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domingo, 4 de agosto de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XVI) Ezequiel

"Así dijo Dios el Eterno: He aquí que Yo estoy contra ti, oh Gog (...)" (Ezequiel 38:3)

Nuestros Sabios enseñan que los caminos y atributos del Creador son todos buenos y justos. De esto nos damos cuenta cuando echamos un vistazo a Su Creación. Dios ama Su Creación, y de ahí que la sustente. También enseñan que lo venimos a conocer mediante aquello que Él no hace o con lo que no es asociado. A través de Su rectitud deducimos que es compasivo y que no es indiferente a Su Creación. A este principio agregamos que Su Amor lo abarca todo, porque todos provenimos de Su Amor. De ahí que valoremos y apreciemos Su Amor, de donde emanamos y somos sustentados, por lo tanto es nuestra Esencia e identidad. 

Amor es la imagen y semejanza del Amor de Dios en el mundo material. Esto también significa que, aunque creó la oscuridad y el mal para que escojamos Luz y Amor, Él no se asocia con las tinieblas y la maldad. Por el solo hecho de que pide que elijamos lo bueno y la vida en vez de lo malo y la muerte, Dios se opone a estos últimos. De ahí que esté contra Og y Magog, ambos personificaciones de la maldad y lo negativo que estamos destinados a erradicar de nuestra conciencia, y por ende de la faz de la tierra.

"Después de muchos días serás convocado a servir, en los años finales tú vendrás contra la tierra que fue rescatada de la espada, que es reunida de muchos pueblos, contra las montañas de Israel, que han estado en continua desolación; pero traída fuera de los pueblos, y ellos [Israel] todos moran en seguridad." (38:8)

Uno de los Fundamentos del judaísmo es que Dios controla y dirige Su Creación, incluidos el mal y la negatividad. Este principio no contradice el hecho de que Él nos dio libre albedrío para elegir entre el bien y el mal, verdadero y falso, positivo y negativo, productivo e inútil, etc. Después de todo, estamos sometidos a causa y efecto debido al libre albedrío. Esto quiere decir que las elecciones que hacemos tienen consecuencias. 

En este sentido cuando leemos que Dios se dirige a Gog (las tendencias y aspectos destructivos de la conciencia humana) para atacar la tierra que precisamente ha sido redimida de los rasgos representados por Gog y Magog, debemos entenderlo como una prueba final para aquellos -- Israel -- que fueron reunidos de entre las naciones para vivir con seguridad en su tierra.

Si en realidad estamos redimidos de los aspectos negativos de la conciencia, como lo señala esta profecía, no tendremos nada qué temer. Si no tenemos que tratar más con lo malo en lo que discernimos, pensamos, sentimos, decimos y hacemos, la maldad no puede afectarnos. Esta es la promesa del Creador anunciada en estos versículos.

"(...) y tú dirás: 'Yo subiré contra la tierra de los caseríos sin murallas, yo vendré sobre ellos que están tranquilos, que moran seguros, todos ellos morando sin murallas, y que no tienen cercos ni portales (...)" (38:11)

Nuestra habitual actitud negativa ante la vida, que es un apego o adicción para muchos, no se va a rendir ante lo bueno tan fácilmente como creeríamos. La negatividad arremete contra nuestra inocencia ("caseríos sin murallas"), contra la paz interior y exterior que ganamos cuando permitimos que Amor conduzca todas las facetas de la vida ("estar en tranquilidad"), contra nuestra certeza y determinación de vivir por y para lo que es justo ("morar seguros"), contra nuestra verdadera libertad ("morar sin murallas") sin temores, dudas, aprehensiones ni incertidumbres ("ni cercos ni portales").

"Y tú [Gog] saldrás de tu lugar, de las remotas partes del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos montados en caballos, una gran compañía y un poderoso ejército (...)" (38:15)

La mayoría de las referencias que hacen las Escrituras Hebreas respecto al "norte" están relacionadas con rasgos negativos representados por "pueblos" y "naciones" que provienen de esa dirección. En un sentido más profundo, estos represetan los mismos rasgos y cualidades encarnadas en Gog, Magog y sus aliados. Estos son los ejércitos montados en caballos para infligir violencia y opresión contra lo bueno, representado por la reunión de las Tribus de Israel dispersas y exiliadas, a las que se refiere este pasaje.

"(...) será en el final de los días, y Yo te traeré contra Mi tierra, para que las naciones Me conozcan, cuando seré santificado a través de ti, oh Gog, ante sus ojos." (38:16)

Como lo hemos indicado, la Torá y las Profecías Judías anticipan la prevalencia del bien sobre el mal luego de un período en el que estamos destinados a reconocer, valorar y entronizar lo bueno como la verdadera razón y propósito de la vida. De ahí que haya un tiempo ("el final de los días" o "el día del Eterno") cuando la conciencia es llamada por nuestro Creador para que esta ponga fin a sus tendencias negativas, y abrace por siempre nuestra Esencia y verdadera identidad que Él nos dio para deleitarnos y regocijarnos. 

Al traer por última vez las tendencias y aspectos negativos de la conciencia para confrontarlos con los positivos, el Creador quiere manifestar Su gloria como Su voluntad. De este modo asimilamos que la maldad y las tinieblas sirven un propósito en la Creación de Dios. También existen para cumplir Su Plan para nosotros. Ante Su Presencia nos daremos cuenta que la maldad y la negatividad han cumplido Su voluntad.

"Y Yo vendré contra él [Gog] con pestilencia y con sangre, y Yo haré que caiga lluvia sobre él, y sobre sus bandas, y sobre los muchos pueblos que están con él, una lluvia torrencial, y grandes pedazos de granizo, fuego, y azufre." (38:21-22)

La Redención Final revelada en estos versículos nos recuerda el Éxodo de Egipto, cuando Dios infligió pestilencia y sangre sobre el faraón, su tierra y su pueblo. Aquí se presentan como elementos purificadores como la lluvia, las aguas torrenciales, granizo, fuego y azufre. Podemos inferir que los rasgos negativos representados por Gog, Magog y sus "muchos pueblos" con ellos no sólo van a ser destruidos sino también transmutados o transformados en cualidades positivas que reconocerán la bondad conductora de Israel, destinada a revelar la Presencia Divina en el mundo material.

"Así Me engrandeceré y Me santificaré, y Me haré conocer ante los ojos de muchas naciones; y sabrán que Yo soy el Eterno." (38:23)

Al entronizar los modos y atributos de Amor en cada aspecto y dimensión de la conciencia, el Amor de Dios también será completamente revelado.

"Y Yo enviaré fuego sobre Magog, y sobre aquellos que habitan seguros en las islas; y sabrán que Yo soy el Eterno. Y Mi sagrado Nombre haré conocer en medio de Mi pueblo Israel; y nunca más veré profanado Mi sagrado Nombre, y las naciones sabrán que Yo soy el Eterno, el Sagrado en Israel." (39:6-7)

Nuestros Sabios dicen que el significado general de Magog es "lo que viene de Gog", de ahí que ambos nombres representen lo mismo. De esto implicamos que la maldad engendra maldad. También deducimos que lo malo nos aisla de lo bueno que tiene la vida. Iniciamos esta tendencia cuando dejamos que las fantasías e ilusiones de ego controlen y dirijan nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, pasiones e instintos.

Amor de Dios es el Fuego Divino que transforma los efectos aislantes del egoísmo y sus resultados. Solamente el Amor de Dios puede redimir nuestra conciencia de la opresión y el cautiverio de las fantasías e ilusiones de ego. En nuestra Redención y libertad reconocemos a nuestro Creador y Su sagrado Nombre en lo que estamos destinados a ser, tener y hacer, de acuerdo a Su Plan.

"Sí, todo el pueblo de la tierra los enterrará, y será para ellos renombre; en el día en que Yo seré glorificado, dijo Dios el Eterno." (39:13)

De hecho el Creador será glorificado por todos nosotros cuando enterremos para siempre toda la maldad de la faz de la tierra, incluída la que hemos vivido en nuestra conciencia individual y colectiva. Este es el eje central de todas las Profecías Judías.

"(...) congregáos a cada lado de Mi fiesta que os preparo para vosotros, ciertamente una gran fiesta, sobre las montañas de Israel, en la que vosotros comeréis carne y beberán sangre. La carne de los poderosos comeréis, y la sangre de los príncipes de la tierra beberéis; carneros, corderos, y cabras, becerros, engordados de Bashán son todos ellos. Y comeréis la gordura hasta que estéis llenos, y beberéis sangre hasta que os embriaguéis, de Mi fiesta que Yo he preparado para vosotros" (39:17-19)

Dijimos dos veces arriba que las tendencias negativas serán, ya sea eliminadas o transformadas y transmutadas en modos positivos mediante los cuales podremos conocer a nuestro Creador, cuando Su Presencia sea revelada en el mundo material. En este contexto, estos versículos nos dicen que seremos nutridos y fortalecidos "comiendo" la carne de los "poderosos", y "bebiendo" su sangre en un gran festín sobre las montañas de Israel. Estas montañas son el conocimiento inmutable de que Dios es nuestro Creador, y que todo lo somos, tenemos y hacemos proviene de Él.

Aquellas creencias, ideas, apegos, adicciones y obsesiones, representadas por la sangre de príncipes y animales elevados en ofrendas a sus ídolos (codicia, lujuria, envidia, indiferencia, indolencia, ira, soberbia, etc.) serán devorados y transformados en las delicias que el Amor de Dios prepara para nosotros en la próxima fase de Su Plan llamado la Conciencia Mesíanica en la Redeción Final.

"Y ellos conocerán que Yo soy el Eterno su Dios, y que Yo los hice cautivos entre las naciones, y los he reunido en su propia tierra; y Yo no dejaré a ninguno más de ellos allá [entre las naciones], ni ocultaré más Mi rostro de ellos; porque Yo he derramado Mi Espíritu sobre la casa de Israel, dijo Dios el Eterno." (39:28-29)

domingo, 28 de julio de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XV) Ezequiel

Una declaración reiterada en las profecías de Ezequiel para Israel y las naciones es, "y sabréis que Yo soy el Eterno". Nos recuerda otras dos repetidas muchas veces en la Torá cuando el Creador presenta Sus Mandamientos, especialmente en el libro de Levítico, "(...) [porque] Yo soy el Eterno", y "Yo soy el Eterno que te sacó de la tierra de Egipto". El común denominador de estas tres declaraciones es lo que el Creador significa para nosotros. Tenemos que insistir en que el principal propósito en la vida es conocer de dónde venimos para saber quiénes somos y nuestro destino. Todo se trata de identidad. "Yo soy" es la máxima declaración existencial, y la única verdadera manera de decirlo es cuando realmente sabemos quiénes somos y lo que ello significa.

La búsqueda de nuestra Esencia y verdadera identidad comienza al descubrir y conocer de Quién venimos. Del mismo modo en que descubrimos que nuestro nombre fue dado por nuestros padres, que el ambiente social determina nuestra cultura, y que la educación forja nuestros talentos, podemos proclamar "quiénes" somos. "Soy el hijo de fulano y fulana", "soy de este país con esta lengua", "soy carpintero". Estos son los hechos circunstanciales que indican lo que somos en el mundo material. Sin embargo no estamos ligados a esos hechos. Podemos cambiarnos el nombre, tener otra nacionalidad, hablar otros idiomas, y cambiar de profesión. 

Lo que queremos destacar aquí es la búsqueda de lo que nos da vida y nos hace humanos. No nuestros padres biológicos o adoptivos, ni nuestro ambiente sociocultural, ni nuestra educación adquirida. Nos referimos al Creador de todo. Él es quien debemos conocer como primer paso para saber quiénes somos y de qué estamos hechos. Por eso nos dio la Torá, la cual es nuestra identidad. La Torá es el comienzo y el final de lo que necesitamos saber acerca de quiénes somos y para qué estamos aquí.

"Entonces Él me dijo: 'Hijo de hombre, estos huesos son la entera casa de Israel. He aquí que ellos dicen: "Nuestros huesos están secos, y nuestra esperanza perdida; estamos cortados". "(...) Y vosotros sabréis que Yo soy el Eterno cuando Yo haya abierto vuestras tumbas, y causado que vosotros salgáis de vuestras tumbas, oh pueblo Mío. Y Yo pondré Mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y Yo os pondré en vuestra tierra; y sabréis que Yo, el Eterno, he hablado, y lo hice, dijo el Eterno." (37:11, 13-14)

El Creador nos hace evidente mediante el Profeta que estamos muertos si Su Espíritu no está en nosotros. Eso ya lo sabemos. La analogía de los huesos es clara. Nuestra sangre que mantiene vivo el cuerpo proviene de la médula de los huesos. Si los huesos se secan estamos inertes. Si la fuente de nuestra vida, que es el Amor de Dios, no está en nosotros entonces estamos muertos aún si nuestro cuerpo viviese. La conclusión es consecuente: nuestra esperanza está perdida porque fuimos cortados de Quien venimos, pero Él mantiene Su promesa de Redención.

"(...) 'Yo tomaré la vara de José, que está en la mano de Efraín, y las Tribus de Israel sus acompañantes; y Yo los pondré juntos para él con la vara de Judá, y los haré una vara, y serán una [sola] en Mi mano'." (37:19)

Con esto aprendemos que debemos unificar todos los aspectos y dimensiones de la conciencia, y hacer que se manifiesten armónicamente. Tienen que estar unidos bajo el dominio de Quien los creó.

"Yo tomaré a los hijos de Israel entre las naciones, adonde se han ido, y Yo los reuniré en cada lado, y los traeré a su propia tierra. Y Yo los haré una nación en la tierra, sobre las montañas de Israel, y un rey será rey sobre todos ellos; y no serán más dos naciones, ni volverán más a estar divididos en dos reinos" (37:21-22)

Debemos unir juntos los potenciales creativos de la conciencia (representados por los hijos de Israel) fuera de sus tendencias negativas. Su propia tierra es lo bueno que hay en las motivaciones positivas y en los fines positivos. La Conciencia Mesiánica, como la regente destinada de todas las facetas de la vida, integra el poder unificador de los modos y atributos de Amor. Este no cohabita con nada distinto a sus modos y atributos, de ahí que abarque todas las dimensiones de la conciencia hacia fines positivos. Dualismo, división, substracción y separación -- como raíces de conflicto, confrontación, antagonismo y destrucción -- serán erradicados.

"Ni se contaminarán más con sus ídolos, ni con sus cosas detestables, ni con ninguna de sus transgresiones; sino que Yo los salvaré de todos sus lugares donde habitan, donde ellos han pecado, y Yo los limpiaré; para que ellos sean Mi pueblo, y Yo seré Su Dios" (37:23)

Todo tipo de maldad, pensamiento negativo o ideología destructiva, como resultado de las fantasías e ilusiones materialistas de ego, dejarán de existir cuando el Amor de Dios los elimine de nuestra conciencia. Así es como nos unimos permanentemente a Él. Esto es lo que significa que nosotros seamos Su pueblo y Él nuestro Dios.

"(...) y David Mi sirviente será su príncipe por siempre. Más aún, Yo haré un Pacto de Paz con ellos -- será un Pacto eterno con ellos; y Yo los estableceré, y los multiplicaré, y erigiré Mi Santuario en medio de ellos para siempre" (37:25-26)

Asimilamos la Conciencia Mesiánica como las cualidades investidas en el rey David. Como persona es un hombre común con padre y madre, hermanos, parientes, esposa e hijos. Como judío entiende bastante bien la Torá, y por lo tanto la identidad judía. Los Salmos son la máxima prueba de ello. Esto es primordial. Sí, cualquier judío que entienda la Torá y cumpla sus Mandamientos, tiene el potencial de ser el mesías judío. El rasgo particular que posee, anunciado por nuestros Profetas, es que el Espíritu de Dios estará sobre él. 

Ya leímos que el Espíritu de Dios dará vida otra vez a aquellos muertos por su separación de Él (36:27, 37:14). En este caso el Espíritu de Dios dirigirá al mesías para hacer cumplir Su voluntad en "el final de los tiempos", lo que llamamos la Redención Final que precede a la era Mesiánica. No es tarea fácil para una sola persona, de ahí que los Profetas hebreos se refieran al Mesías como un sirviente de Dios, como lo fue Moisés en los tiempos del Éxodo de Egipto. Al igual que Moisés, este hombre estará completamente y exclusivamente dedicado a cumplir la voluntad del Creador. 

La era Mesiánica es parte de la voluntad de Dios para el mundo material, y no parte de la agenda personal de un individuo. Innumerables veces en la Torá y las escrituras hebreas nuestro Creador es mencionado como nuestro único y exclusivo Redentor. Nadie ni más ni nada más. También leemos acá que, una vez la Conciencia Mesiánica esté completamente manifestada, viviremos por nuestra conexión permanente con Dios, la cual también es llamada Su Pacto de Paz. El nexo eterno por el que Dios multiplica y expande nuestra existencia por siempre.

"Y las naciones sabrán que Yo soy el Eterno que santifica a Israel, cuando Mi Santuario esté en medio de ellos para siempre" (37:28)

"El Eterno dará fuerza a Su Pueblo, el Eterno bendecirá a Su pueblo en paz" (Salmos 29:11)

domingo, 21 de julio de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XIV) Ezequiel

Debemos reflexionar sobre las advertencias que nos hace el mayor conocimiento de nuestra conexión permanente con el Creador. Hemos aprendido en carne propia las consecuencias de vivir las fantasías e ilusiones de ego, y de las decisiones negativas que tomamos. Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad acude a nuestro intelecto y discernimiento, emociones y sentimientos, pasiones e instintos, para hacer un compromiso permanente en la vida.

Este es el resultado de elegir, ya sea vivir constantamente la Esencia transcendental de lo que somos, o la fugaz fantasía de moda, glamor, sofisticación, sociedad de consumo, política correcta, cultura ligera, distracción, entretenimeinto, estatus social, y tendencias instigadas por las ilusiones materialistas de ego. En algún momento, tarde o temprano todos terminamos comprometiéndonos a la Redención Final que ahora muchos añoramos.

Nuestra Redención individual y colectiva comienza cuando eliminamos de todos los niveles de conciencia las fantasías e ilusiones mencionadas atrás. Esto significa erradicarlas de lo que creemos, valoramos, sentimos y hacemos correspondiente a ideas, ideologías y principios. Vivimos a partir de lo que creemos, y respondemos como individuos y como sociedad por lo que procuramos y respaladamos como estilo de vida. 

Para muchos en este mundo, odio, racismo, abuso, explotación, humillación, crueldad, indiferencia, prejuicio, intolerancia y violencia forman parte de su estilo de vida. Un buen ejemplo es el fundamentalismo islámico. Muchos de sus seguidores creen, piensan, sienten y actúan motivados por ese tipo de tendencias destructivas. Ya han destruido sus vidas por lo que creen. ¿Habrán acaso considerado que la vida no tiene significado sin los modos y atributos de Amor, como principios contrarios a sus creencias? Convierten la vida en un campo desolado, en la negatividad de sus fantasías e ilusiones.

"Así dijo Dios el Eterno a las montañas y a las colinas, a los ríos y a los valles, a las campos desolados y a las ciudades abandonadas, que han sido convertidas en presa y ruina para el remanente de las naciones que las acechan." (Ezequiel 36:4)

Nuestro intelecto y discernimiento son responsables de los principios, creencias, ideas y valores que elegimos para vivir en este mundo. Estos son las montañas, las colinas, los ríos y los valles. Sobre estos construimos nuestros pensamientos, emociones y sentimientos que nos hacen ser y realizar. Si los desolamos con tendencias negativas, estaremos muertos.

"Pero vosotras, oh montañas de Israel, expandiréis vuestras ramas y daréis vuestros frutos a Mi pueblo Israel; porque están a punto de venir. Porque he aquí que Yo soy para vosotros, y Yo estaré para vosotros, y seréis plantados y cosechados." (36:8-9)

El Amor de Dios habla a nuestro Amor. Nuestro Padre habla al discernimiento y al sentido común de Sus hijos. Él sabe que nuestro Amor es la bendición que nuestros potenciales creativos necesitan para fructificar como cualidades redentoras. Su Amor nutre nuestro Amor para despuntar, florecer y dar frutos, convirtiéndonos en la cosecha abundante de una tierra fructífera. El Amor de Dios está con nosotros para que conduzcamos todos los niveles de la conciencia con los modos y atributos de Amor.

"Y Yo multiplicaré sobre vosotros hombre y bestia, y crecerán y se multiplicarán; y Yo os haré morar como solíais hacerlo antiguamente, y os haré aún mucho más que al inicio; y vosotros sabréis que Yo soy el Eterno." (36:11)

Si andamos en Sus caminos y los hacemos nuestros, Su Amor multiplica lo bueno de la vida. Esto significa una perspectiva más amplia y una mayor percepción del mundo material. Esta amplitud de visión ante la vida es la Conciencia Mesiánica, mediante la que recibimos mayores bendiciones. Esta mayor abundancia representa la doble porción para el Shabat, cuando recibimos más que los días anteriores como inicios. En esa abundancia sin medida sabremos que el Eterno es Dios.

"Porque Yo os sacaré de las naciones, y os reuniré de todos los países, y Yo os traeré a vuestra propia tierra. Y Yo regaré agua sobre vosotros, y seréis limpiados de toda vuestra suciedad, y de todos vuestros ídolos Yo os limpiaré." (36:24-25)

Con frecuencia mencionamos que la tierra es la manifestación geográfica de la vida. El espacio que nos rodea es la vasija que contiene nuestra vida, por lo tanto es parte de esta. De ahí que no podamos vivir sin una tierra, pero la que Dios llama nuestra es la prometida donde la vida es aún mucho mejor. Vida como Él la concibe para Israel. Vida como existencia ideal que Su Amor quiere para nosotros. Esto especialmente bueno es plenamente disfrutado solamente en los modos, medios, cualidades y atributos de Amor, para los que el Amor de Dios limpia nuestra conciencia de toda tendencia, rasgo, adicción o apego negativos.

"Un nuevo corazón Yo os daré, y un nuevo espíritu Yo pondré dentro de vosotros; y Yo quitaré el corazón de piedra de vuestra carne, y Yo os daré un corazón de carne. Y Yo pondré Mi Espíritu dentro de vosotros, y haré que andéis en Mis estatutos, y mantendréis Mis ordenanzas, y las cumpliréis." (36:26-27)

La Conciencia Mesiánica, como portadora de nuestra Redención final, posee una manera diferente de discernir, pensar, sentir y actuar. Para esta necesitamos un nuevo corazón como nueva manera de pensar, y un nuevo espíritu como nueva motivación dedicada exclusivamente al conocimiento del Creador. Esta nueva conciencia es entendida, sentida y vivida intensamente como corazón latente de carne, y no de piedra inerte. Esta nueva conciencia surge mediante el Espíritu de Dios, que es Su Amor. En este total conocimiento andamos en Sus caminos, estatutos y ordenanzas, libres de fantasías e ilusiones materiales.

"Y Yo os redimiré de todas vuestras suciedades; y Yo llamaré al [la cosecha del] trigo, y lo multiplicaré, y no habrá hambruna sobre vosotros. Y Yo multiplicaré el fruto del árbol, y la abundancia del campo, y no volveréis a recibir el reproche de hambruna entre las naciones." (36:29-30)

Al abrazar el Amor de Dios e integrarlo en todos los niveles de conciencia, el Creador multiplica lo bueno que estamos destinados a vivir en el mundo. Cuando llenamos la vida con la abundancia de lo bueno de los modos y atributos de Amor, no hay espacio para creencias o sentimientos de carencia. Estos nos hacen sentir vacíos y hambrientos a consecuencia de las fantasías e ilusiones de ego.

Mientras vivamos momento a momento en los modos y atributos de Amor, la tierra que es nuestra vida fructifica y lo bueno de esta llena nuestra creatividad, pensamientos y sentimientos, que antes eran las ciudades desoladas del pasado, ahora fortificadas por el Amor de Dios. Entonces reconoceremos al Creador y sabremos que es Él.

"Y ellos dirán: 'Esta tierra que estaba desolada se convirtió como el jardín del Edén; y las ciudades desechadas, desoladas y destruidas [ahora] están fortificadas y habitadas'. (...) y ellos sabrán que Yo soy el Eterno." (36:35, 38)

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.