Mostrando entradas con la etiqueta Sión.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sión.. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de julio de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (XXI)


“Cumpliré mis votos al Eterno en presencia de todo Su pueblo. En los atrios de la casa del Eterno, en medio de Jerusalem, alabanza al Eterno.” (Salmos 116:18-19)

Jerusalem es donde integramos todos los niveles y aspectos de la conciencia en, con y para el bien (éstos son el “pueblo de Dios” y las “tribus of Israel”) con voluntad de convicción y determinación (“los votos”).

Los “atrios” y “en medio” de la ciudad de Dios son Sus modos y atributos, que son nuestra “alabanza” a Él por lo que somos y hacemos en el mundo material. Vivir en los predios del bien es morar en la casa de Dios que está edificada en Jerusalem.

“Me alegré en los que me dicen, ‘Vayamos a la casa del Eterno’.” (122:1)

Este versículo podemos leerlo de varias maneras. El rey David se alegra por aquellos que lo invitan a visitar el Templo de Jerusalén. Ellos no solamente son sus amigos sino también en quienes él se regocija, su causa y razón de ser feliz.

Estos son las cualidades y rasgos positivos que definen el bien a través de sus expresiones en lo que hacemos por nuestro bienestar individual y colectivo, de ahí que sean las mejores razones para alegrarse, ya que están destinados a conducir nuestras vidas como voluntad de Dios, la cual es Su “casa”. Ir a la casa de Dios es lo que hace lo mejor en nosotros cuando vivimos permanentemente en el bien.

“Nuestros pies estaban parados en tus portales, ¡Jerusalem!” (122:2)

Ir a Jerusalem, al igual que a otra parte, requiere de nosotros el complete conocimiento y determinación de desplazarnos en esa dirección. Es claro que son nuestros pies los que nos llevan adonde necesitemos o queramos ir, aunque se limitan a responder nuestra voluntad. Una vez lleguemos adonde queramos estar, será algo que habremos logrado.

El salmista hace que sus palabras en este versículo suenen como la culminación de un largo camino en el que dejamos atrás las tendencias y rasgos negativos de las fantasías e ilusiones de ego, y así comprometernos a vivir en los modos y atributos del bien.

No es una tarea fácil, pero sí un proceso continuo de transformación de la conciencia para reorientarla hacia el camino correcto. Una vez completemos este camino de desafíos, estaremos literalmente parados en los portales de la ciudad de Dios, llamando su nombre para que nos permita entrar y morar e ella compenetrados con nuestro Creador.

domingo, 27 de mayo de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (XV)


“Oh Eterno, naciones han invadido [lit. venido a] Tu heredad, el altar de Tu sacralidad han profanado, han hecho Jerusalem ruinas.” (Salmos 79:1)

En la tradición hebrea, las “naciones” representan tendencias y rasgos negativos derivados de una actitud egocéntrica ante la vida, lo que aquí frecuentemente llamamos “fantasías e ilusiones de ego” que profanan lo es bueno en todos, porque el bien es la sacralidad que mora en nosotros y que llamamos Jerusalem.

A diferencia de aquellas, Israel es la nación que representa las cualidades positivas en la conciencia humana, destinadas a ser dirigidas eternamente por el bien. El rey David lamenta la constante confrontación entre el bien y el mal, ya que el bien es la opción más natural, lógica y obvia, para vivir en su albedrío total como la heredad creada por Dios para ser disfrutada por todos eternamente.

“Su sangre [de los justos] ellas han derramado como agua alrededor de Jerusalem. No había nadie que les diera sepultura.” (79:3)

Las naciones son nuevamente denunciadas como perseguidoras y verdugos de los valores y principios éticos que nos conducen para vivir por, en, con y para el bien. Éstos son los justos que guían al pueblo con la responsabilidad de indicarnos los modos y atributos necesarios para hacer que el bien rija todos los aspectos y expresiones de la vida.

Vemos que la fuerza vital de los justos es el bien masacrado por las naciones que procuran la destrucción de Jerusalem como el más elevado nivel de conciencia donde solamente el bien reina.

“Dichosos aquellos que viven en Tu casa, ellos aún Te alabarán eternamente.” (84:4)

Éste es uno de los versículos más profundos del libro de salmos, aunque su significado literal revele lo que es bastante obvio. Si vivimos permanentemente con nuestro Creador, estamos destinados a alabarlo por este privilegio.

El versículo sugiere que un corazón contento es la condición para acercarnos a Dios, ya que si queremos ser, tener o hacer algo, primero tenemos que abrazarlos como algo que es parte de nosotros. Además, también sabemos y anticipamos que estar con nuestro Creador es de por sí la mayor experiencia indescriptible de todas.

El versículo igualmente indica que quienes viven en el Templo de Jerusalem, la casa de Dios, han sido tradicionalmente por decreto divino los levitas que también son sus guardianes y que proveen lo que necesitan los sacerdotes para su servicio cotidiano.

Nuestra tradición hebrea nos señala que parte del servicio de los levitas en el Templo incluía cantar alabanzas para honrar, exaltar y celebrar la presencia de Dios en Su casa.

Nos damos cuenta que vivir en el bien como la morada elegida del Creador en la conciencia humana es la causa y el efecto de la máxima plenitud de libertad, porque en el bien somos completamente libres.

“Ellos han ido de fuerza en fuerza, el Eterno Todopoderoso aparecerá en Sión.” (84:7)

Este versículo se relaciona con el peregrinaje a Jerusalem como el destino de corazones y almas que buscan compenetrarse con el bien eterno que emana del amor de Dios. Ascendemos a Sión adquiriendo la fuerza que procura más fuerza, que sólo el bien puede dar.

Entre más bien hagamos, mejores seremos para manifestar mayores expresiones del bien que el Creador nos revelará cuando Se aparezca a nosotros en Sión, que es el tiempo y espacio donde nos unimos a Él tal como nos lo ha prometido.

domingo, 6 de mayo de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (XII)


“¿Por qué parecéis en envidia, montañas de cumbres, ante la montaña que el Eterno ha deseado para Su morada? Sí, el eterno morará en ella para siempre.” (Salmos 68:17)

Hemos señalado a menudo que las montañas simbolizan principios, creencias, valores e ideas inmutables. Entre más grandes y elevadas son, más difíciles son de mover, cambiar o modificar. En este versículo vemos una comparación entre todo tipo de ellas y la que representa el principio rector de Dios para Su creación.

Envidia es lo que sentimos cuando algo o alguien posee lo que más deseamos. El único remedio contra ella es ser o convertirse en aquello que codiciamos.

En vez de poseer lo que deseamos, de lo que se trata es convertirnos en el objeto de nuestro deseo. Esto podría parecer narcisista pero no lo es, porque no se trata de poseer aquello que deseamos como depredadores confesos. Si codiciamos la abundancia, tenemos que convertirnos en fuente de abundancia, al igual que con todo lo demás.

Las montañas envidian ser el lugar de la morada del Creador, la cual entendemos como la montaña o el principio rector destinado a dirigir la vida en este mundo.

En este sentido, aquello que no es bueno desea serlo, ya que el bien es la fuente de toda existencia. Estamos hablando de algo ciertamente eterno, como lo establece la segunda parte del versículo.

“Desde Tu templo en Jerusalem, donde reyes habrán de traerte ofrendas.” (68:30)

En este salmo 68 en particular, leemos que todo lo que Dios ha creado es instado a reconocerlo, agradecerle, alabarlo y reverenciarlo por lo que Él hace; incluidos montañas  como principios, y reyes como gobernantes que dirigen nuestra conciencia en torno a lo que pensamos y hacemos.

Una vez más es reiterado que todo lo creemos, valoramos, apreciamos y abrigamos debe inspirarse, sostenerse y nutrirse con los modos, medios y atributos del bien como templo en el que honramos a nuestro Creador y nos compenetramos con Él con lo mejor en nosotros.

Todos estos que abarcan nuestra conciencia son los “reyes” que gobiernan en lo que somos, tenemos y hacemos; y que ciertamente son las elevadas ofrendas que traemos a la Fuente del bien. En este conocimiento reverenciamos a Dios.

“Reverenciado es el Eterno en Tus sagrados predios, el Dios de Israel. Él da fortaleza y poder al pueblo [de Israel]. Bendecido sea el Eterno.” (68:36)

Los predios sagrados de Dios son Sus modos y atributos (Éxodo 34:6-7) con los que se relaciona con Su creación, la cual lo proclama como el Dios de Israel.

Tal como lo hemos mencionado frecuentemente, Él les el principio regidor por el que el pueblo de Israel define y manifiesta su identidad, porque en esta identidad encuentran su fortaleza y poder para hacer prevalecer el bien en este mundo.

domingo, 25 de marzo de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (VI)


“Oye la voz de mis súplicas cuando clamo a Ti, cuando elevo mis manos hacia el templo de Tu sacralidad.”
(Salmos 28:2)

Debemos hacer nuestra parte en el proceso de auto-redención, habilitado y reforzado con la Divina providencia que pedimos al Creador en ferviente e intensa plegaria.

“Envía Tu luz y Tu verdad, permite que me guíen. Permite que me traigan al monte de Tu sacralidad y a Tus santuarios.” (43:3)

En el judaísmo, luz es una forma abstracta referente al bien que emana del Creador, y también a la verdad, amorosa bondad, gracia, perdón y redención, junto a otros atributos, cualidades y rasgos positivos y liberadores. Estos de hecho son principios éticos y morales mediante los cuales Dios quiere que nos rijamos, ya que son inherentes al bien que es nuestro nexo eterno con Él.

El salmista está plenamente consciente de esto, y de ahí que suplique en plegaria a Dios con la añoranza de vivir en la libertad que ofrecen estos atributos cuando permitimos que conduzcan todos los aspectos y dimensiones de la conciencia. Estos también son los modos y medios para ascender al lugar donde mora la sacralidad del Creador, en el Templo de Jerusalem que está en Sión.

En este conocimiento sagrado solamente alabanza y júbilo son las expresiones de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos.

“Y vendré al altar del Eterno, al Eterno, mi máxima alegría; y te alabaré con arpa, oh Eterno, mi Dios.” (43:4)

No hay otra manera de concebir, vivir y deleitarse en la presencia Divina, sino con el mayor júbilo en alabanza; ya que estas expresan lo que se es ante el Creador de toda existencia.

“Hay un río, las corrientes que alegran la ciudad de Dios, los santuarios sagrados del Altísimo.” (46:5)

La Torá menciona los ríos en el jardín del Edén, y algunos de nuestros Sabios comentan que uno de aquellos fluye debajo del Templo de Jerusalem. Nos enseñan con esto que el desaparecido Paraíso terrenal se encontraba en la tierra de Israel. También se refieren a los mares y ríos como símbolos de rasgos o cualidades ilimitadas, debido a su tamaño, o al permanente fluir de las aguas.

En este versículo el salmista destaca la enorme alegría en la que se regocija Jerusalem, la ciudad de Dios. ¿Acaso hay algo más regocijante que el lugar de los santuarios del Altísimo? Un río de alegría y corrientes de regocijo son ciertamente de lo que se trata la casa de Dios.

domingo, 4 de febrero de 2018

Eclesiastés: La ilusión de la vanidad y la realidad del amor (XXXVI)

“En los días en que los guardianes de la casa tiemblan, y los fuertes se arrodillan, y los trilladores dejan de serlo, porque se han convertido en pocos. Y los vigías en las ventanas se han apagado, y las puertas son cerradas en la calle. Cuando el sonido del trillar es bajo, y uno se asusta [lit. se levanta] con el trino de un pájaro, y todas las hijas del cántico son acalladas. Sí, ellos se asustarán de las alturas, y los temores vienen en camino; y el almendro florecerá, y el grillo será una carga, y el deseo fracasará; porque el hombre se dirige a su última [lit. eterna] morada, y los enlutados andan por las calles.”
(Eclesiastés 12:2-5)

Estos versículos se refieren al mal en su hora más oscura, cuando no hay esperanza de que seamos redimidos de sus modos, rasgos y tendencias, que parecerían acabar con el bien en la conciencia humana como la “casa” en la que los “guardianes” tiemblan.

Estos guardianes y vigías, junto con “los fuertes” y “los trilladores”, se vuelven escasos cuando el bien debe ser defendido para prevalecer contra la maldad.

La alegría en los corazones como el cántico de las cualidades y tendencias positivas (“las hijas”) son acalladas y apagadas, similares a la vida al final de su tiempo en la tumba. La altitud necesaria para tener una buena actitud también cae tan bajo como una tumba.

“Mientras que el cordón de plata no sea removido, y el tazón dorado quebrado, y la vasija rota por la fuente, y la rueda quebrada por el manantial. Y el polvo regrese a la tierra como era, y el alma vuelva al Eterno que la dio. ¡Vanidad de vanidades, dijo Kohelet, todo es vanidad!” (12:6-8)

Una vez la muerte llegue como consecuencia de vivir en el vacío de las futilidades, es apropiado decir que todo es vanidad. Las fantasías e ilusiones de ego parecen reinar en el mundo material, empeñadas en robar la vida del alma que Dios nos ha dado para conocerlo en Sus caminos y atributos, que son la fuente todo lo que es bueno, porque en el bien comenzamos a conocer al Creador de todo.

“Y además porque Kohelet era sabio, él siguió enseñando al pueblo conocimiento, y a escuchar, y a buscar; él hizo justas muchas sonrisas. Kohelet buscó encontrar palabras placenteras escritas por palabras justas de la verdad. Las palabras de los sabios son como picanas y como cercas plantadas por los capataces de las cosechas. Ellas fueron dadas por un Pastor.” (12:7-11)


Esta es la sabiduría como el conocimiento de Dios que Kohelet, el rey Salomón, enseñó para ayudarnos a encontrar la alegría de las “justas muchas sonrisas” del bien, porque en ese único Pastor que es el Creador encontramos las placenteras “justas palabras de la verdad”.

Estas son las picanas y cercas plantadas por los modos, medios y atributos del bien, dados por Dios como las cualidades que más temprano que tarde cosecharán los frutos en el campo de la vida en este mundo.

domingo, 1 de marzo de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XCVIII) Isaías

“Una manada de camellos te cubre, dromedarios de Medián y Efá, todos ellos de Seba vienen. Oro e incienso cargan, y de las alabanzas del Eterno proclaman las buenas nuevas. Todo el rebaño de Kedar se reúne para ti, los carneros de Nebaiot te sirven. Ellos ascienden para ser aceptados en Mi altar y la casa de Mi esplendor Yo adorno.” (60:6-7)

El bien que Dios derrama en Su Creación es lo que Él quiere que conozcamos. Este bien también ha estado en lugares donde no se había visto en la antigüedad, sitios de idolatría (Medián, Efá, Kedar y Nebaiot) donde la Luz y gloria de Dios estuvieron ocultadas en la conciencia humana. Estas son el oro y el incienso que las alabanzas a Dios proclaman como las buenas nuevas que provienen de Su amorosa bondad y verdad.

Los camellos y dromedarios representan los aspectos animales de nuestra conciencia que están destinados a cargar y manifestar el bien que regirá y conducirá todos las facetas de la vida. Ovejas y carneros son las ofrendas de animales que simbolizan las buenas acciones que elevamos para unirnos al Amor de Dios.

Esto acontece en el más elevado nivel de conciencia que es Su altar en el Templo de Jerusalén. Esta es la casa de Su esplendor que Dios adorna, Su Luz en la que quiere que vivamos permanentemente.

“¿Quiénes son estos? Como una densa nube vuelan, y como palomas sobre sus ventanales. Ciertamente por Mí esperan las islas, y las naves de Tarshish primero, para traer a tus hijos de lo lejos. Su plata y su oro con ellos, para el Nombre del Eterno tu Dios para el Sagrado de Israel, porque Él te ha adornado.” (60:8-9)

El Profeta se refiere aquí a la reunión de los exiliados judíos y las Tribus perdidas. Isaías pregunta por ellos al comenzar la Redención Final, ya que esta se manifestará cuando todos los judíos retornen a su tierra. Ellos son como palomas que vuelven a sus nidos, y como pueblos de islas que esperan por su retorno de lugares lejanos. Ellos regresarán por y con su inherente bien hacia el bien de los caminos y atributos del Creador, que son Su Nombre por el que lo conocemos a Él, porque es el Sagrado de Israel. El Nombre de Dios es el esplendor con el que Él adorna a Israel.

“E hijos de extraños han construido tus murallas, y sus reyes te sirven. Porque en Mi enojo te he golpeado, y en Mi buena placidez Me he compadecido de ti. Y tus portales han estado abiertos continuamente, de día y de noche no han estado cerrados, para traer a ti la fuerza de las naciones. Hasta sus reyes son guiados [por ti].” (60:10-11)

Rasgos y cualidades extraños para nosotros serán revelados a nosotros para construir los cimientos de la conciencia mesiánica. Nuestras más preciadas creencias y principios (“reyes”) servirán el propósito que Dios quiere que tengamos en esta fase final de Su Creación.

Hemos dicho repetidas veces que nuestra separación de los caminos y atributos de Dios es Su “enojo”. Nuestra separación del bien de los modos y atributos de Amor nos ha golpeado, pero el Amor de Dios siempre ha estado presente en Su compasión.

El Creador ha abierto permanentemente nuestra conciencia para que fortalezcamos lo bueno en nosotros con las tendencias y rasgos que debemos reorientar hacia pensamientos y acciones positivos. Por largo tiempo hemos permitido que nuestras tendencias y rasgos negativos (las naciones) equivoquen nuestro propósito en la vida. Debemos tomar el control total de ellos para hacerlos servir al bien como único propósito en la vida.

“Porque la nación y el reino que no te sirvan perecen, sí, las naciones son un completo desperdicio. La gloria del Lebanón viene a ti. El abeto, el pino, y el ciprés, juntos para adornar el lugar de Mi Santuario. Y Yo haré glorioso el escabel de Mis pies.” (60:12-13)

El cambio que Dios promete para nuestra conciencia en la era Mesiánica es absoluto, porque en él no hay espacio para nada negativo. Cada rasgo de la conciencia servirá la voluntad de Dios sin excepciones. Nada que no sea bueno será eliminado. Sólo el bien, la gloria del Lebanón (el Templo de Jerusalén como el pleno conocimiento de nuestra conexión permanente con Dios) conducirá la vida, junto con los rasgos positivos (“árboles”) que lo adornan. Este también es la gloria como el escabel de los “pies” de Dios, que simbolizan Su Presencia revelada en el mundo material.

domingo, 22 de febrero de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XCVII) Isaías

“Levántate, brilla, porque tu Luz ha llegado y la gloria del Eterno se ha levantado sobre ti. Porque, he aquí que las tinieblas cubren la tierra y densa oscuridad las gentes. Y sobre ti se levanta el Eterno, y Su gloria es vista en ti.” (Isaías 60:1-2)

Estos versículos se refieren tanto al pueblo de Israel como al conocimiento de su nexo permanente con Dios en la Redención Final. En la era Mesiánica la Luz de Dios está completamente revelada, y su gloria exaltada.

Luz y gloria son atributos que representan en nuestra conciencia el conocimiento que no hemos podido adquirir ni asimilar de la voluntad de Dios para Su Creación, y la percepción que no hemos tenido de cómo Su voluntad se manifiesta en el mundo material.

El Profeta nos está diciendo que la Luz de Dios ya está revelada, de ahí que dependa de nosotros conocerla. Lo hacemos mediante el significado de lo que es la Luz como lo opuesto a la oscuridad. Así nos hacemos conscientes de que los modos y atributos de Amor, como nuestra Esencia y verdadera identidad, son la Luz que necesitamos para disfrutar el bien que Dios quiere que seamos, tengamos y manifestemos. Al manifestarlo, ciertamente nos elevamos a los niveles más sublimes de nuestra conciencia, y entonces vivimos la gloria de Dios en lo que somos, tenemos y hacemos.

Isaías también nos recuerda que hay tinieblas en el mundo material, y mucho más densa en la conciencia humana, ya que estamos destinados a revelar la Luz de Dios a través del bien en Sus caminos y atributos. Si la humanidad no ha sido capaz de hacerlo, Dios nos indica que la revelación de Su Luz es inminente, querámoslo o no. Debemos entender esto como una invitación para que abandonemos la oscuridad de las tendencias y rasgos negativos, y comencemos a abrazar la Luz de los modos y atributos de Amor.

De antemano sabemos que nuestra misión y destino es superar las condiciones negativas y adversas en el mundo material para hacer de este un mejor lugar para todos. Esta tarea solamente es posible removiendo también la “densa” oscuridad en la conciencia humana, y llenarla por y para el bien de los modos y atributos de Amor. Así Dios “se levanta” en nosotros al permitir que Amor conduzca todos los aspectos y dimensiones de la conciencia, podamos “ver” (conocer) la gloria de Dios en todo lo que hagamos.

“Y naciones han venido a tu Luz y reyes [vienen] al resplandor de tu elevación. Levanta alrededor tus ojos y ve. Todos ellos han sido reunidos, han venido a ti. Tus hijos vienen desde lejos, y tus hijas al lado son sostenidas.” (60:3-4)

Las tendencias y rasgos negativos en la conciencia (representados por las “naciones”) están en espera de nuestra amorosa bondad para convertirlas en maneras y medios para hacer prevalecer los modos y atributos de Amor en lo que discernimos, pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Estos últimos son manifestaciones materiales de la Luz de Dios que Él encomendó a Israel ser para las naciones.

Tal como lo hemos mencionado frecuentemente, Israel representa los potenciales creativos positivos en nuestra conciencia. De ahí que Dios se dirija a Israel estar completamente y permanentemente consciente de Su Luz para ser revelada a la humanidad.

Así nos damos cuenta que la Torá es la Luz de Dios para el mundo material, y la Torá es la identidad de Israel. “Reyes” representan valores, creencias y principios regentes que dirigen las maneras en las que concebimos y afrontamos la vida. La era Mesiánica comienza cuando hacemos de los modos y atributos de Amor los valores y principios que van a conducir los reyes que gobiernan nuestra existencia. Para esto tenemos que “levantar” nuestros ojos y ver para tener un pleno conocimiento del bien.

El Profeta se refiere no sólo a las naciones y sus reyes, sino también a los dispersos de Israel que serán reunidos en su tierra. Nos damos cuenta que lo destacado aquí es el bien que podemos reunir no solamente de los dispersos de Israel sino de aquellos entre las naciones que quieren unírseles para vivir juntos la Redención Final en la que únicamente el bien reina. Dios nos dice que el bien que elegimos en todo lo que hacemos (nuestros “hijos” e “hijas”) está siempre “sostenido” por Su Amor.

“Entonces tú ves y vuelves radiante, y tu corazón se entusiasma y agranda porque la multitud del mar se vuelve hacia ti, la fuerza de las naciones viene a ti.” (60:5)

La era Mesiánica comienza cuando integramos todos los niveles, aspectos y dimensiones de la conciencia para el propósito funcional armónicamente unido que Dios quiere seamos conscientes y manifestemos. Este conocimiento es el corazón “entusiasmado” y “engrandecido” que adquirimos cuando “vemos” lo que la radiante Luz es en nuestra conciencia, aquello que resplandece en el bien inherente a los modos y atributos de Amor.

Todo lo que pensemos o imaginemos como “la multitud del mar” en nuestra conciencia vendrá a nosotros en y para el bien. La fuerza en lo que nos hace sentir, desear y hacer en la vida como “la fuerza de las naciones” vendrá a nosotros para alcanzar el bien que estamos destinados a tener y ser.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.