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domingo, 25 de noviembre de 2012

Vayishlaj: Confrontando y Destruyendo a Nuestros Enemigos

La conciencia padece división cuando nos involucramos en pensamientos, emociones y sentimientos negativos que nos conducen a situaciones negativas: “Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y dividió el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos en dos campamentos.” (Génesis 32:8).

Hemos destacado esta situación en nuestros comentarios anteriores acerca de esta porción de la Torá (ver en este blog Parshat Vayishlaj: “Amor y Luz como Redención de las Tinieblas” del 14 de noviembre de 2010 y “El Predominio de Amor” del 4 de diciembre de 2011).

En esta ocasión enfatizamos sobre las consecuencias de dividir la consciencia al descartar nuestra conexión permanente con el Creador. La lección de la angustia de nuestro padre Jacob tiene dos caras. Una es que debemos ser lo suficientemente humildes para reconocer que no somos perfectos, y que las ilusiones negativas del mundo material pueden abrumarnos. La otra es que hay situaciones que simplemente no podemos manejar cuando el temor y la duda debilitan nuestra sabiduría, entendimiento y conocimiento de lo que somos, incluyendo nuestra conexión y/o relación con Dios. El reino de las ilusiones negativas de hecho es abrumador porque ciertamente vivimos en ellas.

¿Qué es lo que podemos considerar “real” en la vida, cuando la mayor parte de lo que vivimos y experimentamos diariamente son ilusiones? Las cosas cambian cuando cambiamos nuestra perspectiva de ellas y la manera como las abordamos. Esto por sí mismo ya es una ilusión al enfrentar la realidad material desde distintos niveles de conciencia. En este sentido debemos hacer un inventario detallado de aquello que consideremos falso y verdadero.

En este punto nos toca discernir entre correcto e incorrecto, negativo y positivo, útil e inútil, etc. y comenzar a tomar decisiones que determinen lo que verdaderamente es real para nosotros. Real como algo verdadero, correcto, positivo, constructivo y edificante, tal como lo es la alegría, bondad, verdad y plenitud, todas en abundancia. Un tiempo y espacio en la conciencia donde no existe ningún tipo de carencia, y donde Amor rige como manifestación material del Amor de Dios.

Reflexionemos otra vez sobre la situación de Jacob antes de encontrarse con su hermano Esaú. Él había recibido la promesa de Dios de protegerlo, se encontró con ángeles en su camino, y prevaleció en su lucha de toda una noche con el ángel de Esaú. ¿Por qué entonces temía a su hermano? Reiteramos que la respuesta está relacionada con entrar en los aspectos inferiores de la conciencia, representados por Esaú. Encontrarse con Esaú implica descender a situaciones y circunstancias que preferimos temer.

En este contexto “temer” quiere decir evitar. Jacob quería evitar encontrarse con Esau, pero no pudo. Esto nos pasa a todos cuando queremos plantarnos en los más altos niveles de conciencia, pero en algún punto tenemos que enfrentar las tendencias negativas de emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Y no se trata precisamente de descender a ellos y quedar atrapados, sino de elevarlos y transformarlos en expresiones positivas de la vida.

No podemos meternos en los pensamientos de Jacob en aquel entonces, pero sí podemos ponernos en su lugar cuando vivimos situaciones similares cada día. Algunos de nosotros preferimos evitar circunstancias o gente negativa que sabemos no podemos cambiar hacia lo positivo. Más bien retrocedemos y si es posible nos alejamos de ellas, pero ese no es el camino ya que nuestra misión como judíos es ser Luz para las naciones. Esto significa ser redentores entre las tinieblas que amenazan acabar con lo bueno que es la vida. 

Tenemos que encontrarnos con Esaú, enfrentar a nuestros enemigos y vencerlos de una vez por todas. No podemos darnos el lujo de vivir y cohabitar con aquello que menoscaba nuestros principios como modos y atributos de Amor. Como dijimos antes, estamos conscientes de que estos enemigos pueden ser abrumadores, pero si el Amor de Dios sustenta nuestro Amor, ¿qué podría estar contra nosotros? Al estar conscientes de esto no tenemos qué temer o evitar aquello que niega o daña lo bueno que hay en nosotros.

Debemos preguntarnos con verdad y honestidad si estamos listos para enfrentar y someter los rasgos negativos que tienen el potencial de destruir los modos y atributos de Amor. ¿Preferiríamos más bien apaciguarlos dándoles toros, ovejas, cabras, burros y camellos, como Jacob hizo con Esaú? ¿O deberíamos enfrentarlos con ángeles como medios de buenas acciones que todos los aspectos de la conciencia deben manifestar en la vida? Nuestra actitud hacia lo que representa Esaú es, ya sea reencauzarlo hacia fines positivos, o acabarlo como el enemigo mortal que pretende destruirnos. Esto, teniendo presente que nuestros enemigos viven tanto dentro de nosotros como afuera en el mundo.

En nuestros tiempos otra vez estamos enfrentados por la amenaza de Esaú de exterminarnos. Israel está rodeado por terroristas fundamentalistas islámicos que nos quieren destruir porque los valores que representa Israel son opuestos a los principios de ellos. La historia se repite una y otra vez contra nosotros, y no necesitamos sacrificar más vidas judías para apaciguar a nuestros enemigos.

Millones ya han sido sacrificados a lo largo de la historia, y las lecciones han sido plenamente aprendidas: ¡Nunca más! Si nuestros enemigos quieren destruirnos, estamos preparados para destruirlos a ellos antes que nos ataquen. Dios está de nuestro lado, tenemos Sus bendiciones desde que Él bendijo a nuestros Patriarcas. Ahora nos toca hacer efectivas esas bendiciones siendo y haciendo lo que somos como el pueblo de Su Pacto, y de manera inequívoca. Nosotros somos los buenos, lo sabemos, y el mundo también lo sabe.

El momento es ahora y el lugar es donde estemos para enfrentar los aspectos negativos de la conciencia que buscan nuestra destrucción. Se trata de ellos o de nuestro conocimiento permanente del Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad. Se trata de lo que verdaderamente somos, o de las ilusiones negativas en las que viven nuestros enemigos. Seamos muy conscientes de que ahora estamos preparados para enfrentar y derrotar nuestros enemigos dentro de nosotros y afuera en el mundo:

“¿No haré que perezcan en ese día dice el Eterno, los sabios de Edom y el discernimiento del monte de Esaú? Y tus poderosos serán quebrantados, oh moradores del sur, que todo hombre sea talado del monte de Esaú por el estrago. Por la violencia de tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza y serás talado para siempre.” (Abdías 1:8-10).

 “Y la casa de Jacob será fuego y la casa de José será una llama, y la casa de Esaú será paja, y ellos la prenderán y consumirán, y la casa de Esaú no tendrá sobrevivientes, porque el Eterno ha hablado” (1:18)

domingo, 4 de diciembre de 2011

Vayishlaj: El Predominio de Amor


Continuamos en Vayishlaj con el tema tratado en Vayeitzei acerca de los ángeles como personificaciones de Amor, como medios y recursos hacia la vida, el mundo y nuestra relación con el Creador: “Jacob envió mensajeros [ángeles] delante de él para su hermano Esaú, a la tierra de Seir, el campo de Edom” (Génesis 32:4) porque es mediante Amor que concebimos y afrontamos todo, como manifestación material del Amor de Dios, de donde emana toda Su Creación. Esto incluye circunstancias negativas que desafían nuestra determinación de hacer prevalecer lo bueno en medio de la adversidad. Esto también implica que debemos tener una actitud práctica ante situaciones negativas y personas potencialmente dañinas, como lo hizo Jacob cuando se encontró con Esaú, tras veinte años de separación luego de estar al borde de un enfrentamiento mortal. Esaú, Seir y Edom son sinónimos del mismo estado emocional que nos conduce a afrontar negativamente la realidad material, y en este sentido es la actitud opuesta a las cualidades que representa Jacob.

El versículo se refiere a Esaú como un espacio (tierra, campo) en la conciencia, el cual debemos abordar con los mejores rasgos y cualidades, dotados de Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad. En ese sentido los ángeles son como mensajeros que también enviamos al Creador cuando queremos estar cerca de Él. Esta tierra, por definición, es hostil a los atributos de Amor porque es un campo de la conciencia que no discierne de acuerdo al intelecto sino al aspecto negativo de emociones, pasión e instinto. Tal como comentamos acerca de Vayeitzei, hay Cielo y Tierra como dos campos aparentemente separados que en verdad son uno, y la misión de Israel es unificarlos en nuestra conciencia individual y colectiva. Es así como convertimos el mundo material en un lugar para que la Presencia Divina more entre (en) nosotros.

Cuando nuestras tribulaciones o temores nos abruman solemos sentirnos divididos o separados del campo del Amor de Dios: “(…) ahora me he convertido en dos campos. Ahora líbrame de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque tengo miedo de él, sea que venga y me ataque (…)" (32:11-12) ya que nos sentimos abandonados en nuestras dudas e incertidumbres en torno a la fortaleza que necesitamos para hacer que prevalezca Amor sobre el aparente poder de las ilusiones y deseos de ego. El ego no posee ningún poder a menos que se lo demos, de ahí que dependa de nosotros dotar de poder cualquier aspecto de la conciencia para dirigirlo hacia un propósito positivo. Sabemos de sobra que nuestra misión no es fácil y la historia nos lo recuerda. La mayoría de nuestros ancestros claudicaron o murieron en sus esfuerzos para santificar el Nombre de Dios y para honrar Su voluntad. Debemos saber que una misión de esa envergadura acarrea batallas difíciles que primero comienzan en nuestra conciencia individual.

Tenemos que estar no sólo dispuestos sino preparados para la larga lucha dirigida a derrotar al mensajero de destrucción que nuestros Sabios llaman el ángel de Esaú. La batalla está destinada a ganarse, pero la victoria exige vigilancia eterna para asegurar que los atributos de Amor sean siempre los medios que conduzcan a redimir el mundo material de las tinieblas y la negatividad de las ilusiones de ego. Prevalecemos en esa lucha conducida por nuestro mayor conocimiento de nuestra conexión con el Amor de Dios, que a Su vez nos eleva más cerca de Él. “Y él [el ángel de Esaú] dijo, 'tu nombre ya no será llamado Jacob sino Israel, porque tienes un poder de mando con [un ángel de] el Eterno y con los hombres, y tú has prevalecido'.” (32:29), “El Eterno le dijo, 'Tu nombre es Jacob. Ya no serás llamado Jacob, sino que Israel será tu nombre'. Y Él lo llamó Israel” (35:10)

El nombre Israel está compuesto de una cualidad específica imperativa complementada con la voluntad del Creador o sometida a Él. En todo caso, este nombre representa un nexo unificador con Dios. La determinación que hace prevalecer a Jacob en su lucha para dominar los aspectos negativos de la conciencia humana, representados por Esaú, convierten a Jacob en un poder de dominio y mando sostenido por Dios. Hay traducciones oscuras que definen a Israel como “el que lucha con Dios”, basadas en el hecho de que Jacob luchó con uno de Sus ángeles, pero debemos clarificar que las luchas de Israel son para cumplir la voluntad del Creador a través de Sus Mandamientos, todo con el fin de disipar los aspectos negativos de la conciencia al abordar el mundo material. Cumplimos la voluntad del Creador emulando Su atributo de abundante amorosa bondad (rav jésed) sobre la cual se sostiene Su Creación.

Cuando afrontamos todo en tiempo y espacio con Su Amor como nuestro, este prevalece: “Y Esaú corrió hacia él [Jacob] y cayó en su cuello y lo besó, y ellos lloraron” (33:4) Rashi cita al Rabí Shimón Bar Yojai diciendo que, a pesar de la creencia generalizada de que Esaú odiaba a Jacob, en ese momento su compasión de conmovió y lo besó de todo corazón, porque Amor siempre prevalece. Cuando confiamos y honramos Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad, proclamamos el Amor de Dios como Su Gloria que cubre toda Su Creación: “Ahí él [Israel] erigió un altar, y lo llamó 'El Eterno es el Dios de Israel'.” (33:20)

Nuestros Sabios dicen que Jacob erigió este altar en gratitud al Creador por salvar su vida durante su encuentro con Esaú, que él consideraba un milagro porque cuando Su Amor se manifiesta a través de nuestras acciones, lo que vivimos momento a momento es un milagro: “Haz que Tu semblante brille sobre Tu sirviente, sálvame en Tu amorosa bondad. (…) Bendito sea el Eterno, porque Él me ha mostrado Su maravillosa amorosa bondad en una ciudad amurallada [adversidad].” (Salmos 31:17, 22)

domingo, 14 de noviembre de 2010

Parshat Vayishlaj: Amor y Luz como Redención de las Tinieblas

El día llega cuando los dos hermanos se encuentran después de más de 20 años, y las fuerzas opuestas que ambos representan otra vez están cara a cara. “Y Jacob envió (vayishlaj) mensajeros delante de sí a Esaú su hermano hacia la tierra de Seir, el campo de Edom” (Génesis 32:4) Es evidente que el hombre de paz que es Jacob elige paz con su hermano -- a cualquier costo -- con el fin de evitar el derramamiento de sangre. En este punto hay bastante debate entre nuestros Sabios con las preguntas obvias.

Si Jacob tiene las reiteradas bendiciones y protección del Amor de Dios, ¿por qué él aparentemente lo pone en duda? ¿Por qué no chocar con su verdugo y destruirlo de una vez por todas, considerando que Jacob tiene la reafirmada protección Divina? Estas preguntas debemos hacérnoslas a nosotros mismos, y no con el objeto de justificar la decisión de Jacob en este caso, sino para entender las complejidades de vivir en el plano de las tinieblas con la misión de traer la Luz hacia ellas; y asegurarnos de revelar la Luz ocultada en ellas. Este es el dilema que Adán, Noé y muchos otros no pudieron resolver y fallaron en sus intentos.

Entrar en el reino de las ilusiones de ego es similar a penetrar un laberinto oscuro y sin luz, donde sólo ilusiones son las únicas referencias para confrontar ese espejismo. En términos prácticos es como estar atrapado en deseos que exigen satisfacción inmediata, y parece que no hay escape de ellos excepto apaciguarlos con lo que exigen. Jacob sabe que las cabras, camellos, asnos y ganado, los cuales representan rasgos inferiores y bajos instintos, son las principales exigencias de los deseos de ego: “y [Jacob] tomó lo que le vino a la mano, un regalo para su hermano Esaú: doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, trienta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos" (32:14-16). Pero, ¿qué tal si los deseos de Esaú fuesen de una naturaleza diferente? ¿Qué tal si en sus más profundos pensamientos y sentimientos Esaú añorase su propia redención? Después de todo, la profecía es muy clara: “Y redentores subirán al monte de Sión para juzgar [hacer justicia] al monte de Esaú, y el reinado [la soberanía] será del Eterno" (Abdías 1:21)

Los sucesos relatados por la Torá nos dan las respuestas cuando leemos que Jacob llama a su hermano “mi amo” y se presenta a él como su “sirviente”. Nuestros Sabios debaten estas definiciones y concluyen que Jacob sería castigado por inclinarse a aquel que profana el Nombre del Creador con su recalcitrante maldad. Sabios dicen que las siete veces que Jacob llama a Esaú “mi amo” representan siete reinos que posteriormente subyugarían la Tierra de Israel y a los israelitas. De este episodio aprendemos que debemos confrontar la negatividad a toda costa como la única manera de hacer que Amor prevalezca siempre.

La actitud de Jacob hacia Esaú es aun más irónica después de haber derrotado al ángel (de Esaú) en una lucha que duró toda la noche (Génesis 32:25-30). Jacob (Israel) confirmó en esa larga lucha su pleno conocimiento y compromiso para remover las tinieblas que no permiten la completa revelación de la Presencia Divina en el mundo material. Como hemos dicho muchas veces, esta es la misión de Israel: crear un lugar para que Dios more en este mundo, y ese lugar es Amor como la manifestación material de Su Amor que debemos revelar removiendo los aspectos negativos de la conciencia.

Estos son los rasgos representados por Esaú y sus descendientes, las “naciones” que Israel debe conquistar y subyugar con el propósito de asentarse en la Tierra Prometida. Esta conquista y sus guerras son libradas cuando Israel está en completa unidad con el Creador, porque Sus caminos y atributos son los medios de disipar las ilusiones negativas de ego.

Acciones amorosas y de bondad se presentan como los “redentores que subirán al monte de Sión para hacer justicia en el monte de Esaú”, con el fin de proclamar plenamente la soberanía de Dios todas las dimensiones de Su Creación. Cuando abrazamos al Creador como nuestro único gobernante y exclusivo conductor de todos los niveles, rasgos, aspectos y facetas (todas las “naciones”) de nuestra conciencia, cumplimos Su voluntad tal como está escrito: “Porque el Reino es del Eterno, y Él gobierna sobre las naciones” (Salmos 22:28)

El Amor de Dios nos espera para proclamarlo como nuestro verdadero Redentor: “Y cuando ellos clamaron a Ti durante el tiempo de su tribulación Tú escuchaste desde los Cielos, y conforme a Tu gran compasión Tú les diste redentores que los liberaron de la mano de sus opresores” (Nehemías 9:27) y cuando nos demos cuenta de esto seremos completamente conscientes de que “toda la Tierra está llena de Su gloria” (Isaías 6:3)

En este sentido Jacob sabe que no está listo para confrontar a Esaú porque necesita más tiempo para elevar los rasgos de su carácter, con la misión de convertirse en la Verdad que él y sus herederos representan: Amor y Luz para crear un lugar en este mundo para el Creador de todo more entre nosotros. Por lo tanto Jacob dice a Esaú: “(…) y yo me desplazaré a mi propio paso despacio, según el paso del trabajo que está ante mí, y según el paso de los niños [mis desdendientes], hasta que yo venga a mi amo, a Seir” (Génesis 33:14), con el fin de cumplir la profecía (en Abdías 1:21) como un Mandamiento.

En este contexto podemos entender por qué Jacob llamó a Esaú su “amo”, porque en últimas es esa la misión de Israel: redimir a las “naciones” para que todas puedan reconocer y alabar a Dios como el verdadero soberano de toda la Creación: “Para que Tu camino sea conocido en la Tierra, Tu Redención entre todas las naciones” (Salmos 67:3)

El enfrentamiento de Israel con los riegos y peligros de las tinieblas continúa en esta parshá: “Los dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, los hermanos de Dina, cada uno tomó su espada y ellos llegaron a la ciudad con confianza, y mataron a todo varón”, “Los hijos de Jacob vinieron encima de los muertos y saquearon la ciudad que había mancillado a su hermana” (Génesis 34:25, 27)

Esta vez los hijos de Israel reaccionaron con la actitud inflexible que su padre no tuvo con Esaú. Y tratar con idólatras que son esclavos de sus propias pasiones conlleva al peligro de volverse como ellos: “Entonces Jacob dijo a su casa y a todos los que estaban con él, 'alejen los dioses extraños que estén entre (lit. en) vosotros, y purificaos, y cambiad vuestras vestiduras'.” (35:2) Otros sucesos tristes relatados en esta porción son las muertes de nuestra matriarca Raquel y nuestro patriarca Isaac.

La porción termina mencionando las generaciones de los descendientes de Esaú como recordatorio de que ellos representan no solamente los obstáculos para cumplir la misión de Israel, sino también los verdugos siempre dispuestos a oprimirnos cuando despreciamos los caminos y atributos del Creador y elegimos seguir las fantasías e ilusiones de ego.

Si las decisiones de Jacob fueron ciertamente difíciles en su tiempo, también lo son para nosotros ahora. En cada momento tenemos que tomar decisiones, y la principal lección que nos enseña la Torá es tomarlas pensando no sólo en el bienestar y conveniencia individual sino en el bienestar colectivo. Ese es uno de los rasgos de Amor, y también uno de sus atributos.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.