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domingo, 23 de diciembre de 2012

Vayejí: Las Bendiciones de la Identidad de Israel

La última porción del primer libro de la Torá termina con la muerte de José, luego de narrar el entierro de Jacob ante toda su familia, seguido por las bendiciones para sus hijos incluidos los de José. Las últimas bendiciones de Jacob abarcan rasgos y cualidades que forman la identidad de Israel.

Como hemos indicado en nuestros comentarios anteriores sobre esta porción en este blog, esas bendiciones son dadas en aras de la unidad e integración de Israel como familia y como Nación: “(...) 'Reuníos juntos',” “Juntaos vosotros, y escuchad, vosotros hijos de Jacob; y obedeced a Israel vuestro padre” (Génesis 49:1-2). En este contexto podemos entender las palabras de Jacob dando forma a la identidad de Israel.

La identidad abarca una amplia variedad de facetas, niveles y dimensiones que, siendo diversos, forman parte de la misma unidad. Nuestro más formidable desafío en la vida es integrarlos todos como una unidad armónica funcional. Jacob bendice a sus hijos con preciosos talentos y potenciales que presenta como ramas del mismo árbol. Además de ser extensiones como expresiones de la conciencia, también están contenidas unas dentro de las otras. Las bendiciones se manifiestan siempre y cuando procuremos su significado y propósito.

Necesitamos la astucia de Dan para defender la bondad de José y proteger la sabiduría de Torá en Issajar. Requerimos de la regencia de Judá hacia la Redención de Amor para guiar a Zebulún en sus travesías por el mar, y fortalecer la elocuencia de Neftalí para proclamar la disposición de Benjamín para defender la justicia, la rectitud y la libertad. Necesitamos el Amor transformador de José para que tenga éxito la regencia rectificadora de Judá con el fin de erradicar las tendencias negativas de ego como son la ira y la violencia.

También son bendiciones las directrices que corrigen el curso negativo de fantasías e ilusiones. En este sentido, cuando Jacob condena la ira y violencia de Simeón y Leví, es una bendición para el bien de ellos. Es una bendición nuestra decisión de rechazar las tendencias negativas de la conciencia, ya que elegimos lo bueno y no lo malo. Del mismo modo somos bendecidos cuando se nos recuerda respetar los derechos de otros para que a su vez ellos respeten los nuestros, como ocurrió con las palabras finales de Jacob a Rubén.

Las últimas palabras de Jacob para sus hijos contienen valores éticos como directrices para realzar y fortalecer los potenciales positivos en nuestra conciencia. La vida realmente es una vasija en la que el Creador derrama sus bendiciones. Así mismo se espera que cada nivel de conciencia las viva y las manifieste en su entorno inmediato.

Vivimos verdaderamente las bendiciones de Dios cuando integramos todos los aspectos de la vida hacia lo bueno que tienen las bendiciones. La premisa para esto es discernir, pensar, sentir, hablar y actuar en los modos y atributos de Amor, con el fin hacernos conscientes de que el Amor de Dios es la bendición. No podemos esperar ser felices, satisfechos y plenos, si Amor está ausente en nuestra vida. Amor hace la diferencia entre lo real y trascendente, y la ilusión pasajera. En este sentido Amor trasciende tiempo y espacio como la Esencia que nos da vida y sustenta nuestra identidad, más allá de la vida.

Amor es lo que somos y tenemos antes de nacer y después de morir. Amor es lo que nos mantiene vivos aquí y después de la muerte. En este conocimiento nos damos cuenta que Amor es lo que poseemos más allá del mundo material.

Alguna vez dijimos, igualando el estudio de la Torá a un acto de Amor, que quien ama todos los días le está asegurado un lugar en Mundo Venidero. Esto considerando que los modos del mundo son los modos de Amor. En un significado más profundo y en términos prácticos, mientras amemos todos los días, los modos de Amor se vuelven nuestros modos que también lo serán después de morir. De ahí que Amor sea lo único que permanece en nosotros al dejar el mundo material.

Entre más amemos cada día, más seguiremos amando en los días que seguirán a nuestra muerte. Esto es con el fin de reconocer y abrazar Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad, tanto aquí en el mundo material como más allá de este. Es así como entendemos la trascendencia de Amor. Algunos la comparan con la del alma, ya que ambos existen más allá de las limitaciones de tiempo y espacio.

La lección en este punto es hacernos conscientes en cada momento que Amor es nuestra verdadera identidad ahora y después. Esta identidad es el cimiento fundamental de todas las bendiciones, incluyendo las de Jacob para sus hijos. Todo lo que somos y podemos ser con las bendiciones que somos, lo manifestamos siempre y cuando las impregnemos con los modos y atributos de Amor, que son los medios para manifestar los caminos del Creador, como nos lo enseña Él en su Torá.

El Rey David nos lo recuerda en sus últimas palabras al bendecir a su hijo y heredero, Salomón: “(...) que el Eterno cumpla Su palabra que Él habló concerniente a mí, diciendo: 'Si tus hijos cuidan su camino, caminando ante Mí en [con la] verdad, con todo su corazón y toda su alma, ellos no te fallarán', dijo Él, [como si fuera] un hombre en el trono de Israel” (I Reyes 2:4).

Este es el camino donde encontramos nuestra Esencia y verdadera identidad. Debemos entender que Amor es el camino donde nos encontramos a nosotros mismos, y también el medio para encontrar a nuestro Creador. Porque su Amor es la Verdad en la que andamos con nuestro propio Amor.

domingo, 1 de enero de 2012

Vayejí: La Bendición de la Unidad de Amor


La unidad de Israel como familia de Jacob y como Nación es el mensaje principal de Vayejí, y debemos tener completo conocimiento de las cualidades de esta unidad. Consideremos algunos versículos que nos ayudan a definir tales cualidades. “E Israel dijo a José: 'Yo no creí posible [volver a] ver tu rostro; y he aquí que el Eterno me ha dejado verte a ti y también a tu simiente” (Génesis 48:11) Nuestros Sabios ponderan el significado del verbo hebreo traducido aquí como “creer posible”, el cual se refiere a rezar. Aunque rezar es un verbo reflexivo en hebreo, en este versículo no está conjugado como tal y podría indicar un sentido incompleto debido a la tristeza de Jacob por la desaparición de José. Este breve preámbulo nos lleva a estimar la totalidad que implica en hebreo el verbo rezar. Nuestros Sabios enseñan que el rezo como concentración para elevar todos los niveles de conciencia al Creador substituyó las ofrendas que nuestros antepasados elevaban en el Templo de Jerusalén. Pero, ¿por qué rezar es una acción reflexiva y no una dirigida a Él? Debe ser reflexiva porque al integrarnos uniendo todos los aspectos y dimensiones de la conciencia hacia Su Amor, (creemos posible que) logramos nuestra conexión, unidad y Unicidad con Él. Por lo tanto el rezo judío es integrarse uniéndose uno mismo con el Creador, y no un método para convocarlo a que nos conceda lo que necesitemos, queramos o nos urja para nuestro bienestar personal.

Jacob estaba interesado y preocupado de que sus hijos no estuvieran juntos ni unidos en torno a él y a su legado (Israel como el Pueblo de Dios) y nuestra tradición oral cuanta que todos ellos juntos le declararon: “Escucha Israel, el Eterno es nuestro Dios, el Eterno es Uno (y Único)” para demostrarle que estaban plenamente conscientes del verdadero significado de unidad. Él los llamó ordenándoles estar unidos: “Y Jacob llamó a sus hijos, y dijo: 'Uníos vosotros juntos (…). Reuníos vosotros, y escuchad, vosotros hijos de Jacob; y obedeced a Israel vuestro padre” (49:1-2) y esta orden es la premisa, la condición, el prerrequisito, la provisión para que ellos reciban sus bendiciones. De ahí que nuestros Sabios concluyan que la bendición de cada Tribu es también la bendición de todas ellas. Tenemos que reiterar que las Tribus de Israel igualmente representan rasgos y cualidades de la conciencia, definidas para hacer cumplir la voluntad de Dios en quienes somos y en lo que hacemos. Hemos dicho en otros comentarios que José se convirtió en el Primogénito, Leví en el Sacerdote, y Judá en el Monarca, como las tres facetas del paradigma de Israel, mientras que los demás hermanos representan aspectos contribuyentes a aquel.

En nuestra conciencia ese paradigma integra intelecto, mente, pensamientos, emociones, pasiones e instintos, junto con talentos, destrezas, rasgos y cualidades dirigidos a enriquecer la diversidad existente en la vida. Esta variedad que vemos en el mundo material nos inspira a ser tan diversos como creativos en la misión común de proclamar la Presencia Divina como Su Amor manifiesto en Su Creación. En este sentido el Amor de Dios, como nuestra verdadera Esencia e identidad, es el paradigma de Israel para regir como el Soberano conductor y guía de quiénes somos, de lo que tenemos y de lo que hacemos. Así los caminos y atributos de Amor son los únicos medios para lograr unidad en nuestra conciencia como individuos, y consecuentemente unidad como colectividad en el mundo material.

En nuestros rezos evocamos el Amor de Dios mediante la elevación de nuestro Amor por Él, y cuando ambos se unen estamos preparados para proclamar Su Gloria, la cual llena la Tierra. En el mundo exterior realizamos nuestra misión de unificar lo que está separado, arreglar lo que se ha roto, rectificar lo incorrecto, sanar lo que está enfermo, aligerar lo pesado, desatar lo amarrado, liberar lo cautivo, dotar lo débil, enseñar al ignorante, reunir a los exiliados, todo mediante la unidad integradora que es Amor.

Jacob bendijo lo bueno que hay en nosotros y lo buenos que podemos llegar a ser, y sus bendiciones son tales que también se refieren a los rasgos negativos que amenazan lo bueno como nuestro fin común: “(…) instrumentos de violencia son sus armas. Que mi alma no venga a sus maquinaciones, que mi honor no se junte a sus reuniones; porque en su ira asesinaron hombres, y en su ímpetu quebrantaron bueyes. Maldito sea su enojo porque era ardiente, y su ira porque es cruel (…)” (49:5-7) Hemos dicho frecuentemente que Amor no coexiste con nada diferente a sus modos y atributos. Ira y soberbia son inherentes a la violencia. El Amor de Dios, como estandarte y alma de Israel, no puede asociarse con los aspectos negativos de la conciencia.

Nuestros Sabios destacan que la letra hebrea zayin, que también quiere decir armamento, no aparece en ninguna de las palabras de la bendición de Jacob para Judá porque en su misión para proclamar la Soberanía del Creador los judíos no necesitamos armas, como tampoco las necesita Amor como manifestación material del Amor de Dios. Nuestro Patriarca Jacob nos ordena cumplir nuestra misión como el pueblo judío, y nos dice que Amor es lo que nos unifica para entronizar la Presencia de Dios en nuestra conciencia individual y por extensión en todo el mundo.

Las cuatro porciones finales de Génesis comienzan con José  y terminan con él: “Estas son las generaciones de Jacob: José (…)” (37:2) y “José murió a la edad de ciento diez años (…)” (50:26) cerrando el primer libro de la Torá con el Primogénito del legado de Israel como paradigma del Amor de Dios manifiesto en la conciencia humana. Catorce capítulos que nos enseñan mediante José las cualidades de la mayor bendición del Creador para nosotros: Su Amor.

domingo, 25 de diciembre de 2011

José y Judá: La Realeza del Amor de Dios

Nuestros Sabios comparan a José y a Judá basados en sus experiencias individuales antes de la separación de José de su familia, y en las bendiciones que Jacob y Moisés les dieron como Tribus de Israel. Ellos indican que José representa la relación interior que tenemos con el Creador, y Judá la manifestación material de esta relación. En ese sentido ambos hermanos son las dos caras de la misma moneda como aspectos específicos de una identidad común de realeza, entendiendo realeza como el más elevado conocimiento con el que debemos relacionarnos con Dios. Nuestra relación interna con Él es la conexión más sagrada que podemos concebir, y es la fundación primordial que sostiene nuestra actitud hacia Su Creación referente a la realidad material donde vivimos y nuestra relación con el prójimo.

Hemos mencionado que nuestros Sabios consideran a Jacob y José como un reflejo del otro, como si fueran la misma persona, basados en aspectos similares que Jacob no compartía con el resto de sus hijos. También destacan que lo que ambos compartían era el resultado de su elevada conciencia del Creador, y consecuentemente su estrecha relación con Él. Este es el contexto en el que algunos de nuestros Sabios son llamados tzadikim (justos, íntegros) porque ese nivel de conciencia y conducta es logrado solamente cuando vivimos cada momento en estrecha relación con los caminos y atributos de Dios. Es por ello que José fue elegido para salvar a su familia de la hambruna y protegerlos en la primera etapa de su exilio en Egipto. Jacob hizo pública su preferencia por José no para instigar odio y celos en sus hermanos contra su "elegido", sino para que lo siguieran como ejemplo. No aceptaron a José como tal y tampoco su presumido destino real revelado en sus sueños. Debemos recordar otra vez el episodio de Caín y Abel para ilustrar que el odio y los celos eventualmente conducen al homicidio. La diferencia entre esa historia y esta otra es que, a diferencia del diálogo de Dios con Caín para enmendar su actitud negativa hacia Abel, Jacob aparentemente no animó a sus hijos a reconocer las cualidades de José y seguir su ejemplo.

Debemos conocer y emular las cualidades de tales personajes que los hacen merecedores de convertirse en las vasijas o "carruajes" del Creador para cumplir enteramente Sus caminos y ejecutar Sus atributos. Una señal inequívoca indicada en las Escrituras Hebreas es que cuando Dios está con nosotros, nos convertimos en una bendición para quienes están a nuestro alrededor. Debemos reiterar que primero debemos estar con Él para luego poder estar conscientes de Su Presencia en nuestra vida. Así podemos darnos cuenta de que las bendiciones que otros disfrutan cuando son tocados por nosotros o nos tienen cerca son realmente bendiciones de Dios y no nuestras. Somos simplemente las vasijas o mensajeros de Su Amor, y nuestro Amor también se convierte en medio para transmitir Sus bendiciones. Es esencial recalcar aquí que las bendiciones son tales, siempre y cuando beneficien a todos. El Amor de Dios no está limitado a algunos o excluye a otros, y no sólo para nosotros como individuos ya que Su Amor ocupa toda Su Creación.

Este principio no es fácil de asimilar cuando nuestra conciencia está bajo la concepción errónea de que es una parte separada de la Creación, como resultado de ego en nuestra falsa disociación del Creador. Esta es una idea equivocada que confunde nuestro discernimiento al perder la perspectiva de que la oscuridad y el mal son simples referencias para procurar Luz y Amor. Esta confusión es típica de concepciones no judías de que el bien y el mal son entidades separadas en constante conflicto para prevalecer sobre el otro, y que ambos "actúan" como "fuerzas" o "dioses" ante los que los humanos somos indefensas marionetas y víctimas fatídicas de sus caprichos. Esas concepciones son consideradas idolatría por el judaísmo, al igual que la creencia generalizada de que los humanos somos entidades aparte en un mundo del "sálvese quien pueda", justificando así explotación, discriminación, segregación, exclusión, y esclavitud a nombre de que hay gente inferior y superior, mejores y peores, perfectos e imperfectos, en niveles y categorías diferentes. Bajo estas creencias, las concepciones relativas que algunos dan valor como patrones y sistemas sociales, culturales, educativos, políticos, económicos y morales, definen los niveles del modelo piramidal bajo el que muchas naciones conciben la vida humana en este mundo.

Las bendiciones del Amor de Dios no caen dentro de ese modelo porque no se "filtran" a través de niveles y categorías de creencias particulares opuestas a las cualidades y medios incluyentes, abarcadores e integradores de Amor. Este es nuestra Esencia y, como reflejo del Amor de Dios, no tiene límites ni fronteras, y no se condiciona a intereses individualistas. No podemos amar a unos en detrimento de otros, ni tampoco podemos amar a alguien a expensas de otro. Esto nos recuerda a los carniceros nazis que torturaron y asesinaron a millones de judíos con su ilimitado odio, mientras abrazaban y besaban a sus esposas, niños y amigos, arguyendo que no hay relación entre masacrar despiadadamente a otros y amar a sus familias. Todavía vemos gente odiando a unos mientras "aman" a otros. Tenemos que reconsiderar la manera en que concebimos "amar", especialmente cuando se ha subordinado a fantasías e ilusiones materialistas, a intereses egoístas, y a la dictadura de la sociedad de consumo. Nuestro Amor a Dios es el mismo Amor que manifestamos al prójimo, y la Torá enseña que cuando amamos al Creador estamos instados a amar a los demás.

Cuando amamos como José amaba a sus hermanos, preservamos la unidad integrante que Amor es, y la Redención le sigue. Para lograr ese tipo de Amor, primero construimos nuestra relación interior con el Amor de Dios como lo hizo José, representando así un paradigma para Israel. En este proceso de construcción tenemos que refinar nuestros rasgos y cualidades individuales como parte de todos los niveles de conciencia, siguiendo y emulando los caminos y atributos de Dios. El refinamiento es una característica definitoria de realeza, y la aprendemos directamente del Creador y Rey de todo, nuestro Dios. En el contexto del judaísmo, Judá está destinado a la realeza como manifestación material del Reino de Dios en este mundo. José como rey es nuestro Amor en la relación interior con Dios, y Judá como rey en nuestra relación exterior con Él; entendiendo exterior como la manifestación material de nuestro Amor a Dios.

José está destinado a realeza en su relación interior con Dios, y Judá destinado a realeza para proclamar Su Soberanía en la Tierra. Como dijimos antes, ambas realezas son parte de la majestuosa unidad que debemos lograr en honor de la Presencia Divina en el mundo material. Esta unidad es lograda reforzando nuestra conexión interna con el Creador, mediante nuestro Amor a Él, que significa seguir Sus caminos y atributos; y en esta fortaleza podremos manifestarlos en lo que hacemos. Tal como lo señalan nuestros Sabios, José y Judá son los dos niveles de la verdadera realeza que son nuestro Amor interior y exterior como fieles manifestaciones del Amor de Dios en Su Creación. Aprendemos que materia y espíritu son partes de la unidad que la vida es. Y ambos trabajan juntos como Amor, a través de Amor y por el propósito de Amor, en todos los aspectos de la conciencia con la misión común de honrar el Amor de Dios como nuestra Esencia e identidad.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Vayeishev: Israel como Primogénito

Vayeishev es la primera de las cuatro últimas porciones del libro de Génesis cuyo personaje principal es José. Hay extensos e intensos debates en torno a los sucesos narrados en ellas, porque sus complejidades definieron el destino de Israel como pueblo y como Nación. Estos debates y discusiones entre nuestros Sabios están mayormente centrados en la relación de José y sus hermanos, y por qué los sucesos ocurrieron como tales. La conclusión general es que, sin importar cómo pasaron las cosas y su implicación ética y moral, ocurrieron de acuerdo a la voluntad del Creador. Todos estamos de acuerdo en ello porque es uno de los Principios Fundamentales del judaísmo, los cuales no tienen “peros”.

Los eventos acontecieron para enseñarnos que el libre albedrío que el Creador nos dio, junto con el discernimiento individual y la Torá, tienen como propósito tomar decisiones positivas para honrar Sus caminos y atributos como nuestra semejanza con Él. Los hijos de Israel de hecho sabían lo suficiente bajo las enseñanzas y dirección de su padre, y lo relacionado con bajas pasiones y emociones como envidia, odio y celos, es algo que debemos confrontar con nuestro mejor conocimiento ético (de la Torá) y discernimiento para poder ejercer nuestro libre albedrío. Hemos dicho aquí que el lado negativo de pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos están representados por las “naciones” que debemos conquistar, derrotar y subyugar mediante nuestro mayor conocimiento del Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad.

La Torá nos cuenta que nuestros antepasados no eran perfectos, y vinieron a ser una Nación bajo la conducción del Creador, cumpliendo Su voluntad. Esta es la “perfección” de Israel, lo cual significa que es así, siempre y cuando tratemos de ser buenos seres humanos según lo que el Creador nos define como tal. Esta definición está ampliamente explicada en Su Torá, y reafirmada en Sus atributos de compasión (Éxodo 34:6-7). El discernimiento fue la menor de las cualidades en el acontecer de los hechos entre José y sus hermanos, y tampoco hubo comunicación clara y directa en aras de la verdad. De esto aprendemos que los celos y la envidia conllevan al odio, y el odio conduce al homicidio. El mismo predicamento viene con la codicia, lujuria, indolencia, impaciencia, crueldad y sus derivados (ver en este blog nuestro comentario “Conquistando las 'naciones' con Amor” del 26 de junio de 2010)

Reflexionemos sobre la narración de la Torá basados en los debates y conclusiones de nuestros Sabios. “Estas son las generaciones de Jacob: José (...)” (Génesis 37:2) José es todos los descendientes de Jacob como el prototipo para Israel, porque personifica las cualidades que Jacob quiere para sus hijos. Estas cualidades deben regir sobre los demás rasgos de la conciencia. En cada circunstancia vivida por José, él fue un regidor (en la casa de Potifar, en la prisión donde estuvo recluido 12 años, en la casa del faraón, y sobre la tierra de Egipto) tal como fue pronosticado en sus sueños antes de ser vendido por sus hermanos. La controversia sobre el destinado reinado de Judá como una de las razones para asesinar a José y poner fin a sus “sueños de realeza” debe ser esclarecida bajo una perspectiva diferente. Si José es Israel, todas las Tribus deben conducirse cada una bajo las cualidades de aquel, ya sean sacerdotes, reyes, guerreros, académicos, jueces, artistas, etc.

Nuestros Sabios nos recuerdan las similitudes que solamente Jacob y José compartían en sus vidas y experiencias para entender que su parecido físico no era lo único que tenían en común y que los hacía iguales. Esta es también la razón de por qué Jacob consideró como suyos los hijos de José, y los convirtió en dos Tribus. En este sentido entendemos por qué José se convirtió en el Primogénito de Israel: “E Israel amaba a José más que a todos sus hijos” (37:3), “Y sus hermanos vieron que su padre lo amaba más a él que a todos sus hermanos” (37:4), “Entonces sus hermanos lo envidiaban” (37:11)

Estos versículos nos hacen recordar el episodio de Caín y Abel, y también el diálogo entre el Creador y Caín que nos enseña a esforzarnos a ser mejores, particularmente cuando estamos destinados a ser el Primogénito. Como Israel, estamos destinados a ser Luz de las naciones, Nación de sacerdotes, y Pueblo Sagrado, simplemente porque nuestro Creador es Sagrado. Si elegimos ser los herederos de Sus caminos y atributos, tenemos que ser y manifestarlos para honrar nuestra herencia. No lo hacemos con envidia, celos o codicia, y mucho menos con crueldad, odio y rasgos negativos que asesinan los caminos y atributos de Amor. Debemos discernir acerca de lo correcto e incorrecto, verdadero y falso, útil e inútil, y elegir Amor porque es el legado del Creador, tangible y vivido en toda Su Creación. Nuestro trabajo es disipar las tinieblas que hemos creado en nuestra realidad material, y reemplazarlas con la Luz original con la que fue hecho el mundo. Esta Luz es el Amor de Dios, y como nuestra verdadera Esencia debemos hacerla prevalecer.

Nuestros Sabios dicen que Jacob amó a José como este tipo de Amor: “Amor es tan fuerte como la muerte” (Cantar de los Cantares 8:6), y que sus hermanos lo envidiaron como “La envidia es rígida como una tumba” (8:6) Entonces los Sabios preguntan, ¿Qué puede lograr el Amor ante la cara de la envidia? De esto nos damos cuenta de lo que conduce a la vida y lo que lleva a la muerte, de lo que conduce a la Luz y lo que lleva a las tinieblas. 

Sabemos que en el futuro que es hoy Judá es Israel, por eso somos judíos y la realización del destino que nos depara el Creador como los mensajeros para proclamar Su Soberanía: “Porque Judá prevaleció sobre sus hermanos, y de él viene el príncipe; pero la primogenitura es de José” (I Crónicas 5:2) Como Judá somos el cetro y la corona; y José es la esencia de Israel como nuestra verdadera identidad. No podemos realizar nuestro destino como pueblo y Nación sin honrar el Amor de Dios que nos creó.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Parshat Vayejí: Reconocer y Abrazar el Amor de Dios

Las cuatro últimas porciones del libro del Génesis son las más emotivas de toda la Torá. La historia de José y sus hermanos nos conmueve hasta las lágrimas, las mismas que derramamos cuando añoramos el Amor de Dios como nuestro único Redentor. José es la piedra angular que mantiene la unidad de Israel en su descenso a Egipto y su consecuente esclavitud bajo el dominio del faraón. José entonces reitera su profecía de Redención Divina: “El Eterno ciertamente os recordará” (Génesis 50:24).

Nuestro Padre ciertamente nos recuerda no solamente en tiempos de aflicción o tribulaciones, sino de hecho en el futuro, porque Él siempre nos recuerda. El momento de nuestra Redención individual y colectiva depende de nuestra propia iniciativa, eligiendo las bendiciones y no las maldiciones que enfrentamos cada día en la vida. ¿Cuánto nos va a tomar reconocer a José, nuestro hermano que representa los caminos y atributos de Amor? ¿Qué nos toma elegir Amor en vez de las efímeras fantasías e ilusiones de ego? ¿Dolor, sufrimiento, desilusión, decepción, engaño, separación, aislamiento, tristeza, depresión, y todo aquello que causa aflicción en la vida?

El episodio también nos recuerda que, tal como es Amor el objeto de la relación entre José y sus hermanos, es Amor el objeto de nuestra relación con el Creador. La conexión de Israel con Él se basa en Su Amor, y es a través de este que nos relacionamos con nuestro Padre en el retorno a nuestro verdadero hogar con Él. Adquirimos conocimiento mediante prueba y error, verdadero y falso, correcto e incorrecto; y con esa experiencia aprendemos a discernir entre la bondad y la maldad. En este predicamento debemos integrar en nuestra conciencia la Esencia de la bondad y desechar la negatividad derivada de maldad y falsedad. Este es el mensaje fundamental que nos enseña la Torá con todas sus palabras. Nuestros Sabios explican que el Amor de Dios es la causa de la Creación, y este Amor debemos vivir y abrazar para conocer a nuestro Padre.

En esta porción final del libro de Génesis, Jacob bendice a todos sus hijos con palabras llenas de significados simbólicos no fáciles de comprender, aún para nuestros más sabios exégetas. Esta dificultad se explica por varias razones, siendo la más compleja el contexto Divino de estas bendiciones que como humanos no podemos asimilar. Aunque son las bendiciones de Jacob para sus hijos, él las expresó mediante inspiración Divina. Nuestros Sabios enseñan que algunas están relacionadas con el futuro cercano de Israel como Nación, y la conquista de sus enemigos.

Los significados simbólicos de las Tribus (león, serpiente, lobo, buey, puerta, barco, gacela, etc.) representan no sólo rasgos, cualidades y destrezas de la conciencia humana, sino también dimensiones y potencialidades más profundas de Israel en su conexión con el Creador. Por tanto la misión de Israel es saber y estar consciente de su relación con Él a través del estudio de la Torá y las buenas acciones, como proceso dinámico para asimilar los caminos y atributos del Creador y Su Amor.

Echemos un vistazo a partes de estas bendiciones. “Simeón y Leví son hermanos” (49:5), y nuestros Sabios comentan que Jacob les dijo, “Vosotros fuisteis hermanos para Dina, pero no hermanos para José” (Midrash Rabá). Ambos corrieron a defender el honor de su hermana (tras ser violada en Shejem), porque también se trataba del honor de su familia. Pero no comprendieron que si reconocían la prevalencia y liderazgo espiritual de José entre ellos, también era una manera de defender el honor familiar, acatando igualmente la voluntad de su padre.

“Instrumentos de violencia son sus armas” (49:5), y nuestros Sabios explican que estos no son los instrumentos de Israel para realizar su misión encomendada por el Creador, sino los instrumentos de Esaú como bien le dijo su padre Isaac: “Y por tu espada vivirás” (27:40). Los potenciales aspectos negativos de nuestra conciencia, representados por Esaú y las naciones cananeas, son instrumentos de violencia y aflicción para nosotros y nuestro prójimo. El destino de Israel conquistarlos y subyugarlos.

Esto significa que todos los aspectos y dimensiones de la conciencia deben estar subordinados a los caminos y atributos de Amor. “Maldita sea su ira” (49:7), porque bajo la ira perdemos la visión. Nuestros Sabios enseñan que vivir en ira es hacer idolatría ya que es como vivir en una de las ilusiones de ego (tales como orgullo, envidia, codicia, lujuria, indolencia, etc.), en vez de vivir en la verdad de los modos y atributos de Amor. Es por ello que la ira debe ser maldecida y eliminada de nuestra conciencia.

Veamos ahora una parte de la bendición de Jacob para José: “(…) del Dios de tu padre, y Él te ayudará, y con el Todopoderoso; y Él te bendecirá [con] las bendiciones de los Cielos arriba, las bendiciones del abismo que yace abajo, las bendiciones de padre y madre” (49:25). Así vemos que el Amor de Dios de hecho está en cada dimensión de la vida, y en cada aspecto de la conciencia; nunca separado de nosotros. Al final de esta porción, nuevamente José no es reconocido por sus hermanos:

“Y cuando los hermanos de José vieron que su padre había muerto, dijeron, ‘Y si José nos odiase, y se desquita de la maldad que le hicimos’?” (50:15), “Y José lloró cuando ellos le hablaron a él” (50:17), “Y José les dijo, ‘No temáis, ¿estoy yo en vez del Eterno’?” (50:19). Aquí vemos que el lugar de Amor es Dios, y es el lugar que debemos conocer, reconocer y abrazar. Amor es el lugar que también añora que estemos con nuestro Creador, a veces llorando a gritos y a veces en silencio.

La haftará para esta última porción del Génesis hace un paralelo entre las bendiciones finales de Jacob, y la bendición de David a Salomón antes de morir: “Que el Eterno continúe Su palabra que habló concerniente a mí, diciendo, ‘Si tus hijos atienden su camino, de andar ante Mí en la Verdad con todo su corazón y con toda su alma, ellos no te fallarán’; dijo Él, ‘un hombre en el trono de Israel’.” (I Reyes 2:4) Esta es la promesa del Amor de Dios y Su manifestación cuando nos apegamos a Él.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.