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domingo, 10 de octubre de 2010

Parshat Lej Lejá: Caminando ante el Creador

La porción de esta semana comienza relatando: "Y Dios dijo a Abram: 'Ve a ti (lej lejá) y deja tu tierra, y tus parientes, y la casa de tu padre, y ve a la tierra que Yo te mostraré (…)'." (Génesis 12:1) ¿Quién es este hombre elegido para escuchar al Amo del Universo? La tradición oral judía nos cuenta que Abraham era uno de los pocos individuos que en su tiempo creían en la Unicidad de Dios, y que rechazaban la idolatría. Nóaj y sus hijos aún vivían cuando Abraham escuchó este llamado divino. Este es el llamado que todos los que reconocemos al Creador como el único Dios, y que también negamos la idolatría, debemos escuchar en cada momento. Este es el más preciado conocimiento porque es la porción que hace feliz a cualquiera en este mundo. Este llamado es la invitación para hacer permanente ese conocimiento en nuestra conciencia: Ve a ti mismo, a tu Esencia y verdadera identidad, a la porción tuya que te hace feliz, realmente y a plenitud. Y logramos esa permanencia en una tierra especial que el Creador quiere darnos a los hijos del Pacto, los que reconocemos Su Unicidad.

La Tierra Prometida es el lugar tanto físico como espiritual donde podemos lograr la conciencia permanente de nuestra conexión con el Creador, una tierra que tenemos que conquistar para vivir en paz y armonía en ella: "Y Yo haré de ti una gran Nación; Yo te bendeciré, y haré grande tu nombre; y tú serás [una] bendición" (12:2) Cuando andamos en los caminos y atributos de Amor, de hecho nos convertimos en bendición porque Amor es bendición. Abraham es considerado la personificación de la amorosa bondad (jésed en hebreo), que es uno de los atributos de Dios (Éxodo 34:6-7); y como dijimos en el comentario sobre la parshat Nóaj, en este contexto el Amor de Abraham se encontró con el Amor de Dios. La amorosa bondad de Abraham era una bendición para aquellos que lo rodeaban, y nosotros debemos ser y manifestar ese atributo ya que es lo que nos hace imagen y semejanza de Dios.

Decimos reiteradamente que el Amor de Dios nos creó, y es mediante nuestra conciencia de Amor que podemos conocer al Creador. Para Abraham este principio fundamental estaba tan claro que pudo superar todas las pruebas que le tocó enfrentar a lo largo de su vida: "No temas, Abram, Yo soy un escudo protector para ti; tu recompensa es muy grande" (Génesis 15:1). Por lo tanto, si el Amor de Dios es nuestro escudo… ¿quién podría estar en contra de nosotros? Amor es la Luz con la que disipamos las tinieblas en el mundo material, y mientras seamos y manifestemos Sus modos y atributos no habrá mejor recompensa: "Yo soy el Todopoderoso, camina ante Mí y sé íntegro. Yo estableceré Mi Pacto entre Yo y tú, y te multiplicaré grandemente" (17:1-2)

La Torá y las escrituras hebreas son en su totalidad un manifiesto Divino que proclama la Unicidad del Creador, y constantemente nos advierte de las consecuencias de la idolatría. Desde la transgresión en el Jardín del Edén hasta nuestro actual exilio, la idolatría ha sido la causa de todos los males de la humanidad. La saga de nuestros Patriarcas y Profetas ha sido una permanente batalla contra lo que nos separa del Creador, los "enemigos" de Dios que también son los enemigos de Israel.

Nuestros Sabios señalan a Abraham como el verdadero padre de la humanidad, y no a Adán o Nóaj, porque él y Sara fueron los primeros que verdaderamente caminaron ante Dios, y eran verdaderamente íntegros ante Sus ojos. De estos dos seres humanos excepcionales tenemos que aprender cómo concebir a nuestro Creador, y cómo relacionarnos con Él.

La persona más mencionada en nuestra tradición oral judía es Abraham, aún más que cualquier otro personaje bíblico, porque una de sus cualidades fue su implacable rechazo a la idolatría. Su lealtad al Creador era intachable, y su compromiso con Sus caminos era incondicional. Es interesante notar que este mismo Amor incondicional que Dios tiene a Su Creación es como el aire que respiramos, el sol que ilumina cada día y la lluvia, que no preguntan cuándo ni dónde ni para quién.

Dios ama a toda Su Creación, y también espera un Amor similar por parte de nosotros, Sus criaturas. Esto no significa que Él necesite nuestro Amor. Dios nos dio libre albedrío para que podamos elegir Su Amor en vez de las fantasías e ilusiones del mundo material. Su Amor, que también es nuestro Amor, es lo que nos engrandece y multiplica como las estrellas del cielo y el polvo de la tierra. Esa es la expansión que el Amor de Dios nos ofrece con Sus caminos y atributos. Abraham sabía que las bendiciones del Creador para él y sus descendientes no eran acerca de números sino de rasgos y cualidades que nos hacen crecer como portadores de Luz para el mundo.

Podemos comprender que la Tierra de Canaán es la vida misma, pero para ser vida de verdad tenemos que conquistar y dominar las "naciones" que la ocupan, los rasgos inferiores que debemos elevar para que sirvan al alto propósito que Amor es. Tenemos que ser como Abraham y nunca ceder a nada que no sea la amorosa bondad de Dios, siendo también amorosa bondad constantemente en cada aspecto de nuestra conciencia. Para lograrlo tenemos que confiar en el Amor de Dios y también en nuestra propia conciencia de Amor, como lo hizo Abraham.

Abraham temía al destino que enfrentarían sus descendientes durante su esclavitud en Egipto y en sus otros exilios, porque no somos tan fuertes como él contra las fantasías materialistas de ego. Él rezó por nosotros para que no pereciéramos en las tinieblas del mundo material, pero es nuestra responsabilidad y nuestra elección apegarnos al Creador como lo hicieron Abraham, Isaac y Jacob. Ese es el verdadero legado de nuestros Patriarcas, el legado debemos honrar y realizar.

Vayamos a nuestro propio ser, a la verdadera identidad que nos espera en la Tierra que el Amor de Dios nos muestra. La Tierra que es el mismo Amor que clama por Él para que una vez más nos haga recostar en la bondad de sus praderas.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Parshat V'Zot HaBrajá: Abrazando el Legado del Amor de Dios

“Y esta es la bendición (v'zot habrajá) con la que Moisés, el hombre de Dios, bendijo a los hijos de Israel antes de su muerte” (Deuteronomio 33:1) El hombre de Dios, es él quien representa nuestra conciencia de la Presencia Divina en todas las dimensiones de la Creación; y es el mejor para dirigirnos hacia ese conocimiento. Moisés representa el más alto nivel que nuestro intelecto puede alcanzar en el conocimiento del Creador, aquel que tiene todo claro acerca de Él en su conciencia, aquel que sabe lo mejor de lo mejor. Esta es la claridad que necesitamos para poder cumplir nuestro destino, y esta claridad es el conocimiento total del Amor de Dios como la Esencia de la que fuimos creados: “De hecho, Tú mostraste amor a pueblos; todos sus sagrados [de Israel] están en Tu mano porque ellos se juntaron a Tus piés, cumplieron con Tus palabras” (33:3) Somos sagrados cuando estamos en Sus manos en humildad, siendo y manifestando los caminos y atributos de Amor.

“La Torá que Moisés nos ordenó es un legado para la congregación de Jacob” (33:4), y este es el legado que nos hace ser lo que somos, es nuestra identidad como el Pueblo Elegido, es nuestra identidad como judíos. Escoger algo diferente no es nuestro legado, y es por ello que la Torá nos advierte muchas veces contra la idolatría de las naciones, contra creer y seguir las ilusiones y fantasías del mundo material. Este legado también se trata de voluntad y determinación para realizar el destino de Israel, tal como lo afirma Moisés en su bendición a la tribu de Judá, la cual abarca a todos los judíos en los tiempos actuales: “Oh Eterno, escucha la voz de Judá y tráelo a su pueblo; que sus manos libren la batalla para él, y sé Tú una ayuda contra sus adversarios” (33:7) Voluntad y determinación son nuestro apego a Dios, y cuando andamos en Sus caminos y manifestamos Sus atributos, ¿qué podría estar en contra? Esta bendición es acerca del compromiso que hacemos cuando como individuos y como colectividad abrazamos el legado de la Torá.

La bendición de Moisés a los levitas reafirma la función de ellos como el mayor conocimiento de Amor Divino, y de ahí su guía desde el Templo hacia los demás niveles de nuestra conciencia, ya que es desde el Templo donde estamos permanentemente conectados con nuestro Padre: “Ellos enseñarán Tus ordenanzas a Jacob, y Tu Torá a Israel; ellos ofrecerán incienso ante Ti, y quemarán ofrendas sobre Tu altar” (33:10) El conocimiento total de Amor Divino en todos los aspectos de la conciencia es también la realización de nuestro destino como hijos de Dios. Este nivel, el más elevado, fue logrado indudablemente por José, de ahí que la más dulce bendición fuese para él y sus descendientes, aquellos que siguen sus pasos: “Su tierra [su porción en Israel] será bendecida por el Eterno con la dulzura de los cielos con su rocío, y con el abismo que yace debajo, (…) y con la dulzura de la tierra y su plenitud, y con el regocijo de Aquel que mora en la zarza. Que venga sobre la cabeza de José y sobre la corona de quien fue separado de sus hermanos” (33:13-16) De hecho es la más sublime bendición de todas, la bendición de Amor derramada en la más pura vasija de Amor: la humildad de José. Moisés menciona aquí la zarza ante la que tuvo que quitarse sus zapatos, y es con el regocijo de Amor que vemos a nuestro Creador, porque en el regocijo de Su amor Él nos creó.

“Y a Zebulón él dijo: "Alégrate Zebulón, en tu partida [hacia los mares]; e Issajar, en tus tiendas [lugares de estudio de la Torá]” (33:18) Rashi explica que, mientras Zebulón comercia en los mares, Issajar aprende la Torá en las tiendas, y uno ayuda al otro. La bendición de Moisés a ambas Tribus destaca la cooperación que debe prevalecer en todo el pueblo de Israel. Cada Tribu está bendecida con rasgos y cualidades que se complementan entre sí, en la unidad que debemos tener como pueblo y como nación. Esta cooperación es cuidar unos de los otros, y nuestra diversidad debe ser la fundación de nuestra unidad.

Este es un aspecto del legado de la Torá que nos hace diferentes del resto de las naciones, las cuales representan los niveles inferiores de la conciencia y las fantasías de ego: orgullo, egoísmo, envidia, lujuria, indolencia y demás rasgos negativos. Tengamos presente que las bendiciones recibidas por cada Tribu son las bendiciones para todo Israel, porque en cada una de ellas todos estamos bendecidos.

“Yeshurún, no hay como Dios; Aquel que se remonta en los Cielos es quien te ayuda, y con Su majestad [se remonta] en los Cielos” (33:26) Aquel que nos creó es también quien nos sustenta, porque Su Gloria abarca toda la Creación; por lo tanto, no hay como Él. El último libro de la Torá termina recordándonos otra vez que es Moisés, nuestro más alto conocimiento de la Presencia Divina en toda la Creación, quien nos protege de caer en las ilusiones y fantasías que creamos sin ninguna razón. 
Sabios místicos dicen que esas son las fantasías representadas por el culto a Baal Peor: “Y Él lo enterró [a Moisés] en el valle, en la tierra de frente a Bet Peor” (34:6), así Moisés siempre nos recordará no caer en fantasías innecesarias. Es en el nivel más alto de nuestro intelecto que hacemos clara diferencia entre las fantasías e ilusiones de ego, y los caminos y atributos de Amor. Aún así, lo que elijamos siempre dependerá de sólo de nosotros.

“Y no hubo otro profeta que surgió en Israel como Moisés, a quien el Eterno conoció cara a cara, como atestiguan todas las señales y prodigios que el Eterno le envió para realizar en la tierra de Egipto, al faraón y todos sus sirvientes y toda su tierra, con toda la mano fuerte y con el más grande temor, que Moisés ejecutó ante los ojos de todo Israel” (34:10-12) Este es el privilegio de los humildes como él: “Y este hombre, Moisés, era extremadamente humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra” (Números 12:3), la vasija vacía ávida de ser llenada por nuestro Padre, y poder verlo y ejecutar Sus milagros, para que los demás niveles de conciencia (todo Israel) puedan ver y aprender de Moisés, nuestro maestro.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Rosh Hashaná, Yom Kipur y Sucot

Estas tres festividades mayores tienen lugar en el mismo mes que celebramos el Año Nuevo judío. Este hecho nos muestra que hay conexiones significantes entre ellas, y su denominador común es la Unidad que vivimos con nuestro Creador en cada una de ellas. En Rosh Hashaná lo proclamamos nuestro Rey y nuestro Padre. Nuestros Sabios lo llaman el Día del Juicio, en el que reconocemos que no hay nada más además de Él. Es por ello que ese día leemos la akedá, la atadura (el sacrificio) de Isaac. Sabios místicos dicen que Sara, Abraham e Isaac estaban muy conscientes de que la Creación proviene de Dios y le pertenece a Él, incluyendo nuestras vidas. No hay nada que podamos reclamar como posesión, simplemente porque no poseemos nada excepto las ilusiones materialistas que nos hacen creer lo contrario. Nuestros primeros padres lo sabían mejor que nosotros, y es por esa razón que estaban tan unidos al Creador.

Ellos sentaron el ejemplo para sus descendientes hasta que este conocimiento completo fue dado a nosotros con los Diez Mandamientos, en un día que nuestros Sabios enseñan que es Yom Kipur. En el Nuevo Año que se aproxima, este día será como fue por primera vez, en un Shabat. Otra vez celebramos solemnemente nuestra Unidad con el Creador en una ocasión en que Él expía (transmuta) nuestras faltas, y nos invita a que retornemos a Su Amor, de donde proviene nuestra verdadera identidad. Leemos el libro de Jonás para pedir por nuestro regreso a Él, después de suplicarle que nos perdone.

Si una nación pagana pudo ser perdonada por su arrepentimiento, ¿por qué no el Pueblo Elegido? El profeta Jonás aprendió en su atribulada jornada que de lo que se trata es de confiar en Dios, y no en las ilusiones materiales derivadas de la sombra de una hiedra (kikaion): “Tuviste tú lástima de la hiedra en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció” (Jonás 4:10).

Estas son las fantasías e ilusiones materiales en que confiamos, en vez de confiar en el Eterno que creó todo. Nuestros Sabios explican que Jonás estaba enojado porque una nación pagana estaba dispuesta a retornar a los caminos de Dios, no así el pueblo del Profeta.

El Amor de Dios nos creó y nos sustenta todo el tiempo, como lo hizo en Su nube de gloria cuando liberó a nuestros ancestros de la esclavitud en Egipto. Él nos encomienda recordar Su protección permanente viviendo en cabañas (sucot) durante siete días. En todas las festividades judías recordamos que el Amor de nuestro Creador está siempre con nosotros. Fuimos elegidos para ser Sus hijos y Su pueblo, y por lo tanto debemos también elegir ser Sus hijos y Su pueblo. Y solamente podemos ser conscientes de esto cuando elegimos Sus caminos y atributos. Sólo en completa conciencia del Amor de Dios que lo creó todo seremos capaces de vivir en Su Presencia durante estas memorables festividades.

¡Que el Nuevo Año nos traiga el mayor conocimiento del Amor de Dios en todas las dimensiones de nuestra existencia. ¡Shaná tová u’metuká!

domingo, 20 de junio de 2010

Parshat Balak: El Poder de las Bendiciones del Creador

En esta porción los moabitas, una de las naciones asentadas en la tierra de Canaán, y los madianitas convocan al hechicero Balaam para que maldiga a los hijos de Israel. Ambos pueblos están simbólicamente relacionados con la superstición y las artes adivinatorias que siempre distorsionan la Verdad de la vida: “Y los ancianos de Moab y los ancianos de Madián salieron con las dádivas de adivinación en su mano y llegaron a Balaam (…)” (Números 22:7) y Balaam representa la inclinación destructiva de ego y la actitud posesiva ante la vida con el fin de subyugarla a sus deseos y tendencias negativas. Y, ¿cuáles son las principales dádivas de ego? “Porque te rendiré grandes honores, y haré lo que sea me digas que haga (…).” (22:17) Honores y control total son los fines que procuran el ego y sus dádivas.

Balaam goza del mismo acceso que los profetas hebreos tienen con Dios, y surgen preguntas obvias. Si Dios es bueno por Esencia y no cohabita con nada distinto a Sus caminos y atributos, ¿cómo es posible que Él no niegue acceso a un personaje malvado como Balaam? Antes de responder debemos destacar algunos de los fundamentos del judaísmo.


Dios es Uno y Único, no tiene forma, cuerpo o imagen, y Su Esencia no es comprensible. Esto cual significa que no podemos asimilar las maneras como dirige Su Creación. Lo poco que sabemos de Él es por inferencia de lo que no es; y aunque ello es insuficiente, el judaísmo lo concibe como bueno y Hacedor de bondad, y Su Creación es la prueba rotunda de este principio absoluto. El judaísmo también cree que Él recompensa a los que hacen el bien y castiga a los que hacen el mal, lo cual es una reafirmación de Él es bueno. Esto quiere decir que Él está del lado de aquellos que hacen el bien, y no con los inicuos. En este contexto comprendemos lo que hemos repetido aquí, que el Creador no cohabita con nada diferente a Sus caminos y atributos; definiendo Sus caminos como Sus Mandamientos y Sus atributos como los mencionados en la Torá (Éxodo 34:6-7), todos positivos e inherentes a sí mismos.

Hemos dicho que Dios creó el mal para que podamos tener libre albedrío, y como referencia para distinguir lo que no es bueno. También mencionamos que el mal y sus derivados negativos tienen dos caras: un aspecto es ocultar Amor y mantenerlo ocultado, y el otro como el efecto de separar nuestra conciencia de la unidad de Amor. Esto es el resultado de elegir las ilusiones y fantasías de ego en vez de los modos y atributos de Amor. Esta es la lucha interna y externa que define la conexión entre Israel y Dios: al elegirlo a Él, Sus caminos y atributos, los Israelitas son capaces de conquistar las “naciones” que representan las tendencias negativas en la conciencia.

Luego de este necesario preámbulo podemos poner en perspectiva a Balaam y lo que dice esta parshá acerca de él. Otro aspecto fundamental del judaísmo es que Dios tiene control absoluto de Su Creación y la dirige de acuerdo a Su voluntad, incluyendo el mal creado por Él para que nosotros disfrutemos de libre albedrío y que no excluye al malvado Balaam. Debemos resaltar
de este episodio que la maldad está sometida a Amor y por tanto no puede maldecir, poner en peligro o dañar los modos y atributos de Amor. El pasaje nos cuenta que las cuatro veces que Balaam intentó maldecir a Israel, sólo bendiciones salieron de su boca porque Amor doblega la maldad. Amor siempre bendice no solamente a quienes siguen los caminos del Creador sino también a quienes tienen el potencial de ser y manifestar Sus atributos. Todos estamos bendecidos siempre y cuando vivamos en las tiendas de Amor: “¡Cuán buenas son sus tiendas, Oh Jacob; tus moradas, Oh Israel!” (Números 24:6)


Si Amor está por nosotros con las bendiciones de Dios, ¿qué podría oponerse? “¿Cómo podría yo maldecir lo que el Eterno no ha maldecido? Y, ¿cómo podría abominar a quien el Eterno no ha abominado?” (23:8) Con Amor de nuestro lado todas las ilusiones y fantasías del mundo material están destinadas a desaparecer. Ya dijimos que el Amor de Dios nos dotó con libre albedrío, y Él nos dio no sólo la elección entre las bendiciones y las maldiciones sino el Mandamiento de elegir la vida, la cual representa Sus bendiciones.

El episodio con Balaam nos enseña una vez más que Amor nos otorga el poder de transformar en bondad y bendiciones todos los males, supersticiones y maldiciones, mientras vivamos en sus modos y atributos. La elección es siempre nuestra. Después de todo somos nosotros los agraciados con libre albedrío mediante el Amor de Dios. Celebremos entonces vivir en las bendiciones de Amor:

“Desde la cima de las rocas lo veo (a Jacob/Israel), y desde las colinas lo observo: He aquí un pueblo que morará aparte, y no será contado entre las naciones. ¿Quién ha contado el polvo de Jacob, o contado la multitud de Israel? ¡Que tenga yo la muerte de los justos, y que mi final sea como el suyo!” (23:9-10) Israel representa la conciencia realizada a partir del Amor de Dios, a la cual estamos destinados en la vida porque es nuestra misión revelar la Presencia Divina en toda la Creación. Esta es la que hemos ocultado bajo las tinieblas de las ilusiones del mundo material. El conocimiento total de Amor es percibido y logrado desde los niveles superiores de la conciencia
("desde la cima de las rocas"). En ese sublime lugar estamos aparte, unidos a Amor como la manifestación material del Amor de Dios. En Amor los aspectos negativos de la conciencia (las naciones) no están con nosotros (no somos contados entre las naciones). En esta realización queremos vivir y morir, porque es la manifestación material del Amor de Dios: “El Eterno no es un hombre para poder mentir, ni hijo de hombre para poder arrepentirse: cuando Él ha dicho, ¿acaso no lo hará? O cuando Él ha hablado, ¿no lo ejecutará? He aquí que bendije, y cuando Él ha bendecido yo no puedo revocarlo” (23:19-20)

Las bendiciones continúan, reafirmando que cuando vivimos en los modos y atributos de Amor podemos transformar las tinieblas en Luz, y revelar Amor cuando y donde esté ocultado: “Nadie ha visto iniquidad en Jacob, ni nadie ha visto perversidad en Israel; el Eterno su Dios está con él, y el estruendo del Rey entre ellos. El Eterno que los sacó de Egipto es para ellos como los cuernos de un buey salvaje. Porque no hay hechicería con Jacob ni adivinación con Israel: 'Como ahora será dicho de Jacob y de Israel: ¡lo que ha hecho el Eterno!' He aquí un pueblo que como león se levantará, y como león se erguirá solo. No se echará hasta que coma la presa y beba la sangre de los muertos
” (23:21-24) Es esencial reiterar otra vez que Amor no cohabita con las fantasías e ilusiones de control de ego (hechicería y adivinación).

Entre las bendiciones que siguen (24:5-9, 24:17-24) resaltamos una oración significativa: “Benditos sean quienes te bendigan, y malditos sean quienes te maldigan”. Podría parecer una declaración excluyente, segregadora o de represalia. Aunque podría serlo, no se trata de nada de eso. Hemos dicho que Amor sustenta todo y lo abarca
todo, lo que significa que es incluyente y no lo contrario. Las ilusiones de ego son las que nos excluyen de la Unidad de Amor, por lo tanto cuando maldecimos nuestra conciencia con ellas, de hecho estamos maldecidos.

La parshá termina con la lamentable caída de miles de israelitas seducidos por la lujuria durante la conquista de Moab. Tal como es cierto que nuestro permanente conocimiento del Amor de Dios nos libera de las ilusiones y fantasías del mundo material, al caer en ellas perdemos nuestra conexión con Él, y se convierten en nuestro propio castigo: la plaga que afectó a 24 mil israelitas en ese entonces. Muchos dicen estas sabias palabras: “El pecado es su propio castigo”. En conclusión, el mensaje es reiterado nuevamente: cuando Israel realiza su Unidad con Dios, mediante Su Amor presente en Su Creación, este es revelado y manifestado con toda Su gloria.

domingo, 13 de junio de 2010

Parshat Jukat: Fe en el Amor de Dios

El Creador habla a Moisés y Aarón diciendo: "este es el decreto de la Torá como lo ordena el Eterno (…)" (Números 19:1) La oración enfatiza la autoridad Divina con las palabras "decreto" (jukat) y "ordena", lo cual según Rashi significa que nadie tiene el derecho de cuestionar tal decreto. Tenemos que añadir que esto también se aplica a todos los Mandamientos de Dios en la Torá. ¿Cómo podemos cuestionar la voluntad de nuestro Creador? ¿Cómo podemos atrevernos a cuestionar el aire que nos mantiene vivos? Aún así, parece que nuestro libre albedrío (también dado a nosotros por el Amor de Dios) puede elegir desafiar al Creador de todo. ¿O más bien se trata de una elección de nuestro ego?

Este decreto en particular se refiere al sacrificio de una vaca roja, cuyas cenizas reciben poder Divino en "una ofrenda de fuego purificadora" (19:17) para limpiar a aquellos que estuvieron en contacto con un cadáver. Esto lo entendemos como estar en contacto con la muerte que separa de la verdadera vida. ¿Por qué una vaca roja y no uno de los otros animales mencionados como posibles ofrendas de sacrificio en el Tabernáculo o Templo? Este es uno de los misterios Divinos que ninguno de nuestros exégetas ha podido descifrar, incluyendo al hombre más sabio que jamás ha existido, el rey Salomón. En un sentido literal entendemos que se trata de un animal especial, "una vaca roja perfecta y sin tacha sobre la cual no ha sido puesta una yunta" (17:2) Al igual que los demás animales ritualmente aptos, puede representar una cualidad humana que al ser transformada con fuego (Amor Divino) tiene el poder de redimirnos de la muerte. En este contexto, esa cualidad humana transformada tiene tal poder. Sabios místicos relacionan las cenizas de la vaca roja con la Redención Final cuando la muerte será erradicada del mundo. El punto aquí no es determinar esa cualidad humana particular que tenemos que dirigir hacia nuestra Redención final. El punto es que debemos dirigir todas nuestras cualidades, todos los aspectos de la conciencia al Servicio Divino, el cual es ser y manifestar los caminos y atributos de Dios. Esto es lo que verdaderamente nos redime de las tinieblas de las ilusiones materialistas.

La preeminencia de Amor como principio Divino es reafirmada otra vez en el episodio
cuando Moisés duda del poder transformador y redentor de nuestro Creador: "Toma la vara y reúne a la congregación, tú y tu hermano Aarón, y habla a la roca en presencia de ellos y la roca dará su agua. Y les sacarás agua de la roca para ellos y darás de beber a la congregación y a sus bestias" (20:8) En este versículo aprendemos que la vara representa la dirección que nuestra conciencia superior (Moisés y Aarón) imparte a todos los aspectos y dimensiones de la conciencia material (la roca que representa a los hijos de Israel). El Amor de Dios quiere que le hablemos a la roca para que dé su agua, la que nos mantiene vivos en el desierto donde estamos libres de las ilusiones del mundo. Esta agua es Amor ocultado en la oscuridad del mundo, las tinieblas en las dimensiones de nuestra conciencia, también simbolizada por la roca. Cuando Amor habla la Luz ocultada es revelada, y nuestra conciencia es capaz de realizar nuestra Unidad con Dios. Todo lo que tenemos que hacer es ser Amor, manifestar Amor y hablar Amor, el fuego Divino que transforma los aspectos negativos de la conciencia en expresiones de Amor. 


Hemos dicho que sólo Amor tiene el poder de revelar Amor ocultado en las dimensiones oscuras de la Creación. Y esta agua, este Amor revelado, nutre no solamente nuestra conciencia espiritual sino también los aspectos materiales de nuestra vida ("a la congregación y sus bestias").

Nuestra conciencia superior (Moisés y Aarón) no está libre de cometer errores. Nuestro sentido de rectitud puede volvernos duros y severos al disciplinar nuestra mente, pensamientos, emociones, pasiones e instintos. Parece que tenemos dificultad en armonizar todos los aspectos de la conciencia en nuestras batallas para derrotar las fantasías e ilusiones de ego. Sin embargo sabemos que el Amor de Dios es lo que nos libera de los dominios de ego, del cautiverio en Egipto. Por lo tanto saber esta Verdad implica confiar en ella. La transgresión de Moisés al golpear en vez de hablar a la roca, tal como se lo ordenó el Creador, fue cuestionar Su poder transformador
y redentor aún en las dimensiones más densas y oscuras de nuestra conciencia.

Moisés, nuestro Maestro y el más grande de todos los profetas judíos, cuestionó el Amor de Dios al poner en duda la capacidad de su pueblo de abrazar Su Amor como su único Redentor. Moisés tenía muchas razones para dudar del compromiso de su pueblo como el elegido para crear un lugar en el mundo donde el Creador more en nosotros. Un compromiso para cumplir la misión de revelar Amor como Luz de las tinieblas del materialismo. Esta duda estaba basada en las muchas veces q
ue los hijos de Israel, a pesar de maravillosos milagros, cuestionaron la conducción de Su Redentor. La lección aquí para Moisés y Aarón como símbolos de nuestra conocimiento de conexión con Dios, para Israel y para el resto del mundo, es que el poder del Amor de Dios es ilimitado, eterno y lo abarca todo.

Amor como la manifestación material del Amor de Dios está en todas partes, tanto revelado como ocultado, y nuestra misión en este mundo es revelarlo donde y cuando esté ocultado. Sólo aquellos que estemos permanentemente conscientes de Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad podremos permitir que sea el Amor de Dios el que libre nuestras batallas para conquistar las naciones (los aspectos negativos de la conciencia) y morar para siempre en la Tierra Prometida.

miércoles, 9 de junio de 2010

Parshat Kóraj: Venciendo las Ilusiones de Ego

Kóraj y sus seguidores representan la interferencia del ego cuando los hijos de Israel procuran la elevación de la conciencia (representada por Aarón y Moisés), mediante la cual estamos en constante conexión con Dios. Nuestros Sabios dicen que Kóraj robó uno de los tres tesoros del faraón que habían sido escondidos por José. Como indicamos citando a Sabios místicos, el faraón representa la meta del ego para convencer a nuestra conciencia de que "el río es mío, yo lo creé" (Ezequiel 29:3, 9), y el ego usualmente gana cuando nos hace creer que estamos separados de Dios, que es Unidad.

La separación es la razón fundamental de la existencia del ego, y contradice reglas distintas a su propia agenda: "Toda la comunidad es sagrada y el Eterno está entre ellos, ¿por qué ustedes se alzan sobre la congregación del Eterno?" (Números 16:3) Esto es como si las manos y los pies se quejasen contra la cabeza porque ella controla el cuerpo: “Si todo el cuerpo es sagrado, por qué la cabeza tiene que estar en control? Cada parte del cuerpo también puede estar en control”. En la claridad de nuestro intelecto en su búsqueda de elevar la conciencia y no en la oscuridad del egoísmo es donde la agenda de ego debe ser confrontada: "Venid en la mañana. y el Eterno mostrará quién es Suyo, y quién es sagrado... y a quien Él ha escogido hará que se acerque a Él" (16:5)

Hemos dicho muchas veces que Amor no cohabita con nada distinto a sus caminos y atributos; y esto quiere decir que todos los niveles de nuestra conciencia, tanto los inferiores como los superiores, deben seguir los caminos y atributos de Amor para que estemos siempre cerca del Creador. En este proceso nuestra naturaleza material es debidamente elevada a las supremas alturas de los modos y atributos de Amor, y las dimensiones negativas retornan a las ilusiones del materialismo de donde vinieron. Las ilusiones y fantasías de ego terminan devorando nuestra conciencia y todo en lo que creemos: “La tierra debajo de ellos abrió su boca y los tragó junto con sus casas, y todos los hombres que estaban con Kóraj y todo lo que tenían. Ellos, y todo lo que poseían, descendieron vivos a la tumba; la tierra los cubrió, y fueron perdidos para la congregación” (16:32-33) El texto no menciona que murieron e implica claramente que descendieron vivos a la tumba, y la materialidad que representa la tierra los tragó. La consecuencia fue su separación de la Unidad del Pueblo de Israel con Dios.


La porción prosigue recordándonos que nuestra conciencia superior tiene que estar a cargo de la conexión constante con Dios: “(…) para recordar a los hijos de Israel que ningún ajeno, que no sea de la simiente de Aarón, se acerque a ofrendar incienso ante el Eterno, que no sea como Kóraj y su compañía” (17:5) Estos ajenos son también las ilusiones de ego que pretenden romper la Unidad de Amor. Posteriormente el texto nos relata un milagro para ilustrar la preeminencia del Sumo Sacerdote en nuestra conciencia, y el poder transformador y redentor del Amor de Dios: “(…) y he aquí, la vara de Aarón de la Casa de Leví había brotado; y tenía capullos, y producía almendras. Tenía capullos, produjo frutos, y almendras maduras” (17:23) En hebreo la palabra nes (milagro) también significa “elevación”, que es el propósito de los milagros, ya que elevan nuestra conciencia. En nuestros rezos judíos diarios agradecemos al Creador “(…) en la noche, en la mañana y en la tarde por Tus milagros que están con nosotros, por Tus maravillas y beneficencias en todo momento. (…)”.

La preeminencia del Sumo Sacerdote es reafirmada otra vez: “Y el Eterno habló a Aarón, ‘He aquí, Yo te he dado las ofrendas elevadas a Mí, todas las cosas sagradas de los hijos de Israel” (18:8), “De todo lo que se te ha dado a ti, separarás lo que es ofrecido al Eterno como sacrificio; de todo lo mejor de ellos ofreceréis, la parte más sagrada”
(18:29) Está claro que en nuestra relación con Dios tenemos que ser y manifestar lo mejor de nuestros talentos y cualidades. Si el Creador nos creó a Su imagen y semejanza, la única manera de concebirlo y de verdaderamente conocerlo es siendo y manifestando Sus caminos y atributos, que son precisamente nuestras "cosas sagradas", "lo mejor de la ofrenda", las más sagradas expresiones de todos los niveles de nuestra conciencia y nada menos que eso.

Maimónides dice que “Todo lo que es por Amor de Dios debería ser lo mejor y lo más hermoso. Cuando uno construye una Casa de Oración debería ser más bella que nuestra propia casa. Cuando uno alimenta al hambriento debería alimentarlo con lo mejor y más dulce de su mesa. Cuando uno viste al desnudo debería hacerlo con sus ropas más finas. Cuando uno designa algo para un propósito sagrado debería santificar sus más preciadas posesiones, tal como está escrito: ‘Toda la gordura es para el Eterno’ (Levítico 3:16).” (Mishné Torá, Leyes de las cosas prohibidas para traer al Altar 7:11)

domingo, 30 de mayo de 2010

Parshat Shelaj: Confiemos en el Amor de Dios

En Behaaloteja, el episodio de lujuria vivido por algunos de los hijos de Israel fue una clara señal de que no estaban preparados para ocupar la Tierra Prometida, y en Shelaj esa señal comprobó ese hecho. En aquellos tiempos (al igual que en los actuales) sabíamos que conquistar nuestros bajos pensamientos, emociones, pasiones e instintos no es una tarea fácil a menos que estemos completamente conscientes de que el Amor de Dios, no es sólo lo que sustenta cada dimensión de nuestra vida, sino que además es nuestro único Redentor cuando estamos atrapados en las ilusiones de las tendencias negativas de la conciencia.

Sin embargo nuestros Sabios no coinciden con esta opinión y señalan acertadamente que los hijos de Israel sí estaban listos para entrar en la tierra de Canaán, pero que no estaban dispuestos a hacerlo. Nuestros Sabios indican con razón que la comodidad de depender exclusivamente de Dios en el desierto era preferible a confrontar y eventualmente conquistar los aspectos negativos con los que el ego quiere dirigir nuestra conciencia. Es cierto que cuando estamos permanentemente con Dios no hay nada qué conquistar porque pertenecemos a Su Unidad. Pero Él quiere que nosotros
conquistemos las tinieblas (los aspectos negativos de la conciencia) con Su Amor. Con el fin de cumplir esa misión tenemos que confiar en Amor. Tiene sentido dudar cuando creemos que no estamos preparados para una tarea, pero es nuestro deber derrotar la duda con la completa certeza de que Amor está constantemente con nosotros.

En el caso de nuestros antepasados, ellos tuvieron mayores pruebas del Amor de Dios: su Redención de Egipto, la separación de las aguas del mar, y los milagros que vivieron a diario en el desierto.
¿Por qué entonces no confiar en Dios con tantas pruebas tangibles de Su Amor? Nosotros ahora vivimos Sus milagros en cada momento, y aún así no confiamos plenamente en Él. Confiamos en el dinero más que en Amor, a pesar de saber de sobra que sin Amor no podemos vivir. Preferimos creer que ilusiones materialistas son mejores que vivir en la Verdad que es Amor. Después de todo, vivimos en una realidad material en la que las ilusiones de ego son las que perseguimos para vivir y morir por ellas. Una vez más el asunto aquí y ahora es creer y confiar en Dios o no; y de eso es lo que se trata esta porción de la Torá.

Decimos que Amor se trata de confianza y esta misma se trata de Amor. En eso se basa nuestra relación con el Creador, el matrimonio entre Israel y Dios. En el caso de la historia de los espías, la Torá dice: " (...) 'envía tú hombres para espiar la tierra de Canaán, que Yo doy a los hijos de Israel'." (Números 11:2) Ellos tal vez confiaban en Dios, pero no en lo que Él podría hacer cuando ellos tuvieran que confrontar la lujuria, envidia, avaricia, arrogancia, y demás aspectos negativos representados por las naciones cananeas. Bajo las circunstancias, el sentido común nos dice que ellos simplemente no confiaban en Dios, ya que de lo contrario hubieran entrado inmediatamente a la Tierra Prometida como estaba originalmente planeado.

Hay un asunto importante que debemos señalar y es el libre albedrío. Dios no se impone sobre nadie, de lo contrario Su Amor no sería Amor. Por eso nos creó con el fin de que usemos el intelecto y el sentido común para elegir Sus modos y atributos, en vez de las ilusiones materialistas de ego. El texto es claro: "Envía tú hombres" (lit. envía para ti gente), tú (Moisés) deja que ellos hagan su elección; y ellos la hicieron. Eligieron quedarse en el desierto y morir ahí bajo el cuidado y protección del Amor de Dios, en vez de dejar que Él los guiara para conquistar los aspectos negativos de la conciencia. Y así fue. Amor permitió que esa generación muriera a su tiempo durante los siguientes 39 años, y Él preparó la siguiente generación para cumplir Su plan para Israel.

La narración es clara en sus imágenes de lo que "vieron" los espías en la tierra, y una vez más es reiterado que desconfiar de nuestro Creador y único sustento acarrea la muerte bajo las ilusiones de nuestra conciencia
inferior. Después del episodio de los espías, la porción prosigue con sacrificios adicionales ofrecidos en el Tabernáculo al vivir en la Tierra de Israel: "Y para la ofrenda de libación presentaréis la tercera parte de un hin de vino, de dulce sabor para el Eterno." (15:7) Sabios místicos explican que esta ofrenda adicional de vino no era quemada sino derramada, lo que significa que no sólo elevamos todos los aspectos de la conciencia ante Dios sino que también derramamos al mundo material Su bondad para celebrar Su gloria, Su Amor en este mundo. Y "(…) cuando comas del pan de la Tierra, separarás una porción como regalo para el Eterno" (15:19): este es el Mandamiento de la jala, que representa también nuestra conexión permanente con el Creador. El pan de la Tierra es el resultado de cómo transformamos el alimento crudo de ella (trigo) en pan (oscuridad en Luz), un proceso que en cada paso estamos unidos al Creador.

La porción termina con otro recordatorio de que ser y manifestar los caminos y atributos de Amor son nuestra conexión con Dios: "Y serán para vosotros como filacterias que miraréis, y recordaréis todos los Mandamientos del Eterno y los cumpliréis; no sea que vayáis tras vuestro corazón y vuestros ojos por los cuales os desviáis; para que os recordé
is y hagáis todos Mis Mandamientos, y seáis sagrados para vuestro Dios. Yo soy el Eterno vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: Yo soy el Eterno vuestro Dios." (15:39-41)


Estos versículos significan que, o elegimos seguir los deseos e ilusiones materialistas de ego (lo que nuestros ojos desean ver) en los que quedamos atrapados y morimos, o seguimos los caminos y atributos de Amor, la libertad y santidad materializadas del Amor de Dios que nos redime de las tinieblas de la ilusión, nuestro Dios.

sábado, 22 de mayo de 2010

Parshat Behaaloteja: Ascendamos al Amor de Dios

Behaaloteja es traducida usualmente como "cuando enciendas las lámparas", pero la traducción literal del hebreo es "cuando eleves las lámparas" (Números 8:2) Rashi explica este encender como un proceso o acción de ascenso que tiene lugar cuando elevamos todos los niveles de la conciencia al conocimiento de Dios en cada aspecto de la vida: "Y ese era el trabajo de la menorá (candelabro), obra forjada en oro, desde la base y hasta las flores arriba, era de trabajo forjado." (8:4) Hemos dicho que oro representa lo más fino, además de la más preciada cualidad en el mundo material. Está escrito (Éxodo 35) que la menorá fue forjada en una sola pieza de oro, y encendida representa el mayor conocimiento de nuestra Unidad con el Creador.

Aunque Aarón, el Sumo Sacerdote, fue asignado para encender la menorá nuestros Sabios dicen que cualquier persona podía hacerlo afuera del Tabernáculo o del Templo (Talmud, Yoma 24b) Esto nos enseña que cada aspecto de nuestra conciencia es capaz de encenderse para elevarse al Creador y convertirse en Su lámpara para iluminar el mundo. En este contexto la función del Sumo Sacerdote como nivel más elevado de la conciencia está para asistirnos cuando los aspectos inferiores de ella no puedan convertirse por sí mismos en las vasijas del Creador. Es interesante notar que en el mismo capítulo de esta porción se enfatiza una vez más la función de los levitas (cuya Tribu incluye a los sacerdotes) como aquellos en permanente conexión con Dios: "Así separarás los levitas de entre los hijos de Israel, y los levitas serán Míos" (Números 8:14)

La porción semanal continúa con un mensaje esencial de la Torá: "Si un hombre de vuestra o vuestras generaciones esté inmundo por tocar un cadáver, o por estar lejos de viaje, aun así guardará la Pascua para el Eterno" (9:10) Este es el dulce Mandamiento llamado Pésaj shení, segunda Pascua, la cual significa que a pesar de las transgresiones cometidas al estar separados de Dios, y de distanciar nuestras vidas materiales de Sus caminos y atributos, Él espera nuestro retorno. Reflexionemos en torno a este Mandamiento. La gente que estaba "inmunda" o "lejos" fueron aquellos que acudieron a Moisés pidiéndole una segunda oportunidad para traer las ofrendas que no pudieron traer al Tabernáculo o Templo en el tiempo determinado para ello en la primera Pascua, y Dios les dio esa oportunidad. Una vez más, de nosotros depende retornar al Amor de Dios porque somos nosotros quienes nos separamos de Él. Por lo tanto es nuestro deber mantener permanentemente la conciencia de Amor como nuestra verdadera identidad en todo lo que somos y hacemos, porque el Amor de Dios está constantemente con nosotros como nuestro Creador y único sustento que es: "Así fue siempre: la nube lo cubría, y la aparición de fuego en la noche" (9:16), y los versículos siguientes (9:17-22) reiteran la Presencia Divina constante en el Tabernáculo, el lugar sagrado que simboliza nuestra conexión con Él.

Cuando estamos conscientes de esta conexión, todo lo que amenaza los modos y atributos de Amor desaparece. Si el Amor de Dios está con nosotros, ¿qué podría estar en contra? "Y aconteció que, cuando el Arca salía adelante, Moisés decía 'Levántate Oh Eterno y dispersa a Tus enemigos, y aquellos que te odian huyan de Ti'." (10:35) Cuando nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos son llenados y guiados por Amor, es el Amor de Dios transforma y eleva lo que tocamos con nuestros hechos y acciones. Debemos comprender la alegoría bíblica del Amor de Dios como fuego, y en este contexto Amor como su manifestación material es un fuego transformador. Amor es lo que nos redime de la oscuridad de las ilusiones materialistas que debemos quemar para transformarlas en Amor como medio para retornar al Amor de Dios. Amor es la verdadera realidad, y no aquella basada en las fantasías e ilusiones de ego.

Todos los calificativos de Dios en la Torá y las Escrituras hebreas, de "celoso", "iracundo" y "vengativo" son alegorías para que entendamos que Él no cohabita con nada diferente a Sus caminos y atributos. Su Amor como Fuego Divino se aplica de la misma manera. Ya hemos repetido muchas veces que Dios hizo Su Creación para Su Gloria que es Amor, y que estamos aquí para proclamar Su Gloria. Para cumplir esa misión tenemos que transformar todos los niveles de nuestra conciencia con el fuego de Amor.

"Y aconteció que el pueblo se quejó a oídos del Eterno, y el Eterno los oyó y se enardeció Su furor. Y se encendió en ellos fuego del Eterno y consumió un extremo del campamento. Entonces el pueblo clamó a Moisés y Moisés oró al Eterno, y el fuego se extinguió." (11:1-2) Esta es la aparente destrucción que traemos a nosotros cuando nos separamos de Amor. Es de hecho aparente como lo es la "muerte" mencionada también en las Escrituras hebreas cuando uno es "expulsado" de la Unidad de Dios, pero esa muerte deja de serlo cuando elegimos retornar a Él. "Y la multitud mezclada entre ellos sucumbió ante la lujuria, y los hijos de Israel lloraban diciendo: '¡Si nos dieran carne para comer'!" (11:4)… "Aun estaba la carne entre los dientes de ellos antes que fuese mascada, cuando el furor del Eterno se encendió en el pueblo, e hirió el Eterno al pueblo con una muy plaga muy grande. Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataavá, porque ahí sepultaron la lujuria del pueblo." (11:33-34)

Citamos a nuestros Sabios enumerando la lujuria, junto con la avaricia, el orgullo, la envidia, la impaciencia, la imprudencia y la indolencia, como las cualidades negativas que corrompen nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Alegóricamente están representados por las naciones cananeas que Dios ordenó a Israel conquistar y expulsar de la Tierra Prometida. Las batallas para conquistarlas no son fáciles cuando estamos separados de Dios. Sin embargo Él sabe que estamos hechos de carne y que somos débiles ante las ilusiones del materialismo, ya que experimentamos más físicamente lo material que lo espiritual. El Creador nos deja ejercer el libre albedrío para que aprendamos de las decisiones que tomamos. En este caso la lujuria nos castiga despiadadamente haciéndonos sentir muertos como en una plaga.

La porción termina con la "expulsión" y "muerte" temporal por siete días de Miriam, la hermana mayor de Moisés, como consecuencia de haber hablado negativamente de él. Otra vez la maledicencia es condenada como una de las mayores transgresiones contra el prójimo. Esta es la manera más fácil del ego para proclamar su dominio en la conciencia, haciéndonos sentir "separados" de la Unidad de nuestro Pueblo, de la Unidad de la Creación, y de la Unidad de Dios. Este episodio es tan importante para nuestra educación ética y espiritual, que Dios nos ordena a los judíos recordarlo todos los días de nuestra vida.

martes, 18 de mayo de 2010

Shavuot: Unidad en el Amor de Dios

El momento más importante en la historia judía es cuando Dios, Amor, habla al Pueblo de Israel. Lo decimos en presente indicativo como lo mencionamos en el libro "Dios como Amor", ya que este momento trascendental de hecho es eterno. Sólo tenemos que estar plenamente conscientes de él, pero ¿cómo podemos lograr este sublime conocimiento? Siendo Uno con Él, tal como lo "fuimos" en el desierto de Sinaí hace 3323 años. Parece paradójico porque, ¿cómo un suceso ocurrido hace tantos años puede ser eterno? Porque Dios, Amor, es eterno y no hay tiempo, espacio ni ninguna condición o limitación para Él. Nuestra mente no lo puede comprender porque está limitada a tiempo y espacio, y simplemente no podemos asimilar nada fuera de esos límites.

En "Dios como Amor" presentamos a nuestro Creador de acuerdo a los principios fundamentales del judaísmo, y entendiendo el repetido mensaje de la Biblia hebrea (directo e implícito) que Dios concibió Su Creación por Amor, y el hecho de que también es sustentada por Él es la reafirmación de Su Amor. Esta Verdad evidente por sí misma es explicada y sostenida por declaraciones y pasajes de la Biblia hebrea citados en el libro. Además, ¿qué otros motivos o razones podrían existir para negar esta Verdad? Como ya lo sabemos, Dios es Su propia causa y efecto, al igual que Sus atributos revelados por Él a Moisés (Éxodo 34:6-7). Entre más aprendemos estos atributos, más cerca estamos de "conocer" a Dios; y este conocimiento nos conduce a nuestra conciencia de Unidad con Él. Cuando leemos que fuimos creados "a Su imagen y semejanza", estamos impulsados a averiguar lo que eso significa, por el simple hecho de que se trata de nuestra identidad: aquello que ha sido dicho en la Torá y cuyos detalles están explicados a lo largo de las Sagradas Escrituras hebreas, diciéndonos cómo nosotros como humanos podemos concebir a Dios, y la manera de relacionarnos con Él.

Decimos en "Dios como Amor" que esta búsqueda de nuestra verdadera identidad ocurre mediante un proceso de clarificación de lo que llamamos ilusiones de la oscuridad como concepción materialista de la vida. Este proceso exige mucho discernimiento y claridad en la manera como ejercemos nuestro libre albedrío, asimilando la ética inherente al Amor Divino. Esta es la mayor contribución del judaísmo al mundo, y es la misión para la que fuimos elegidos cuando Amor Divino se nos reveló en Sinaí. Esta revelación es la identidad que Él quiere que seamos y manifestemos: Su imagen y semejanza. Sin embargo, esta revelación acontece después de limpiar nuestra conciencia de las ilusiones dictadas por las fantasías materialistas del ego. Con el propósito de lograrlo clamamos a Dios, Amor, el Único que nos libera de la esclavitud del ego: el faraón en sus dominio
s egipcios. El éxodo de la tierra donde fuimos esclavos ocurrió después que aprendimos y asimilamos en nuestra conciencia que Amor Divino es quien nos redime de la oscuridad de las ilusiones de ego.

El éxodo es la primera fase seguida por nuestro paso por el desierto de Sinaí, donde estuvimos inmersos en el conocimiento de nuestra verdadera identidad. La Torá nos cuenta que este proceso tomó siete semanas (Shavuot) en las que reorientamos nuestro intelecto, mente, emociones, sentimientos, pasiones e instintos con el fin de ser capaces de reconocer Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad. Sabios místicos enseñan que esta reorientación es la corrección o rectificación (tikún) de las siete emanaciones (sfirot) con las que Amor Divino creó todo lo que existe, porque corrompimos esas emanaciones cuando elegimos vivir en las tinieblas de las ilusiones materialistas en vez de vivir en los caminos y atributos de Amor. En cuanto iniciamos un proceso de auto-evaluación prudente y de clarificación de nuestra conciencia de las ilusiones de ego, podremos ser capaces de convertirnos en las vasijas vacías para ser llenadas solamente con los atributos de Dios, Amor. Este es el momento eterno cuando Dios, la Torá, el Shabat e Israel son Uno.

La paradoja continúa y seguimos queriendo comprender cómo es que este momento es eterno. Como ya lo hemos dicho, ocurre cuando elevamos la conciencia a Amor Divino al convertirnos en las vasijas de esta sublime identidad, nuestra verdadera identidad, Amor. Como Amor, nos convertimos en la causa y el efecto; y podemos revelarlo donde y cuando esté ocultado en las tinieblas. Así cumplimos la promesa de Redención, siendo y manifestando la Luz de Amor en el mundo, lo cual también es Su Mandamiento para nosotros crear en el mundo un espacio donde Él pueda morar. Seamos y manifestemos los caminos y atributos de Amor permanentemente, y así recuperar la eterna conciencia de nuestra Unidad con Amor Divino.

sábado, 15 de mayo de 2010

Parshat Nasó: Unidad en la Diversidad


Nasó continúa con la cuenta de cabezas de la Tribu de Leví y sus tareas en el Tabernáculo, y después que este censo concluye "como lo ordenó el Eterno" (Números 4:49) Esta porción se refiere a tres situaciones como la lepra (tzaraat), la infidelidad (sotá) y la dedicación total (nazir) al Servicio Divino. En el primer caso se trata de un recordatorio de que el metzorá (ver nuestro comentario sobre la parshat Metzorá) debe ser expulsado de la comunidad: "Tanto hombre como mujer serán expulsados, y deberán ser enviados fuera del campamento, para que no corrompan vuestros predios en los que Yo habito entre [en] ellos." (5:3) Nuevamente es reiterado que el Creador no cohabita con nada diferente a Sus caminos y atributos, y que nuestro apego a estos debe ser permanente.

Si elegimos vivir en ilusiones como la maledicencia, el orgullo, la ambición, la avaricia, y patrones de conducta negativos, con la lepra que representan, somos nosotros quienes nos expulsamos de la Unidad que representa Dios y Su Pueblo. Enfaticemos una vez más que no somos víctimas de venganza o represalia por las transgresiones que cometemos, sino que son la consecuencia directa de nuestras acciones. El Amor de Dios no nos expulsa por nuestras decisiones negativas, somos nosotros los que nos separamos de Él cuando perseguimos las fantasías e ilusiones de ego. Amor, como la manifestación material del Amor de Dios, siempre mora con nosotros cuando seguimos Sus caminos y atributos.

Aquí decimos que Amor es cuestión de confianza, y esta surge de la lealtad y la fidelidad. También decimos que Dios e Israel están unidos en matrimonio, y este como tal se sostiene en confianza, lealtad y fidelidad. "Cuando un hombre o mujer cometa cualquier transgresión contra su prójimo actuando traicioneramente con Dios (…)" (5:6), dice claramente que una transgresión contra nuestro prójimo, hombre o mujer, es una transgresión directa contra Dios. También reitera que es el Sumo Sacerdote quien realiza la expiación, ya que está a cargo de elevar nuestras cualidades y acciones para convertirlos en vasijas de la voluntad del Creador. Esto, una vez confesemos (reconozcamos) y restituyamos o compensemos a las víctimas del daño causado por nuestra conducta negativa. Hemos indicado que respecto a transgresiones nuestros Sabios dicen que "una persona no peca a menos que un espíritu de locura entre en ella" (Talmud, Sotá 3a), y esto nos enseña que tenemos que estar constantemente vigilantes contra aquello que nos seduce a la ilusión y las tendencias negativas de la conciencia.

Nasó prosigue con las leyes del nazir, persona que se dedica enteramente al Servicio Divino, ya sea temporal o permanentemente (6:2-21) y luego declara uno de los pasajes más importantes de la Torá: "Háblale a Aarón y sus hijos, diciendo: 'Esta es la manera en la que bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Que el Eterno te bendiga y te cuide. Ilumine el Eterno Su rostro sobre ti y te muestre Gracia. Eleve el Eterno Su rostro sobre ti y Te conceda paz'. Y pondrán ellos Mi Nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré". (6:23-27) Otra vez, es el Sumo Sacerdote, nuestra conciencia de conexión permanente con Dios, el investido con el sublime Mandamiento de bendecir a Israel. Él es la vasija que integra todas nuestras cualidades individuales y colectivas, nuestros potenciales para cumplir la misión de crear un lugar para que el Creador more en el mundo.

Pongamos estas bendiciones en el contexto del Amor de Dios: "Que Amor Divino te bendiga (haciéndote ser y manifestar bondad) y te cuide (que esta bondad te proteja). Ilumine Amor Divino Su rostro sobre ti (manifestándose en ti e irradiando en ti) y te muestre Gracia (que lo que hagas, como Su manifestación, sea un acto de Gracia para ti mismo). Eleve Amor Divino Su rostro sobre ti (elevándote a Él tal como Él eleva Su manifestación en ti) y te conceda paz (haciéndote Uno con Él)". Estas bendiciones también son recibidas por quienes ponen el Nombre del Eterno sobre los hijos de Israel: "(…) y Yo los bendeciré", refiriéndose a los Sacerdotes, lo cual significa que nuestra conciencia de conexión permanente con el Amor de Dios es también bendecida cuando es bendecido cada aspecto de nuestra conciencia y su cualidad para servirlo a Él.

Es interesante notar que este pasaje termina con el siguiente versículo: "Y aconteció que el día en que Moisés concluyó la dedicación del Tabernáculo, él lo ungió, lo santificó, al igual que todas sus vasijas; y el Altar y todas sus vasijas” (7:1) Como vemos, las bendiciones sacerdotales son la culminación de la dedicación del más alto nivel de conciencia, el Tabernáculo, como nuestra conexión y unidad permanente con el Creador. La porción prosigue con las ofrendas presentadas por los líderes de Israel a nombre de sus respectivas Tribus. Las ofrendas detalladas (todas exactamente iguales) de cada una están mencionadas doce veces. ¿Por qué se mencionan doce veces si todas son las mismas? Nuestros Sabios explican que, aunque eran idénticas, cada una fue presentada con la manera particular de cada Tribu. Esto enfatiza el hecho de que cada Tribu es diferente, tal como son diversas cada una de nuestras cualidades individuales. No importa qué tan distintos seamos, todos poseemos nuestros propios talentos y habilidades, que combinados en unidad nos convierten en las vasijas perfectas para ser llenadas con los atributos de Amor, con el único propósito de revelar la Presencia de Dios e iluminar con ella el mundo.

Día de Jerusalén 5-12-2010

Hoy celebramos la liberación de Jerusalén durante la Guerra de los Seis Días. Este magnífico acontecimiento es significante en muchos sentidos, porque Jerusalén no sólo es un lugar en el tiempo y en el espacio sino también el más elevado nivel de conocimiento donde estamos completamente conscientes de la permanente conexión entre Israel y Dios, Amor.

Perdimos nuestra preciada ciudad cuando permitimos a nuestros enemigos invadirla y expulsarnos de ella. ¿Y quiénes son nuestros enemigos? Aquellos que procuran nuestra destrucción y romper además nuestra conexión con Amor Divino, mediante la "ocupación" de nuestra bienamada Ciudad Sagrada que es la capital, la cabeza indivisible de Israel. E Israel significa el pueblo elegido por Amor Divino para propagar su Luz en el mundo. Tengamos presente entonces que nuestros enemigos son todo aquello que quiere imponer las ilusiones de la oscuridad para ocultar la Luz de Dios, Amor, en Jerusalén que es nuestra más elevada conciencia de lo Divino.

Hoy celebramos la liberación de nuestra Ciudad Sagrada de sus ajenos ocupantes, y esta liberación no es suficiente. Tenemos que reconstruir su Templo en el que logramos la conciencia absoluta de nuestra Unidad con Dios, nuestro Creador. Y esta reconstrucción es lograda cuando vivimos permanentemente en Su voluntad, caminos y atributos, mediante los cuales la Presencia Divina, la Shejiná, es restaurada en nuestra conciencia. Recordemos que la Shejiná abandonó nuestra Ciudad Sagrada cuando nuestros enemigos destruyeron el Templo y nos expulsaron de nuestra Tierra.

Rezamos tres veces al día por la reconstrucción de Jerusalén, e imploramos a nuestro Dios que more para siempre en ella "como un edificio eterno", "y establece el trono de David en ella" (liturgia judía). Después de dos mil años nuestras oraciones fueron respondidas: en una milagrosa guerra nuestro Ejército liberó a Jerusalén. Ahora nos corresponde hacer nuestra parte para cumplir la promesa de Dios, Amor, anunciada por nuestros profetas: reconstruir la Ciudad Sagrada, nuestra más alta conciencia de Amor Divino. Cumplimos esa promesa de la misma manera en que lo hicimos cuando Dios, Amor, nos ordenó liberar la Tierra Prometida después de nuestro Éxodo de Egipto y vivir cuarenta años en el desierto de Sinaí, derrotando aquellos y todo lo que busca destruirnos e imponer las tinieblas en el mundo. Y esos son los mismos que se oponen a los caminos y atributos de Amor.

Si queremos que la promesa Divina sea cumplida, debemos comenzar por conquistar y derrotar las cualidades y tendencias negativas en nuestra conciencia individual, que son las que nos mantienen en el exilio de nuestra Tierra y nuestra capital, sumidos en las ilusiones de las tinieblas ya sean ideas, creencias, pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos que amenazan con expulsarnos de nuestro verdadero hogar, nuestra Tierra, nuestra Ciudad y nuestro Templo: nuestro permanente conocimiento de Amor Divino en nuestras vidas, en nuestro entorno y en toda la Creación. ¡Feliz Día de Jerusalén!

sábado, 8 de mayo de 2010

Parshat Bamidbar: En el Desierto


"En el desierto" (bamidbar) es el nombre del cuarto libro de la Biblia hebrea y de su primera porción. Hay algunas circunstancias en Bamidbar que hacen reflexionar a nuestros Sabios, y una de ellas es la frase en el desierto: "Y el Eterno habló a Moisés en el desierto de Sinaí." (Números 1:1) Algunos meditan en la aparente redundancia en las palabras "desierto" y "Sinaí", porque Sinaí está en el desierto, y lo entienden en diversas maneras. En el desierto estuvimos constantemente ante nuestro Creador, cuya Presencia estaba en Sinaí desde donde se comunicaba directamente con Moisés, nuestro maestro. Por consiguiente ambos lugares mencionados implican la Unidad del Pueblo de Israel y Dios, que luego continuaría con el Tabernáculo como intermediario. En el desierto estamos separados de nuestra vida mundana, donde no hay nada de lo que dependamos o de lo que nos apeguemos para poder existir y vivir de acuerdo a lo que elegimos hacer en la vida.

De hecho, es en el desierto donde vivimos por corto tiempo porque ahí no hay nada excepto lo que llevemos con nosotros para sostenernos mientras estemos en él. En el desierto no hay ilusiones materiales que podamos desear ser o tener, y no hay posible idolatría porque ahí no hay imágenes para inclinarse a ellas (a menos que las creemos). En el desierto están las circunstancias perfectas para concebir a Dios y estar conscientes de Su Amor que nos creó y nos sustenta, el "lugar" para recibir Su Torá. Si no limpiamos nuestra conciencia de deseos y apegos materialistas, nunca seremos las vasijas vacías en espera de llenarse con nuestra conexión permanente con el Amor de Dios, la cual es el matrimonio entre el Creador e Israel. Esta es la eterna unión evocada en el Cantar de los Cantares y en la haftará que leemos junto con esta porción: "Te desposaré a Mí para siempre. Te desposaré a Mí con rectitud y con justicia, y con amorosa bondad y compasión. Te desposaré a Mí con fidelidad, y conocerás al Eterno." (Oseas 2:21-22)

Estos versículos están precedidos por esos tiempos en que los ídolos, representando los deseos de ego e ilusiones materialistas, no satisfacen el verdadero sentido de la vida: "Y ella correrá tras sus esposos y no los alcanzará, y los buscará pero no los encontrará; entonces ella dirá: 'Iré y retornaré a mi primer esposo porque mejor me iba entonces que ahora'." (2:9), y cuando finalmente estamos dispuestos a retornar a Dios, Él nos abrazará: "Por lo tanto, he aquí que Yo la atraeré y la encantaré, y la traeré en el desierto, y Yo le hablaré a su corazón. (…) como en el día cuando subió fuera de la tierra de Egipto" (2: 16-17), "Me acuerdo de la amorosa bondad de tu juventud, tu amor nupcial, cuando Me seguías en el desierto, en tierra sin sembrar" (Jeremías 2:2) Una vez más la Torá nos recuerda que es nuestra la elección retornar al Creador y a nuestra conexión permanente con Él.

La porción continúa: "Tomad cuenta de cada cabeza de toda la congregación de los hijos de Israel" (Números 1:2) un "conteo de cabezas" ("levantar la cabeza" en el texto hebreo original) que según nuestros Sabios representa cuán preciosa es cada alma para nuestro Creador, y "levantar las cabezas" a Él es como nos hacemos conscientes de ello. ¿Cómo podría no ser así? ¿Cómo podríamos concebir el Amor de Dios sin que ame toda Su Creación? Cuando miramos alrededor y vemos la perfección de esta, nos damos cuenta de que lo que la hace imperfecta es la manera cómo la concebimos nosotros, y la manera cómo nos relacionamos con ella y con nuestro prójimo. Después del censo se menciona la forma en que las Tribus acampan cada vez que se detienen en su travesía en el desierto: "Los hijos de Israel acamparán, cada hombre según su división con los estandartes de las casas de sus padres, a cierta distancia del Tabernáculo ellos acamparán" (2:2)

Las Tribus representan cualidades que, combinadas en el Servicio Divino, cumplen la misión para la que Israel es elegido para ser y hacer. Esas cualidades son las bendiciones que recibieron de su padre Jacob y de Moisés (Génesis 49:3-27, Deuteronomio 33:6-29), tal como está escrito: "Todos estos son las doce Tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les habló a ellos, y los bendijo a cada uno, según su bendición él los bendijo.” (Génesis 49:28) Estas bendiciones son las cualidades que elevamos a Dios con la misión de crear un espacio para que Él more en este mundo. Judá, que ha abarcado todas las Tribus de Israel por más de dos mil años como la Tribu elegida para traer la Redención al mundo, está simbólicamente representada por un león y una piedra preciosa que resplandece en la oscuridad, Luz en las tinieblas del mundo.

Al describir la forma en que las Tribus acampan alrededor del Tabernáculo, Leví no es mencionada por ninguna parte porque su espacio no está en el campamento (conciencia material) sino con Dios: "Y he aquí, que Yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel... y los levitas serán Míos". (Números 3:12) Como mencionamos en comentarios sobre el libro de Levítico, el Sumo Sacerdote como parte de la Tribu de Leví representa nuestra conciencia superior siempre cercana al Creador. La idea de la forma en que las Tribus acampan es que todas deben estar unidas en torno a un centro, el Tabernáculo, y cerca de quienes sirven en él, que son los levitas asentados en torno a sus predios. La misión de los levitas es enfatizada al ser contados separadamente como parte de Dios, porque son quienes dirigen nuestra conciencia a Sus dominios.

Nuestros Sabios enseñan que Leví y sus descendientes fueron bendecidos por su padre con el fin de ser maestros para sus hermanos: "Yo los dividiré en Jacob, y los dispersaré en Israel" (Génesis 49:7) resguardando además la paz entre todos: "Y los levitas asentarán sus tiendas alrededor del Tabernáculo del testimonio. Y no haya ira sobre la congregación de los hijos de Israel, y los levitas estarán a cargo del Tabernáculo del testimonio" (Números 1:53) La porción concluye con instrucciones al Sumo Sacerdote y sus hijos sobre sus deberes dentro del Tabernáculo, y a quienes lo cargarán cuando se desplacen en el desierto: "Aarón y sus hijos vendrán primero y asignarán a cada hombre individualmente su tarea y su carga." (4:19)

Con esto aprendemos que cada aspecto de la conciencia sirve como vasija de los atributos del Creador y serán contados de acuerdo a sus cualidades particulares, ya sean pensamientos, emociones, lenguaje, actos, sentimientos, pasiones o instintos, tal como es mencionado más adelante en la parshat Nasó: "Según el Mandamiento del Eterno ellos serán asignados por la mano de Moisés, cada uno para su servicio, y para su carga; ellos también fueron contados, como el Eterno lo ordenó a Moisés" (4:49)

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.