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domingo, 16 de septiembre de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (XXXI)


“El Eterno reina eternamente, el Dios de Sión, por toda la eternidad. Alabad al Eterno.” (Salmos 146:10)

La eternidad es la recompensa de compenetrarnos con el amor de Dios, a través de las bendiciones que constantemente nos otorga con Su amorosa bondad, eterna como Él. La dicha que conlleva está más allá de cualquier descripción, ya que acontece solamente en Sión, Jerusalén; la más sublime alegría de todos los corazones. De ahí que lo alabemos eternamente, porque esta alabanza es infinita como Él.

“El Eterno reconstruye Jerusalem, Él reune y junta los dispersos de Israel. (147:2)

Esta realización será un hecho cuando todos los dispersados hijos de Israel sean congregados por su Dios. Nuestros Sabios lo entienden en referencia al Tercer Templo, que será erigido por El Creador junto con Jerusalem; pues serían irrelevantes sin la reunificación total del pueblo hebreo en la tierra de su herencia divina. Este último Templo eterno y su ciudad son reconstruidos con cualidades y materiales espiritualizados, que reflejarán la nueva conciencia que el Creador prometió para Su era mesiánica.

Los edificios y torres de la ciudad habrán de ser elaborados con vigas y columnas de luz, con compartimientos hechos para durar por siempre, como lo sugiere el versículo respecto a lo eterno. De igual modo, la vida humana y material será espiritualizada como fue originalmente en el jardín del Edén, en el comienzo de la creación de Dios.

“Exalta al Eterno, oh Jerusalem; alaba a tu Dios, oh Sión. Porque Él ha reforzado los cerrojos de tus portales, Él ha bendecido a tus hijos dentro de ti. Él ha hecho paz dentro de tus fronteras, Él te sacia con el mejor de los trigos.” (147:12-14)

Se reitera lo proclamado en los versículos anteriores respecto a Jerusalem, construida inicialmente por Dios. Así va a ser en la redención final judía y el advenimiento de la era mesiánica. El refortalecimiento de los cerrojos que protegen Jerusalem nos habla de las poderosas cualidades espirituales que disiparán la maldad en todas sus formas, porque el mal desaparecerá ante aquellas.

El bien es la bendición que se esparce por los aspectos, niveles, dimensiones y expresiones de la nueva conciencia que habrá de morar en la ciudad de Dios. Los hijos de Israel, que igualmente lo son de Jerusalem, estarán bendecidos dentro de ella para morar eternamente. Paz cundirá en el aire que respiraremos en sus predios. Nuestro sustento será con el mejor de los trigos, que no es otro que el amor de Dios.

domingo, 1 de abril de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (VII)


“El Eterno está en ella [Jerusalem], no será movida. El Eterno ha de ayudarla, al llegar la mañana.” (Salmos 46:6)

Jerusalem es el lugar elegido por Dios como Su morada en el mundo, que no moverá ni cambiará. Hemos dicho que el Creador y Su morada son inherentes a sí mismos, lo cual convierte a Jerusalem en incambiable como Él.

“El Eterno no es un hombre, para que mienta; ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Él ha dicho, y acaso no lo hará? O ha hablado, y no lo logrará?” (Números 23:19)

“Y tampoco la preeminencia de Israel sea para mentir o cambiar, porque Él no es un hombre para arrepentirse.” (I Samuel 15:29)

“Yo no profano Mi pacto, y aquello que sale de Mis labios Yo no cambiaré.” (Salmos 89:34)

Así entendemos que la unidad de Dios es inmutable, ya que esta cualidad la define como completa, y lo completo no necesita adiciones ni sustracciones o cambio.

La segunda parte del versículo se refiere a la revelación del Creador en Su prometida redención final. En este sentido esta última se relaciona con iluminación similar a “mañana” que ha de llegar, un nuevo día como un nuevo comienzo para la conciencia humana.

Esta es la “ayuda” que la humanidad ha estado esperando desde sus orígenes, para finalmente ver el advenimiento de una nueva vida en la que no exista el mal.

“Grande es el Eterno y sumamente exaltado en la ciudad de nuestro Dios, el monte de Su sacralidad.” (48:2)

Nuestros Sabios relacionan la grandeza del Creador con Su infinita abundante amorosa bondad, de la que surge toda existencia, ya que todo lo que existe emana del bien proveniente de Él, y de nada más.

Este atributo divino se manifiesta en todas sus dimensiones en Jerusalem, la cual también representa el más elevado nivel de conciencia en el que nos compenetramos con Dios.

Tal como hemos indicado antes, lo sagrado como conciencia libre de todo mal es la precondición para ascender al próximo nivel donde nuestra compenetración con lo sagrado en Dios habrá de conducirnos a una actitud ante la vida más elevada y espiritualizada en este mundo.

“Hermosa a la vista, el júbilo de toda la tierra [es] el monte Sión, las laderas septentrionales, la ciudad del gran Rey.” (48:3)

Este versículo habla de la impenetrable e indescriptible experiencia de vivir en, con y por nuestro sagrado vínculo con el Creador, representado por el monte Sión. Lo hermoso se vuelve una expresión del bien, ya que éste lo es en cualquier forma, modo o dirección que manifieste, porque el bien lo abarca todo.

domingo, 19 de marzo de 2017

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XXXI)

“Te guío, te traigo a Ti a la casa de mi madre para enseñarme. Yo te daré vino fragante para beber, [también] del jugo de mi granada.” (Cantar de los Cantares 8:2)

Israel cuenta a Dios que al regresar a Sus caminos y atributos, ella lo trae a su nexo eterno en la casa de su madre (el Templo de Jerusalén). Ahí el Creador enseña a Israel Su plan para la era mesiánica, y ella lo traerá a Él hacia el bien de las expresiones (jugo de granada) de la futura nueva conciencia que es como un delicioso vino fragante. En la tradición hebrea las semillas de granada también representan los mandamientos de la Torá.

“Su mano izquierda está bajo mi cabeza, y Su diestra me abraza.” (8:3)

El amor de Israel con orgullo y alegría reafirma su invariable compenetración con el amor de Dios, tal como fue declarado en el comienzo de este poema. Esta vez con un giro especial, ya que es el nexo con cualidad eterna plenamente manifiesta con la redención final de Israel y el advenimiento de la era mesiánica.

“Os ordeno, oh hijas de Jerusalén, ¿Cómo agitáis y cómo motiváis el amor hasta que ella lo desee?” (8:4)

En esta nueva realidad redentora, el Creador encomienda a las características y rasgos del más elevado nivel de conciencia (las hijas de Jerusalén) para que busquen las maneras de despertar y agitar la esencia e identidad de Israel con el fin de que expresen las nuevas cualidades del bien inherente a su amor, tanto como a ella le plazca.

Al cumplirse Su redención final, Dios hará vibrar el bien inherente a nosotros para traer nuestro amor a Su amor.

“¿Quién es ella descendiendo del desierto, apegada a su Amado? Bajo el manzano te desperté. Ahí tu madre te daba a luz, te parió, te hizo nacer.” (8:5)

El Creador responde regresando también a ella, tal como está escrito por los profetas, “Regresa a Mí, y Yo regresaré a ti”. Él pregunta retóricamente quién es la que regresa del desierto (las dificultades y devastación del sufrimiento en su largo exilio entre las naciones), apegándose a Él en su retorno a Él.

Este regreso es motivado, adquirido y logrado con éxito teniendo y manifestando un amor extremadamente intenso por el Creador, porque no hay otra manera de volver a Él.


“Y si de allí buscas al Eterno tu Dios, tú lo encontrarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. (…) Entonces el Eterno tu Dios te traerá de tu cautiverio, y tendrá compasión de ti; y te traerá y recogerá de entre todos los pueblos adonde el Eterno tu Dios te ha dispersado.” (Deuteronomio 4:29, 30:33)

domingo, 19 de febrero de 2017

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XXVII)

“Tus dos pechos [son] como dos cervatillos, gemelos de una gacela. Tu cuello [es] como una torre de marfil. Tus ojos [son como las] albercas en Jeshbón, allende el portal de las hijas de una multitud. Tu nariz [es] como una torre del Lebanón frente al Damasco. Tu cabeza sobre ti [es] como [el monte] Carmelo, y el cabello de tu cabeza [es] como púrpura. El rey [está] atado a sus rizos. ¡Cuán hermosa eres, y cuán agradable, oh amor en delicias! Tu estatura [es] como una palma de dátiles, y tus pechos como racimos de uvas.” (7:4-8)

Nuevamente la descripción del Creador de los rasgos y cualidades de Israel evoca la estructura o cuerpo del Tabernáculo y del Templo de Jerusalén. Como hemos mencionado antes, estas alegorías sugieren una fusión entre Israel y el Templo como uno solo en compenetración espiritual con el amor de Dios.

“Yo dije, ‘Subiré en la palma de dátiles para sostenerme en sus ramas, y dejar que tus pechos sean como racimos de uvas, y el aliento de tu nariz como [la fragancia de] manzanas. Y tu paladar [sea] como el mejor de los vinos, yendo a Mi amada en rectitud. Haciendo que los labios de los que duermen hablen’.” (7:9-10)

Dios reafirma a Israel Su promesa de redención final y de la era mesiánica. En el tiempo que Él considere apropiado, tal como lo han anunciado los profetas hebreos, el Creador revelará Su presencia en Sión como Jerusalén y su Templo. Este último referido aquí como una palma de dátiles, donde Él será visto elevado.

“Y la gloria del Eterno será revelada, y toda carne la verá junta; porque la boca del Eterno ha hablado. (…) juntos cantarán, porque habrán visto ojo a ojo el retorno del Eterno a Sión.” (Isaías 40:5, 52:8)

Ahí el amor de Dios se compenetrará con el amor de Israel con los más elevados rasgos y cualidades como sus ramas, racimos de uvas, el bien de sus obras y acciones como la fragancia de su aliento, y el deleite del regocijo que causan en todos los corazones, similar al mejor de los vinos.

Todo el bien de estas cualidades, características, obras y acciones emanan como corrientes que provienen únicamente de la rectitud de amor. En la rectitud del amor de Israel, los dormidos (las naciones) hablarán los modos y atributos del amor de Dios.

Como ya hemos visto, estos versículos aluden a una nueva conciencia humana que será guiada solamente por el bien de los modos y atributos de amor, destinados a prevalecer en el mundo material, y dirigidos por Israel como ella heredera de la redención final de Dios para toda la humanidad.

“Y Yo os daré un nuevo corazón y un nuevo espíritu dentro de vosotros, y quitaré el corazón de piedra de vuestro cuerpo y os daré un corazón de carne.” (Ezequiel 36:27)

Aquí la carne representa vida y el corazón como el bien que la impulsa. La existencia tiene significado debido al bien, porque el bien da sentido a la existencia.

La nueva conciencia prometida por Dios, guiada solamente por el bien, completará Su nexo eterno con Israel, porque es la manifestación material y espiritual del amor de Dios, como Su espíritu, gloria, majestad, poderío, victoria, esplendor, soberanía y grandeza.

“(…) Dice el Eterno, ‘Mi espíritu que está sobre ti, y Mis palabras que he puesto en tu boca no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos’, afirma el Eterno, ‘de aquí a la eternidad’.” (Isaías 59:21)

Todos estamos en este mundo para vivir experiencias, aprender, disfrutar y manifestar el bien como nuestra esencia e identidad. Ya hemos dicho que el bien es la esencia del alma como extensión del amor de Dios, y nosotros como almas estamos aquí para encontrarnos a nosotros mismos en todos los aspectos, facetas y dimensiones de la vida y el mundo material.

De este modo revelamos las bendiciones del Creador en todo lo que está en nosotros y nuestro entorno, ya que todo lo que percibimos a través de los sentidos también tiene el propósito de ser y tener bien, un grano de arena, una hoja de hierba, una hormiga o un elefante.

Hemos señalado que el propósito del alma es encontrarse en todas las expresiones de la creación material de Dios, viendo el bien oculto en lo que percibimos como opuesto a éste. Así asimilamos los mensajes de nuestros profetas en torno a la era mesiánica.

 “‘El lobo y el cordero pastarán juntos, y el león comerá paja como el buey; y polvo será el alimento de la serpiente. Ellos no harán mal ni afligirán en toda Mi montaña sagrada’, dice el Eterno.” (Isaías 65:25, 11:6)

martes, 13 de diciembre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XVII)

“Heno, nardo, nardo y azafrán, caña y canela, con todos los árboles de sándalo, mirra y sábila, con todas las especias esenciales. Un manantial de huerto, una fuente de aguas vivas, y arroyos del Lebanón. ¡Despierta, oh [viento del] norte, y ven oh [viento del] sur! Haz que mi huerto respire, sus especias emanen. ¡Que mi Amado venga a Su huerto, y coma su fruto precioso!” (Cantar de los Cantares 4:14-16)

La conciencia mesiánica estará unida permanentemente al amor de Dios, tal como ocurre en la cámara interior del Tabernáculo, donde las especias, perfumes y fragancias esenciales son quemadas como el incienso que simboliza el nexo eterno de Israel con Dios. Estas emanan de los huertos y jardines de la prometida nueva conciencia de vida eterna en las aguas vivas de este nexo, simbolizado otra vez como el Lebanón.

Todos los aspectos, niveles y dimensiones de la conciencia fluirán en dirección de los modos y atributos de amor, como los vientos de soplan del norte y del sur. Ambos representan la dualidad de mal y bien, que en la redención final se desplazarán en todas las direcciones en busca del conocimiento de Dios y Su amor.

Este es el huerto donde la redención de Israel espera el amor de Dios para entrar juntos a las delicias de la nueva conciencia que caracterizará a la era mesiánica.

“He venido a Mi huerto, Mi hermana esposa. He recogido Mi mirra y Mi especia. He comido Mi panal con Mi miel. He bebido Mi vino con Mi leche. ¡Comed, amigos; bebed en abundancia, amados!” (5:1)

Este versículo está conectado con el anterior en el capítulo pasado, ya que están relacionados en contenido y en contexto. Dios responde a la invitación de acudir a su huerto escondido, y la acoge como Su esposa y socia para el mundo material.

En esta mutua compenetración entre los dos amores, las delicias de la Torá son como miel, vino y leche, compartidos con amigos. Estos últimos son las naciones también redimidas de sus inherentes tendencias y rasgos negativos, ahora viviendo por los senderos de la conciencia mesiánica que el Creador hereda a Israel. Así se cumple Su promesa para entrar a una nueva era para la humanidad en el mundo.

“Yo [estaba] dormida, pero mi corazón [estaba] despierto. ¡El sonido de mi Amado tocando [a mi portal]! 'Ábreme a Mí, Mi amada; Mi paloma, Mi perfecta. Porque Mi cabeza está [con] rocío, Mis cabellos [con] las gotas de la noche'. Yo ya me he quitado mi túnica, ¿me la he de poner? He lavado mis pies, ¿me los habré de ensuciar? Mi Amado metió Su mano en el portal, y mis entrañas se agitan por Él. Me levanté para abrir a mi Amado, y mis manos derramaban mirra, mis dedos fluían con mirra en la cerradura. Abrí a mi Amado, pero mi Amado se volvió y se fue. Mi alma se fue cuando hablaba. Lo busqué pero no lo encontré. Lo llamé, pero Él no me respondió.” (5:2-6)

Israel como el ser consciente está dormida en el predicamento negativo de las fantasías e ilusiones de ego. Dios llama a la esencia, identidad y verdad de Israel, que conforman Su amada, Su paloma, Su perfecta, y que son el nexo de Sus modos y atributos. Dios busca a Israel para traerla de vuelta a Sus senderos, y hace Su llamado en la oscuridad (“la noche”) del exilio.

De manera figurativa el Creador baja a las tinieblas “bajo el rocío y la lluvia de la noche”.

“Y en su aflicción [de Su pueblo Israel] Él [también] estaba afligido, y el ángel de Su presencia los redimió. En Su amor y Su compasión Él los redimió, y Él los concibió, y los cargó todos los días del mundo.” (Isaías 63:9)

Y en la Torá el Creador lo anticipa.

“Y el Eterno vendrá a tu cautiverio, con compasión de ti. Y vendrá y te recogerá de entre todos los pueblos de donde el Eterno tu Dios te ha dispersado.” (Deuteronomio 30:3)

Israel duerme en el exilio de las fantasías e ilusiones materialistas, luego de quitarse la túnica de su verdadera identidad. En su sueño paralizante tiene dificultad para regresar a ella misma. Su desnudez refleja su alienación y asimilación entre las naciones.

Inclusive regresar a Dios es un esfuerzo pesado y molesto, porque vive la futilidad y desolación de la pérdida de su ser real, similar a lavarse los pies como un cambio en la dirección y propósito de su vida.

Sin embargo el corazón de Israel como su amor por Dios sigue despierto a pesar de vivir en la vanidad y el vacío de los deseos materialistas de ego. Ella oye (entiende) y siente (debido a su conocimiento) el amor de Dios cerca de ella, tocando a su puerta. El corazón despierto la hace levantar de su sueño y camina para abrazar Su afecto que trata de venir a ella.

Ella sabe que el llamado del Creador mediante Su amor existe siempre y en todo lugar, sin importar qué tan oscura pueda ser la fantasía, ilusión o espejismo. Este conocimiento es sentido por cada fibra del cuerpo de Israel, el cual abarca todo el pueblo judío y su nación. 

Israel responde con sus ofrendas al Templo ya destruido por su elección de vivir en el lado oscuro de la conciencia humana. Las ofrendas con su incienso de espacias, fragancias y perfumes, que simbolizan su nexo permanente con Dios, hacen que Él abandone su puerta.

Estas ofrendas están contaminadas por su negligencia a abandonar las fantasías e ilusiones negativas que ella sabe no son compatibles con los caminos y atributos del Creador. Estas son opuestas a la esencia que ella comparte con el amor de Dios.

martes, 22 de noviembre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XIV)

“Os ordeno, hijas de Jerusalén, por las gacelas o ciervas del campo. No agitéis ni motivéis el amor hasta que ella lo desee.” (3:5)

El Creador no impone Su voluntad sobre Israel y sobre la humanidad, porque Él les dio libre albedrío para elegir ya sea los modos y atributos de amor o las fantasías e ilusiones de ego. De ahí que Él también advierta a nuestros más sublimes rasgos y cualidades (las hijas de Jerusalén) no forzar su bien sobre los aspectos y dimensiones (intelecto, mente, emociones, sentimientos, pasión e instinto) que abarca la conciencia.

Hay otra referencia a gacelas y ciervos como símbolos de cualidades delicadas y sublimes que constituyen nuestro nexo común con Dios. Él quiere que nuestro ser consciente retorne a Sus caminos y atributos por su propia voluntad y deseo. Así nos damos cuenta que nuestra relación con Dios se construye mediante un proceso de aprendizaje, basado en las experiencias que tenemos con las decisiones que tomamos.

“¿Quién es ella que asciende desde el desierto como columnas de humo, perfumada con mirra e incienso de todos los polvos del mercader? He aquí que es el lecho de Salomón [Él al que la paz le pertenece]. Sesenta poderosos lo rodean, de los poderosos de Israel. Todos ellos blandiendo espada, diestros en la guerra, todos ellos con espada en su muslo, ante el temor de las noches. Un palanquín se ha hecho el rey Salomón [Se ha hecho el Rey al que la paz le pertenece], de madera del Lebanón. Él hizo sus pilares de plata, sus coberturas de oro, su asiento púrpura, su entorno adornado de amor por las hijas de Jerusalén.” (3:6-10)

Este versículo y los siguientes (3:7-10) se refieren al Templo de Jerusalén como la habitación compartida por Dios e Israel. Las fragancias mencionadas representan las más sublimes cualidades humanas que ascienden para compenetrarse con los modos y atributos del Creador. La cámara interior es el lugar de la paz que pertenece a Él, el sagrado de los sagrados.

Los sesenta hombres poderosos son una alegoría de la fortaleza de carácter que sostiene y protege nuestra elevación al amor de Dios como su Creador. Hay un factor humano inherente que hace posible la conexión y compenetración con Él.

Este factor humano es amor como el motivador para alcanzar el amor de Dios. Esta fortaleza de carácter y sus cualidades deben ser dirigidas y guiadas hacia los modos y medios de los atributos de amor, para convertirse en parte esencial de la identidad espiritual y material de Israel.

Estos son los “poderosos de Israel” como las mejores cualidades de la conciencia humana. Son principios, valores y fundamentos que se yerguen fuertes para proteger los modos en los que abordamos el mundo material, y para confrontar y superar las tinieblas (“el temor en las noches”) de creencias, ideologías, ideas, pensamientos, emociones, sentimientos, palabras y acciones negativos. Sus espadas son la verdad de los modos y atributos de amor, como expresiones y propósito de la voluntad y mandamientos del Creador.

Nuestro más elevado nivel de conciencia respecto al conocimiento permanente de nuestra conexión con Dios (representado por el Templo de Jerusalén) es lo que Él ha hecho para vivir con nosotros. Israel construye el Templo con los pilares de sus más excelsas cualidades y características.

Estas columnas son referidas como árboles crecidos en los atrios del Templo. Como hemos mencionado, el Lebanón (lit. blanco o blanqueado) es otro nombre para el Templo de Jerusalén, por su capacidad de transformar lo oscuro en blanco, y las tinieblas en luz, además de la blancura del resplandor emanado de él.

Madera del Lebanón se refiere a los árboles que adornan los atrios del Templo, en alegoría de los fortísimos principios y valores que lo embellecen. También simbolizan los sabios de quienes aprendemos dichos principios y valores fundamentales del judaísmo. Las decoraciones interiores del Tabernáculo son mencionadas en representación del bien y la belleza de los caminos y atributos del amor de Dios, compartidos por las cualidades amorosas de Israel, representadas por las hijas de Jerusalén o Sión.

lunes, 22 de agosto de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (I)

Tras un receso de catorce meses, regresamos a nuestro blog con nuevos comentarios sobre la Biblia Hebrea, con una perspectiva jasídica en torno a El Cantar de los Cantares del rey Salomón.

Vale la pena destacar que este es un poema lleno de metáforas y alegorías con significados y mensajes multidimensionales para despertar el amor de Israel al amor de Dios como un solo amor destinado a regir y a hacer prevalecer el bien en el mundo material.

“El Cantar de los Cantares, que es de Salomón (lit. A Él que la paz le pertenece).” (Cantar de los Cantares 1:1)

Esta introducción lo dice todo, porque declara que este es de hecho el cántico del Creador para elogiar Su nexo, conexión y relación con Israel. A Él que la paz le pertenece, porque paz es lo completo como resultado de la compenetración de nuestro amor y el Amor de Dios. También entendemos esta totalidad como el propósito de la prometida redención final de Dios para Israel.

En esta premisa integramos todos los niveles de conciencia para asimilar los significados de este canto a partir de sus alegorías y metáforas. Abordamos este poema simultáneamente con el intelecto, discernimiento, pensamiento, emoción, sentimiento, pasión e instinto, ya que debe ser asimilado con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, y todas nuestras fuerzas.

Debe ser así, porque no hay otra manera de amar a Dios. Este poema es un cántico de amor con el que celebramos el amor de Dios por Israel, y el amor de Israel por Dios.

“Que Él me bese con los besos de Su boca, porque Tus amores son mejores que el vino.” (1:2)

Besar no sólo denota cercanía sino intimidad. Hay una aparente redundancia en la primera parte de este versículo, ya que besar se hace con la boca, e Israel pide más de uno de los besos de Dios.

Esta petición sugiere cierta multiplicidad que también implica cualidades multidimensionales y trascendentales inherentes al Creador.

No es posible concebir o asimilar el amor de Dios, al igual que a Él mismo. Israel es consciente de ello, de ahí que ella pida a Dios más de un solo aspecto particular de Su amor. No solamente Sus besos de amorosa bondad, o Sus besos de compasión, o Sus besos de rectitud, entre Sus modos y atributos. La añoranza de Israel por el amor de Dios abarca la eternidad y trascendencia de Su esencia.

En la segunda parte del versículo, Israel habla de su Dios a las naciones idólatras, indicándoles Quién es el Dios de ella, y por qué lo ama. Israel lo desea como el inconcebible Creador y dueño de mundos y dimensiones sin fin.

“Él hace grandes obras sin límite y maravillas sin número.” (Job 9:10)

El Dios de Israel no tiene límites para satisfacer necesidades materiales porque Su poder lo abarca todo, más allá de la compresión y entendimiento humanos.

Luego de esta declaración definitoria de Israel acerca de Su Dios, se vuelve a Él expresándole su más profundo deseo de compenetrarse con Él en todas las dimensiones de Su amor y poder.

“Por [su] fragancia, Tus unciones (lit. aceites) son buenas. Aceite derramado [es] Tu Nombre, ¡por ello las doncellas (lit. servidoras) te aman!” (1:3)

Nuestros sabios relacionan el aceite con varias características o cualidades. Aceite es combustible del fuego para iluminar o disipar oscuridad. Israel usualmente es comparada con el aceite, y las naciones con el agua. El fuego no puede salir del agua, pero sí del aceite.

La unción de los sumo sacerdotes y reyes judíos se hacía con aceite de oliva. Esta unción ritual representa la conciencia necesaria para ejecutar la voluntad de Dios para Israel, y de Israel para el mundo.

En este contexto, los aceites de Dios son rasgos y cualidades iluminadoras con un propósito divino en la vida humana y el mundo material. El versículo sugiere no sólo la textura aceitosa sino también su fragancia o perfume, referidos en este caso como características del bien.

Hasta ahora tenemos alegorías relacionadas con besos, vino, aceites y fragancia. Todos estos, además de ser claramente positivos, provenientes del amor de Dios, sirven un propósito en la conciencia humana con el fin de expandir el bien en el mundo.

En este versículo “doncellas” representan aspectos y niveles de conciencia al servicio de un propósito mayor en la vida. Estos son tendencias y rasgos positivos que se identifican con el bien inherente en los modos y atributos del Creador.

“Tráeme a Ti [y] correremos juntos. El Rey me ha traído a Sus habitaciones, nos alegramos y regocijamos en Ti. Mencionamos Tus amores [mejores] que el vino. ¡Con rectitud ellos te aman a Ti!” (1:4)

Este versículo hace referencia a la redención final Divina de Israel y la humanidad. Hemos mencionado frecuentemente en nuestros comentarios acerca de la Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía en este blog, que la redención final comienza con Israel y es encabezada por Israel para beneficio del resto de la naciones.

Israel pide al Creador que la atraiga a Él, haciendo alusión al advenimiento de la era mesiánica. La redención final viene por voluntad de Dios en el tiempo y circunstancias que Él considere apropiados. Al iniciar Dios el proceso, Israel es primero traída a Él para apresurar juntos la redención final.

Este proceso comienza con la completa consumación del pacto entre Dios e Israel, comparado al matrimonio de marido y esposa. La realización y completación de este pacto tiene lugar en el Templo de Jerusalén, donde Israel y Dios están unidos espiritualmente.

En esta culminación Israel luego se regocija en las delicias (“el vino”) del amor de Dios. Las naciones finalmente amarán en verdad a Dios a través de la rectitud derivada de tendencias y rasgos positivos, tras abandonar sus actuales tendencias negativas.

“Bronceada estoy y hermosa, hijas de Jerusalén; como las tiendas de Kedar, como las cortinas de Salomón.” (1:5)

Las “hijas de Jerusalén” son interpretadas erróneamente como las naciones, ya que ellas en verdad representan cualidades y rasgos positivos provenientes del más alto nivel de conciencia (Jerusalén), donde realizamos nuestra conexión permanente con el amor de Dios.

Si las naciones representan características y tendencias negativas en la conciencia, no tienen ninguna relación con Jerusalén como el punto de conexión entre Dios y nuestro mayor conocimiento de Él. Jerusalén por definición es el punto sagrado de donde provienen solamente expresiones (“hijas”) positivas emanadas del amor de Dios.

En este contexto Israel, como el “ser consciente” en la identidad judía, admite el bronceado de su piel (su “oscuridad”) a las hijas de Jerusalén que precisamente son sus propias cualidades positivas.

Esta oscuridad es el efecto de las decisiones negativas de Israel a lo largo de su historia. Al mismo tiempo ella promete rectificar sus transgresiones, y retornar a su verdadera esencia e identidad, las cuales poseen las llaves de su propia redención.

Ella viene de vivir en las tiendas de Kedar (tendencias y rasgos negativos) para morar en el lugar sacrosanto que es la cámara interior del Templo de Jerusalén, referido aquí como las cortinas colgantes del lugar de Él al que la paz le pertenece.


Israel admite que en vez de vivir en la luz y el amor de los caminos y atributos de Dios, ella se ha oscurecido como los que viven en las tinieblas de los niveles inferiores y rasgos negativos en la conciencia, forzada por las fantasías e ilusiones materialistas de ego.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.