas al Templo ciertamente representan nuestra disposición y determinación para elevar lo mejor en nosotros a Dios. Estas también reflejan nuestra buena voluntad, gratitud y paz que disfrutamos en nuestra cercanía a Su amor. Estos rasgos con cualidades fundamentales de la humildad como premisa para venir ante nuestro Creador.

Podemos comparar la humildad a la nada como lo vacío de aquello contrario al bien. We can compare humbleness to nothingness, as emptiness from anything contrary to goodness. Ciertamente la nada es un concepto complejo de asimilar, y dependiendo de lo que entendamos hay varias maneras de aprender de este. Otra manera de captar la nada es como la ausencia o inexistencia, del mismo modo en que lo negro es ausencia de color. Igualmente la nada, a pesar de sí misma, es considerada “algo” llamado nada como una referencia conceptual para definir cualidad, cantidad o valor. Debido a su carencia de valor, cualidad o propósito, la nada de hecho no existe.

En el contexto de la creación de Dios como algo procedente de la nada, vemos que tiene una función y  propósito. En este sentido podemos entender la nada como una abstracción imposible de asimilar que sólo Dios sabe, ya que todo proviene de Él incluyendo la nada que existe sin que la conozcamos. Así entendemos que “todo lo que es” tiene un propósito, ya que su razón de ser proviene del bien emanado del amor de Dios (ver arriba la cita de Salmos 136:1, 33:5).

Nuestros sabios sugieren que aquel que desea vivir y conducirse en los caminos de Dios debe “anularse” (vaciarse a sí mismo) de lo que no es como Él (en referencia a Sus modos y atributos). Tal como hemos destacado frecuentemente, cada aspecto, nivel y dimensión de la conciencia son vasijas que debemos mantener vacías de todo lo diferente o contrario a los modos y atributos del Creador.

Esta precondición se refiere a remover las ilusiones materialistas de ego y sus tendencias negativas para llenarlas con rasgos y cualidades del bien que Dios quiere que seamos, tengamos y manifestemos, para hacerlos prevalecer en el mundo. Dios creó estas vasijas para complementarse entre sí y expresarse todas como una unidad armónica funcional, en consonancia con la unidad del amor de Dios. Así es como nos unimos en Dios.

En este último versículo el Tabernáculo y el Templo de Jerusalén son comparados con una agraciada mujer adornada con la belleza de su bondad, manifiesta en la identidad de Israel. El bien es la expresión del amor de Israel y del amor de Dios como cualidad “gemela” complementaria de los modos y atributos del Creador, y el propósito y misión de Israel en el mundo.

La “voz” de Dios como Su amor se manifiesta tan dulce y hermosa como Sus mandamientos, similares a las semillas dentro de una granada, provenientes de la cámara interior del Templo. El bien inherente a ellos es también el escudo protector de una torre de fortaleza que nutre y sustenta las expresiones positivas en la vida. La dualidad como una “gemela”, mencionada en estos versículos representa la voluntad de Dios y la misión de Israel como los dos pechos, dos ciervas, dos gacelas pastando en la amplitud de los caminos y atributos del amor de Dios por Israel, su esposa.

En esta unión, Dios revela la promesa de Su redención final, eterna e infinita como un día que amanece y continúa para siempre sin tinieblas, porque las sombras desvanecieron. EN este conocimiento, Israel entra en la unidad y unicidad del amor de Dios en el Tabernáculo, el Templo en la montaña a la que Israel se trae a sí misma como ofrenda ante Él.

martes, 15 de noviembre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XIII)

“Me levantaré ahora para dar vueltas por la ciudad, por las calles y por las plazas. Buscaré a Él que ama mi alma. Lo busqué a Él, pero no lo encontré.” (3:2)

En la oscuridad como elección de Israel para vivir en las fantasías de ego y sus tendencias negativas, ella trata de buscar al Creador, asumiendo que sus caminos y atributos comparten el mismo plano de su elección, y no lo encuentra. Aun tratando de elevar su conciencia en las tinieblas de las ilusiones y deseos materialistas, representados por ciudades, sus calles y sus plazas, ella sabe que los modos y atributos de Dios no comparten tendencias negativas.

“Los vigías que rondan la ciudad me encontraron. ¿Habéis visto a Él, que ama mi alma?” (3:3)

Los vigías o guardias que rondan la ciudad representan creencias e ideologías malignas, de las cuales se derivan las tendencias y rasgos negativos. Del mismo modo que hay principios éticos y morales elevados que protegen sus cualidades positivas, hay bajas tendencias negativas que dominan y rodean sus efectos malignos.

Israel cuenta que estos vigías la encontraron en sus dominios, y les pregunta acerca de su Amado y protector que ella no puede encontrar en ese ambiente. Israel reafirma su añoranza y deseo hasta el extremo de preguntar a las tendencias y rasgos negativos en los que su Amado no se encuentra.

“Apenas pasé entre ellos, encontré a Él que mi alma ama. Lo tomé a Él, y no lo dejaría irse hasta traerlo a la casa de mi madre, y a la habitación donde ella me concibió.” (3:4)

Aquí Israel se hace consciente de que puede encontrar a su Amado solamente superando las fantasías e ilusiones de ego y sus tendencias negativas. Sólo en este pleno conocimiento podemos ser uno con el Creador y Su amor. Entonces seríamos capaces de “tomarlo” y “no dejarlo irse”.

Esta unicidad es completamente asimilada en el nexo y conexión permanente con el amor de Dios, que son representados por el Templo de Jerusalén como “la casa de madre”. La madre de la que uno nace y adquiere la existencia e identidad, incluidos rasgos, cualidades y atributos que las definen a ambas.

Esta madre en particular es Jerusalén como el punto de conexión y compenetración en tiempo y espacio entre Dios e Israel. Jerusalén literalmente quiere decir “paz será vista”, e implica donde Dios aparecerá o será visto.

Paz y ver al Creador son un solo acontecimiento. Nosotros como el pueblo de Dios nacimos para ese propósito y destino. Este conocimiento ciertamente es nuestra madre, porque fuimos concebidos para ser y vivir en la paz del Creador y Su amor. Debemos reiterar y enfatizar que paz abarca atributos y cualidades que incluyen completación, entereza, unidad, armonía, equilibrio y totalidad.

Paz implica la serenidad de un equilibrio perfecto con el fin de expresarse como una unidad armónica, con el trascendental destino divino de conocer la ocultada presencia de Dios en Su creación. Este tipo de paz, como ya hemos indicado, es el fundamento de la conciencia mesiánica destinada a reinar eternamente porque el conocimiento del Creador no tiene fin.

Traer a Dios a nuestra madre también significa hacer que Sus caminos y atributos dirijan cada aspecto, nivel y dimensión de la vida. Lo traemos a Él para que viva permanentemente en el más elevado nivel de conciencia, donde es entronizado y coronado no sólo como el único regente de la identidad de Israel sino como exclusivo conductor de Su creación. Este máximo nivel es el lugar del alma que constantemente añora a su Creador.

El propósito del alma es dar dirección y significado a la vida. De ahí entendemos en principio de que el alma es intelecto puro, como cualidad divina en la conciencia humana para discernir y establecer el imperativo moral de hacer prevalecer el bien como voluntad del Creador para el mundo, ya que el alma es la que nos hace conscientes de Su presencia en nosotros.

Este intelecto puro posee pleno conocimiento y experiencia del bien emanado de amor como principio integrador y abarcador, destinado a unificar las complejidades de la diversidad en todos los planos y dimensiones de la conciencia, y sus expresiones en todas las facetas de la vida.

A partir de ello nacemos para vivir y experimentar tal principio, mediante el uso adecuado del libre albedrío como vehículo para ejecutar el discernimiento del intelecto como cualidad conductor del alma, para hacer que el bien dirija y guíe todos los aspectos de la vida.

“La lámpara del Eterno es el alma del hombre, buscando en todos los rincones de las entrañas.” (Proverbios 20:27)

Podemos entender este versículo en dos partes. Por un lado, el alma como el vehículo del Creador para revelar Su presencia en el mundo material, ya que la luz del bien proviene de Él.

“(…) Y el Eterno vio la luz, que es buena.” (Génesis 1:4)

De ahí que el alma sea la lámpara de Dios para iluminar la vida con bien en el mundo material. Por otro lado, el alma busca en todos los rincones de las entrañas como bien procurando ocupar todos los aspectos y dimensiones de la conciencia humana.

El propósito del alma como bien absoluto es expresarse conduciendo nuestra mente, pensamientos, emociones, pasiones e instintos. Así el alma cumple la voluntad del Creador para ser Su lámpara.


Esto nos invita a reflexionar sobre el alma como nuestra esencia e identidad, con sus cualidades, modos, medios y atributos; y sus expresiones en la vida humana. De esta manera asimilamos las formas en las que cuerpo y alma se relacionan para complementarse con el propósito común de hacer que el bien dirija todos los aspectos y dimensiones de la vida.

Nacemos con el potencial para realizar este principio, ya que es la razón y propósito de nuestra existencia en el mundo material. Esto, teniendo en cuenta que nuestro libre albedrío debe elegir esa opción.

Así asimilamos que la humanidad no sólo tiene el potencial de subordinar y reorientar las tendencias y rasgos negativos, sino también el potencial de manifestar únicamente el bien en todas las expresiones de la vida.

domingo, 28 de junio de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CXV) Isaías

“Y Yo, [conozco] sus obras y sus pensamientos, [y] Yo vengo para reunir todas las naciones y lenguas. Y han venido y visto Mi gloria. Y he puesto en ellos un signo, y he enviado de ellos a aquellos escapados en las naciones (Tarshish, Pul, y Lud, que tensan el arco; Tubal y Javan, las islas que están lejos) que no han oído Mi fama ni visto Mi gloria. Y ellos han proclamado Mi gloria entre las naciones.” (66:18-19)

El Creador revelará Su poder también entre las naciones que nunca creyeron en Él como el Dios de Israel. Ellos todos proclamarán que Él de hecho ha anunciado Su Redención antes de haberla revelado a Sus Profetas.

“Y ellos han traído a todos tus hermanos procedentes de las naciones, una ofrenda para el Eterno. Sobre caballos y en carroza, y sobre litera y mulas, y sobre camellos hacia Mi montaña sagrada Jerusalén, dijo el Eterno. Así como los hijos de Israel traen la ofrenda vespertina en vasija limpia a la casa del Eterno.” (66:20)

Este versículo es una clara referencia a la reunión de los exiliados judíos. Luego de la confrontación final de las naciones contra Israel, la Presencia Divina revelada hará que la naciones reconozcan la misión de Israel en el mundo como lo define la Torá, y lo reiteran los Profetas. Así las naciones traerán el remanente de los judíos como una ofrenda a Dios.

Una vez los judíos estén reunidos en su tierra traerán sus ofrendas al Templo de Jerusalén, la montaña sagrada de la casa de Dios. Estas ofrendas serán presentadas en la vasija limpia de la nueva conciencia que Él nos dará.

“Y también de ellos los tomaré para sacerdotes, para levitas, dijo el Eterno. Porque como los nuevos cielos y la nueva tierra que Yo estoy haciendo están delante de Mí, lo afirma el Eterno, así permanecerá tu simiente y tu nombre.” (66:21-22)

Dios restablecerá las ofrendas diarias en el Templo de Jerusalén a través de los levitas y sacerdotes, como otrora. Nuevas ofrendas de la nueva conciencia bajo nuevos cielos y en una nueva tierra ante el Creador. Nuevamente Él lo reafirma junto a Su promesa de hacer de Israel Su nación eterna por siempre, de generación en generación.

“Y ha sido de mes a mes, y de Shabat a Shabat, que viene toda carne a inclinarse ante Mí, dijo el Eterno.” (66:23)

El Shabat también es reiterado como el tiempo y espacio de unificación con Dios, como nexo eterno entre Él e Israel.

“Y ellos han ido y visto los cadáveres de los hombres que se han rebelado contra Mí. Porque su gusano no muere, y su fuego no se extingue. Y han sido abominables para toda carne.” (66:24)

La humanidad verá los restos de hombres y de naciones como las tendencias y rasgos negativos que se oponen y se rebelan contra el bien emanado del Amor de Dios que Él quiere hacer prevalecer en Su Creación.

Estos serán removidos de la conciencia humana, y esa eliminación será permanente como un gusano que no muere y como fuego que no se extingue. Serán ajenos como una abominación para toda carne, ya que sólo el bien perdurará como el destino prometido que decretó Dios para Su Creación desde el principio de los tiempos. Nuestros antiguos antepasados lo transgredieron, pero Dios lo va a restaurar como lo ha afirmado.

Este destino es el Séptimo Día de la Creación de Dios que Él dejó para el final, tal como lo anunciamos cada viernes en la tarde para darle la bienvenida.

“Porque esa es la fuente de la cual bendecimos. Desde el principio elegida antes de los tiempos. Última en ser creada, pero primera en el pensamiento [de Dios].” (Del libro de rezos judíos)

domingo, 21 de junio de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CXIV) Isaías

“Yo que hago que se abra la matriz, ¿no hago nacer?, dice el Eterno. Yo que hago nacer, ¿cierro la matriz?, dice tu Dios. Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis. Llenaos de gozo con ella, todos los que os enlutáis por ella.” (Isaías 66:9-10)

Dios crea, controla y dirige toda Su Creación, y quiere que los hijos de Israel se regocijen en su nexo con Él que es Jerusalén, aquellos que la aman. Todos los judíos que han estado de luto por ella deben estar felices y alegres en ella, porque está destinada a ser reconstruida con su Templo para siempre. Que todo Israel nos regocijemos en la palabra y la promesa del Creador.

“Para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones. Para que exprimáis y os deleitéis con la abundancia de su gloria. Porque así dice el Eterno: 'He aquí que Yo extiendo hacia ella paz como un río, y el respeto de las naciones como torrente desbordado. Y mamáis llevados sobre la cadera y acariciados sobre las rodillas.” (66:11-12)

El pecho de las consolaciones de Jerusalén es precisamente la nueva conciencia que viene para nuestra Redención. Sus cualidades inescrutables saciarán nuestra añoranza del conocimiento de Dios, en el que nos deleitaremos infinitamente en su eternidad. La expansión de nuestra conciencia como un desbordado torrente de paz como completación y totalidad.

Las naciones como nuestros rasgos y tendencias inferiores respetarán y honrarán esta nueva conciencia. Lo harán sosteniéndonos y apoyándonos en nuestra asimilación del conocimiento de la revelada Presencia Divina en nosotros.

“Como uno a quien consuela su madre, así Yo os consolaré. Sí, en Jerusalén sois consolados. Y habréis visto y regocijado vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba tierna. Y la mano del Eterno ha sido conocida en Sus servidores, y Su indignación con Sus enemigos.” (66:13-14)

El Amor de Dios será completamente revelado a nosotros, tal como Él lo promete en estos versículos. Seremos confortados de maneras indescriptibles que sólo serán captadas mediante nuestra nueva conciencia, en la que tendencias y rasgos negativos no existirán más. Esto nos recuerda el ruego de Moisés al Creador, citado por el rey David.

“Permite que la obra de Tus manos se revele a Tus servidores, y Tu esplendor (lit. camino) sobre sus hijos.” (Salmos 90:16)

Para que esto ocurra, la “indignación” de Dios con Sus “enemigos” también debe acontecer, ya que esta nueva conciencia no cohabita con nada diferente de lo que Él promete para la era mesiánica.

“Porque, he aquí que el Eterno viene en fuego, y como huracán Sus carrozas refrescan en furor Su ira. Y Su reclamo en llamas de fuego. Porque con fuego y por Su espada el Eterno imparte juicio a toda carne. Y muchos han sido los heridos del Eterno.” (Isaías 66:15-16)

Debemos entender que el Amor de Dios es como fuego, el catalizador que transformará nuestra actual conciencia adulterada por la oscuridad y negatividad en las doradas y elevadoras cualidades de los modos y atributos de Amor, como manifestación material del Amor de Dios.

Fuego y espada son las alegorías apropiadas para hacernos conscientes del poder del Dios para hacer prevalecer Su voluntad. Dios ya lo ha hecho antes con sus mensajeros y Profetas a quienes transformó para servirle como a Él le plazca.

“Aquellos que se santifican y se limpian en los huertos, [uno] tras otro en ellos, comiendo carne del puerco. Y de la abominación, y de la rata, juntas son comidas. Una afirmación del Eterno.” (66:17)


El culto a los ídolos como fantasías e ilusiones de ego, derivadas de tendencias y rasgos negativos, desaparecerá de la conciencia humana. Estos ídolos son las creencias, ideas, ideologías, pensamientos, emociones y sentimientos bajos que dejamos que controlen nuestras vidas como huertos dedicados a la idolatría. El cerdo, lo abominable y el roedor como símbolos de la conciencia abyecta que cesará de existir, tal como lo afirma Dios.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.