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domingo, 8 de septiembre de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XXI) Jeremías

"Escuchando, He oído a Efraín lamentarse [diciendo]: 'Me has castigado y castigado fui como novillo indómito; regresa Tú a mí, y yo regresaré [a Ti], porque Tú eres el Eterno mi Dios." (31:17)

Los pasajes redentores de las profecías de Jeremías hablan de Israel como el hijo de Dios, y de Efraín como Su primogénito [(...) "porque Yo soy un padre para Israel, y Efraín es Mi primogénito." (31:8)]. Esto nos hace reflexionar acerca de la línea que los conecta a todos. En nuestros comentarios sobre las últimas cuatro porciones del Génesis destacamos los significados del versículo, "Estas son las generaciones de Jacob: José (...)" (Génesis 37:2) que presenta a José como el heredero de la primogenitura. De ahí que Jacob, José y Efraín integren el mismo principio representado por el primogénito. Cuando el Creador nos dice que Israel es Su primogénito nos damos cuenta de lo que esto significa. 

Reunimos los rasgos que caracterizan a Jacob y José, y vemos que se complementan como lo bueno derivado de los modos y atributos de Amor. Estas son las cualidades heredadas por Efraín (representando aquí a todo Israel) del Creador, las cuales estamos destinados a manifestar en el mundo material.

Históricamente, Efraín caracteriza nuestra rebeldía judía que nos separa del Amor de Dios hacia nosotros. En este nos deleitamos con Sus Mandamientos, contrarios a los falsos dioses e ídolos producto de las fantasías e ilusiones de ego. Estas son las decisiones de tomamos, que a su vez se convierten en los castigos por nuestra separación de los modos y atributos de Amor. Somos los hijos rebeldes que culpan a Dios por las decisiones negativas que nosotros tomamos, los novillos indomables en espera de recibir la yunta Divina. Tras millares de años sufriendo el engaño de los ídolos creados por nuestras manos, nuevamente clamamos gritando para retornar a lo bueno que Dios es. 

En este sentido debemos dar el primer paso en esa dirección, regresando a la bondad de Amor que es el reflejo material del Amor de Dios. Tenemos que retornar a nuestra Esencia y verdadera identidad, que nos hacen imagen y semejanza del Creador de todo. No hay otra manera. Primero abrazamos lo bueno para poder abrazar lo bueno que es Dios.

"Ciertamente después que regresé me arrepentí, y después de ser instruido me golpeé mi muslo; me avergoncé, sí, me confundí porque he cargado el reproche de mi juventud." (31:18)

El retorno a Amor comienza cuando aprendemos a fondo de las fantasías de ego y las decisiones negativas que tomamos. A través de los ojos de Amor encontramos suficiente compasión para perdonarnos a nosotros mismos, y procurar vivir en sus modos y atributos. Abrazamos Amor como nuestra verdadera identidad, con la que somos y hacemos. Nos damos cuenta que Amor es el maestro que instruye nuestro discernimiento, intelecto, mente, pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Aun más allá de lo que sabemos y no sabemos en nuestra conciencia.

Este versículo contiene la previsión fundamental de perdonarnos a nosotros mismos. Vergüenza, reproche y recriminación son los azotes que infligimos en nuestro sublime deseo de retornar a Amor. De ahí que la confusión tome control para que continuemos en el círculo vicioso del ir y venir de las fantasías e ilusiones de ego. 

Estas son las transgresiones y pecados que cometemos debido a la ignorancia en nuestra juventud, como estado sin refinación. Una vez asimilemos que la vida también es un proceso de aprendizaje para elegir lo bueno de sus bendiciones, nos daremos cuenta de que perdonarse a sí mismo es la puerta hacia el retorno a Amor. Nos perdonamos como el comienzo del regreso a lo que verdaderamente somos y poseemos.

"¿No es Efraín Mi hijo amado? ¿No es un niño encantador? Pues siempre que hablo contra él, lo recuerdo aun más; por eso Mis entrañas se conmueven por él, ciertamente tendré compasión de él, dice el Eterno." (31:19)

Aquí igualmente nos damos cuenta que el Amor de Dios también nos perdona, porque Él no cesa de amarnos junto a toda Su Creación. Su Amor añora nuestro Amor que es nuestro nexo con Él.  Además sabe que podemos aprender de nuestros errores y del sufrimiento que nos causan. Dios entiende nuestra rebeldía porque Él nos dio libre albedrío para aprender de nuestras decisiones. No se complace con las desgracias que cargamos en el círculo vicioso de los deseos materialistas de ego. En Su compasión siente nuestras tribulaciones, confiando en que elijamos retornar a Él.

"Establece para ti señales de camino, házte para ti orientaciones; dirige tu corazón hacia el gran camino, el camino por donde te fuiste; retorna, oh virgen de Israel, regresa a estas tus ciudades." (31:20)

Regresamos a Amor a través de sus caminos, sus señales y orientación, que son sus modos y atributos. Los conocemos porque hemos ido a ellos desde que nacimos, y andado en sus caminos. Conocemos lo que Amor es porque es la parte Esencial de lo que somos. A través de sus cualidades y atributos regresamos a todo lo que este representa, como cuidades edificadas con el conocimiento de nuestra conexión permanente con Dios. Este nexo es Jerusalén, la virgen de Israel.

"Y acontecerá, que así como los he visto para arrancar y para romper, y para derrumbar y para destruir y para afligir, así también los veré para construir y para plantar, dijo el Eterno." (31:27)

Como mencionamos atrás, nuestras decisiones nos llevan a un proceso de aprendizaje desde lo malo hacia lo bueno. La compasión del Creador ofrece Su constante Redención para que la abracemos eternamente. Así como Él ve nuestras trangresiones e iniquidad con las que arrancamos, rompemos, derrumbamos, destruimos y afligimos nuestras vidas, Él también ve que lo bueno en nuestro potencial para construir y plantar. Esta es la decisión que Él quiere que tomemos como el comienzo de la próxima fase de nuestro destino. Lo que aquí llamamos la Conciencia Mesiánica en la Redención Final.

"He aquí que días vendrán, dijo el Eterno, en que Yo haré un nuevo Pacto con la casa de Israel, y con la casa de Judá; no de acuerdo al Pacto que Yo hice con sus padres en el día cuando los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; y aunque rompieron Mi Pacto, Yo fui un marido para ellos, dijo el Eterno." (31:31-32)

Esta es la profecía que nos aguarda para el final de los tiempos, en el día del Eterno, cuando la maldad será completamente erradicada de la faz de la tierra, y solamente prevalecerá el bien. Esta es la amorosa bondad de Dios que será revelada a nosotros al dedicar nuestras vidas exclusivamente para conocerlo a Él.

"Pero este es el Pacto que Yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, dijo el Eterno. Yo pondré Mi ley en sus entrañas, y en su corazón la escribiré; y Yo seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo. Y ellos no enseñarán más a cada hombre su prójimo, y cada hombre a su hermano, diciendo: 'Conoce al Eterno'; porque todos ellos Me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor de ellos, dijo el Eterno; porque Yo perdonaré su iniquidad, y su pecado Yo nunca más recordaré." (31:32-33)

domingo, 1 de septiembre de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XX) Jeremías

"Así dijo el Eterno, el Dios de Israel: 'Maldito sea el hombre que no escuchó las palabras de este Pacto, (...) Para que confirme el juramento que hice a vuestros padres, que les daría la tierra que emana leche y miel, como este día." (Jeremías 11:3, 5)

El Pacto de Dios e Israel es uno de los pilares del Plan del Creador para el mundo material. Reflexionemos en torno a este Pacto. Comienza en un lugar y tiempo que Dios llama una tierra que emana leche y miel como en este día, que significan lo permanentemente bueno en el permanente hoy. Esta es la tierra como la vida que estamos destinados a vivir de acuerdo al Plan Divino. Comenzamos a habitar en su bendición, su leche y su miel, cuando vivimos oyendo, entendiendo e implementando las palabras de nuestro Pacto. Este en realidad es una alianza que convierte en Uno las partes del pacto, el Creador e Israel. 

Nos hacemos enteramente conscientes de nuestro nexo y conexión permanente con Dios al darnos cuenta de qué se trata este Pacto. Esto ocurre viviendo lo bueno en el constante aquí y ahora. Lo bueno derivado de los modos y atributos de Amor son las palabras de este Pacto prometido por el Amor de Dios a nuestros padres para nosotros, sus descendientes. Como hebreos somos los herederos de este legado eterno que se revela y manifiesta completamente como la Conciencia Mesiánica.

"Ellos retornaron a las iniquidades de sus antepasados, que se negaron a oír Mis palabras; y se fueron tras otros dioses para servirles a estos, la casa de Israel y la casa de Judá han roto Mi Pacto que Yo hice con sus padres." (11:10)

Nuestro Creador nos recuerda una y otra vez mediante Su Tora y Sus Profetas las decisiones que nos hacen rechazar Sus palabras. Estas decisiones son los deseos de fantasías e ilusiones de ego, los otros dioses a los que servimos, por los que rompemos nuestro nexo con los modos y atributos de Amor como manifestación material de los modos y atributos del Amor de Dios. Al quebrar este vínculo nos separamos de nuestra Esencia y verdadera identidad, y del destino que Dios nos prometió para vivir solamente en lo bueno de la vida.

Estos recordatorios son repetidos en los capítulos siguientes, indicando las consecuencias de vivir para ídolos que creamos con la vanidad y futilidad de nuestros apegos, obsesiones, adicciones y patrones negativos, que convierten nuestra vida en un sonido fugaz, "(...) que son sólo afán y futilidad, iéndose en vuelo como un sonido fugaz." (Salmos 90:10); y el Profeta apela valientemente a Dios para erradicar las tendencias negativas en la conciencia humana, como la causa y efecto de todos los males e iniquidades que infligimos en nosotros y nuestro entorno.

"¿Por qué prospera el camino de los malvados? ¿Por qué viven seguros los que tratan con traición? (...) ¿Por cuánto tiempo se lamentará la tierra, y se marchita el campo entero? Por la maldad de ellos que vive en este, las bestias son consumidas, y las aves; porque ellos dijeron: 'Él [el Eterno] no ve nuestro fin'." (Jeremías 12:1, 4)

Pero sabemos en nuestro libre albedrío que elegimos tendencias negativas. Si imploramos a Dios completa libertad en nuestra conciencia, Él crea el mal para que elijamos lo bueno. Ahora nos quejamos a Él rogándole que elimine el mal y la iniquidad de la vida, la tierra que asolamos con fantasías e ilusiones de ego que son ídolos y falsos dioses. Dios responde el mismo mensaje que proclaman todos nuestros Profetas.

"Y acontecerá, después que los haya dispersado, que Yo tendré otra vez compasión de ellos; y Yo los traeré de vuelta, cada hombre a su heredad, y cada hombre a su tierra." (12:15)

La eliminación de la maldad de la faz de la tierra es uno de los cimientos de la Redención Final en el judaísmo. En Su Amor eterno y compasión por toda Su Creación, Dios dice en la Torá y a través de Sus Profetas que es Él quien nos castiga. Sabemos perfectamente que somos quienes nos castigamos con las consecuencias de nuestras decisiones negativas. Solamente el más grande Amor de todos se apresta a cargar el peso de nuestras transgresiones contra lo bueno que Él hace de la vida.

En los capítulos que siguen el Profeta nos refiere más alegorías sobre nuestra separación del Creador (el cinto ocultado, la vasija llena de vino), el exilio en Babilonia y la sequía en ciernes, la ira como celo de Dios por las transgresiones de Israel incluyendo la profanación del Shabat, y la dulce metáfora redentora del alfarero, "Oh casa de Israel, ¿acaso no soy Yo para ti como este alfarero? dijo el Eterno. He aquí que, como la arcilla en la mano del alfarero, así eres tú en Mi mano, oh casa de Israel." (18:6) para hacernos conscientes de que Él es nuestro Creador, que todo lo que somos y tenemos es de Él, y que estamos destinados a vivir de acuerdo a Su Amor por nosotros. 

Más admoniciones contra la idolatría y la corrupción de reyes son traídas entre profecías que anuncian la destrucción de Jerusalén y el consecuente exilio. Esto hace que Jeremías repudie su misión como Profeta del desastre. Estos capítulos (13 al 30) preceden al mensaje de Redención con el retorno de los cautivos a su tierra.

"¡Celebrad! porque ese día es grandioso, porque ningún otro es como este; y es un tiempo de tribulación para Jacob, pero de este será él redimido. Y acontecerá que en ese día, dijo el Eterno de las multitudes, que Yo quebraré la yunta de tu cuello, y romperé tus ataduras, y extraños nunca más te harán cautivo de ellos. Sino que ellos servirán al Eterno su Dios, y a David su rey, a quien elevaré para ellos." (30:7-9)

Ciertamente es un día grandioso y único cuando veamos en nuestra conciencia y entorno desaparecer todas las formas del mal. El día en que no habrá más seducción de las fantasías e ilusiones de ego, y abracemos los modos y atributos de Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad. El día que abandonemos para siempre millares de años de miseria y entremos al comienzo de la vida eterna, conducida exclusivamente por el Amor de Dios, hacia dimensiones sin fin donde nuestro único propósito será el conocimiento del Creador.

"(...) Yo haré que ellos caminen sobre ríos de agua, en un sendero recto donde no resbalarán, porque Yo he sido un padre para Israel, y Efraín es Mi primogénito. (...) Porque el Eterno ha rescatado a Jacob, y Él lo redimió de una mano más fuerte que él. (...) Y ellos vendrán y cantarán en la cumbre de Sión, y se llenarán de la bondad del Eterno (...). (...)  y Mi pueblo se saciará con Mi amorosa bondad, dijo el Eterno." (31:8, 10, 11, 13)

No tenemos que esperar a que se manifiesten completamente las profecías hebreas, porque nosotros podemos y tenemos que hacerlo iniciando nuestra propia entrada a la Redención Final, abrazando la bondad del Creador, la cual estamos destinados a manifestar mediante los modos y atributos de Amor. Permitamos que Amor sea el maestro, el guía, la intención, la motivación, la razón y el propósito en todo lo que discernamos, pensemos, sintamos, expresemos y creemos, en el aquí y ahora de la vida. 

Esta es la amorosa bondad que Dios quiere que vivamos. Esta son los ríos de aguas donde no resbalamos, porque somos llevados por la mano de nuestro Padre que nos redime. Somos Su primógenito con quien Él selló Su Pacto. Entonces cantaremos en las alturas de Sión, en la cumbre del conocimiento de nuestra conexión permanente con la bondad de Dios, que es Su Amor.

domingo, 25 de agosto de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XIX) Jeremías

Para asimilar plenamente la Conciencia Mesiánica como la premisa para la Redención Final, tenemos que entender principios fundamentales esenciales que nos enseña la Biblia hebrea. Dios nos creó a Su imagen y semejanza; nosotros y toda la Creación emanamos del Amor de Dios y somos sustentados por Él; nuestra Esencia y verdadera identidad provienen del Amor de Dios; estamos destinados a ser y manifestar Amor como la manifestación material del Amor de Dios; Él tiene un Plan para Su Creación como resultado de Su Amor por esta; en Su Amor, Dios agració a la humanidad con libre albedrío para que conozcamos nuestra Esencia e identidad con el fin de conocerlo a Él; Dios creo el mal para que podamos ejercer el libre albedrío, y hacernos conscientes de que el mal existe únicamente como referencia para elegir el bien.

Mientras reflexionamos sobre estos principios llegamos a la fácil conclusión de que todo lo que discernimos, pensamos, sentimos, decimos y hacemos, está basado en libre albedrío. De ahí que la Conciencia Mesiánica y la Redención Final dependan de las decisiones que tomemos. En este sentido tenemos que elegir para vivir por aquello que elegimos. La Torá nos dice que la Redención de Egipto fue el resultado de que los hijos de Israel hubiesen clamado a Dios. Ellos lo recordaron a Él, y respondió a su clamor. De esto Sabios jasídicos enseñan que la Redención de Egipto vino de arriba, y la Redención Final vendrá de abajo. Esto debemos comprenderlo como un proceso dinámico. Dios escucha si le hablamos, y también responde cuando clamamos a Él. Este clamor es el verdadero "grito primal". Gritamos clamando al Creador desde el momento en que respiramos por primera vez en el mundo material.

"Porque desde siempre he quebrado tu yunta, y roto tus ligaduras, y tú dijiste: 'Yo no transgrediré'; sobre cada montaña elevada y bajo cada árbol frondoso tú te acostaste, jugando a la ramera" (Jeremías 2:20) "Guarda tus piés de andar descalzos, y tu garganta de la sed; pero tú dijiste: 'No hay esperanza; no, porque a extraños he amado, y tras ellos he de ir'." (2:25)

Hablando de decisiones, el Profeta llama nuestra atención en torno al libre albedrío. Dios nos recuerda a través de aquel que Él nos da libre albedrío, porque este es la clave de nuestro nexo con Él. Entonces el "problema" es cómo manejamos el libre albedrío. Aquí es donde tenemos que reflexionar acerca de nuestra Esencia e identidad. La misma está destinada a gobernar y guiar nuestro juicio. Así finalmente nos damos cuenta de que nuestra libertad se fundamenta en Amor como manifestación material del Amor de Dios, de donde todo proviene. De esta manera asimilamos que Amor es su propia causa y efecto, el paradigma de nuestra existencia. Estamos aquí por Amor y para Amor. Libertad real es vivir en los modos y atributos de Amor. Por lo tanto ejercemos nuestro libre albedrío eligiendo Amor como motivación e intención para su efecto. Todos los Profetas hebreos nos hacen conscientes de las elecciones negativas que hacemos, al igual que su causa y efecto en nuestra conciencia.

"Si tú retornas, oh Israel, dijo el Eterno, retorna a Mí; y si tú alejas tus abominaciones fuera de Mi vista, y sin vacilar. Y jurarás, diciendo: 'Vive el Eterno en [la] verdad, en [la] justicia y en [la] rectitud', y bendecirse han en Él las naciones, y en Él se glorificarán. Porque así dijo el Eterno a los hombres de Judá y a Jerusalén: arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos" (4:1-3)

Como señalamos arriba, la dinámica de la conciencia humana se fundamenta en el libre albedrío. Esto significa que tenemos que elegir el camino hacia la Redención Final, asimilando la Conciencia Mesiánica en la que Amor guía y dirige todos los los aspectos, facetas y dimensiones de la vida. Damos nuestro último adiós al deseo egoísta de fantasías e ilusiones materialistas, y abrazamos la verdad, la justicia y la rectitud de los modos y atributos de Amor, las bendiciones del Amor de Dios, con los que lo glorificamos a Él. Estos son los campos donde aramos y sembramos, fértiles y sin espinos. No seremos redimidos por el Amor de Dios si no elegimos Amor al momento de decidir. Mientras sigamos viviendo con y en las tendencias negativas de la conciencia, la Redención sólo será un sueño fugaz.

"Oh Jerusalén, lava tu corazón de maldad, para que seas redimida. ¿Hasta cuándo albergarás pensamientos inicuos dentro de ti?" (4:14) "Porque Mi pueblo es necio, ellos no Me conocieron; son hijos ignorantes, y no tienen entendimiento; son sabios para hacer maldad, pero para hacer bien no tienen conocimiento" (4:22)

Las admoniciones y advertencias continúan en los mensajes del Profeta, como reiteración de lo que nos hace plenamente conscientes en torno a lo que elegimos con libre albedrío. Aquí nos damos cuenta que nuestras decisiones son directamente proporcionales a nuestro conocimiento del Creador. Entre menos lo conozcamos, menos estamos unidos a Él. Recordemos que el Creador nos conduce para que conozcamos nuestra Esencia e identidad, ya que lo que somos y tenemos provienen Él. Entre más lo conozcamos, más sabremos quiénes somos y para qué estamos aquí.

"Así dijo el Eterno: Que no se vanaglorie el sabio en su sabiduría, ni el poderoso glorificarse en su poder, ni el rico en sus riquezas. Sino que quien glorifica se glorifique en esto, que él Me entiende y Me conoce, que Yo soy el Eterno que realiza amorosa bondad, justicia, y rectitud en la tierra; porque en estas cosas Yo Me deleito, lo afirma el Eterno" (9:22-23)

El Amor de Dios es nuestra gloria y deleite. En Sus caminos y atributos nos glorificamos porque son nuestra libertad y plenitud. Estos versículos nos hacen comprender lo que nuestros Sabios implican al preguntar quién es rico. Aquí vemos que no se trata de sabiduría, poder ni posesiones, sino de nuestro conocimiento del Creador. En este conocimiento nos damos cuenta de que la verdadera riqueza es nuestra conexión con Él.

"Oh Eterno, corrígeme, pero en justicia; pero no en Tu furor, para que no me aniquiles. Derrama Tu enojo sobre las naciones que no te conocen, y sobre las familias que no llaman a Tu Nombre. Porque se comieron a Jacob, ellos lo devoraron y lo consumieron, y asolaron su morada" (10:24-25)

De ahí que en genuina humildad le pedimos a Él que nos guíe en el sendero que nos ha prometido. Aquí aprendemos que las naciones, como tendencias negativas de la conciencia, son la causa de nuestra separación del Creador, Sus caminos y atributos, que hacen sabio a nuestro libre albedrío para proteger nuestro nexo (la morada asolada) con Él. El Profeta emula las palabras del Rey David: 

"Redímenos, oh Eterno nuestro Dios, y reúnenos de entre las naciones, para que podamos dar gracias a Tu sagrado Nombre y glorificarnos en Tu alabanza. Bendito es el Eterno, el Dios de Israel, por toda la eternidad y decid: 'Amen'. Alabad a Dios." (Salmos 106:47-48)

domingo, 18 de agosto de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XVIII) Jeremías

De todos los profetas hebreos el más perseguido, humillado y oprimido fue Jeremías. No sólo porque era el mensajero de la palabra de Dios para Israel y las naciones sino porque decía la verdad. Lo irónico de esto es que ser portavoz de Dios y decir la verdad es lo mismo. Sabemos que Él nos revela atributos que manifiestan Amor por Su Creación: "Y el Eterno pasó ante él [Moisés], y proclamó: 'El Eterno, el Eterno, Dios compasivo y graciable, lento para ira, y de abundante amorosa bondad y verdad" (Éxodo 34:6). De ahí que nuestros Sabios enseñen que estos atributos corresponden a algunos de los Nombres de Dios, y Verdad es uno de ellos.

No es fácil vivir con la verdad, lo cual significa vivir por ella y para ella. Esta es la preciosa herencia de nuestra identidad judía que la Torá nos ha legado. Hemos dicho que ser imagen y semejanza de nuestro Creador quiere decir ser y manifestar Sus caminos y atributos. Somos compasivos porque Él es compasivo, amables y amorosos porque Él es abundante en amorosa bondad, graciables porque Él es graciable. Vivimos en la verdad porque Él es la única Verdad.

Estas son algunas de las razones de que Israel haya sido el más perseguido de todos los pueblos de la tierra. Vivimos por y para la Verdad que es la voluntad de Dios para el mundo material y aún más. La vida de Jeremías nos recuerda quiénes somos, por lo que vivimos y por lo que morimos. La definición integradora de esto es lo bueno que el Creador quiere que vivamos, disfrutemos y celebremos todo el tiempo. ¿Qué y quiénes son los enemigos de este propósito, simple pero integrador? ¿Quién procura subyugar y destruir lo bueno? ¿Quién podría vivir sin lo bueno como expresión de los modos y atributos de Amor, como la manifestación material del Amor de Dios? ¿Qué puede estar en contra de nuestra Esencia y verdadera identidad, con su libertad, expansión, totalidad, abundancia y plenitud como regalos del Amor de Dios? Las respuestas a estas preguntas son las tendencias negativas de la conciencia humana, que llamamos aquí fantasías e ilusiones de ego. Estas son los ídolos y enemigos de la Verdad que somos y que estamos destinados a vivir y manifestar.

"Antes de formarte en el vientre Yo te conocí, y antes de salir del vientre Yo te santifiqué; Yo te he nombrado profeta sobre las naciones." (Jeremías 1:5)

En este sentido Jeremías representa Israel. Como herederos de la Torá somos los portadores de la palabra de Dios y Su voluntad para el mundo material. Así entendemos que cuando el Creador habla a Jeremías, Él habla a Israel.

"Entonces el Eterno me dijo: 'Del norte irrumpirá la maldad sobre todos los habitantes de la tierra. Porque, he aquí que Yo llamaré a todas las familias de los reinos del norte, dijo. Y ellos vendrán, y cada uno establecerá su trono en la entrada de las puertas de Jerusalén, y contra todas las murallas alrededor, y contra todas las ciudades de Judá." (1:14-15)

En nuestro último comentario sobre las profecías de Ezequiel (el 11 de agosto de 2013 en este blog) dijimos que los puntos cardinales representan rasgos de nuestra conciencia, y el norte simboliza tendencias negativas y destructivas, de ahí que "el enemigo viene del norte". Estas son las cualidades negativas de las fantasías e ilusiones de ego, al igual que las bajas pasiones e instintos. Estas son las mayores amenazas contra lo bueno de los modos y atributos de Amor que rigen en el nivel más elevado de la conciencia, representado por Jerusalén. Sabios jasídicos se refieren a las "puertas" de Jerusalén como los orificios que tenemos en la parte superior del cuerpo, la cabeza. 

Señalan además las amenazas como seducciones negativas que percibimos con nuestros ojos abiertos, oídos, nariz y boca. De ahí que debamos protegernos de lo que vemos, oímos, olemos y saboreamos. Esto significa que tenemos que alejarnos de los deseos materialistas de ego que ciertamente experimentamos a través de los sentidos, los cuales provienen de la siniestra (el brazo izquierdo), el norte.

"Así dijo el Eterno: ¿qué injusticia han encontrado tus padres en Mí, que se han ido lejos de Mí, y andado tras cosas de vanidad, y convertidos en vanos?" (2:5) "¿Ha cambiado una nación sus dioses, que no son dioses? Pero Mi pueblo ha cambiado su gloria por aquello que no es beneficioso." (2:11) "Porque Mi pueblo ha cometido dos males: ellos Me han abandonado, la fuente de aguas vivas, y cavado cisternas, cisternas rotas que no contienen agua." (2:13)

Las advertencias y admoniciones contra la idolatría son mensajes fundamentales de la Torá y los Profetas hebreos, para que reflexionemos sobre las fantasías e ilusiones de ego como ídolos que esclavizan nuestro libre albedrío. Perdemos la libertad al apegarnos, obsesionarnos y hacernos adictos a ellas. Estas son las vanidades que nos hacen vanos, los dioses que no son dioses, por los que cambiamos los modos y atributos de Amor como las fuentes de lo bueno, de lo que nos beneficiamos. Estas son las aguas vivas que emanan del Amor de Dios. Las cambiamos por fantasías materialistas, las cisternas rotas que no tienen agua.

"Tus propias iniquidades te corregirán, y tus deslices te reprobarán: por lo tanto sabe y ve que es algo inicuo y amargo, que tú hayas abandonado al Eterno tu Dios, sin Mi reverencia en ti, dijo Dios el Eterno de multitudes." (2:19)

Vivir en las fantasías e ilusiones de ego tarde o temprano nos hace conscientes de su verdadera naturaleza. Esto se convierte en un proceso de aprendizaje mediante el cual terminamos forzados a perseguir lo bueno, a partir del dolor y el sufrimiento como resultado de tales fantasías e ilusiones. Lo negativo se convierte en el acusador y el castigo que nos empuja de vuelta a lo bueno que cambiamos por lo vano. Este versículo abarca lo que hemos reiterado una y otra vez. Dios no castiga nuestras transgresiones, nosotros somos castigados por las consecuencias de nuestra separación de Él. 

¿Qué podría ser peor y más amargo que vivir lejos de la Verdad y la Amorosa Bondad del Creador, de las que proviene todo lo que existe? En este sentido la amargura de la maldad y la iniquidad es el exilio que padecemos lejos de la Tierra Prometida de los modos y atributos de Amor, que es también nuestra Redención.

Hemos indicado que el único propósito del mal y todas sus formas y expresiones es ser una referencia -- y no una opción -- para que elijamos lo bueno. Lo bueno es de donde venimos y lo que estamos destinados a manifestar en todas sus formas y expresiones, como modos y atributos de Amor. La Conciencia Mesiánica es lo que nos trae de vuelta a la Esencia de lo que somos, el Amor de Dios.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.