Mostrando entradas con la etiqueta conciencia de lo Divino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conciencia de lo Divino. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (XI)

“Mi Amado es mío, y yo soy de Él que se deleita entre las rosas. Hasta que el día comience y las sombras se hayan disipado. Vuélvete Amado mío y sé como un venado o un cervatillo sobre los montes de separación.” (2:16-17)

Vemos aquí otra dulce declaración de amor entre Dios e Israel, cargada de totalidad, entereza y completación, tal como lo son lo infinito y la eternidad. Esta es una relación amorosa que se extiende más allá de tiempo y espacio. La misma trasciende lo que podemos concebir, asimilar o comprender. De ahí que Israel deba ser consciente de lo que todo este representa en términos de su identidad como individuos judíos y como nación judía.

La clave para abordar y asimilar esa identidad es entendiendo los caminos y atributos de Dios, y cómo Él mediante Su amor se relaciona con toda Su creación. Porque amor es el centro, la base y el fundamento de todo lo que Él ha creado en aras de Su amor. Al comenzar a asimilar el alcance del amor de Dios, nos damos cuenta de nuestro amor por Él y de Su amor por nosotros.

El amor compartido entre Dios e Israel tiene un propósito en la vida humana y en el mundo. Al Israel crear un espacio en el mundo (comenzando con nuestra propia conciencia individual) para que Dios viva entre (en) nosotros, Él también nos revela Su presencia para que entremos en la trascendencia de Su amor.

Así también nos hacemos conscientes de que Dios es nuestro y nosotros somos de Él, como lo es Su amor y nuestro amor, el uno para el otro. Para asimilar esto plenamente, primero debemos encontrar la esencia de nuestro amor como una extensión del amor de Dios. Al hacerlo podremos saber verdaderamente cómo amar a Dios.

Este es el comienzo de nuestra redención final. En este sentido, la reciprocidad es fundamental en nuestra relación con Dios. Él constantemente nos manifiesta Su amor de muchas maneras, comenzando por el aire que respiramos. Entonces estamos destinados a reciprocar, emulando y honrando lo mejor que podamos la abundante amorosa bondad de Sus caminos y atributos. Así es como lo amamos de vuelta.

Este amor compartido se deleita entre rosas que representan la belleza y fragancia de los modos y atributos de amor, como complementos de los caminos y atributos del Creador, destinados a prevalecer y reinar en toda la humanidad y en el mundo por la eternidad que nos espera. Esta es la fundación de la era mesiánica tras dejar atrás los desechos de nuestras fantasías e ilusiones junto con sus tinieblas.

Otra vez el Creador invita a Israel a asumir plenamente su verdadera identidad, representada por el venado y el cervatillo mencionados antes en este poema, y reunirse con su Amado sobre los montes de separación. Esto se refiere a dos montañas separadas que se desprendieron de la montaña, tal como está literalmente el hebreo original en la última parte del versículo final en este capítulo, “sobre las montañas de la montaña”.

“La montaña” o “el monte” es el símbolo común de Sión y el Templo de Jerusalén, mencionados por los profetas judíos respecto a la promesa de Dios para la redención final: “Redentores habrán subido al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú, y del Eterno ha sido el reinado.” (Ovadia 1:21)

Hay dos montañas como la dualidad dividida en nuestra actual conciencia humana, reflejada en la constante confrontación entre el bien y el mal para controlar las expresiones en la vida. Este enfrentamiento cesará cuando el poder redentor del amor de Dios sea revelado a Israel ante las naciones.


Este reforzado poder del amor redentor se verá manifiesto en la renovada fortaleza de las tendencias y rasgos positivos en la conciencia que eliminarán todas las formas de maldad de la faz de la tierra. Estos serán los redentores que ascenderán a la montaña de Sión para juzgar (encauzar y conducir) la montaña de Esaú.

domingo, 23 de octubre de 2016

El Cantar de los Cantares: La Historia de Amor entre Dios e Israel (X)

“La higuera habrá madurado sus higos tiernos, y las viñas con su dulce olor habrán emanado su fragancia. Levántate a ti, ven amada Mía, hermosa Mía. Sí, ve a ti.” (Cantar de los Cantares 2:13)

Dios reitera Su invitación a participar en las bendiciones y el bien de los modos y atributos de amor (los higos maduros y la dulce fragancia de las viñas) como expresiones principales en el reino de Su redención final. Una vez más nos pide que nos levantemos a (para) nosotros en Su amor, regresando a nuestra esencia y verdadera identidad.

“Mi paloma [está] en las rendijas de la roca, en el encubierto del ascenso [lit. escalón]. Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz, porque tu voz es dulce, y tu rostro [es] hermoso.” (2:14)

Dios llama nuevamente paloma a Israel, cuya voz anuncia los modos y medios de la era mesiánica. Esta nueva conciencia mora escondida en la roca que representa la presencia de Dios en el mundo y es también el Templo de Jerusalén, ya que este lugar simboliza la conexión y nexo del amor de Dios y el amor de Israel. Este es el lugar oculto del escalón por donde asciende nuestro más elevado nivel de conciencia hacia Dios.

En este elevado nivel el amor de Dios está plenamente revelado a Su amada Israel. Ahí Dios también quiere ver su rostro, el cual revela el bien de las cualidades y rasgos de ella, a quien Él le encomienda ser, tener y manifestar a la humanidad en el mundo material.

Como hemos mencionado varias veces, el bien es el nexo común que Israel comparte con Dios, y también es la voz de Israel. Así el Creador desea oír esa voz y ver las buenas acciones reflejadas en su rostro, porque para Él son dulces y hermosas.

“Las zorras se han apoderado de nosotros, las zorras pequeñas que arruinan las viñas, y [incluyendo] la nuestra floreciendo.” (12:15)

Para consumar Su unión con Israel, como el pacto eterno establecido por Él, ella tiene que cumplir su propósito y misión en el mundo para hacer prevalecer el bien en todos los aspectos y dimensiones de la vida.

Esta tarea implica la remoción de las tendencias y rasgos negativos destructivos producto de las fantasías e ilusiones de ego. Estos son las zorras grandes y pequeñas que destruyen las viñas. Estas últimas son una alegoría de las naciones como emociones, pasiones e instintos básicos, que se vuelven destructivos cuando no son dirigidos y guiados hacia un propósito positivo, constructivo y productivo.

El Creador pide a Israel que remueva estas tendencias y rasgos negativos de su conciencia, porque las cualidades de Israel, como viñas de Él, están florecidas. Estas son los modos y atributos de amor que Dios quiere hacer prevalecer en la conciencia humana.

Todo lo que aprendemos debe ser asimilado dentro de los parámetros éticos de amor, ya que nuestro propósito y misión en el mundo material es hacer prevalecer el bien. Así entendemos que evitar pensamientos negativos y malas acciones (conocidas como pecados y transgresiones) es un acto amoroso hacia nosotros, hacia los demás y para nuestro entorno.

Realmente nos amamos a nosotros mismos y los demás cuando evitamos transgredir entre nosotros. Cuando pecamos, lo hacemos contra lo bueno y contra el amor de donde proviene. Así nos hacemos conscientes de que cuando elegimos vivir por los rasgos negativos generados por las fantasías e ilusiones de ego, rechazamos el bien de amor como la esencia y fundamento de nuestra identidad.

La conexión entre Dios y Su creación es evidente y tangible por la existencia de la vida en el mundo material. Cuando decimos que el amor de Dios crea y sustenta la vida, entonces sabemos de Su presencia en y entre nosotros. Vivimos esta conexión de manera especial en nuestra existencia humana mediante el alma como extensión del espíritu de Dios.

domingo, 23 de junio de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (X) Zacarías

"Regocíjate inmensamente, oh hija de Sión, oh hija de Jerusalén. He aquí que tu rey viene a ti. Él es justo y redentor, humilde, y montado sobre un asno, y sobre un pollino hijo de asnas." (Zacarías 9:9)

En este punto de su mensaje, el Profeta se refiere a rey ungido considerado por nuestros Sabios como el Mesías judío. Ellos nos enseñan que él encarna las virtudes del rey David (sobre las que comentaremos posteriormente) y, en torno al versículo de arriba, humildad es uno de los rasgos primordiales de la Conciencia Mesiánica. Este rasgo es mencionado en el contexto de rectitud y redención, y enfatizado al acompañarlo de la sencillez simbolizada por los asnos, que también representan la fuerza para sostener cargas pesadas.

El significado tradicional de la palabra rectitud en hebreo está relacionado con hacer lo correcto, justo y apropiado. Se trata de cualidades relacionadas con intenciones positivas en aras de resultados positivos. Somos rectos debido a buenos principios, pensamientos, emociones y sentimientos que nos motivan a cumplir su propósito. Por ello el término generalmente es traducido como "caridad", aunque su fin es actuar por Amor como la motivación fundamental detrás de lo que es correcto. Esta premisa nos conduce al resultado que todos anticipamos. Estamos aliviados, realizados, cuidados, curados y protegidos como efecto de lo que sigue a la rectitud en ese versículo: Redención.

Así concebimos y asimilamos los modos y atributos de Amor, como los cimientos que sostienen nuestra Redención individual y colectiva. De ahí que la Conciencia Mesiánica se base en vivir por estos modos y atributos que nos hacen ser y hacer lo correcto. Conociendo de dónde provienen entendemos que todos pertenecen a la humidad. Este rasgo esencial es contrario a la soberbia como la ausencia de las cualidades positivas mencionadas antes. Así entendemos las fantasías e ilusiones como resultados de los deseos materialistas de ego, que no nos motivan a actuar de acuerdo a los modos y atributos de Amor. En la Redención que todos añoramos no hay lugar para nada opuesto a los rasgos positivos que caracterizan la Conciencia Mesiánica.

"Y cortaré los carruajes de Efraín, y los caballos de Jerusalén, y el arco de batalla [también] será cortado, y él hablará paz a las naciones; y su dominio será de mar a mar, y desde el río hasta lo confines de la Tierra." (9:10)

La Conciencia Mesiánica se manifiesta como el principio integrador, unificador y armonizador que remueve y transforma tendencias y rasgos negativos. En particular aquellos que generan división, conflicto, confrontación y disputa, que culminan en guerra y destrucción. Estos son los carruajes, caballos y arcos de batalla, que además representan las armas de ego para hacer prevalecer sus fantasías e ilusiones negativas. Estas armas rodean, afligen y desolan Jerusalén como el nivel más elevado de la conciencia en el que estamos permanentemente conectados con el Creador. Efraín acá representa las Tribus de Israel como el heredero de la Primogenitura investida en su padre José.

Una vez las tendencias y rasgos negativos de la conciencia son removidos mediante las cualidades redentoras de la Conciencia Mesiánica, esta conducirá todos los aspectos y facetas de la vida con los modos y atributos de Amor ("y su dominio será de mar a mar, y desde el río hasta lo confines de la Tierra"). El Profeta se refiere al ungido que actúa en humildad como el pacificador entre las naciones, lo que significa que el poder de la paz es capaz de unificar todos los aspectos y dimensiones de la conciencia, para todos y cada uno de nosotros en este mundo.

Paz y armonía son los efectos de los modos y atributos de Amor, como rasgos positivos necesarios para desaparecer la maldad de la faz de la Tierra. En este sentido, el rey ungido anunciado en la profecía judía representa la Conciencia Mesiánica que prevalecerá cuando abracemos Amor como la manifestación material del Amor de Dios, y como nuestra Esencia y verdadera identidad.

"Porque los ídolos hablan vanidad, y los adivinadores ven mentira; y cuentan sueños de ilusión. Ellos confortan en vano porque anduvieron como rebaño. Fueron afligidos porque no había pastor." (10:2)

Una y otra vez nuestros Profetas nos advierten acerca de las fantasías e ilusiones de ego como los ídolos que nos hacen vivir en lo vano e inútil. Queremos comodidad y satisfacción en ellos al dedicarles nuestras energías. Al despertar de ellas nos damos cuenta que lo bueno prevalente de los modos y atributos de Amor no está en nuestra vida. Abrazamos nuestra Esencia y verdadera identidad como el primer paso hacia nuestro retorno al Creador, que nos dio lo que realmente somos. Al regresar al Él, Su Amor fortalece nuestra convicción de vivir en Sus caminos y atributos.

"Y Yo fortaleceré la casa de Judá, y Yo redimiré la casa de José, y Yo los traeré de regreso porque Yo tengo compasión de ellos, y ellos estarán como si no los hubiera desechado; porque Yo soy el Eterno Su Dios, y Yo los oiré." (10:6)

Cuando la Conciencia Mesiánica esté entronizada como el principio redentor anunciado por nuestros Profetas, las tendencias y potenciales positivos comenzarán a dar frutos. Hemos dicho muchas veces en este blog que las Tribus de Israel representan las tendencias y potenciales positivos destinados a revelar la Presencia de Dios, creando un espacio para que Él habite entre nosotros, tal como lo Él lo encomienda en la Torá y a través de Sus Profetas. Ellos nos recuerdan que el Creador sabe de nuestra añoranza de Él, y en Su compasión espera nuestro retorno a Él.

"Y aquellos de Efraín será como un hombre poderoso, y su corazón se regocijará como con vino; sí, sus hijos lo verán y se regocijarán, su corazón se alegrará en el Eterno. Yo los llamaré y los reuniré, porque Yo los he redimido; y ellos se multiplicarán como se han multiplicado." (10:7-8)

Tengamos presente siempre en nuestros corazones que la Redención Final se manifiesta cuando nuestro retorno al Creador sea completo, cuando nuestro Amor y Su Amor se junten y vivan juntos por siempre.

"Y el Eterno es Rey sobre toda la tierra, en ese día hay un solo Dios, y Su Nombre uno." (14:9)

domingo, 17 de febrero de 2013

Tetzavé: Realizando Nuestro Nexo con el Creador

Una de las definiciones del Tabernáculo o Santuario [Templo de Jerusalén], además de ser una ubicación geográfica específica en la tierra de Israel, es un tiempo y espacio en nuestra conciencia en los que estamos unidos permanentemente con el Creador.

El Profeta nos los recuerda.

“Así dijo Dios el Eterno: 'Porque Yo los envié lejos entre las naciones, y porque los dispersé a través de tierras, Yo también soy para ellos un pequeño Santuario en tierras adonde ellos [los hijos de Israel] han ido'.” (Ezequiel 11:16)

Hay un Templo en el más alto nivel de la conciencia, y también un Sumo Sacerdote que realiza esta conexión. Este lugar en la conciencia indica lo que procuramos.

“Porque Tú, oh Eterno, eres mi refugio, en lo más elevado Tu has establecido Tu morada” (Salmos 91:9)

El Rey David se refiere a Sión/Jerusalén en muchos de sus salmos para expandir nuestro conocimiento de lo que significa estar cerca de Dios. ¿Qué tipo de lugar en nuestra conciencia es aquel que Él más desea para que Él y nosotros estemos juntos? Hemos repetido con frecuencia que Amor es nuestro nexo común con Él, y estos versículos lo reafirman.

“Porque el Eterno ha escogido a Jerusalén, Él la ha deseado para Su morada: 'Esta es Mi morada para siempre. Aquí viviré, porque Yo la he deseado'.” (132:13-14)

Tetzavé destaca el Mandamiento como conexión con ese medio llamado Santuario, que también es el tiempo y espacio que compartimos con Sión/Jerusalén, al que se refiere David en sus salmos de alabanza. Es el nexo donde el Santuario y el Sumo Sacerdote son uno solo. Ambos inclusive comparten los materiales de los tejidos de sus mantos, que los hijos de Israel traen como ofrendas tomadas de su corazón para el Creador.

Recurramos a las alabanzas de David para alcanzar un mayor conocimiento de esta conexión.

“Glorifica al Eterno, oh Jerusalén, alaba a tu Dios, oh Sión. Porque Él ha reforzado los cerrojos de tus portales. Él ha bendecido a tus hijos dentro de ti. Él ha hecho paz dentro de tus muros. Él te sacia del mejor de los trigos (...)” (147:12-14)

Debemos ser conscientes de que emanamos del Amor de Dios. En este verdaderamente vivimos a plenitud lo bueno que es Él, y lo bueno que Él quiere para nosotros, siempre que elijamos estar cerca de Él. Su Amor es nuestro sustento como la bendición que Él es y de donde provienen todas las bendiciones

“Su provisión [la de Sión/Jerusalén] Yo bendigo con abundancia, a sus necesitados Yo los sacio con pan, y a sus sacerdotes Yo los visto con Redención; y sus piadosos cantarán con voz alta.” (132:15-16)

En el Amor de Dios es donde todos queremos vivir.

“¡Mi Dios es mi roca [sobre la que me recuesto y apoyo], en Él tomo refugio; mi escudo [protector], y el shofar de mi Redención; mi torre elevada, y mi refugio! ¡Mi Redentor que me salva de la violencia!” (2 Samuel 22:3)

Así nos lejamos del malestar derivado de las fantasías e ilusiones de ego, de las que tratamos de escapar.

“Acontecerá que quien llame en el Nombre del Eterno será redimido. Porque en el monte Sión y en Jerusalén habrán aquellos que escapan, como ha dicho el Eterno, y entre el remanente de aquellos que llaman al Eterno.” (Joel 2:32)

En este conocimiento nos damos cuenta que Amor es nuestro nexo permanente con el Amor de Dios.

“El Eterno tu Dios está en medio de ti, Uno poderoso que redimirá. Él se regocijará en ti [Sión/Jerusalén] con alegría. Él te confortará con Su Amor. Él se alegrará en ti con cánticos.” (Sofonías 3:17)

Una vez más reiteramos que el Sumo Sacerdote es el mayor nivel de conciencia, lejos de las cadenas que nos atan en el cautiverio de las fantasías e ilusiones de ego. El Sumo Sacerdote tiene el poder de convocar y unir los demás niveles y dimensiones, representados por los diferentes materiales de sus vestiduras.

Este máximo nivel de conciencia está destinado a integrar y armonizar cualidades y rasgos opuestos que forman parte de lo que somos. El propósito no es reprimir o acallar los niveles inferiores de la conciencia, sino de conducirlos en los caminos y atributos del Creador, de los cuales provienen los modos y atributos de Amor. Al lograr esta formidable tarea también realizamos nuestra conexión con el Creador.

De la misma manera el Amor de Dios integra y une la diversidad de Su Creación. Él no espera menos de nosotros. Con nuestras opciones y decisiones determinamos nuestras vidas y el mundo donde vivimos. De ahí que dependa de nosotros corregir lo que hemos alterado. Ver en este blog nuestro comentario sobre Tetzaveh: “Viviendo Nuestra Unidad con el Amor de Dios” del 26 de febrero de 2012.

Nuestra capacidad de armonizar cada parte que define nuestra conciencia es también el medio para encontrarnos con el Creador. Él es nuestro Dios que nos encomienda no tener dioses de otros ante Su Presencia. Esto quiere decir que tenemos que venir a Él en Sus caminos y atributos, y en nada diferente.

“Porque en Mi Monte Sagrado, la montaña elevada de Israel, declara el Eterno que reina, ahí en la [esa] tierra toda la casa de Israel Me servirá, y Yo los aceptaré. Ahí Yo requeriré vuestras ofrendas y vuestras primicias, junto con todos vuestros sacrificios sagrados.” (Ezequiel 20:40)

Nuestras primicias son lo mejor que podemos hacer de cada parte de nosotros, bajas o altas, con el fin de consagrarlas a Su voluntad.

El salmista también se refiere a esta tarea.

“Alabad al Eterno desde la tierra, monstruos marinos, y todos [los que viven en] los abismos. Fuego y granizo, nieve y vapor, viento tempestuoso, que cumplen Su palabra. Montañas y todas las colinas, árboles frutales y todos los cedros. Bestias y todo ganando, reptiles y pájaros alados. Reyes de la tierra y todas las naciones, príncipes y todos los jueces de la tierra. Adolescentes y doncellas, ancianos y niños. Que alaben ellos el Nombre del Eterno, porque Su Nombre solo es exaltado. Su Gloria está sobre la Tierra y el Cielo” (Salmos 148:7-13)

Ya hemos dicho que Su gloria es Su Amor.

La ausencia física del Templo urgió a nuestros Sabios a instituir los tres rezos diarios en lugar de las ofrendas cotidianas. Orando es como nos compenetramos con Dios por casi dos mil años.

Nuestros Sabios sabían que la Presencia Divina está con nosotros como un pequeño Santuario (ver al inicio la cita de Ezequiel 11:6) dentro de cada uno de nosotros, y los rezos se convierten en los sacrificios que traemos a Él. En ellos estamos unidos en nuestro Amor a Él.

“(...) porque Él es bueno, porque Él es grato, merece alabanza. El Eterno es el reconstructor de Jerusalén. Él recogerá a los dispersos de Israel. Sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas.” (Salmos 147:1-3)

Tetzavé termina con la consagración del incienso, que nuestros Sabios destacan como la culminación de nuestra compenetración con el Creador.

“Y Aarón hará incienso (...) incienso continuo ante el Eterno por [todas] vuestras generaciones.” (Éxodo 30:7-8)

Diariamente suplicamos al Creador que restaure Su Presencia en Sión, una y otra vez.

“Tú eres nuestro Dios, Tú eres nuestro Amo, Tú eres nuestro Redentor. Tú nos salvarás. Tú Te levantarás y Te compadecerás de Sión, pues es hora de ser compasivo con ella. Ha llegado el momento señalado.” (Salmos 102:14)

Y nuestros Sabios inmediatamente agregan en los rezos.

“Tú eres el Eterno nuestro Dios y Dios de nuestros padres, ante quien nuestros antepasados quemaban la ofrenda de incienso”.

Porque en nuestra unión con el Creador estamos redimidos.

domingo, 10 de febrero de 2013

Terumá: Construyendo una Casa para el Creador

¿Cómo construimos una casa para que Dios viva en nosotros? Nuestros Sabios nos dicen que las referencias sobre la Casa de Dios en la Torá son la montaña que Él le mostró a Abraham, el campo donde oró Isaac, y la piedra donde Jacob tuvo el sueño de la escalinata. Estos son lugares físicos que representan tres maneras de acercanos al Creador.

Uno de los significados de terumá es ofrenda, y aprendemos que el preludio para construir Su casa es lo que tenemos para ofrecer, según lo que nuestro corazón nos motive a dar para ese propósito. Vemos varios elementos en ese proceso. No podemos dar lo que no tenemos, ni podemos ser lo que no somos.

En este sentido lo que tenemos es lo que somos, de ahí que demos de acuerdo a lo que abarca nuestra identidad. A menudo citamos a nuestros Sabios cuando se preguntan, “¿Quién es rico?” y responden “Aquel que es feliz con su porción”.

Ellos se refieren a “porción” o “lote” en diversos niveles que van desde posesiones materiales y bienestar personal hasta plenitud espiritual. Otros llaman a esa porción la relación de cada individuo con Dios. De ahí que nuestra felicidad dependa de nuestra relación con Él, especialmente sabiendo que todo lo que somos y poseemos proviene de Él. Por lo tanto nuestra felicidad depende de nuestra relación con Él.

Es así como asimilamos que lo que ofrecemos a Dios para construir una casa para Él, como el tiempo y espacio de nuestra conexión con Él, proviene de cuán ricos o pobres seamos en nuestra relación con Él. Dicho de otro modo, entre más lo amamos más cerca estamos de Él. Así nos damos cuenta que Amor es nuestra porción.

También así entendemos lo que significa “(...) de cada hombre cuyo corazón le motive a tomar Mi ofrenda” (Éxodo 25:2) y seamos conscientes de que esta ofrenda es tomada y no dada a Dios.

“Habla a los hijos de hijos de Israel, que tomen para Mí una ofrenda (…)” (25:2)

La idea detrás de tomar y no dar nos conduce a saber que lo que somos y tenemos proviene de Dios, de ahí que tomemos de lo que Él nos da con el fin de entregarlo a Él.

No se trata de un juego de “toma y dame” sino de elevar el conocimiento de nuestra relación y nexo con el Creador. Tomamos nuestro Amor para estar cerca de Su Amor. Es otra manera de decir que Amor es nuestro nexo común con Dios. Es la manera de darnos cuenta que nuestra porción es Amor como lo que recibimos de Dios para unirnos a Él.

Dijimos arriba que hay varios elementos vinculados a este conocimiento. Amor primero como nuestra identidad y más valiosa posesión, luego la intención que nos motiva a construir nuestra conexión permanente con Dios, y finalmente los niveles y dimensiones de nuestra conciencia material integrados en lo que somos.

Abraham es la montaña, Isaac el campo, y Jacob la piedra con los que construimos la Casa de Dios, para que Él pueda habitar entre (en) nosotros. Una montaña representa la magnitud de una concepción o creencia. Un campo representa la manera como adoptamos una concepción o creencia. Una piedra representa la conexión permanente entre la concepción o creencia y quien la tiene.

Los niveles y dimensiones a los que nos referimos son los aspectos y cualidades de la conciencia, incluyendo discernimiento, pensamiento, emociones, sentimientos e instintos, sumados a cualidades, talentos y destrezas individuales.

Como mencionamos anteriormente (ver nuestros comentarios sobre la parshat Terumá: “Elevando la Vida al Amor de Dios” del 30 de enero de 2011 y “El Santuario como Conexión con el Amor de Dios” del 19 de febrero de 2012 en este blog), todos estos son los elementos requeridos por Dios para construir nuestro nexo permanente con Él, representados por el oro, la plata, el cobre, el lino, el aceite de oliva, la madera de acacia, etc.

El mensaje es que no hay nada superior o inferior en ninguno de esos elementos, ya que todos son parte de cómo Dios nos creó. No tiene por qué haber juicios respecto a cómo son porque todos sirven el propósito común en la motivación de estar cerca de nuestro Creador.

También mencionamos que nuestros Sabios relacionan el cobre (de menor valor comparado con la plata y el oro) con los aspectos inferiores de la conciencia esenciales para sostener el Tabernáculo.

“Todos los instrumentos del Tabernáculo en todo lo que sirven, y todos los clavos de aquel, y todos los clavos del tendido serán de cobre” (27:19)

Entonces tenemos que valorar y apreciar aún más los aspectos inferiores de la conciencia porque sobre ellos sostenemos y afianzamos Amor como la casa que construimos para que el Amor de Dios habite en nosotros.

De ahí que tenemos que aplicar el poder y la fuerza motriz del ego, las pasiones e instintos en nuestras emociones, sentimientos y pensamientos hacia la manera como vivimos Amor como nuestra verdadera identidad. Amor como lo que somos, tenemos y hacemos, y como nuestra más valiosa posesión.

Amor también es la fuerza abarcadora e integradora en nuestra conciencia para construir la casa como el nexo permanente con el Amor de Dios. En la Torá Él nos muestra los caminos, los medios y los atributos para lograr ese propósito. La Torá es también el lugar de encuentro como conexión.

“Y en el Arca tú pondrás el Testimonio [la Torá] que Yo te daré. Y ahí Yo me encontraré contigo, y Yo hablaré contigo desde encima de la tapa del Arca, de entre los dos querubines que están sobre el Arca del Testimonio, de todas las cosas que Yo te daré en mandamiento para los hijos de Israel.” (25:21-22)

Construimos una casa para Dios con lo que Él ya nos ha dado. Amor como la manifestación material del Amor de Dios es la porción que sustenta nuestra vida. De esta porción tomamos para revelar Su Presencia entre nosotros, en nosotros, y en el mundo material. Podremos revelar Su Presencia al remover los aspectos negativos de la conciencia a través de los modos y atributos de Amor.

“Dichosos son aquellos que residen en Tu Casa, ellos te alabarán eternamente. Dichoso el pueblo cuyo destino es este, dichoso es el pueblo cuyo Dios es el Eterno” (Salmos 84:4, 144:15), “¡Dichosos son aquellos que Tú has elegido [los hijos de Israel] y traído cerca para vivir en Tus patios! Nos llenamos con las cosas buenas de Tu Casa, de tu Sagrado Templo” (65:4).

domingo, 3 de febrero de 2013

Mishpatim: Aprendiendo a Vivir en el Amor de Dios

Las fantasías e ilusiones de ego corresponden a la idolatría, como los modos y atributos de Amor corresponden a la libertad real. En este sentido la idolatría es lo opuesto a la libertad. Mientras nos postremos a lo que restringe nuestra libertad estaremos atrapados en ello. Lo podemos llamar una actitud negativa ante la vida, adicciones, malos hábitos o bajas pasiones, derivados de una falsa creencia o sentimiento de carencia. Estos son los “falsos dioses” de las “naciones” que estamos encomendados a rechazar, subyugar, conquistar y destruir: “No te postrarás ante sus dioses, y no los adorarás, y no harás como ellos, sino que los destruirás y derrumbarás sus altares” (Éxodo 23:24) esto como parte de una anterior advertencia sobre esto: “Concerniente a todo lo que Yo te he dicho, estarás atento, y los nombres de los dioses de otros tú no mencionarás; no se oirá de tu boca” (23:13)

Esta porción de la Torá contiene varias leyes como Mandamientos precedidos por advertencias contra la idolatría (al final de la porción inmediatamente anterior), y seguidas por advertencias similares como indicamos arriba. Hemos dicho que uno de los mensajes fundamentales de la Torá es la condena de la idolatría como el mayor obstáculo para vivir una conciencia superior dirigida a conectarnos permanentemente con nuestro Creador. Esto lo vemos de principio a fin en la Torá. Desde la transgresión en el Jardín del Edén, considerada como una “caída” en los deseos, fantasías e ilusiones de ego (representados por la seducción de la serpiente a Eva). La idolatría de ego en torno a su actitud centrada en sí mismo como lo vivió la generación del Diluvio. Más engrandecimiento de la concepción egocéntrica de ser su propio dios en la generación de la Torre de Babel. Más idolatría en los tiempos de Abraham, más egolatría con el faraón en Egipto, el Becerro de Oro, y demás variaciones idolátricas en nuestros tiempos.

Debemos aprender de nuestra destreza en materia de control egocéntrico, tanto en nuestras vidas individuales como en la cultura, modas, ideologías, creencias, patrones de comportamiento, obsesiones, hábitos y adicciones. Tenemos que conocer a fondo los falsos dioses que veneramos, y los ídolos a los que servimos. En este proceso podemos diferenciar entre las fantasías e ilusiones producto de nuestra propia invención a partir de un sentimiento de carencia. Hemos señalado muchas veces que el “pecado” en el Jardín del Edén fue el resultado de una falsa creencia derivada del deseo de ego de convertirse en su propio dios. Una vez sepamos el origen real de nuestras fantasías e ilusiones, reconoceremos que Amor, como manifestación material del Amor de Dios, es nuestra Esencia e identidad. Cuando asimilemos que sin Amor estamos muertos en los espejismos de las ilusiones de ego, podremos retornar a lo que es verdaderamente real.

Es por ello que la Torá nos instruye que hay leyes que nos hacen entender los Diez Mandamientos entregados en la pasada porción. Tenemos que reiterar que los modos y atributos de Amor contienen sus fundamentos éticos. Amor no es tal sin sus principios y valores. Hay una manera de amar y esta se aplica universalmente a quienes afirman amar. Así es como rechazamos y condenamos a quienes pretenden no ser juzgados, alegando que obedecían órdenes cuando asesinaban gente inocente. Son los mismos que, apoyándose en ideologías nefastas, odian, instigan y perpetran masacres, con el cinismo de ampararse en su amor por la patria, por sus cónyuges y por sus hijos. Así entendemos que sus malvadas ideologías, creencias destructivas y sentimientos negativos son los dioses e ídolos que veneran, y en los que terminan convertidos. Ver nuestros comentarios sobre la parshat Mishpatim: “Las Leyes del Amor de Dios” del 23 de enero de 2011, y “Las Leyes de la Torá como Amor de Dios” del 12 de febrero de 2012 en este blog.

El Rey David nos abre los ojos para despertar de las invenciones de ego: “Ellos [ídolos] tienen manos, mas no pueden tocar. Tienen piés, más no pueden caminar, ni tampoco hablar por su garganta. Aquellos que hacen ídolos terminan convirtiéndose en estos” (Salmos 115:7-8), y nuestros Profetas lo reafirman: “¿Qué valor tiene un ídolo, si un hombre lo ha tallado? ¿O una imagen que enseña mentiras? Porque el que los hace confía en su propia invención (...)” (Habacuc 2:18), “Aquellos que hacen ídolos son nada, y las cosas que atesoran no valen nada. Aquellos que hablasen por estos están ciegos; son ignorantes, [sirven] a su propia vergüenza” (Isaías 44:9) La lección de la idolatría es para hacernos retornar a la verdadera realidad que es Dios: “Mas al Eterno vuestro Dios serviréis, y Él bendecirá tu pan y agua, y Yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti” (Éxodo 23:25) porque Él es la bendición de donde provienen todas las bendiciones: “No habrá mujer que aborte ni [ninguna] estéril en tu tierra; y Yo colmaré el número de tus días” (23:26) Otra vez el Amor de Dios nos recuerda que Él no cohabita con nada diferente a Sus caminos y atributos: “No harás alianza con ellos ni con sus dioses. En tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra Mí sirviendo a sus dioses, porque será un tropiezo para ti” (23:33)

Las leyes en esta porción nos enseñan que la vida es un proceso de aprendizaje, de la esclavitud a la libertad. En nuestros comentarios anteriores sobre esta porción decimos que nuestros Sabios explican estas leyes, no para justificar ni promover la esclavitud sino para entenderla como el servicio que la gente debe realizar luego de haber perdido el privilegio de conducir sus propias vidas. Ellos además explican que la esclavitud debe entenderse como el servicio necesario para recuperar la libertad. En este contexto, los amos de alguien que es vendido son los maestros, reglas y normas que debemos asimilar para no caer en una situación negativa que nos haga perder nuestra libertad. En este sentido, libertad es el privilegio de conducir nuestras vidas en los modos y atributos de Amor y no en las tendencias negativas de los deseos, fantasías e ilusiones de ego. Así entendemos que Amor es nuestra libertad mientras vivamos en las leyes y ordenanzas de sus modos y atributos. Contrario a la idolatría como esclavitud bajo los dominios de ego.

domingo, 20 de enero de 2013

Beshalaj: Haciéndonos Conscientes del Amor de Dios

Una de las principales lecciones del Éxodo de Egipto en torno a la relación entre los hijos de Israel y el Creador es la confianza. Necesitamos confiar en lo que es la libertad para romper con la esclavitud. En este sentido confiar es la consecuencia de conocer. Confiamos en algo o alguien siempre y cuando sepamos que podemos depender de aquel. La fe no es ciega cuando está precedida por confianza, como resultado de saber: “Conócelo a Él en todos tus caminos, y Él allanará tus senderos” (Proverbios 3:6) Mientras conozcamos los caminos de Dios como si fueran nuestros, sabremos hacia dónde vamos.

Cuando estamos atados a adicciones dañinas y conducta negativa, la única salida de estas es el conocimiento como certeza de que hay algo mucho mejor que nos espera. Algunos no ven una salida simplemente porque no creen que hay algo mejor afuera. Este es el caso cuando nada de lo que oímos o consideramos como salida ofrece una verdadera alternativa a nuestra situación actual, no importa cuán negativa pueda ser esta. Podríamos identificar esta actitud como depresión. Si no hay una cura efectiva entonces necesitamos un milagro.

Este fue el caso de la mayoría de los hijos de Israel al final de su cautiverio en Egipto. No necesitaban un milagro sino muchos para recuperar la creencia en algo superior a las vidas vacías bajo el dominio del faraón. La promesa del Creador de traerlos a la tierra que Él les aseguró sus ancestros, a través de milagros tales como las Plagas, no parecían suficientes. Aún dudaban de la bondad que estos milagros les anunciaban. Entonces el asunto no era creencia, fe o confianza, sino duda e incertidumbre. En este contexto comprendemos mejor por qué hacer desaparecer el recuerdo de Amalek no es sólo uno Mandamiento de Dios. También nos encomienda a recordar diariamente lo que Amalek hizo a los hijos de Israel durante su salida de Egipto. Nos referimos a este tema en nuestro comentario sobre Beshalaj: “Amor como Sentido de la Vida” del 29 de enero de 2012.

La lección por lo tanto es encontrar el verdadero sentido de la vida como el Creador nos lo enseña en la Torá, y vivir por, para y con dicho principio todo el tiempo. Este sentido de la vida, como lo indicamos antes, es Amor como el remedio de todas las dudas, incertidumbres e indecisiones. Amor es lo que necesitamos creer, lo que debemos conocer, lo que tenemos que vivir, y en lo que estamos obligados a confiar. Lo hacemos precisamente porque Amor es nuestra Esencia y verdadera identidad. No podríamos hacerlo si Amor no es parte de nosotros. Cuando comenzamos a reconocer esto, también comenzamos a conocer la conexión permanente con nuestro Creador. 

Primero debemos hacernos conscientes de Amor para poder relacionarnos con el Amor de Dios. No hay otra manera. Si no creemos, sabemos o confiamos en lo que realmente somos, ¿entonces cómo lo podemos hacer con Dios? En este sentido tenemos que dedicarnos en serio a la tarea de reconocer nuestra identidad a partir de las ilusiones y fantasías de ego. Este es el dilema que enfrentaron nuestros ancestros en el Éxodo, y que enfrentamos a diario en nuestras vidas. Es por ello que recordamos todos los días la transición de esclavitud a libertad en los rezos judíos. Se trata de la lucha constante por nuestra Redención final de las ilusiones en el mundo material.

Nuestros ancestros una y otra vez desconfiaban de Dios a pesar de Sus milagros, porque la referencia que tenían acerca de su identidad era la esclavitud. Una y otra vez desafiaron al Creador, y no lo reconocían a Él porque no sabían que de Dios emana todo lo que existe. Las Diez Plagas y los milagros, tales como la separación del Mar Rojo y el Maná, no fueron suficientes porque no eran reconocidos como parte de su propia conciencia. Dicho de otro modo, todo lo que hace el Creador debemos asimilarlo como parte de nosotros, porque provenimos de Él. En ese momento decimos, “El Eterno es mi fortaleza y mi alabanza, y Él es mi Redención; este es mi Dios y lo glorificaré; el Dios de mi padre, y lo exaltaré a Él” (Éxodo 15:2)

Nuestros Sabios explican que la destrucción total del ejército del faraón en el Mar Rojo, fue la señal definitiva para que los hijos de Israel confiaran en Dios. Una vez no hubiese peligro real de morir o de ser traídos de vuelta a Egipto, no habría nada qué temer. Nuestros Sabios mencionan esta como la razón de la memorable Canción del Mar (15:1-19) contenida en el libro de rezos judíos. El reconocimiento del Amor de Dios como la fuente de nuestra Esencia e identidad es el comienzo para hacernos conscientes de nuestra inherente conexión con Él. Esto explica las palabras de dicha canción respecto a nuestro nexo permanente con el Amor de Dios: “En Tu Amor eterno Tú conducirás al pueblo que Tú has redimido. En Tu fortaleza, Tú los guiarás a Tu morada sagrada” (15:13)

Como dijimos antes, Amor es nuestro nexo común con el Creador que se manifiesta en un tiempo y espacio conocidos como el Templo de Jerusalén: “Tú los traerás y los plantarás en el monte de Tu heredad, el lugar fijo de Tu morada que Tú has hecho, oh Eterno; el Santuario, oh Eterno, que Tus manos han establecido” (15:17) Así es como nos damos cuenta de que nuestra conexión con el Creador es permanente: “El Eterno reinará por siempre jamás” (15:18) y el comienzo de este conocimiento radica en nuestra Esencia e identidad. Este también es el comienzo de nuestra creencia, fe y confianza fundamentales. El Rey David nos lo recuerda: “Oh Eterno de multitudes, dichoso el hombre que confía en Ti” (Salmos 84:12) al igual que el Profeta: “Pero bendito es el hombre que confía en el Eterno, cuya confianza está en Él” (Jeremías 17:7) y el contexto de esta confianza es el apego al Amor de Dios, a diferencia de depender de las fantasías e ilusiones de ego. Estos son los ídolos y los falsos dioses creados por la arrogancia: “Bendito es el hombre que hace del Eterno su confianza, [y] que no se fija en los soberbios, en aquellos que se inclinan a falsos dioses” (Salmos 40:4)

El Amor de Dios nos hace conscientes de lo buenos que son los modos y atributos de Amor, mediante los cuales vemos Luz en medio de las tinieblas de las fantasías e ilusiones de ego. El Creador Se reveló a nuestros ancestros con Sus milagros en aquel tiempo. También nos revela Sus milagros a nosotros cada día. La lección es vivirlos cuando se nos presentan también como nuestro nexo común Él.

domingo, 13 de enero de 2013

Bo: Liberándonos de los Dominios de Ego

El mensaje esencial del libro del Éxodo es la transición de la esclavitud a la libertad, y debemos asimilarlo como un proceso continuo en todos los niveles de la conciencia. La libertad es relacionada generalmente a un estado sin limitaciones, en el que estamos separados de cualquier cosa que nos somete contrario a nuestra voluntad, y a pesar de nuestro libre albedrío. Tenemos que integrar esta definición general a lo que somos capaces de discernir y que queremos discernir. A lo que pensamos y queremos aprender. A lo que deseamos y queremos experimentar con nuestra mayor intensidad. Entonces se trata de cómo exactamente queremos vivirlo. En este punto decisivo tenemos que poner atención a quién o qué responde la pregunta, ya sea ego con sus fantasías e ilusiones o Amor con sus modos y atributos.

En esta tercera porción del libro del Éxodo, el faraón como actitud egocéntrica extrema ante la vida se presenta a sí mismo como el máximo antagonista que el Creador jamás tuvo entre humanos. No vemos en ninguna parte de la Torá una relación similar entre Dios y alguna de Sus criaturas.

El faraón es elocuentemente definido como el único ser humano que se atrevió a desafiar la voluntad del Creador, además de negarse a reconocerlo como el único Dios que posee y controla Su Creación (¡incluido el faraón, por supuesto!). Nuestros Sabios tienen toda la razón al igualar al infame rey de Egipto con la poderosa fuerza motriz que conocemos como ego. Seamos verdaderamente honestos con nosotros mismos y admitamos lo cierto que hay detrás de esto.

La mayoría de lo que pensamos o creemos en nuestra conciencia, y lo que pensamos o creemos fuera de esta, es el resultado de nuestra posición “personal” e “individual” egocéntrica ante la vida (ver nuestros comentarios anteriores sobre la Parshat Bo: “Luz como Nuestro Destino” del 1 de febrero de 2011, y “De la Oscuridad a la Luz” del 22 de enero de 2012).

Dejemos de evadir el hecho de que somos los dioses de nuestra existencia individual, ¡y además convencidos de que la controlamos! Y como si fuera poco, de que también controlamos a otros (o tratamos de hacerlo). En este sentido probablemente una buena cantidad de agnósticos y ateos deben sus creencias a sus respectivos egos. La Torá resume este tipo de mentalidad así: “Entonces Moisés y Aarón vinieron al faraón y le dijeron, 'Así ha dicho el Eterno, el Dios de los hebreos: “¿por cuánto tiempo más te negarás a ser humilde ante Mí”?'” (Éxodo 10:3).

En el caso del faraón, su egocentrismo era tan extremo que lo condujo a destruir su propia conciencia, y sus dominios: “Los sirvientes del faraón le dijeron, '¿Hasta cuándo esto será un obstáculo para nosotros? Deja que el pueblo [de Israel] se vaya y sirvan a su Dios. ¿Acaso aun no has visto que Egipto está perdido'?” (10:7).

Arriba mencionamos que tenemos que escuchar, ya sea la voz de ego como portavoz de fantasías, deseos e ilusiones materialistas o la voz de Amor como portavoz de lo bueno para la vida. Hemos repetido muchas veces en este blog que el judaísmo define Amor no como pensamiento, emoción, sentimiento o pasión, sino como el principio ético detrás de estos.

Amor por sí mismo es un fundamento ético, como manifestación del Amor de Dios que igualmente contiene valores, principios, modos, medios y atributos. El Creador nos enseña a amar de la manera en la que Él nos ama. Nuestra referencia de Amor es el Amor de Dios, y nada más.

Este fundamento ético nos muestra sus modos y atributos para que con ellos conduzcamos todos los niveles y dimensiones de la conciencia: “Moisés dijo, 'con nuestros jóvenes y con nuestros ancianos iremos, con nuestros hijos y con nuestras hijas, con nuestros rebaños y con nuestro ganado iremos, porque es una festividad del Eterno para nosotros'. (10:9).

Este último versículo es primordial para entender que nuestro nexo con el Creador existe prescindiendo de edad o género.

También nos recuerda que cuando nos reunimos en las plegarias (las cuales reemplazaron las ofrendas de sacrificios en el Templo de Jerusalén), estamos unidos y juntos en círculo ante Dios.

Ya hemos dicho en otros comentarios que la palabra hebrea para “festival” significa “reunirse en círculo” o hacer un círculo.

También indicamos que esta actitud circular es exactamente opuesta al modelo piramidal de la sociedad representada por Egipto bajo el mando del faraón. Este modelo es resultado de la mentalidad egocéntrica que impone separación según la conveniencia y los caprichos de ego. A pesar de su destrucción por voluntad de Dios para presentar a Israel ante la humanidad como el modelo circular apropiado para la sociedad, el modelo piramidal continuó imponiéndose en Babilonia, Persia, Grecia, Roma, y otras naciones hasta nuestros tiempos.

Esta mentalidad piramidal divide la sociedad en niveles, castas, clases y categorías en las que supuestamente hay seres humanos inferiores y superiores. La misma engendra y justifica ideologías totalitarias que promueven racismo, segregación, discriminación, intolerancia, fanatismo, y perpetra persecuciones y genocidios. Estos “valores” llegan al extremo de divinizar humanos precisamente para justificar que superioridad e inferioridad. Con esto reafirman su mentalidad oscurantista. De ahí entendemos la idolatría y su manifestación contemporánea en el capitalismo salvaje y la sociedad de consumo. Este oscurantismo ilustra las tinieblas que el faraón y los egipcios trataron de imponer en los hijos de Israel, y “con mano fuerte y brazo extendido” el Creador lo volvió obsoleto. Los israelitas fueron las víctimas escogidas por Dios para enseñarle una lección a la humanidad acerca de las bondades del círculo como lo opuesto a la pirámide. Lamentablemente la humanidad no ha aprendido lo suficiente de los hebreos y del Dios de Israel.


Después de las plagas, los egipcios parecieron aprender que vivir bajo el sistema piramidal del faraón es como estar muertos: “Entonces los egipcios apuraban al pueblo y se apresuraron a sacarlos de la tierra, porque dijeron 'nosotros todos estamos muertos'.” (12:33) El Éxodo de Egipto, como Redención que fue para los hijos de Israel, no significa un fin de la esclavitud sino un comienzo de la libertad. Dijimos arriba que la libertad se define y se abarca según la agenda de ego, o según los modos y atributos de Amor. Si hemos aprendido algo de todo esto, nos daremos cuenta que vivimos en verdadera libertad cuando salimos de las restricciones y limitaciones impuestas por las ilusiones de ego. Una vez lo hayamos asimilado, el próximo paso es entronizar los modos de Amor en todas las dimensiones de la conciencia, y en todos los aspectos de la vida.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.