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martes, 13 de septiembre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (IV)

“Manojo de mirra es Mi amada para Mí, morando entre Mis pechos. ¡Ramo de heno es Mi amada para Mí, en las viñas de En Guedi!” (1:13-14)

Dios responde embelesado llamando nuevamente a Israel Su amada, como la ofrenda misma que toca y besa Su corazón (“entre Mis pechos”). El amor de Israel ascendiendo como un manojo de mirra quemado, y besando a Dios. Mirra, nardo, heno y otras especias quemadas como incienso en el Templo, representan rasgos y cualidades en la conciencia humana dirigidos por los modos y atributos de amor en aras de los modos y atributos de Dios.

En Guedi es presentado aquí como un lugar sagrado de donde finas yerbas y flores emanaban fragancias y perfumes sublimes. También un paraje con tierra especial para frutas, uvas y vinos.

“Tú eres hermoso, amado mío. Eres hermoso, Tus ojos son palomas. Eres hermoso amado mío. Sí, [eres] agradable. Sí, nuestro lecho es fresco. Las columnas de nuestra casa son [como] cedros, nuestras vigas son [como] cipreses.” (1:15-17)

Belleza es el reflejo del bien. Los modos, atributos y acciones del bien proveniente del Creador son ciertamente hermosos. Igualmente, el bien proveniente de Israel es su belleza ante los “ojos” (conocimiento) de Dios. De ahí que sea la amada de Dios. La belleza que Israel elogia en el amor de Dios también se refiere a Su infinita amorosa bondad, poder, santidad y majestad, entre otros exaltados atributos que ciertamente son hermosos y fieles a Su creación.

Los ojos de una paloma buscan a su pareja, y nuestros sabios subrayan esta metáfora como ojos de lealtad. Este versículo evoca la lealtad y fidelidad mutuas entre aquellos que comparten los mismos principios y valores, en aras del bien que representan. Estos constituyen un nexo común que es la base de la relación ente Dios e Israel.

La realización de este nexo tiene lugar en la cámara interior del Templo de Jerusalén, el “lecho fresco” compartido por los dos amantes espirituales. Siempre floreciente y vigoroso, siempre vibrante y vital, y fortalecedores como sus cimientos de cedro (fortaleza) y ciprés (rectitud) erguidos, fuertes y elevados.

Estos dos tipos de árboles representan rasgos y cualidades de rectitud y fortaleza, como cimientos necesarios para nuestra conexión con el Creador. El Templo se sostiene con estos cimientos. Nuestros sabios enseñan que estos también representan los sabios y justos de Israel, cuya guía es fundamental para la unidad, armonía y paz entre el pueblo.

Nuestros sabios indican que cuando Israel está de acuerdo en un solo plan (como expresión armónica unificada y unificante del bien como el propósito de la creación de Dios, incluido nuestro mundo) para el mundo, el gran nombre del Creador es alabado en lo alto, tal como está escrito, “y Él será Rey en Yeshurún (Israel).” ¿Y cuándo será eso? “cuando las cabezas de la nación [hayan] unido las tribus de Israel.” (Deuteronomio 33:5).

Esta unidad se logra cuando las diversas cualidades del bien inherente a Israel (las doce tribus) vivan juntas en armonía, aceptándose unos a otros, elevándose y realzándose mutuamente en aras del sublime propósito de servir en el plan del Creador.

Este elevado propósito se hace manifiesto cuando cada tribu exprese sus cualidades en rectitud (uno de los sinónimos de yeshurún) para hacer prevalecer el bien, ya que este es inherente a la rectitud. Así como Dios reina en la rectitud de Israel. Las cabezas de las tribus representan la fuerza vital conductora y regidora de cada cualidad, con el poder de abarcar e integrar los potenciales creativos de sus expresiones.

Tal como lo señalan nuestros sabios, la diversidad de Israel debe coincidir en un propósito y destino común que es el plan de Dios para el mundo material. Este acuerdo común es lo que invita a Dios a morar entre (en) nosotros. Junto a Él, Israel cumple su destino de desempeñarse como socia de Dios en Su plan. Que more Dios en nosotros es la culminación de la conexión con Él, representada por Jerusalén y su Templo, como nos lo recuerda el rey David.

“(...) Jerusalén, Jerusalén, construida como ciudad [en la que Israel está] congregada junta. Porque ahí subían las tribus, las tribus de Dios, como testimonio para Israel de dar gracias al nombre de Dios.” (Salmos 122:2-4)

“¡Yo soy la rosa del sharón [amplia llanura arenosa], un lirio [lit. capullo de rosa] de los valles!” (2:1)

Estas metáforas invitan diversas interpretaciones. Si las traducciones sugieren dos tipos de flores, estos pueden implicar dos rasgos o cualidades. Un amplio campo arenoso (sharón) y un valle también son parajes diferentes. En un significado simple podríamos decir que Israel posee una cualidad dual. Ella puede vivir en diversos lugares y circunstancias; y decir, “Soy una rosa y también un lirio, vivo en un campo arenoso al igual que en un valle. Aún así sigo siendo una flor. No pierdo mi identidad esencial de flor”. Estos rasgos o aspectos no son necesariamente opuestos sino complementarios.

Del mismo modo quieren decir que Israel tiene su identidad espiritual como rosa, y su expresión material como lirio. Ambos hermosos y delicados como el bien inherente de los modos y atributos de amor. Sin importar dónde viva, su belleza permanece en la apariencia que muestre.

Este versículo es una declaración de identidad. Israel se presenta a sí misma de manera poética como una flor con los significados que ello contenga.

viernes, 26 de abril de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (I) Miqueas

“Y en el final de los días acontecerá que la montaña de la casa del Eterno será establecida como la mayor de las montañas, y será exaltada sobre [todas] las colinas; y los pueblos acudirán a ella” (Miqueas 4:1)

Debemos comprender y asimilar la profecía hebrea como un hecho que cumple dos propósitos. Estos se manifiestan de manera interna y externa, como algo individual y también colectivo. Existe un lugar en el mundo y un lugar en la conciencia que convergen y se convierte en uno. Este lugar es el monte Sión, el Templo de Jerusalén situado en la tierra de Israel. Es el punto focal y base sobre la cual nos hacemos conscientes de la Presencia Divina en nosotros como personas en lo individual y como Israel en lo colectivo en este mundo.

Este preámbulo es el punto de partida para comprender la conciencia mesiánica de acuerdo al judaísmo. Así nos hacemos conscientes de que la más importante de todas las montañas y colinas es nuestra conexión con el Creador de todo. En este conocimiento todos los niveles de la conciencia están reunidos además de juntos, y acuden unidos hacia Su Presencia.

“Y muchas naciones vendrán y dirán: 'Venid vosotros, y subamos a la montaña del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y Él nos enseñará Sus caminos, y nosotros andaremos en Sus senderos'; porque de Sión saldrá la Torá, y la palabra del Eterno de Jerusalén” (4:2)

Nos acercamos a la conciencia Mesiánica cuando nuestro discernimiento, pensamientos, ideas, creencias, hábitos, costumbres, apegos, sentimientos, emociones, pasiones e instintos se unen juntos en un proceso natural y no forzado hacia la unidad individual y colectiva necesaria para abrazar al Creador en el lugar que Él estableció para nosotros. Cuando todos los niveles, aspectos y dimensiones de la conciencia son armonizados bajo la conducción y guía de los modos y atributos de Amor, estaremos encaminados hacia nuestra Redención mediante los modos y atributos del Creador. El punto de convergencia de este encuentro es Sión, como el mayor conocimiento de la Presencia Divina en nuestra vida. De ahí se manifiesta en nuestra vida el conocimiento del Creador, y de Jerusalén se manifiesta Su conducción.

“Y Él hará justicia entre multitudes de pueblos, y decidirá respecto a naciones poderosas lejanas; y ellos convertirán sus espadas en arados, y sus lanzas en rastrillos; ninguna nación levantará su espada contra otra nación, y tampoco volverán a aprender guerra” (4:3)

En este punto de convergencia abrazamos la Presencia Divina, y Su Amor transforma los rasgos negativos de todos los niveles, aspectos y dimensiones de la conciencia en cualidades positivas, constructivas y elevadoras. Lo que solíamos infligir contra nosotros mismos y otros es convertido en medios y arbitrios para elevar la conciencia través del conocimiento de Dios. En este conocimiento no hay violencia ni guerras, ni conflictos, disputas, oposición, controversia o antagonismo. Amor, como la manifestación material del Amor de Dios, estará a cargo de conducir todas las facetas de nuestras vidas a través de los modos y atributos del Creador.

“Y él se parará, y alimentará a su rebaño en la fuerza del Eterno, en la majestad del Nombre del Eterno su Dios; y ellos permanecerán, porque entonces él será grande sobre los confines de la tierra” (5:3)

La conciencia Mesiánica se manifiesta a través de la persona asignada por Dios para ser la referencia para nosotros con el fin de seguir los senderos establecidos por el Creador. El Amor de Dios es nuestra fuerza, y Su Nombre y Majestad se revelan en nuestro conocimiento de Él. El Mesías hebreo revela la Redención de Dios para cada rasgo de nuestra conciencia. Esto abarca todos los aspectos de la vida, que también es la tierra en la habitamos en este mundo material.

“Y acontecerá que en ese día, dice el Eterno, removeré tus caballos de ti, y destruiré tus carrozas. Y Yo removeré las ciudades de tu tierra, y derrumbaré todas tus fortalezas. Yo removeré toda hechicería de tu mano, y no tendrás necrománticos. Y Yo removeré tus imágenes talladas, y tus pilares de ti; y no habrá más veneración a la obra de tus manos” (5:9-12)

El Amor redentor de Dios será revelado cuando comencemos a transformar las tendencias negativas de la conciencia a través de la bondad de los modos y atributos de Amor. Dios es quien dirige todo este proceso. Él removerá las fantasías e ilusiones materialistas de ego que nos empujan como carrozas con la fuerza de caballos. Él removerá los apegos y hábitos negativos que son como ciudades y fortalezas edificadas dentro de nuestra conciencia. Él removerá falsas concepciones y creencias que nos hacen esclavos de la avaricia, lujuria, envidia, codicia, indolencia, indiferencia y negligencia. Estas son las falsas ideas que nos hacen creer que podemos controlar y manipular a otros en detrimento de ellos. Son también los ídolos que hemos hecho con nuestras propias acciones, producto de la obra de nuestras manos. El Amor redentor de Dios los removerá a todos de nuestra conciencia, en cuanto permitamos que Amor guíe y dirija todas las facetas de la vida.

“¿Quién es un Dios como Tú, que perdona iniquidad, pasa por alto la transgresión del remanente de Su herencia? Él no mantiene Su ira por siempre, porque Él se deleita en amorosa bondad. Él volverá a tener compasión sobre nosotros, Él someterá nuestras iniquidades. Y Tú arroajarás todos sus pecados dentro de las profundidades del mar. Tú mostrarás fidelidad a Jacob, compasión a Abraham, como lo prometiste a nuestros padres en los días de la antigüedad” (7:18-20)

Sólo el más grande Amor de todos, el Amor de Dios, transforma la maldad que hemos creado en nuestras vidas. Seamos conscientes de que hemos sido los creadores de todos los males que padecemos en el mundo. Hay hambruna porque permitimos la hambruna. Hay violencia porque incitamos violencia. Hay odio porque instigamos el odio. Hay iniquidad porque propiciamos la iniquidad. En ese predicamento, sólo si engendramos Amor y vivimos en sus modos, medios y atributos, entraremos en la conciencia Mesiánica, individualmente y colectivamente. Seremos redimidos de todas nuestras iniquidades y de lo negativo cuando comencemos a vivir en Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad. Amor como la manifestación material del Amor de Dios.

domingo, 24 de febrero de 2013

Ki Tisá: El Amor de Dios

El principio en la relación de Israel y Dios es Amor. Este principio lo proclamamos dos veces al día antes y después de decir “Escucha [¡entiende!] Israel, el Eterno es nuestro Dios, el Eterno es Uno [y Único]” porque ello define nuestra identidad. Lo que somos, tenemos y hacemos se fundamenta en esta relación, ya que reconocemos que lo que somos y tenemos proviene del Creador, incluyendo Amor como nuestro nexo común con Él. Ser contados por Él revela lo preciosos que somos para Él.

Mientras estemos unidos a Él, tomando lo que somos y tenemos para Él, nada negativo podría pasarnos entre las ilusiones del mundo material. En este contexto comprendemos el comienzo de esta porción.

“Cuando cuentes (ki tisá) la cabeza [la suma total] de los hijos de Israel según sus números, cada uno ofrendará para el Eterno una expiación de su alma cuando sean contados; entonces no habrá plaga entre ellos cuando sean contados” (Éxodo 30:12)

Debemos ser conscientes de que desde el momento en que Dios nos eligió como sus socios para Su Plan Divino, nuestro nexo con Él es permanente. Esta asociación, como indicamos antes, se fundamenta en Amor porque el Amor de Dios la hace posible. En este sentido nuestro deber es conocer al Creador en todos Sus caminos, revelados a nosotros por Él en la Torá.

Una vez adoptemos Sus caminos y atributos, no sólo como nuestras normas y propósito sino como nuestra identidad judía, cumpliremos nuestra asociación con Él. Esto da sentido a “Conócelo en todos tus caminos” (Proverbios 3:6) porque se trata de estar siempre conscientes de nuestro nexo con Él.

Este principio se cumple en el Santuario que Dios quiere que construyamos para que Él habite entre nosotros. Aunque cronológicamente el Santuario se presenta después de la transgresión del Becerro de Oro, la Torá lo menciona antes porque previo a cualquier transgresión que podamos cometer, ya existe un lugar en nuestra conciencia donde estamos permanentemente unidos a Dios. Pertenecemos a una casa que Él ya ha establecido, y esta casa es Su Amor por nosotros.

El principio al que nos hemos estado refiriendo se trata de elegir vivir y disfrutar plenamente nuestra conexión con Dios como un hecho concreto. Es un hecho porque Él nos lo está diciendo. Por lo tanto no es un hecho de fe y ni siquiera de confianza, porque se trata de la verdad. La Torá y nuestra historia lo comprueban, y sabemos que es verdad porque lo hemos vivido como experiencia. ¿Cómo podemos negar el Amor de Dios? ¿Cómo podemos negar Amor como lo mejor que somos y tenemos? Únicamente creando una ilusión de negación eligiendo vivir en falsos sentimientos y creencias de carencia instigados por ego.

Estos sentimientos y creencias construyen el Becerro de Oro y demás ídolos a los que damos fuerza y poder para reforzar la ilusión de separación de Amor como manifestación material del Amor de Dios. Nuestros Sabios dicen que la transgresión en el Jardín del Edén fue repetida con el Becerro de Oro. Cuando adoptamos la falsa creencia de que Dios no es suficiente, que Su Creación no es suficiente y que nada es suficiente, caemos por transgredir el hecho concreto de que Dios es suficiente, y que nosotros también somos suficientes porque provenimos de Él. Así comprendemos el siguiente versículo.

“El rico no dará más y el pobre no dará menos de medio shékel cuando den la ofrenda al Eterno para expiar por sus almas.” (Éxodo 30:15)

Tenemos que elevar nuestra conciencia al conocimiento de que en nuestro nexo con Dios somos y tenemos todo lo que hay que vivir y manifestar. El Amor de Dios restablece nuestra conexión con Él cuando nos damos cuenta de esto. Él expía por nuestras almas, ya que al quedar atrapados en las ilusiones de grandeza, autosuficiencia y avaricia de ego, la única salida de ellas es retornando a la Verdad.

Esta Verdad expía por nuestras decisiones equivocadas. Nuestra expiación y retorno al Creador acontecen cuando nos damos cuenta de Sus caminos y atributos, y los adoptamos.

“Y el Eterno pasó por delante de él [Moisés], y proclamó: 'El Eterno, el Eterno, Dios de bondad, compasión y gracia, paciente, y abundante en amorosa bondad y [abundante] en verdad; preserva amorosa bondad por miles de generaciones, perdona iniquidad y rebelión y transgresión; [aunque] y ello no exime [al transgresor] de su culpa; que ve [cómo] la iniquidad de los padres [recae] sobre los hijos, y sobre los hijos de sus hijos hasta la tercera y la cuarta generación'.” (34:6-7)

¿Deberíamos explicar todavía más estos modos y atributos? Simplemente digamos cómo los llamamos aquí en nuestro blog: Amor de Dios. Todo proviene de Él y es sustentado por Él, y ese es el más grande Amor de todo. Lo contrario a esto es nuestra ilusión de mejor creer en nuestros sentimientos de carencia provenientes del deseo de ego de ser su propio dios.

Estos sentimientos y creencias de carencia son las “naciones” que nos incitan a la codicia, la lujuria, la envidia y caer atrapados en su indolencia, indiferencia y negatividad.

“Cuídate de hacer alianza con el habitante de la tierra hacia donde vienes, porque se convertirá en un tropezadero en medio de ti. Mas derribaréis sus altares, destruiréis sus monumentos, y cortaréis sus árboles sagrados. Porque no te inclinarás ante otro dios, porque el Eterno, cuyo nombre es “el Exclusivo”, es un Dios celoso, exclusivo'.” (34:12-14)

De la misma manera, los modos de Amor excluyen todo aquello diferente u opuesto a sus cualidades y atributos.

“No te harás dioses fundidos para ti.” (34:17)

Estamos destinados a conocer a nuestro Creador, de quien procede todo lo que existe. Estamos instados a conocer nuestra Esencia y verdadera identidad. No podemos conformarnos con menos y vivir en las fantasías e ilusiones de una falsa realidad construida por la agenda de ego.

Debemos adoptar una actitud existencial ante la vida y el mundo material, y cuestionarnos las preguntas trascendentales de quiénes somos, de dónde venimos, y adónde vamos. Como judíos tenemos todas las respuestas en la Torá, la cual define nuestra identidad y delinea nuestro propósito como socios del Creador en Su Creación.

No debemos conformarnos con menos. Nuestra porción y verdad es Amor como nuestro nexo común con Dios. Eso es lo que somos y tenemos, y es más que suficiente.

domingo, 21 de octubre de 2012

Lej Lejá: Nuestra Identidad Hebrea

Nuestro Patriarca Abraham es la personificación de la relación entre Israel y el Creador. Él es el escogido para el Pacto entre ambas partes, el sello de esta Alianza. Debemos tener esto presente en nuestras mentes, almas y corazones.

Abraham representa la conciencia superior que reconoce la Unidad y Unicidad de Dios, la persona que rechaza toda clase de idolatría como fantasías e ilusiones de ego. Porque sabe que la entera y única realidad es el Creador, Sus caminos, Su voluntad y Sus atributos. Dios elige a Abraham como Israel para sellar el Pacto eterno con el que Israel proclama y manifiesta la Presencia Divina en Su Creación.

Esta es la herencia de Abraham y el legado de Israel para el mundo. Este Pacto determina el destino de Israel en el mundo material, y define nuestra grandeza como el pueblo hebreo: “Y Yo haré de ti una gran Nación, y Yo te bendeciré, y Yo engrandeceré tu nombre, y [tú llegarás a] ser una bendición.” (Genesis 12:2).

Como ya lo señalamos en un comentario anterior en este blog (Lej Lejá: “Las Bendiciones de Nuestra Verdadera Identidad” del 30 de octubre de 2011), esta es la identidad de Israel con la cual asimilamos que Dios es la mayor bendición, porque todas las bendiciones provienen de Él. En este conocimiento Israel es bendecido y se convierte en la bendición de Dios para ser manifestada en el mundo.

Nosotros en nuestra identidad como Israel somos los portadores de la bendición que es revelar la Presencia Divina, para celebrar y regocijarnos en la realización de que Su Amor es nuestra Esencia. Que esta es también nuestra Redención de las ilusiones, espejismos y fantasías que nos separan de Él.

Amor, como la manifestación material del Amor de Dios, de hecho es lo que nos redime porque es el sustento primordial de nuestra vida. Nuestro Amor es la bendición del Amor de Dios. Así nos damos cuenta que Amor no cohabita con nada diferente a sus modos, medios y atributos. Esto quiere decir que las bendiciones no ocupan el mismo tiempo y espacio con maldiciones, porque la bondad de Amor no coexiste con la maldad de la iniquidad. Es así como entendemos las palabras de Dios en este contexto: “Y Yo bendeciré a quienes te bendigan, y maldeciré a quienes te maldigan, y todas las familias de la tierra serán bendecidas en ti.” (12:3).

Bondad, al igual que todas las cualidades, rasgos, aspectos y dimensiones de los modos y atributos de Amor, son la bendición en la que todos somos bendecidos. ¡Qué privilegio y honor ser los portadores de la bendición de revelar la Presencia Divina en el mundo material! Está dicho que “privilegios y honores exigen obligaciones y responsabilidades”, y no debemos necesariamente entenderlos como algo que se nos fuerce a ser y hacer. Simplemente lo asimilamos como una parte esencial de nuestra identidad.

De ese modo fluimos con la bendición en lo que discernimos, pensamos, creemos, sentimos, decimos y hacemos. Este es el legado fundamental de Abraham a nosotros (complementar con nuestro comentario sobre Parshat Lej Lejá: “Caminando ante el Creador” del 10 de octubre de 2010).

La tradición oral hebrea nos cuenta que desde temprana edad Abraham se dio cuenta de la futilidad inherente a los deseos materialistas de ego, derivados de una creencia o sentimiento de carencia en cualquier dimensión de la conciencia. Aprendió que de esa actitud ilusoria ante la vida surgen los ídolos que seguimos y obedecemos, cayendo bajo su dominio y control. Estos nos hacen despreciar e inclusive negar nuestra Esencia y verdadera identidad. En este sentido, el pre-requisito para conocer y abrazar a Dios es el rechazo a las fantasías e ilusiones de ego. Así es como asimilamos lo que la Torá señala como idolatría.

El rechazo total a la idolatría por Abraham lo condujo a reconocer y entender al Creador no sólo como Uno y Único, sino también como total y única realidad por la que debemos vivir como la bendición que es Él para nosotros y Su Creación. Logramos esta realización conociendo Sus caminos y atributos también como nuestros, en lo que somos y hacemos. Este conocimiento es la tierra interior que Él nos da para vivir en ella eternamente: “Porque esta tierra que tú ves, Yo la daré a ti y a tu simiente por toda la eternidad.” (13:15).

Mientras vivimos esta bendición asimilamos su eternidad, porque Dios que la da es el Eterno y por ello no debemos temer al asombro que nos causa en nuestra conciencia. La bendición que es Dios es también nuestro escudo. Este escudo no sólo nos protege de las ilusiones de ego, sino que también es parte de nuestra identidad. Este escudo nos identifica en lo que estamos destinados a hacer en este mundo: “(...) la palabra del Eterno vino a Abram en una visión, diciendo 'No temas, Abram; Yo soy un escudo para ti, [por lo tanto] tu recompensa es excesivamente grande'.” (15:1).

Aquí entendemos esta identidad como nexo con el Creador, porque Sus caminos y atributos son nuestra dirección y destino, para vivirlos y disfrutarlos en este mundo. Como dijimos antes, estos caminos no coexisten con nada diferente a ellos, porque son senderos de bondad, rectitud y justicia. En esta dirección encontramos nuestra abundancia, prosperidad y felicidad excesivamente: “(…) y Él le dijo, 'Yo soy el Dios Altísmo, camina ante Mí y sé íntegro. Y Yo pondré Mi Pacto entre Yo y Tú, y Yo te multiplicaré grandemente'.” (17:1-2).

Este primer diálogo entre Dios y Abraham nos recuerda también eliminar todo aquello que es inútil en nuestra conciencia, lo que no necesitamos en nuestro destino para conocer al Creador y revelar Su Presencia y Gloria en el mundo. Aquello que obstruye nuestro camino para redimirnos de todos los males, a través de los modos y atributos de Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad. Eso es lo que representa el prepucio en el cuerpo y en nuestra conciencia: “Y tú circuncidarás la carne de tu prepucio, y será la señal de un Pacto entre Yo y tú.” (17:11).

Con esto sellamos nuestro Pacto para procurar, vivir, y deleitarnos en los caminos del Creador: “Pero tú, Israel Mi servidor, Jacob a quien Yo he escogido, la simiente de Abraham, Mi amado, a quien tomé de los confines de la tierra, y de sus nobles Yo te llamé, y Te dije 'Tú eres Mi servidor'; Yo te escogí a ti, y no te desprecié.” (Isaías 41:8-9).

En este conocimiento todas las fantasías, espejismos e ilusiones del mundo material se disipan, porque el Amor de Dios fortalece nuestro Amor para despejarlas todas:

“He aquí que Yo te he puesto como trillo, como rastrillo nuevo lleno de dientes. Trillarás los montes y los harás polvo; y a las colinas dejarás como hojarasca. Los aventarás, el viento se los llevará, y la tempestad los dispersará; pero tú te regocijarás en el Eterno, en el Sagrado de Israel te glorificarás.” (41:15-16).

domingo, 3 de junio de 2012

Behaaloteja: Viviendo en los Medios y Arbitrios de Amor

“Así era, que cuando el arca [de la Alianza o Pacto entre Dios e Israel] emprendía viaje, Moisés decía 'Levántate Eterno y Tus enemigos serán dispersados, y quienes Te odian huirán de delante Ti'. Y cuando el arca descansaba él decía, 'Vuelve Eterno a los miles y miles de Israel'.” (Números 10:35-36)

El arca es donde la Torá es guardada, y podemos decir que ambas compartían el mismo lugar en Jerusalén y su Templo, que representan el más elevado nivel de la conciencia. Es ahí donde guardamos la Torá del Eterno y Sus Mandamientos, y desde donde guiamos todas las dimensiones de nuestra vida. El Profeta Isaías lo reitera.

“Pues de Sión saldrá la Torá y la palabra del Eterno de Jerusalén.” (Isaías 2:3)

En este sentido, cuando nos levantamos en mañana nuestra conciencia debe estar en convergencia con la voluntad del Creador. Estamos instados a expresarle nuestra gratitud a Él desde el momento en que abrimos los ojos, reconociéndolo como el Dueño de Su Creación, incluidos nosotros. Nos levantamos saliendo con el Arca de la Alianza para afrontar el nuevo día que Dios crea para nosotros, otra jornada llena de desafíos en los que debemos tomar decisiones en cada momento.

Estamos agradecidos de ser los elegidos del Creador para tomar las decisiones correctas, por y mediante los medios y arbitrios de Amor; y no por y mediante las ilusiones y fantasías de ego (ver nuestros comentarios anteriores sobre la Parshat Behaaloteja: “Ascendamos al Amor de Dios” del 22 de mayo, 2010 e “Iluminándonos con el Amor de Dios” del 5 de junio, 2011).

Hemos indicado que Moisés representa nuestro más elevado conocimiento de los caminos y atributos del Creador, y en esta máxima realización los manifestamos en lo que discernimos, pensamos, sentimos, hablamos y hacemos. El rey David también nos lo recuerda.

“Todos los caminos del Eterno son amorosa bondad y verdad para quienes guardan Su Pacto y Sus testimonios.” (Salmos 25:10)

También elabora su contexto.

“Rectitud y justicia son los cimientos de Tu trono; amorosa bondad y verdad van delante Tu rostro.” (89:14)

Estas cualiades pertenecen a los modos y atributos de Amor para que los impregnemos siempre en lo que somos, tenemos y hacemos. Estas se derivan del Amor de Dios para que las emulemos en el mundo material.

Sólo necesitamos estar conscientes permanentemente de que el Amor de Dios, Su Gloria, está presente en toda Su Creación.

“Él ama rectitud y justicia, la Tierra está llena de la amorosa bondad del Eterno.” (33:5)

Debemos tener esto presente cada vez que estemos ante los espejismos de las ilusiones y fantasías de ego en nosotros y en los demás. Nos levantamos todos los días en el campo de batalla donde se enfrentan las tendencias negativas de la conciencia a las cualidades positivas de los modos y atributos de Amor.

En este escenario Amor es nuestra fortaleza y armadura como la manifestación material de la amorosa bondad del Creador. En esta fortaleza vencemos nuestros problemas más difíciles y las situaciones negativas, los enemigos de lo sencillo, de la bondad, de la simplicidad, humildad y los rasgos positivos que queremos hacer prevalecer  en nosotros y en nuestro entorno inmediato.

“Mi Dios de amorosa bondad vendrá a mí, Dios me hará ver mi deseo sobre mis enemigos.” (59:11)

Hemos dicho en una de nuestras reuniones de estudio en Israel que el rey David es el personaje bíblico que mejor asimiló los caminos del Creador, y la prueba de ello son sus Salmos y sus dichos citados en los libros de Crónicas de nuestra Biblia hebrea.

Sus reflexiones abarcan los mensajes primordiales de la Torá, ofreciéndonos una comprensión sencilla y práctica del Amor de Dios; y nuestros Profetas reiteran la sabiduría de nuestro querido rey de Israel.

“Y vosotros, retornad a vuestro Dios: Mantened amorosa bondad y justicia, y esperad en vuestro Dios continuamente.” (Oseas 12:6)

“Así habló el Eterno de las multitudes diciendo, 'Ejecutad verdadera justicia, y mostrad amorosa bondad y compasión unos a otros'.” (Zacarías 7:9)

Este es el contexto en el que reflexionamos acerca de las palabras de Moisés citadas arriba. En nuestro total conocimiento de los modos y atributos de Amor, como manifestación material del Amor de Dios, enfrentamos a nuestros enemigos no sólo los malvados que quieren nuestra muerte y la destrucción de Israel, sino también los difamadores y detractores que nos odian porque no encuentran nada más en qué vaciar su odio y frustración.

Tiempos difíciles nuestros ancestros y nosotros hemos vivido, y viviremos diariamente para defender nuestro derecho a existir y a proclamar la verdadera Esencia e identidad que el Creador nos dio en Su Torá. Seamos también conscientes de que enemigos similares amenazan con dominar nuestra conciencia para hacernos olvidar amorosa bondad, justicia y compasión, cuando permitimos que las ilusiones y fantasías negativas de ego controlen nuestros pensamientos, sentimientos, pasiones e instintos.

Nuestros Sabios destacan que cuando uno se somete a rasgos negativos, se condena a estar dominado por aquellos con rasgos similares. Dicho de otro modo, cuando uno se hace esclavo de adicciones destructivas, malos hábitos y actitudes negativas, se hace esclavo del dominio de otros con esos mismos defectos.

Algunos llaman a este predicamento “infierno viviente” y “purgatorio” como lugares y situaciones en las que todo es negativo hasta la saturación, con el fin de hacer aprender completamente lo que significa ser “negativo”.

Hemos mencionado en otros comentarios que algunos dicen que la maldad existente en el mundo es suficiente, aunque en algunas partes parece que se pone peor cada día. Se preguntan si hay tal cosa como la Redención Final que prometen los Profetas en el judaísmo.

Nosotros les decimos que de hecho sí hay Redención Final, y que esta comienza cuando elegimos seguir los caminos y atributos de Amor, en vez de los caminos negativos y destructivos que ego quiere hacer prevalecer.

¡Que la Redención sea y que comience conmigo! Lo hacemos cuando permitimos que Amor dirija y conduzca todos los aspectos de la conciencia, una persona a la vez. Tengamos presente que la Redención empieza primero en nosotros como individuos.

No podemos exigir que otros cambien para bien si no cambiamos primero nosotros. Primero tenemos que elevar todos los niveles de conciencia bajo la conducción de los medios y arbitrios de Amor. Es así como dispersamos y eliminamos a nuestros enemigos, y es así como entendemos “Levántate Eterno y Tus enemigos serán dispersados, y quienes Te odian huirán de delante Ti” porque en la conciencia de Amor estamos unidos al Creador, de ahí que nuestros enemigos lo sean también de Él.

Al terminar otro día de decisiones y desafíos en los que elegimos Amor y no sus opuestos, podremos decir contentos: “Vuelve Eterno a los miles y miles de Israel” y permanece con nosotros, Padre, con quienes te conocemos por Tu amorosa bondad, justicia, verdad y compasión... Tu Amor eterno.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.