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domingo, 27 de mayo de 2012

Nasó: Honrando Nuestra Fidelidad al Amor de Dios

Reflexionemos en torno a los pasajes de esta porción referentes a una pareja casada (Números 5:12-15).

Fidelidad es la fundación de cualquier relación al igual que del sistema social en el que uno vive. Si no hay confiabilidad ni seguridad entre la gente y sus instituciones, entonces hay corrupción, disturbios y conflictos. No en vano el enorme presupuesto que los países civilizados dedican para el cumplimiento de la ley.

De hecho la fidelidad tiene un precio que estamos dispuestos a pagar, porque de ella depende lo que más valoramos, apreciamos y amamos, y en lo que más confiamos. Pagamos para sentirnos seguros y recibir bienes y servicios que necesitamos para vivir en paz y tranquilidad dentro de nuestro entorno individual y colectivo.

Si nos obligamos a pagar por confiabilidad, seguridad, fidelidad y lealtad con el fin de sentirnos confiados y seguros en el mundo material, ¿qué tanto estamos dispuestos a pagar para asegurar nuestra
 relación con Dios? ¿Cuál es el precio a pagar para tenerlo a Él siempre en nuestras vidas? El precio es fidelidad.

Para estar cerca del Creador toma algo más que pagar impuestos para depender de los servicios que presta el gobierno, tales como el cumplimiento de la ley y los beneficios del seguro social, ya que nuestra relación con Él no tiene precio porque está más allá de contratos sociales.

Sin embargo, lo queramos o no, nuestra relación con Él está ligada a la relación que tenemos acá en el mundo entre nosotros y con nuestros entornos.

Díles a los hijos de Israel: Cuando un hombre o mujer cometa cualquiera de las transgresiones contra el prójimo, actuando traicioneramente contra el Eterno (...)” (5:6)

Nos amamos unos a otros porque amamos a Dios. El Amor de Dios es nuestra Esencia y nexo común con Él, y también entre nosotros en el mundo material. En este contexto Amor es la fidelidad que nos tenemos unos a otros porque sabemos que si los modos y atributos de Amor no están presentes, no vivimos seguros, protegidos ni cuidados. Amor es la fundación de nuestra fidelidad en lo que somos, tenemos y hacemos. Somos fieles a Amor porque tenemos que ser fieles a la Esencia de quienes somos
.

Bajo la sociedad de consumo en que vivimos tenemos que pagar por lo que nos hace sentir seguros y protegidos. ¡Los humanos hemos creado tal oscuridad que tenemos que pagar para estar lejos del daño, los perjuicios y los peligros que nosotros mismos hemos creado!

Es una ironía crear situaciones negativas y luego pagar para estar exentos de ellas, y encima las creamos por amor al dinero. Creamos adicciones, distracciones y condiciones poco saludables para después tener que pagar con el fin de liberarnos de ellas.

Es indignante lo que las fantasías e ilusiones de ego son capaces de crear para mantenernos en las tinieblas y la negatividad. Y todavía tenemos el descaro de tenerles más fidelidad a los deseos materialistas de ego que a los modos y atributos de Amor
.

Preferimos permitir que el actual estado de cosas y el sistema de la sociedad de consumo gobiernen, en vez de que lo hagan las cualidades positivas de Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad
.

Reflexionemos acerca de los significados de la fidelidad como lo señala la Torá, cuando estipula el respeto y la lealtad que se deben el hombre y la mujer
. Como ya lo hemos dicho, nos debemos fidelidad unos a otros, de la misma manera que le debemos fidelidad a nuestro Dios. Él nos encomienda ser fieles unos con otros, porque se trata de la misma fidelidad que Él quiere que Le tengamos.

En este contexto debemos ser fieles y leales a los principios que definen nuestra identidad judía. De lo contrario nos defraudamos, nos engañamos y nos traicionamos a nosotros mismos.
 Debemos ser conscientes de que cuando uno es infiel a sus valores y a aquellos a quienes confía su lealtad, es infiel a sí mismo.

El Creador quiere que seamos fieles por nuestro propio bien, y no por Él. El Amor de Dios por nosotros es nuestra verdadera referencia y el fundamento real de nuestra conciencia. Esto significa que
, mientras seamos fieles a Sus caminos y atributos como nuestra guía y dirección para lo que somos, tenemos y hacemos, seremos fieles a nosotros mismos.

De lo que se trata la fidelidad es realmente acerca de nosotros como individuos, porque esa es la única
 manera en que podemos ofrecer confianza, verdad y lealtad a los demás.

Engañamos o traicionamos la fidelidad y la confianza de otros cuando decidimos cambiar “las reglas del juego” en nuestra relación con ellos. Si nuestras reglas son lo suficientemente sólidas y fuertes como cimientos de la conciencia, continuarán siéndolo a pesar de que los otros cambien las reglas.

Esta es una manera práctica de decir que Amor no cohabita con nada distinto a sus modos y atributos
. Mientras nos mantengamos fieles, leales y comprometidos con los atributos de Amor en lo que somos y hacemos, seremos fieles a nuestra identidad como la Torá la delinea para nosotros (ver en este blog los otros comentarios sobre la Parshat Nasó: “Unidad en la Diversidad” del 15 de mayo, 2010 y “Viviendo en las Bendiciones de Amor” del 29 de mayo de 2011).

En un nivel superior en torno a la relación hombre-mujer, tengamos en cuenta que tanto hombres como mujeres contenemos polaridades inherentes a cada género y ambos forman una unidad.

Tenemos que evolucionar al conocimiento de que estamos separados físicamente como masculino y femenino con el fin de estar unidos por el sagrado propósito llamado vida
 y sus múltiples facetas y dimensiones. Sabios místicos se refieren a la unión armonizada de ambas polaridades como el entero propósito de la Creación de Dios y para la cual estamos destinados.

Durante largos siglos hemos luchado contra ese propósito, generando confrontación y conflicto entre nuestras dos polaridades. Hemos estado cegados ante la clara evidencia de que en la unión de ambas se concibe la vida, y con cooperación constructiva elevar, realzar y consagrar la vida para un propósito más altruista que el de las ilusiones y fantasías negativas de ego
.

Dicho de otra manera, estamos en el mundo material para armonizar los aspectos masculinos y femeninos de nuestra conciencia con el fin de santificar la vida para el propósito mayor que representan los modos y atributos de Amor
. Esto lo logramos siéndolos y haciéndolos. No hay ninguna otra manera y no hay ningún otro propósito.

Lo que catalogamos como negativo, dañino o destructivo de nuestras polaridades masculina y femenina es producto de nuestro propia actitud negativa. No hay nada negativo en ser hombre o mujer, porque ambos compartimos los mismos rasgos y cualidades en mayor o menor proporción. Así que no tiene sentido estigmatizar o despreciar algo que es parte de nosotros. Nuestro dilema es que hasta ahora no hemos podido armonizarlos.

Todos nacemos con proporciones diferentes de ambas polaridades, y es nuestro deber individual y colectivo equilibrarlos y armonizarlos con el fin de reproducir vida como el resultado de la unión del hombre y la mujer.

Desde que nacemos estamos destinados a estar unidos para mantener y expandir la vida humana. Y lo hacemos honrándonos, respetándonos y dedicándonos al bienestar de todos mediante los caminos y atributos de Amor
.

Familiaricémonos a fondo con los aspectos masculinos y femeninos de la conciencia, valorando
, respetando y honrando sus rasgos y cualidades como medios positivos para rectificar la dirección negativa que les hemos dado en el pasado.

Necesitamos saber de lo que estamos hechos como hombres y mujeres desde la perspectiva que el Amor de Dios nos da como nuestra Esencia y verdadera identidad: Amor. Tengamos fidelidad a Amor como la Esencia que nos acerca unos a otros con el propósito de ser felices y dichosos entre nosotros, porque el Amor de Dios nos creó para que descubramos ese propósitio.


Una vez disipemos con los modos y atributos de Amor las tinieblas que hemos creado en el mundo, nos daremos cuenta del propósito de nuestra identidad en el mundo material
.

martes, 22 de mayo de 2012

Yehudá Macabeo: Homófobo

HOLA, AMIGOS. EN VISTA DEL RENOVADO INTERÉS EN LOS ESTADOS UNIDOS SOBRE LOS MATRIMONIOS DE PAREJAS GAY, QUIERO COMPARTIRLES EL ARTÍCULO DE UN AMIGO PERSONAL, PHILIP LEFKOWITZ, RABINO DE LA CONGREGACIÓN AGUDAT AJIM DEL NORTE DE CHICAGO. COMO ÉL MISMO DICE AL FINAL, ALGO PARA REFLEXIONAR SOBRE NUESTRA IDENTIDAD JUDÍA...

Queridos javerim:

No quiero tratar de impresionarlos con lo que puedo redactar. Comparto lo siguiente considerando que creo que el matrimonio gay es como “bendición y maldición” ante nosotros. Bencidión, porque nos ofrece la oportunidad de hacer que los judíos norteamericanos vean su reflejo en un espejo. Maldición, porque si no lo afrontamos como una razón para cambiar la mentalidad de los judíos norteamericanos, es otro paso hacia su decadencia colectiva.

Phil Lefkowitz

YEHUDÁ MACABEO: HOMÓFOBO

Platón dijo, “La homosexualidad es considerada vergonzosa por los bárbaros y por aquellos que viven bajo gobiernos despóticos, sólo como una filosofía vergonzosa para ellos, porque aparentemente no es del intertés de tales gobernantes tener entre sus súbditos grandes ideas ni poderosas amistades ni amor apasionado; todo aquello que la homosexualidad es particularmente apta para producir”. Y Plutarco dijo, “El noble amante de la belleza se imbuye en amor dondequiera que vea excelencia y lo espléndidamente dotado por la naturaleza, prescindiendo de alguna diferencia en detalle fisiológico”.

Las estadísticas en torno la expresión religiosa de los judíos norteamericanos muestran que la festividad judía más celebrada en los Estados Unidos es encencer las velas de Jánuca. Esta festividad conmemora y celebra la milagrosa victoria de Yehudá Macabeo, de su familia y del pequeño grupo que seguidores que repudiaron el decreto de Antíoco IV de eregir una estatua de Zeus en el Sagrado Templo de Jerusalén – el centro del monoteísmo –,  y quienes montaron una guerrilla contra el imperio Greco-Sirio-Mesopotámico que en este entonces ocupaba el antiguo Israel.
Considerando el respaldo de tantos judíos al matrimonio gay en los Estados Unidos, uno se pregunta cómo es que pueden celebrar Jánuca, ya que hoy en día muchos catalogarían de homófobos a Yehudá Macabeo, a sus familiares los Hasmoneos, y a sus seguidores. Sí, homófobos. 

Permítanme que me explique. El mundo judío de los Macabeos estaba completamente tragado por el helenismo. Asimilados por la filosofía de vida de los griegos y su especial énfasis en el fisiculturismo como lo opuesto al desarrollo espiritual, los jóvenes judíos comenzaron a hacer ejercicios físicos desnudos en los patios del Templo de Jerusalén. Intentando ocultar la “deformidad” impuesta sobre sus fisionomías para estar a tono con “lo griego”, tenían varias técnicas para maquillar la “mutilación” que sus padres les habían hecho con la circunsición. Esto, además de adoptar nombres griegos y el estilo de vida helénico como norma para los judíos de aquella época. Y ahora hacen oír sus voces quienes discuten el desafío contemporáneo que presenta la asimilación cultural, que comparan a los judíos norteamericanos con los judíos helenizados en los tiempos de los Macabeos.

Como lo demuestran las citas de Platón y Plutarco, la homosexualidad no solamente estaba ampliamente establecida en las sociedades helénicas, sino también entre los judíos helenizados de la época de los Macabeos, y era apreciada como algo valorado en el desarrollo de una sociedad “sofisticada”. Como lo indicaba Platón, son el bárbaro y el dictador los que buscan reprimir la expresión homosexual. Plutarco nos recuerda a todos la fascinación de los helenistas por el cuerpo físico, igualando arbitrariamente amor con la expresión sexual, amancebándose con individuos “especialmente dotados por la naturaleza”, fuesen hombres o mujeres, en agudo constraste con el judaísmo que concibe el amor como una manifestación mucho más trascendente que un encuentro físico pasajero.

Los Macabeos, los jasídicos de esa época, fueron la minoría que mantuvo la observancia del judaísmo y sus valores ante un mundo judío poseído por una cultura ajena y por creencias paganas. Fueron los Macabeos, y no Platón, quienes repudiaron la promiscuidad sexual abierta y rampante entre los judíos de aquellos días, que incluía la homosexualidad, viéndola como conductora hacia la destrucción del gran Templo del pensamiento judío y la pureza espiritual ejemplificada por la observancia de la Torá y sus Mandamientos. Y cuando la fortaleza del judaísmo fue penetrada, cuando el Templo fue profanado y reeregido como un santuario pagano para Zeus, a pesar de su reducido número los Macabeos concluyeron que no había otra alternativa que remontarse a las colinas y luchar a muerte por las creencias judías con el llamado a las armas: “¡Quien esté con el Eterno, que me siga!”

Vivimos en un mundo judío confuso donde aquello que es rechazado por el judaísmo es ahora una expresión de los valores judíos, como lo dió a entener una reciente declaración del presidente del Consejo Nacional Demócrta Judío, indicando que el matrimonio gay es un paso adelante en la importante tarea del Tikún Olam, el esfuerzo para traer equilibrio y perfección al mundo físico a través de los Mandamientos de D-ios. ¿Cómo pudo esto haber ocurrido? ¿Llegaría yo a sugerir que las mateméticas judías fallan?

Una de las mayores ecuaciones en la vida judía de hoy es que una posición judía respecto a algo equivale a la opinión de la mayoría de los judíos. Si damos crédito a esta ecuación y creemos que las perspectivas judías son determinadas por la mayoría de los judíos, entonces – como lo sugiere el título de este artículo – no cabe duda que Yehudá Macabeo era homófobo. Porque, ¿acaso él no estaba luchando y arriesgando su vida y las de sus seguidores contra un ejército superior y una fuerza bien armada para reinstaurar los valores del judaísmo en la sociedad judía? 

A diferencia de los judíos de su época que respaldaban los sentimientos y opiniones de Platón y Plutarco, Yehudá Macabeo vio en la expresión sexual que traspasa el sagrado nexo del matromonio entre hombre y mujer, una violación de la ley Divina de D-ios. Yehudá Macabeo no dio crédito a esa conducta inmoral. Él era lo que en nuestros días llamarían fanático, alguien que siempre “pone la Biblia por delante”.  Así los judíos abrazaron la victoria de los Macabeos, su ascenso tanto al Reinado como al Sacerdocio, reinstaurando los valores de D-ios como motivo de celebración: Jánuca como la celebración más popular entre los judíos que cualquier otra en nuestro vocabulario religioso.

En 1885 los dirigentes del Movimiento Reformista se congregaron en Pittsburgh para definir su sentido del judaísmo. Emitieron la “Plataforma de Pittsburgh” ahora entendida como lo que resume el judaísmo reformista clásico. En parte declara: “Segundo- Reconocemos en la Biblia el antecedente de la consagración del pueblo judío en su misión como sacerdotes del Dios único y verdadero, el valor que posee como el instrumento más poderoso de instrucción religiosa y moral. Tercero- (…) hoy aceptamos como obligante, no sólo las leyes morales y mantener solamente aquellas ceremonias para elevar y santificar nuestras vidas, sino que rechazamos todas aquellas tales como las que no se adaptaron a las visiones y hábitos de la civilación moderna”. Al respaldar el matrimonio gay, la mayoría de los judíos norteamericanos han roto con la expresión más liberalizada del judaísmo [representada por los reformistas].

Así como lo declara el judaísmo reformista, que “el antecedente de la consagración del pueblo judío en su misión como sacerdotes del Dios único y verdadero”, y “como el instrumento más poderoso de instrucción religiosa y moral”; en los términos usados hoy cuando hablan de “reglas para los radicales”, la Biblia nos enseña en el libro de Levítico que “Si un hombre se acuesta con un hombre como [lo hace] con una mujer, ambos han cometido una abominación”, “Vosotros no viviréis según las costumbres de las naciones que Yo voy a expulsar ante vosotros. Porque ellos hicieron todas esas cosas, Yo los aborrezco”. 

En el libro de Isaías leemos, “Es algo muy ligero para vosotros [judíos] ser Mis servidores, establecer las Tribus de Jacob, y restaurar los vástagos de Israel; y Yo os encomendaré como luz para las naciones, ser Mi redención hasta el fin de la Tierra. (...) Y el Eterno te ha llamado en rectitud, y ha tomado tu mano, y encomendado como el pueblo del Pacto, como una luz para las naciones. (...) Y en tu luz las naciones andarán, y reyes en el esplendor de tu ascenso”.

Algo para reflexionar.

Philip Lefkowitz – Rabino de la congregación Agudat Ajim de Chicago.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.