domingo, 22 de mayo de 2011

Parshat Bamidbar: Uniendo Nuestra Conciencia en el Amor de Dios

La primera porción del libro de Números (orig. En el Desierto) comienza con el tercer censo del pueblo judío después del éxodo de Egipto: "El Eterno habló a Moisés en el desierto (bemidbar) de Sinaí, en la Tienda de Reunión (…)" (Números 1:1) y en este nuevo censo los levitas son contados separados del resto de las Tribus: "Trae la tribu de Leví y preséntalos ante Aarón el sacerdote para que ellos le sirvan. Ellos guardarán su cargo y el cargo de toda la comunidad ante la Tienda de Reunión para realizar el servicio del Tabernáculo. Ellos se harán cargo de todas las vasijas de la Tienda de Reunión, y se harán cargo de los hijos de Israel, para realizar el servicio del Tabernáculo" (3:6-8), "y tú tomarás a los levitas para Mí, Yo soy el Eterno" (3:41, 45). Como hemos mencionado en comentarios anteriores, los levitas representan el más alto conocimiento del Creador y también la mayor conciencia de nuestra conexión con Su Amor.

El hecho de que los levitas son contados aparte no quiere decir que estuvieran separados del resto de las Tribus sino una definición de lo que ellos representan en su misión particular como parte del Pueblo de Israel. Leemos en esta porción que las Tribus son contadas "por familias siguiendo la casa de sus padres, un conteo individual de cada varón de acuerdo al número de sus nombres. (…) tú los contarás por sus multitudes, tú y Aarón." (1:2-3).


Esta tarea es realizada específicamente por Moisés y Aarón, quienes representan el mayor conocimiento del Creador y la mayor conciencia de nuestra conexión con Él. Este conocimiento y conciencia son los medios para realizar nuestra verdadera Esencia e identidad que nos hace parte de Él, y nos permite que seamos guiados en Sus caminos y atributos. En este sentido los levitas son los líderes espirituales y maestros de los israelitas con sus respectivas cualidades individuales. Mencionamos muchas veces que cada Tribu representa rasgos particulares que deben ser dirigidos y guiados por la cualidad (Leví) que mejor conoce el más grande Amor de todos, el Amor de Dios.

Fuimos creados como seres multi-dimensionales que abarcan una gran diversidad para enfrentar la también diversa y compleja realidad material, para la cual estamos encomendados por voluntad divina, con el fin de abordar y actuar de acuerdo a los desafíos que el mundo tiene para nosotros. En ese contexto todas las Tribus se necesitan unas a otras para el objetivo común de hacer de este mundo el mejor que podamos, con la misión de convertirlo en un lugar donde more su Creador.


Esta es la dinámica de Su Creación, y es por ello que estamos aquí. Tenemos problemas que solucionar, situaciones que corregir, conflictos que resolver, y fenómenos geofísicos que nos hacen conscientes de que debemos cuidar unos de otros cuando se presentan desastres naturales. Nuestras diferencias y diversidad de hecho nos enriquecen e invitan para hacer de nuestro paso por este mundo algo más interesante y placentero, convirtiéndolas en razones para disfrutar y ser felices, y no lo contrario. Para lograr nuestra misión debemos limpiar de nuestra conciencia todas las fantasías e ilusiones derivadas de nuestros deseos materiales individualistas.

Estamos en un mundo lleno de gente diversa con sus propios principios, valores y cultura, incluyendo ideologías, creencias, y su visión particular de lo Divino. Estas creencias chocan cuando uno trata de imponer la propia sobre otros y ese es el punto crítico en el que debemos reflexionar. Cuál es el verdadero significado y valor de lo que creemos, y la eventual confrontación que podría generar con las creencias de otros.


Esto hace preguntarnos qué se supone es la verdad y lo que no es, prescindiendo de cuán relativa o subjetiva sea esa verdad. La Torá nos lleva a esa reflexión en algún punto y nos ofrece la respuesta en los caminos que el Creador nos da, a diferencia de los caminos de las "naciones" a los que se refiere como formas de idolatría. Estos son los que llamamos modos y atributos de Amor representados por los Mandamientos Divinos, a diferencia de las fantasías e ilusiones de ego como ídolos que siguen los aspectos inferiores de la conciencia, porque Amor es la verdad que trasciende todas las creencias, valores, principios e ideologías.

En la haftará para esta porción, el Profeta (Oseas 2:7-11) reiteradamente nos advierte sobre las consecuencias de la servidumbre a los deseos materialistas de ego: "Porque su madre (nuestra conciencia) actuó como ramera; ella que los concibió (las ilusiones y fantasías de ego) se comportó sin pudor porque ella dijo 'yo iré tras mis amantes (las ilusiones y fantasías de ego), aquellos que me dieron mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas' (la convicción arrogante de que el ego es el verdadero proveedor en vez de Amor). Por lo tanto he aquí que Yo cerraré tu camino con espinos, y Yo pondré una cerca contra ella, y ella no encontrará sus caminos (cuando negamos Amor y dejamos que ego mande, el resultado es dureza y aislamiento como consecuencia de la separación de los caminos de Amor). Y ella perseguirá a sus amantes y no los retendrá, y ella los buscará y no los encontrará; y ella dirá 'yo iré y regresaré a mi primer Esposo, porque era mejor para mí que ahora' (una vez que nos cansamos y hartamos de nuestras fantasías materialistas eventualmente regresamos a los caminos de Amor). Pero ella no conocía que Yo le daba el trigo, el mosto, y el aceite; y Yo le daba mucha plata y oro, pero aquellos lo hacían para Baal (nuestra conciencia pretende ignorar que el Amor de Dios es nuestro único proveedor y sustento, y dedica el Amor que nutre nuestra vida para alimentar las fantasías e ilusiones de ego). Por lo tanto, Yo regresaré y tomaré Mi trigo en su tiempo y Mi mosto en su estación asignada, y Yo separaré Mi lana y Mi lino para cubrir su desnudez", porque el Amor de Dios siempre nos sustenta y siempre espera que nuestra conciencia retorne a Él, y llenar todos sus niveles, aspectos y dimensiones con los Sus caminos y atributos.

Escuchemos a los levitas, nuestros más elevados pensamientos, sentimientos, emociones y conocimiento del Amor de Dios en nuestra conciencia, y permitamos que ellos conduzcan todas las dimensiones de nuestra vida con Sus caminos y atributos.

domingo, 15 de mayo de 2011

Parshat Bejukotai: Siguiendo los Caminos del Creador

El hecho de que esta porción comience con el si condicional nos hace reflexionar sobre quién está poniendo condiciones en nuestra relación con el Creador: "Si siguiereis Mis estatutos (bejukotai), y guardareis Mis mandamientos, y los cumpliereis (...)" (Levítico 26:3). Semánticamente podemos concluir que es Él quien condiciona Su Amor a nosotros pero en realidad somos nosotros, -- con el libre albedrío que Él nos dio --, quienes actuamos bajo las condiciones de hacer lo que es o no correcto. Si asimiláramos completamente que el Amor de Dios por Su Creación es verdaderamente incondicional, porque es Él quien nos deja elegir las condiciones, entonces podremos entender que Él nos da la opción de ya sea seguir nuestros deseos materialistas individualistas o Sus caminos y atributos.

Amor es la elección por ser tan abundante como Sus lluvias, el producto de Su tierra, el fruto de Su árbol, y estos también son nuestro arado, nuestra vendimia, y nuestro alimento para nutrirnos a saciedad. Amor es nuestra seguridad y nuestra paz en Su Amor, porque Amor es nuestra Tierra en la que nada nos atemoriza. Él nos da la fortaleza para remover los animales salvajes, los enemigos y sus espadas, porque nuestro Pacto con Él nos incrementa y nos hace fructificar tal como lo indica esta porción (26:4-9).


El Amor de Dios renueva y revive nuestras vidas cuando dejamos que Él more entre nosotros porque cuando lo abrazamos y caminamos con Él, nunca nos rechaza (26:10-11): "Yo caminaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis Mi pueblo." (26:12) porque Su Amor nos libera de la esclavitud de los bajos pensamientos, emociones, pasiones, deseos e instintos: "y Yo rompí las clavijas de vuestra yunta y os conduje con vuestras cabezas en alto." (26:13).

El Amor de Dios es el único sustento de toda Su Creación y debemos ser conscientes de esta verdad desde el momento en que nacimos. En este conocimiento debemos darnos cuenta que existimos por la gracia del Amor, por lo tanto Amor es la elección que estamos obligados a tomar cada momento de nuestras vidas en vez de la ilusión de ego de que el individualismo es la fuerza motriz que da sentido a la vida en el mundo material.


Amor, como manifestación material del Amor de Dios, abarca y trasciende toda la Creación, a diferencia de la naturaleza efímera de las ilusiones humanas. Las ilusiones de ego niegan los caminos y atributos de Amor, y cuando las elegimos como los ídolos que son nos volvemos las víctimas de su predicamento. Las palabras de la Torá respecto a esta elección son bastante claras, y no como maldición sino como el resultado directo de las elecciones que hacemos.

Parecería que el Amor de Dios está "contra" nosotros cuando no elegimos Sus caminos, pero seamos conscientes de que nuestras elecciones tienen consecuencias. No tenemos que catalogar estas consecuencias necesariamente como "castigos" de Amor, sino como el directo resultado de nuestras acciones. Ciertamente sabemos que Amor no castiga porque las transgresiones conllevan su propio castigo. En el momento en que nos separamos de Amor, cualquier cosa diferente de Amor nos estará esperando (26:14-43), por tanto no podemos culpar al Amor de Dios porque precisamente por ser incondicional como es Él: "(…) a pesar de todo esto, mientras ellos estén en la tierra de sus enemigos, yo no los despreciaré no los rechazaré para aniquilarlos, por lo tanto quebrando Mi Pacto que está con ellos, porque Yo soy el Eterno su Dios" (26:44) y así es, porque Él es nuestro Creador y sustento.

Después de estas advertencias Divinas de las consecuencias de separar nuestras vidas de Su Amor, hay más Mandamientos para hacernos conscientes de que nuestra paz y plenitud en la realidad material dependen del compromiso total con nuestra Unidad con Él, como nuestra ofrenda para Él: "Sin embargo, lo que un hombre dedique al Eterno de cualquier propiedad suya, ya sea una persona, un animal, o parte de la herencia de su campo, no serán vendidos ni permutados, (porque) todas las cosas dedicadas son sacrosantas para el Eterno" (27:28). En este sentido, cada rasgo, cualidad, talento personal y conocimiento adquirido, todos como posesión individual, deben ser dedicados a los caminos y atributos de Amor; y no vendidos ni entregados a nada diferente, simplemente porque son regalos del Creador y por ello sagrados para Él.

Amor es nuestra verdadera Esencia e identidad y cuando elegimos Amor todas las fantasías desaparecen, como nos lo recuerda el Profeta en la haftará que acompaña a esta parshá: "Oh Eterno, que eres mi poder y mi fortaleza y mi refugio en el día de tribulación, a Ti naciones vendrán desde los confines de la tierra y dicen, '¡Solamente mentiras nuestros padres nos han dado a nosotros, vacuidad en la que no hay nada que sirva! ¿Puede un hombre crearse dioses para sí mismo, y que no son dioses? (Jeremías 16:19-20). El Amor de Dios es nuestro poder y fortaleza porque es nuestra vida, y lo que dice a las fantasías e ilusiones de ego (las "naciones") las mentiras y vacuidad que son a diferencia de la verdad que es Amor.


Nosotros creamos nuestras propias fantasías, somos nosotros quienes las convertimos en dioses, y sólo depende de nosotros regresar al los caminos y atributos del Creador para que una vez más nos libere de ellas: "Por lo tanto, he aquí que Yo les hago saber; en este momento Yo les doy a conocer Mi poder y Mi gloria, y ellos sabrán que Mi Nombre es el Eterno" (16:21).

domingo, 8 de mayo de 2011

Parshat Behar: El Lugar del Amor de Dios

"Y el Eterno habló a Moisés en el monte (behar) Sinaí (…)" (Levítico 25:1), que es el lugar donde La Palabra del Creador para Israel es mencionado aunque ha sido evidente desde que los israelitas salieron de Egipto. Reflexionemos sobre el significado de este espacio en particular donde Moisés, nuestro mayor conocimiento del Creador, está en contacto directo con Él. Efectivamente es un lugar elevado en nuestra conciencia, lejos y por encima de los aspectos materiales de la vida.

Un lugar desde donde podemos percibir, concebir, entender, y establecer la manera de funcionar y relacionarnos con todas las dimensiones de la vida en este mundo. Sinaí es el monte que después se convierte en el Tabernáculo móvil y en el Templo de Jerusalén, como los lugares donde la Presencia Divina abraza a Israel. Este es el lugar donde dejamos atrás ilusiones materialistas con el fin de estar completamente conscientes del Creador en nuestra vida material y espiritual.

Es en el monte, el más alto nivel de nuestra conciencia, que abrazamos el Amor de Dios como nuestra verdadera Esencia e identidad y desde donde ejercemos esa identidad. En este conocimiento comprendemos nuestra presencia en la Tierra Prometida y el significado del Shabat, ambos para nosotros y nuestra Tierra: "(…) Cuando vengáis a la tierra que Yo os doy, entonces la tierra guardará un Shabat para el Eterno." (25:2) y en este sentido la Tierra, el Pueblo y el Creador comparten una Unidad a través del Shabat.


"Y los frutos del Shabat de la tierra serán alimento para vosotros: para vosotros, para vuestro sirviente y para vuestra sirvienta, y para el sirviente contratado y para el forastero a tu lado que habita contigo; y para tu ganado, y para las bestias que están en tu tierra, que todo lo excedente de ella sea para alimento." (25:6-7) y este alimento proviene del Shabat.

El Shabat junto con la Torá son los regalos Divinos para Israel más complejos, y por lo tanto debemos conocerlos y vivirlos tanto como podamos porque son los brazos que nos acogen con el Amor de Dios. Averigüemos por qué el Shabat ha sido tan celosamente protegido con más de 39 cercos, y veamos qué es lo que realmente está detrás de esas murallas que nuestros Sabios nos ordenan vigilar.


Es realmente un tiempo y un espacio que protegemos cada semana, o algo que trasciende los límites de nuestro pensamiento y que debemos aprender a concebir como parte de lo que somos. Shabat y Torá como el sustento Divino que nos mantiene verdaderamente vivos en el Amor de Dios, contrario a vivir en la muerte que representan las ilusiones y fantasías de ego en la realidad que llamamos mundo material.

Los frutos del Shabat son los que alimentan cada aspecto y dimensión de nuestra conciencia, representados por nuestro conocimiento, destrezas, talentos y habilidades que son los "sirvientes", "sirvientas" y "forasteros" junto con los rasgos y cualidades representados por el ganado y las bestias de nuestra tierra, como las expresiones del conocimiento del Amor de Dios en nuestra vida. Son los frutos de este Amor en lo que somos y lo que hacemos que nos hace fructificar y vivir en plenitud mientras confiemos en Él como el verdadero y único sustento de todo lo que existe.


En este conocimiento materializamos el Amor de Dios al seguir Sus caminos: "Y no os haréis daño unos a otros, porque reverenciaréis a vuestro Dios; porque Yo soy el Eterno vuestro Dios. Por tanto guardaréis Mis estatutos, y cumpliréis Mis ordenanzas y las haréis; y vosotros moraréis en la tierra en seguridad." (25:17-18) y esta seguridad solamente la da nuestra confianza en Su Amor. Después de todo somos huéspedes en Su Creación: "(…) porque la tierra es Mía, porque vosotros sois forasteros y residentes (temporales) Conmigo." (25:23).

Los Mandamientos que siguen (25:24-54) están todos relacionados con cómo manifestamos Amor como nuestra identidad común, cuidándonos unos a otros, respetándonos unos a otros, ayudándonos unos a otros, y protegiéndonos unos a otros: "Y si tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú lo ampararás; si fuere forastero y peregrino, él vivirá contigo." (25:35) porque el Amor de Dios pide a nuestro Amor seguir Sus caminos: "porque los hijos de Israel son sirvientes para Mí; ellos son Mis sirvientes que saqué de la tierra de Egipto: Yo soy el Eterno vuestro Dios." (25:55).


La porción termina con el reiterado Mandamiento de evitar las ilusiones y fantasías materialistas como los ídolos que nos separan de los modos y atributos de Amor, nuestra verdadera identidad y conexión permanente con el Creador: "No os haréis ídolos para vosotros, ni levantaréis una estatua o monumento para vosotros. Y en vuestra tierra no pondréis piedra de pavimento sobre la que os prostraréis, porque Yo soy el Eterno vuestro Dios." (26:1). Esta vez el Mandamiento está relacionado con nuestra tierra, y ella como conocimiento de nuestra Unidad con Su Amor donde nuestro Shabat y nuestro Santuario están incluidos: "Guardaréis Mis Shabats y reverenciaréis Mi Santuario. Yo soy el Eterno." (26:2).

domingo, 1 de mayo de 2011

Parshat Emor: Entrega Total al Amor de Dios

La distinción entre vida y muerte es recalcada nuevamente en esta porción: "Y el Eterno dijo a Moisés: Declara (emor) a los sacerdotes, los hijos de Aarón, y diles: 'Que nadie de vosotros se contamine por una persona muerta entre su pueblo'." (Levítico 21:1) y vida es la prioridad imperativa para el mayor conocimiento de nuestra conexión con Dios. En este sentido la vida abarca todos los atributos positivos y bondad que son inherentes a Amor como la Esencia común que compartimos con nuestro Creador, y que además nos hace parte de Él.

Amor es el Pacto, la precondición divina con la que tenemos que manejar la vida y la actitud ante el mundo material. La Esencia de la vida es Amor con el que Dios nos creó, y Amor es la manera de protegerla y proyectarla en nuestro entorno individual y colectivo. A diferencia de la vida, la muerte representa lo opuesto a los modos y atributos de Amor.

Lo sagrado es exaltado e inherente a Amor como la manera de santificar la vida en el mundo material: "Ellos (los sacerdotes) deberán ser sagrados a su Dios, y no profanarán el Nombre de su Dios, porque ellos elevan las ofrendas de fuego del Eterno, las ofrendas de alimento de su Dios, por lo tanto deberán ser sagrados.". (21:6). En este contexto el Nombre de Dios abarca los caminos y atributos para consagrar la vida.


El conocimiento de nuestra conexión permanente con Dios (representado por el sacerdote) es lo que eleva nuestras cualidades y rasgos humanos, la ofrenda de alimento del Eterno. Este conocimiento es lo sagrado que nos apega a Él: "Vosotros lo santificaréis [al sacerdote], porque él eleva la ofrenda de alimento de vuestro Dios; él será sagrado para vosotros, porque Yo, el Eterno que os santifica, soy Sagrado." (21:8) y Su Amor es lo que nos hace sagrados, "(…) porque la corona de aceite de unción de su Dios está sobre él. Yo soy el Eterno." (21:11-12). Nuestros Sabios místicos enseñan que, en el contexto de las Escrituras Hebreas, el aceite representa conocimiento y conciencia del Creador como etapa inicial de iluminación, representada por el aceite que arde en las lámparas del Tabernáculo.

Estos versículos que enfatizan lo sagrado que es nuestro más alto conocimiento del Creador están acompañados del obvio rechazo de cualquier rasgo o cualidad separada de su exclusivo propósito de estar en los modos y atributos de Amor: "Habla a Aarón, diciendo: Cualquier hombre entre vuestros hijos a través de sus generaciones que tenga un defecto, no se acercará a elevar ofrendas de alimento de Su Dios." (21:17) porque tenemos que ser completos, íntegros en nuestra conciencia cuando nos acercamos a nuestro Creador.


En esa entereza e integridad como suma de todos los aspectos de la conciencia no hay defectos, porque nada hace falta o es inadecuado cuando dirigimos todas las dimensiones de nuestra vida hacia Él. Si somos "ciegos" con nuestra indisposición a enfrentar la verdad, "lisiados" para discernir lo correcto de lo equivocado, "atrofiados" para diferenciar entre verdadero y falso, nunca seremos capaces de abrazar el Amor de Dios porque Amor no cohabita con nada distinto a Sus modos y atributos.

"[Un animal que tiene] ceguera, o quebrado [sus huesos], o partido [párpado o labio], o lesiones, o heridas secas, o adolorido, no los ofreceréis al Eterno, ni los ofreceréis como ofrendas de fuego [elevación] sobre el altar para el Eterno." (22:22). De ahí que tengamos que ofrecer nuestra percepción, honestidad, devoción, ternura y sensibilidad en su totalidad con la entera intención y compromiso de convertirse en vasijas del Amor de Dios, y no con limitaciones ni fracturas.


Esto igualmente significa que tenemos que ir más allá de nuestras limitaciones físicas y fisiológicas, comprometiendo nuestro potencial, capacidad y talentos en los modos y atributos de Amor, porque esa es la manera de consagrar a nuestro Creador: "No profanaréis Mi Nombre sagrado. Yo seré santificado entre [en] los hijos de Israel. [Porque] Yo soy el Eterno que os santifica." (22:32).

La porción continúa con un capítulo (23) dedicado a las festividades judías mayores: "Habla a los hijos de Israel y diles a ellos: Los [días festivos] nombrados del Eterno que vosotros designaréis como ocasiones sagradas (…)" (23:2) para renovar periódicamente nuestra cercanía a Él, y entre ellas se nos recuerda otra vez: "Cuando recojas la cosecha de tu Tierra, no recogerás completamente la esquina de tu campo durante la cosecha, y no recogerás los frutos caídos de tu cosecha. Los dejarás estos para el pobre y el forastero. (Porque) Yo soy el Eterno, tu Dios." (23:22) y como hemos mencionado, esto se refiere a nuestro deber sagrado y encomendado de compartir los frutos de nuestra conciencia individual de conexión con el Amor de Dios, con aquellos que no están cercanos a Él.


Seremos verdaderamente sagrados cuando nuestro Amor toque y eleve a otros en nuestra tarea de hacer un mundo mejor para todos, lo cual es nuestra misión colectiva para crear un espacio donde el Amor de Dios habite en el mundo. Esta misión es cumplida cuando todos mantengamos encendida la Luz de Amor permanentemente en quienes somos y en lo que hacemos: "Manda a los hijos de Israel, y que tomen para ti aceite de oliva puro, prensado para iluminar, para encender las lámparas continuamente." (24:2-4).

Emor concluye reiterando nuestra exclusión de Dios cuando profanamos Su Nombre. Este Nombre abarca todo lo que Él representa para nosotros y para toda la Creación: Su Amor. Al profanar Amor estamos eligiendo muerte, lo cual nos convierte en piedras. Ese es el significado simbólico de "muerte por lapidación" en el contexto bíblico hebreo: "Y Moisés dijo [todo esto] a los hijos de Israel. Entonces ellos llevaron al profanador afuera del campamento y lo apedrearon, y los hijos de Israel hicieron exactamente como el Eterno le había ordenado a Moisés." (24:23).


De la misma manera, cuando hay un rasgo negativo en nuestra conciencia que traiciona o pone en peligro nuestro sendero en el Amor de Dios tenemos que expulsarlo del campo de nuestra conciencia de Amor, y llevarlo a la inexistencia de la muerte de donde vino. Muerte es el campo de las fantasías e ilusiones de ego, y Amor es el campo de vida cuando la vivimos en sus modos y atributos.

domingo, 24 de abril de 2011

Parshat Kedoshim: Ser parte del Amor de Dios

Hay momentos significativos en la Torá cuando el Creador Se "define" para nosotros. La mayoría de las veces parece ser suficiente cuando leemos "Yo soy el Eterno"; y cuando leemos que Él es sagrado reflexionamos en los Mandamientos que preceden a esa definición, y en esta porción en particular: "Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: 'sed sagrados (kedoshim), porque Yo, el Eterno vuestro Dios, soy sagrado" (Levítico 19:2). Al leer estos Mandamientos en el contexto de Su sacralidad, reflexionemos sobre algunos de ellos.

"No os volveréis a los ídolos, ni os haréis dioses fundidos para vosotros. Yo soy el Eterno, vuestro Dios" (19:4) y esos ídolos son las ilusiones y fantasías materialistas de ego a las que damos prioridad en vez de los caminos y atributos de Amor. Ídolos y dioses fundidos son algunas de las traducciones de términos que originalmente significan "máscaras" que ocultan la Esencial real de quiénes somos: Amor como nuestra verdadera identidad. Máscaras que son las tinieblas con las que cubrimos la Luz original de la que fuimos creados. Entonces somos nosotros quienes implantamos oscuridad sobre la Luz que somos. Las máscaras existen porque nosotros las hacemos y hay ídolos porque los tallamos "para nosotros" como lo indica el versículo. En este sentido creamos nuestra realidad individual y ella es la reflexión de lo que concebimos.

De esta realidad tanto individual como colectiva (porque las ilusiones y fantasías de ego son comunes entre la gente que las llama glamour, sofisticación, clase, gusto, ideología, creencia, tradición, valores sociales y otras definiciones culturales) -- que la Torá llama ídolos -- provienen ideas y sentimientos de carencia que nos separan de nuestra verdadera identidad, y eventualmente nos conducen a hacer lo que también nos separa de lo sagrado que Amor es.


Por lo tanto: "No robaréis. No engañaréis. No mentiréis ninguno a su prójimo" (19:11) y "no juraréis falsamente en Mi Nombre, profanando el Nombre de vuestro Dios. Yo soy el Eterno" (19:12) y mientras vivamos sin la conciencia del Amor de Dios como nuestro Creador y sustento, todos viviremos en mentiras y convertidos en ladrones porque todos los mentirosos son ladrones.

Cuando somos bendecidos con talentos y el potencial para adquirir riquezas materiales debemos estar conscientes de que todo lo que somos y tenemos proviene del Amor de Dios, y lo que somos y poseemos debemos compartirlo con quienes tienen menos.


Esta es la dinámica de Amor Divino para que tengamos el poder de crear un mundo mejor para todos, y este es el significado del versículo: "Y no rebuscarás en tu viña, ni recogerás las uvas caídas en tu viñedo, las dejarás para el pobre y el forastero. Yo soy el Eterno, vuestro Dios" (19:10) y en este conocimiento podremos ser capaces de comprender el Mandamiento que es la piedra angular de la Torá: "No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos (miembros) de tu pueblo; amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Eterno." (19:18).

Cuando finalmente asimilemos que toda la Creación emana de la la Unidad del Creador, entenderemos que separación es el resultado de seguir a los ídolos creados por el ego. Es posible concebir y vivir plenamente esta Unidad mediante el conocimiento de nuestra conexión permanente con el Amor del Creador, la cual ocurre en un tiempo y espacio llamados Shabat y Tabernáculo: "Guardaréis Mis Shabats y veneraréis Mi Santuario. Yo soy el Eterno" (19:30) así que cuando podamos conocer y vivir el Amor Divino como nuestra Esencia y verdadera identidad, estaremos cumpliendo este Mandamiento que nos hace únicos porque somos parte de Él: "Y seréis sagrados para Mí, porque Yo, el Eterno, soy sagrado; y os he distinguido entre los pueblos para que seáis Míos." (20:26).

domingo, 10 de abril de 2011

Parshat Ajarei: Vivir el Amor de Dios en el Mundo

En esta porción hay una nueva referencia acerca de la muerte de los hijos mayores de Aarón: "Y el Eterno habló a Moisés después de la muerte (acharei mot) de los dos hijos de Aarón, cuando ellos se acercaron al Eterno, y murieron" (Levítico 16:1) para recordarnos ser y manifestar los caminos del Creador y no nuestras versiones, cuando nos esforzamos para estar cerca de Su Amor en aras de nuestra Unidad con Él.

Nuestros Sabios tienen opiniones contrarias en torno a los dos hijos que trajeron un "fuego extraño" al Santuario, y ahí murieron. Opinan por un lado que los dos hermanos y sacerdotes auxiliares ciertamente trajeron su versión individual de cómo debería ser una ofrenda al Creador, y por otro dicen que lo hicieron con la intención última de ser Uno con Él "a toda costa".

Nuestros Sabios nos enseñan que la lección aquí es seguir los caminos de Creador en todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo cómo nos relacionados con Él en nuestro deseo individual de estar cerca de Él. También indican que nuestras vidas deben estar ligadas a Sus caminos mientras estemos en esta dimensión material, porque es donde Él quiere que revelemos Su Presencia.


Con este recordatorio evocamos la entrada de cuatro de nuestros Sabios al Jardín del Edén. Uno no quiso regresar al mundo y dejó su cuerpo, otro regresó al mundo y perdió la razón al vivir la diferencia entre el Cielo y la tierra, otro regresó al mundo rechazando cualquier sabiduría humana posible y se convirtió en un ermitaño, y el otro regresó como si no hubiera pasado nada. Este último lo conocemos como el Rabí Akiva de quien se dice que "entró al Cielo en paz y regresó a la tierra en paz".

Tenemos que aprender de los hijos de Aarón y de la visita del Rabí Akiva al Cielo, que estamos supuestos a vivir nuestra vida en este mundo y no en una dimensión diferente. Hemos dicho que la Presencia Divina ya está revelada en otras dimensiones que llamamos Cielo, Paraíso y otras realidades más allá de nuestro pensamiento. Si vivimos en ellas no tiene sentido revelar o transformar nada, ya que todo existe en su perfección.


Es en este mundo material que somos convocados por el Creador para revelar totalmente Su Presencia ocultada bajo las tinieblas de nuestra actitud materialista y egoísta ante la vida. Entonces es en esta oscuridad que debemos ser y manifestar los caminos y atributos de Amor como la Luz que disipa los aspectos negativos de nuestra conciencia, y que nos impiden vivir en el Amor de Dios.

La parshá prosigue con la preparación del Sumo Sacerdote para el Día de Expiación (Yom Kipur). Tenemos que decir que el claro discernimiento de nuestra intención de acercarnos al Creador es lo que en últimas transforma (expía) todos los aspectos de nuestra conciencia. Este discernimiento hace una diferencia entre dos realidades: "Y Aarón elegirá al azar entre los dos machos cabríos: uno 'Para el Eterno' y el otro 'para Azazel'." (16:8). Uno de estos representa la elevación de todas las dimensiones de la conciencia para ser transformadas por el Amor Divino, con el fin de ser y manifestar Sus caminos y atributos; y el otro representa todas las expresiones negativas de nuestra existencia que deben descender al abismo de la nada (en el desierto): "Así el macho cabrío cargará sobre sí todos sus pecados hacia una tierra de abismo, y él [el encargado de arrojar el macho cabrío] enviará el macho cabrío hacia el desierto" (16:22).


De esto aprendemos que los deseos e ilusiones materialistas (las transgresiones) de ego (el macho cabrío) pertenecen a la realidad de la nada porque de ahí provienen, y hacía ahí deben regresar. Por otra parte, nuestra dedicación y devoción a los modos y atributos de Amor, y reorientar nuestra existencia en ellos, son los medios para elevarnos a la realidad de la Verdad absoluta que el Eterno es. Nuestra tradición oral (midrash) nos cuenta que Azazel era uno de los dos ángeles caídos durante los tiempos de Enoch, que enseñó a las mujeres cómo atraer hombres usando el maquillaje. Un deseo inferior alentado por la ilusión de ego de poseer y controlar, reforzado por otra ilusión llamada maquillaje.

Nuestras ofrendas para elevar cada aspecto de la conciencia al Amor de Dios deben tener lugar exclusivamente dentro del Santuario (17:3-4) porque es ahí donde estamos totalmente conscientes de nuestro conocimiento del Amor de Dios. Cualquier "otro" lugar representa las dimensiones inferiores que nos mantienen separados de  Él, y por lo tanto "excluidos": "Y ellos nunca más sacrificarán sus ofrendas a los sátiros tras los cuales se desvían. Esto será un estatuto eterno para ellos durante todas sus generaciones." (17:7).


Más adelante en la porción hay una nueva advertencia para no caer en los deseos y cualidades inferiores que potencialmente nos conducen a actuar negativamente: "Como las costumbres de la tierra de Egipto, en la que habitasteis, no haréis; y como las costumbres de la tierra de Canaán, a la que os traigo, no haréis; y no seguiréis sus estatutos" (18:3) y esto es enfatizado por la reiterada declaración de que fuimos creados por el Amor de Dios, y es en Sus caminos y atributos que debemos conducir nuestras vidas: "Cumpliréis Mis ordenanzas y guardaréis Mis estatutos, para seguirlos. Yo soy el Eterno, vuestro Dios. Guardaréis Mis estatutos y Mis ordenanzas, que un hombre hará y vivirá por ellas. Yo soy el Eterno" (18:4-5).

La porción termina con el repetido énfasis (18:24-20) advirtiéndonos que cuando mancillamos nuestra conciencia viviendo bajo el dominio de aspectos inferiores en pensamientos, emociones, pasiones e instintos, nos excluimos de la unidad que son los caminos y atributos de Amor como la Tierra Prometida que el Amor de Dios nos da para proclamar Su Gloria en este mundo, "porque Él es el Eterno nuestro Dios".

domingo, 3 de abril de 2011

Parshat Metzorá: Abrazando la Pureza de Amor Divino

"Esta será la ley del metzorá en el día de su purificación: Él será traído al Sacerdote" (Levítico 14:2). Nuestros Sabios explican que el metzorá es una persona afligida por tzaraat, término usualmente traducido como lepra pero lo describen como una afección cutánea que aparece como resultado de habladurías y difamación. Ellos concluyen que tzaraat es una señal divina para hacer consciente al difamador de la gravedad de hablar negativamente, motivado por arrogancia y altivez que nos separan de la unidad que Israel debe mantener. Aunque en nuestros tiempos no somos afligidos con problemas de la piel por hablar mal de otros, debemos ser conscientes de que nos separamos de los demás cuando la agenda de ego prevalece en la manera como nos relacionamos con ellos.

El Sumo Sacerdote, que representa el mayor conocimiento de nuestra conexión con Dios, es quien hace retornar al difamador de su viaje de ego hacia el poder unificador de los modos y atributos de Amor. Porque Amor es nuestra Esencia común que nos mantiene unidos cuando nos cuidamos unos a otros, cuando nos protegemos mutuamente, y cuando nos conducimos juntos en la misión de revelar la Presencia Divina en el mundo material y en toda la Creación.


Debemos ir más allá de la superficialidad de los aspectos inferiores de la conciencia y hacerlos que sirvan al propósito mayor que Amor, nuestra verdadera conciencia e identidad, quiere de nosotros a pesar de las limitaciones, obstáculos y desafíos que enfrentamos en la realidad material. Estamos limitados a existir dentro de las fronteras que imponen las leyes de la naturaleza, los desafíos que representan los desastres naturales y los obstáculos en que se pueden convertir cuando nuestra supervivencia y bienestar están en peligro.

En este predicamento las cosas empeoran cuando no actuamos como los cuidadores que somos unos de otros, y es egoísmo lo que destruye el bienestar individual y colectivo que Amor nos insta a lograr. Enfrentamos desastres naturales no como individuos sino como la unidad colectiva que debemos ser. También debemos estar unidos para hacer frente a problemas sociales y económicos causados por tiranía y despotismo como expresiones destructivas de las dimensiones inferiores de la conciencia humana.


Represión, discriminación, prejuicio, corrupción, opresión y sus sinónimos se derivan de la arrogancia y altivez como la ilusión de ego de sentirse superior para convertirse en un diosillo que quiere controlar no sólo la vida y destino de los demás sino también las leyes de la naturaleza.

La parshá continúa con la limpieza y expiación (entendida como transformación) del difamador. Más adelante yuxtapone la emisón seminal masculina con la menstruación femenina, ambas como estados de impureza que necesitan ser limpiados ritualmente. El denominador común de ambas es la muerte de las semillas que potencialmente conciben la vida humana. En este sentido la vida es exaltada como la más elevada expresión de la Creación, de ahí que deba ser valorada y respetada hasta el punto que al perder nuestro potencial de germinar vida (con la emisión seminal y la menstruación) nos hacemos impuros.


Hay una lección implícita que aprender de las leyes sobre estas situaciones fisiológicas, y no es solamente acerca de ser vida sino también de ser portadores de vida. Aprendemos de esto que podemos permanecer limpios y puros ante nuestro Creador cuando elegimos las bendiciones de la vida en vez de las maldiciones de la muerte, tal como Él nos lo encomienda.

Vida es el principio esencial y la vasija de los modos y atributos de Amor, mientras que muerte es la expresión de los rasgos negativos derivados de las ilusiones y fantasías materialistas de ego. Nos hacemos impuros e inmundos cuando albergamos pensamientos, ideologías o creencias que engendran resultados negativos que conducen a la muerte como negación de los modos y atributos de Amor.


Israel es elegido como el defensor de Amor como la manifestación material del Amor de Dios, y la porción termina recordándonos esto como parte de nuestro Pacto con el Creador: "Separaréis a los hijos de Israel de su contaminación [de los difamadores], y ellos no morirán como resultado de su contaminación si aquellos contaminan Mi Tabernáculo que está entre ellos." (15:31) y como hemos dicho antes el Tabernáculo representa el conocimiento permanente de la Presencia Divina en nuestras vidas mientras nos mantengamos separados de las expresiones impuras derivadas de la muerte, representada por todo aquello que no puede coexistir con los modos y atributos de Amor.

En esta porción la Torá nos recuerda otra vez que la arrogancia es la madre de todas las ilusiones negativas que el ego nos hace creer y adorar como los ídolos que pretenden negar el Amor del Creador como la única Esencia y sustento de toda la Creación, incluidos nosotros.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.