domingo, 24 de mayo de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CX) Isaías

“Así dijo el Eterno: 'Como el mosto nuevo es hallado en el racimo, y uno ha dicho, “No lo destruyas porque una bendición está en él”, así hago Yo. Por el bien de Mis servidores no destruyo todo. Y Yo he sacado de Jacob una simiente, y de Judá quien posea Mi montaña. Y sí que la poseen Mis elegidos, y Mis servidores que moran en ella'.” (65:8-9)

Dios nos recuerda nuestra esencia y verdadera identidad, ya que estas son Su bendición como la simiente de Jacob de donde venimos. Él nos dice que hay una nueva conciencia que espera lo que verdaderamente somos. Dios no destruye el bien que Él ha plantado en nosotros como Sus servidores.

La simiente del Amor de Dios está en Jacob como Israel. Manifestada por su regencia a través de Judá que representa la Conciencia Mesiánica destinada a reinar. Esta se manifiesta al reconstruir el conocimiento de nuestra conexión permanente con Dios, representada por la “posesión de Su montaña”.

Aquí el Creador deja claro que esta prometida Conciencia Mesiánica es poseída por Su pueblo Israel, que son “Sus elegidos y Sus servidores que moran en ella”.

Hemos recalcado y enfatizado muchas veces que la Conciencia Mesiánica es una conciencia colectiva compartida por el pueblo judío para liderar las naciones en la Redención Final, y la misma está afianzada por el rey judío ungido (mesías).

“Y el Sharón ha de ser morada de un rebaño, y el valle de Ajor remanso de una manada, para Mi pueblo que Me ha buscado.” (65:10)

Dios se refiere a llanuras y valles en la tierra de Israel donde todos los judíos dispersados estarán reunidos juntos, gracias a nuestra voluntad y determinación colectivas para retornar a nuestra tierra, la cual también es la morada de nuestras esencia y verdadera identidad. Este proceso de retorno es el resultado de buscar de vuelta los caminos y atributos del Creador como las semillas plantadas de Su Amor en nuestra conciencia.

“Y vosotros sois aquellos que abandonan al Eterno, que os olvidáis de Mi montaña sagrada, que preparan en ambiente una mesa para Gad, y que preparan para Mini un bebedizo.” (65:11)

Dios otra vez nos advierte por olvidar nuestro nexo permanente con Él, al alimentar nuestra conciencia con la idolatría de fantasías e ilusiones de ego. Nuestro “bebedizo” de ofrendas para la lujuria, codicia, envidia, ira, soberbia, indiferencia e indolencia es lo que preparamos en ambiente para nuestros deseos e ilusiones representados por los ídolos mencionados en el versículo.

“Y os he enumerado para la espada, y todos vosotros inclinados para la matanza. Porque os llamé y no respondisteis, He hablado y no habéis escuchado. Y hacéis lo que es malo en Mis ojos, y en aquello que Yo no deseo, [os] habéis fijado.” (65:12)

El Creador decretó que eliminará las tendencias y rasgos negativos como aquellos enumerados para la espada y la matanza, los cuales representan las naciones. Estas no responden al bien que Dios quiere que hagamos prevalecer en el mundo material. De ahí que sea malo en Sus ojos, ya que hacen lo opuesto al bien.

“Por lo tanto, así dijo Dios el Eterno: 'He aquí que Mis servidores comen y vosotros con hambre. He aquí que Mis servidores beben y vosotros con sed. He aquí que Mis servidores se regocijan y vosotros avergonzados. He aquí que Mis servidores cantan con alegría de corazón y vosotros con llanto de dolor de corazón. Y de quebranto de espíritu vosotros aulláis.” (65:13-14)

El mismo mensaje es repetido cuando llegue el momento en que la Conciencia Mesiánica se manifieste. Nuestra conciencia va a ser alimentada por el conocimiento de Dios al que servimos.

Entendiendo esto de manera más profunda, en la Redención Final también los aspectos inferiores de la conciencia (representados por las naciones) tendrán hambre y sed del bien que antes despreciaban. El pueblo de Israel como los servidores de Dios están destinados a heredar el bien completamente revelado que Él quiere que extendamos en el mundo material.

Nuestra codicia será por el bien, nuestra lujuria por el bien, nuestra envidia por el bien, nuestro orgullo por el bien, nuestra ira por el bien. En el bien nuestra hambre y sed son saciadas, y en el bien nuestra felicidad y regocijo.

domingo, 17 de mayo de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CIX) Isaías

“Fui buscado por los que no preguntaban por Mí, fui hallado por los que no Me buscaban. He dicho 'Heme aquí, heme aquí', a una nación que no invoca Mi Nombre. He extendido Mis manos todo el día a un pueblo rebelde, el cual anda en el camino no bueno en pos de pensamientos suyos.” (Isaías 65:1-2)

Estos versículos, al igual que todos los demás en la Biblia hebrea tienen significados multidimensionales. Lo que primero intuimos es acerca del Amor incondicional de Dios hacia toda Su Creación. ¿Pediríamos al aire que nos permita respirar? El sol nos encuentra cada mañana aún si no salimos a buscarlo. Sin embargo, respecto a la Redención de Dios que es el contexto de los mensajes de Isaías, encontramos aquí algo ético para entender.

Aquellos que son, tienen y hacen el bien no tienen que preguntar por el bien de Dios, ya que este ya se encuentra con ellos. De la misma manera, siendo y haciendo el bien encontramos Su bien, por lo tanto no hay nada más que buscar. El Creador reafirma Su Redención, y nos pide repetidamente que la tengamos aún si no llamamos Su Nombre. La Redención de Dios es el bien inherente a los modos y atributos de Amor, los cuales están destinados a regir y guiar todos los aspectos y dimensiones de la conciencia y la vida.

Nuestros Sabios enseñan que, aún si no hubiese Dios, todos estamos obligados a ser y hacer el bien como imperativo ético y moral para la humanidad. Dios eligió a Israel como Su pueblo para ser y manifestar el bien como manifestación material del Amor de Dios. Él ama a Israel para ser expresiones éticas de Amor, y nos sustenta permanentemente con Su Amor, al cual no damos atención y preferimos las tendencias y rasgos negativos de las fantasías e ilusiones de ego.

Nuestra rebeldía radica en vivir la futilidad de nuestras invenciones y deseos materialistas, en vez de vivir en los modos y atributos de Amor.

“Pueblo que en Mi cara Me provoca de continuo a la ira, sacrificando en huertos, y ofreciendo perfume sobre ladrillos. Que mora entre sepulcros y se queda en lugares secretos, que come carne de la cerda y partes de cosas inmundas sus vasijas.” (65:3-4)

Hemos mencionado frecuentemente que la idolatría es producto de todo lo que deseamos salido de creencias y sentimientos de carencia. Nuestro sentido de individualidad es controlado la mayor parte de nuestras vidas por la fugaz futilidad de las fantasías e ilusiones de ego. Estas son las vasijas que nunca se llenas o satisfacen. Sin embargo en Amor no carecemos de nada porque este sacia todas nuestras necesidades reales.

La ira de Dios no es otra cosa que muestra separación de Sus caminos y atributos que son expresiones de Su Amor. En Sus caminos somos verdaderamente saciados, hartos y satisfechos, mucho más de lo que podemos concebir; porque Sus caminos trascienden limitaciones. Debemos ser conscientes de que Sus caminos son nuestra esencia y verdadera identidad, tanto material como espiritual. Al separarnos de ellos y perseguir nuestras propias fantasías e ilusiones, dedicamos nuestros potenciales creativos y energía vital a vivir en lo falso negando la verdad.

Vivimos la vida en los “huertos”, “perfumes”, “ladrillos”, “tumbas” que representan las búsquedas sensuales temporales, al igual que las dificultades que nos consumen. Así nos damos cuenta que su predicamento negativo son las cosas inmundas y sus vasijas por las que morimos, aún creyendo que estamos vivos y andando.

“quienes dicen, 'Quédate donde estás, no te me acerques porque eres impuro'. Estos son humo en Mi ira, un fuego que arde todo el día.” (65:5)

Este versículo prosigue con el mensaje del anterior respecto a los ídolos que creamos a partir de nuestras fantasías e ilusiones materialistas. Estas alimentan nuestro egoísmo separándonos de nuestra esencia y verdadera identidad que provienen del Amor de Dios. Nuestras tendencias y rasgos negativos nos declaran mejores de los demás, e impuros los demás. Nuestra propia maldad no nos deja acercarnos a Amor y nos mantiene alejados de Dios. Estas tendencias negativas son el humo de nuestra distancia de Dios, la cual hacemos constante y difícil de dejar.

“He aquí, está escrito ante Mí: 'No guardo silencio sino que He retribuido; y He retribuido en el seno de ellos. Tus iniquidades y las iniquidades de tus padres juntas que han hecho perfume sobre las montañas, dijo el Eterno. Y en las alturas Me han reprochado, y Yo he medido sus pasadas obras en su seno'.” (65:6-7)

Dios hace “justicia exacta” porque no es indiferente ni guarda silencio ante las acciones de las naciones o de Israel. El Creador sigue refiriéndose a nuestra idolatría de perseguir las fugaces fantasías e ilusion esegoístas (“perfumes”)
derivadas de nuestras creencias (“montañas”) haciendo 


“perfume sobre las montañas”. Las “alturas” son los niveles más altos de conciencia desde los que nos atrevemos a reprochar a nuestro Creador, en vez de reprocharnos a nosotros mismos. Dios nos “retribuye” llamando nuestra atención y conocimiento a lo que hacemos con nuestras manos.

domingo, 10 de mayo de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CVIII) Isaías

“Y estamos tan impuros todos nosotros, y como vestido vetusto todas nuestros actos justos. Y nos marchitamos como una hoja todos nosotros. Y nuestras iniquidades como viento que nos aleja.” (Isaías 64:6)

Este versículo completa el mensaje del anterior respecto a la futilidad del mal y de las fantasías e ilusiones de ego, en las que hasta nuestras buenas acciones o actos justos se vuelven irrelevantes como “vestido vetusto”. El resto del versículo es suficientemente elocuente para hacernos conscientes del predicamento y consecuencias de las fantasías e ilusiones de ego.

“Y no hay nadie que llame en Tu Nombre, que se mueva para apoyarse en Ti. Porque Tú has ocultado Tu semblante de nosotros, y Tú nos has desvanecido por nuestras iniquidades.” (64:7)

En nuestras tendencias y rasgos negativos nos distanciamos de los caminos y atributos del Creador. Las fantasías e ilusiones de ego derivadas de creencias y sentimientos de carencia son las que evitan que llamemos el bien de los modos y atributos de Amor, como manifestación material del Amor de Dios, de donde se sustenta toda la Creación.

Nos separamos del Amor de Dios como Su semblante ante el cual se desvanecen nuestras fantasías e ilusiones materialistas junto con nosotros.

“Pero ahora, Eterno, Tú eres nuestro Padre. Nosotros somos la arcilla y Tú eres el alfarero. Todos nosotros somos la obra de Tus manos. No te enojes, oh Eterno, muy adolorido, no recuerdes para siempre la maldad. He aquí, mira atentamente, te rogamos a Ti, Tu pueblo somos todos nosotros.” (64:8-9)

El Profeta apela al Amor de Dios y Su poder para redimir nuestra conciencia de la maldad y las tendencias y rasgos negativos. Porque Él es nuestro Creador, porque es nuestro Padre. Como el Creador que es, Él es nuestro Hacedor, y está en Él transformar nuestra conciencia eliminando la raíz de todas nuestras iniquidades. Isaías incluye en esta plegaria a todos los descendientes de Israel, nuestro patriarca.

“Tus ciudades sagradas han sido una desolación, Sión como yermo ha sido, Jerusalén una desolación. Nuestra sagrada y hermosa casa donde nuestros padres te alabaron, ha sido quemada con fuego y todas nuestras cosas deseables se han convertido en desperdicios.” (64:10-11)

Las ciudades sagradas de Dios son los principios y valores con los que estamos unidos a Él. Entre ellas Sión como Jerusalén la más importante, porque representa el conocimiento de nuestro nexo permanente con Dios. Ambas son el tiempo y espacio donde celebramos nuestro Amor y el Amor de Dios unidos para siempre.

“¿Te contendrás Tú ante estas cosas, oh Eterno? ¿Retendrás Tu paz y nos afligirás muy severamente?” (64:12)

El Profeta recurre otra vez a la compasión y gracia del Amor de Dios para redimirnos de las fantasías e ilusiones que nos separan de Él. Al distanciarnos de Su Amor perdemos la paz como cualidad integradora y abarcadora que nos hace enteros y completos en nuestra conciencia y en la vida.


Nuestra aflicción es el resultado de perder la paz como la dulce recompensa de vivir en los modos y atributos de Amor. Porque Amor es la esencia y verdadera identidad que el Amor de Dios nos da para ser, tener y manifestar en todas las dimensiones de la vida.

domingo, 3 de mayo de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CVII) Isaías

“¿No rasgaste los cielos? Bajaste, con Tu Presencia se han movido montañas. (Como fuego que quema el rastrojo, fuego que hace hervir agua) Para hacer conocer Tu Nombre a Tus adversarios, con Tu Presencia se estremecen las naciones.” (Isaías 64:1-2)

El Profeta nuevamente proclama el dominio de Dios sobre Su Creación, evocando los tiempos del Éxodo de Egipto. Estos versículos son el preámbulo para que asimilemos que la Redención de Dios es inminente, tan evidente como Su poder.

Aquí reflexionamos sobre las metáforas que indican que Dios no sólo crea sino que también sustenta lo que crea. Así como el fuego tiene el poder para transformar rastrojos en cenizas y agua en vapor, la voluntad de Dios cumple Su promesa de transformar las tendencias y rasgos negativos en la conciencia (Sus 
“adversarios” y las “naciones”) en cualidades positivas que regirán todos los aspectos y dimensiones de la vida en la era mesiánica.

“En Tus obras cosas pavorosas no esperamos. Tú bajaste, con Tu Presencia se han movido montañas. Desde la antigüedad hombres no ha oído, no han prestado oído. Ojo no ha visto que el Eterno te redime [Israel]. Él hace obras para los que esperan por Él.” (64:3-4)

El Profeta declara algo que la mayoría de los creyentes teme del Creador, y es la destrucción. No es un temor infundado teniendo en cuenta lo que narra la Torá sobre el Diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y las plagas en Egipto, entre otras. Lo que no consideran son las razones éticas y morales detrás de esos episodios.

También argüirían que en condiciones similares o peores en la historia de la humanidad, la “mano de Dios” ha estado aparentemente ausente. Nos hemos referido a esto en otros comentarios en este 
blog, diciendo que la Creación de Dios es, ha sido y será buena; y que que las decisiones y acciones negativas tienes consecuencias. De ahí que, antes de señalar a Dios o culparlo por los acontecimientos acaecidos en el mundo, primero debemos examinar lo que hemos hecho de este.

Una vez asimilemos en el más profundo nivel que “la maldad causa la muerte del malvado
” (Salmos 34:21), comprenderemos lo que la Torá da a entender como destrucción divina. Concentrémonos en lo que Isaías quiere indicar al decir no esperamos “cosas pavorosas” en las “obras” de Dios.

El Profeta menciona el poder de Dios para poner en movimiento Su Creación a través de Su Amor, algo que la humanidad ha preferido no reconocer desde la antigüedad. Esto incluye la redención de Israel acontecida en Egipto.

Isaías evoca el Amor de Dios como el origen y sustento de Su Creación, como premisa para “esperar por Él
”. Previamente el Profeta señala el poder de Dios para redimir a Israel en el final de los tiempos.

“Tú [Israel] te has encontrado con el Alegrador y Hacedor de rectitud. En Tus caminos ellos te recuerdan a Ti. Aunque Tú te has enojado cuando pecamos, para ellos es continuarlo, y nosotros somos redimidos.” (64:5)

El Profeta recuerda el encuentro con el Creador tras el Éxodo de Egipto, que Él nos encomienda recordar diariamente y nunca olvidarlo. Luego Isaías habla en primera persona plural como el pueblo de Israel, mientras menciona que “para ellos es continuarlo”, en posible referencia a las naciones o a aquellos de Israel que insisten en transgredir.


Podemos inferir en este versículo que pecar o transgredir implica un proceso de aprendizaje que completamos cuando buscamos nuestra redención de ello. En este sentido la redención del pecado es nuestra redención de la maldad y sus tendencias y rasgos negativos en la conciencia.

domingo, 26 de abril de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CVI) Isaías

“Y Él declara, 'solamente Mi pueblo, ellos son hijos, y no mienten'; y Él es para ellos por redentor. En todas sus tribulaciones Él no es adversario, y el ángel de Su Presencia los salvó. En Su amor y en Su compasión Él los redimió. Y Él los eleva y los sostiene hasta su ancianidad.” (63:8-9)

Dios ama a Israel, y sabemos que nuestro Amor es también el nexo común con Su Amor. De ahí que como nuestro único y exclusivo Redentor, el Creador no se complace con nuestras tribulaciones, porque Él está para nosotros. Estos versículos también evocan nuestra Redención de la esclavitud en Egipto, porque Él nos redime en todos tiempos, pasados y presentes.


“Y ellos se han rebelado y han lastimado Su sagrado espíritu, y por enemigo lo convirtieron, y Él mismo ha peleado contra ellos. Y Él recordó los viejos tiempos, [a] Moisés, [y a] Su pueblo. ¿Dónde está Él, quien los trae desde el mar, el pastor de Su rebaño? ¿Dónde está Él, que pone en su entorno Su sagrado espíritu?” (63:10-11)


El Profeta confronta nuevamente nuestra separación del Amor de Dios, convirtiéndolo en enemigo. Todavía lo culpamos a Él por las consecuencias de nuestro corazón rebelde. Debemos entender que nuestros enemigos son aquellos que viven para las fantasías e ilusiones de ego, y las tendencias y rasgos negativos en la conciencia. Estos son las “naciones” y “pueblos” que quieren destruir el bien moral de los modos y atributos de Amor, que son nuestra esencia y verdadera identidad.


Al alejarnos de los caminos del Creador y seguir el predicamento de las naciones, estas se vuelven nuestros enemigos mortales, ya que existen para destruir todo lo opuesto a su predicamento. Al caer en envidia, lujuria, indolencia, indiferencia, soberbia, ira y codicia, por defecto estos se convierten en nuestros enemigos mortales, porque procuran la destrucción de lo contrario a ellos.


El Profeta ora por la Presencia de Dios en nuestros corazones, y permitir que Sus atributos conduzcan todos los aspectos y dimensiones de nuestra conciencia.


“Guiados por la diestra de Moisés, el brazo de Su gloria, separando las aguas de ante ellos, y hacerse para Él un nombre eterno. Guiados a través de abismos, como caballo en una llanura ellos no tropezaron. Como bestia que desciende en un valle, el Espíritu del Eterno le hace descansar. Así Tú has guiado a Tu pueblo y hacerte para Ti un glorioso nombre.” (63:12-14)


El Profeta evoca el Éxodo de Egipto, y la mano poderosa del Amor de Dios para redimirnos de los abismos de la conciencia humana. Isaías clama por la promesa de Dios para que también nos redima de este nuevo exilio entre las naciones.


“Mira atentamente desde los cielos, y observa desde Tu sagrada y hermosa habitación. ¿Dónde está Tu celo, y Tu poder? La multitud de Tus vocales y Tus compasiones hacia mí las has retenido. Porque Tú eres nuestro Padre, ya que Abraham no nos conoce, e Israel no nos reconoce. Tú, oh Eterno, eres nuestro Padre, nuestro Redentor por siempre es Tu nombre.” (63:15-16)


El Profeta continúa orando por nuestra Redención Final, y llama la atención de Dios acerca de Su destruido Templo, Su hermosa habitación sobre la cual Su Nombre fuera proclamado por el bien del mundo. Isaías apela al celo de Dios y Su dominio, y deplora Su ausencia en nuestros corazones. El Profeta ora representando a Israel en espera de su Redención tras la destrucción del Primer Templo.


Isaías admite ante Dios que somos extraños al elevado carácter de Abraham y de su nieto Israel, que no se reconoce en nosotros. De ahí que el Profeta apele a la abundante amorosa bondad y compasión del Creador para que Él sea nuestro único Redentor.


“Oh Eterno, ¿por qué haces que nos desviemos de Tus caminos, y endurezcas nuestro corazón para no temerte? Regresa por el bien de Tus servidores, las tribus de Tu heredad.” (63:17)


El Profeta denuncia nuestra debilidad de carácter que nos lleva a desviarnos, y separarnos de la rectitud de los caminos y atributos de Dios. Isaías se atreve a responsabilizar a Dios de nuestra naturaleza voluble, y de nuestra terquedad para irrespetar Su voluntad. De ahí la necesidad de transformar nuestra conciencia para poder tener éxito en nuestro destino de revelar y proclamar el reino de Dios en el mundo material.


“Por poco tiempo Tu sagrado pueblo posee [Tu santuario], nuestros adversarios han destruido Tu santuario. ¡Nosotros hemos estado desde antaño, [pero] Tú no has regido sobre ellos, ni Tu Nombre es llamado entre ellos!” (63:18-19)


Isaías se refiere a los enemigos de Israel igualmente como enemigos de Dios, y los culpa por la destrucción del Templo de Jerusalén que representa la Presencia de Dios en el mundo. Aunque sabemos que nuestros enemigos son consecuencia de nuestras tendencias y rasgos negativos derivados de fantasías e ilusiones de ego, el Profeta los culpa por su implacable oposición al plan de la Torá para la humanidad.


Mientras nosotros, a pesar de nuestra terquedad para separarnos de los caminos del Creador, proclamamos Su unicidad y atributos como los que deben prevalecer, las naciones rechazan Su unicidad y desprecian Sus leyes y mandamientos. Por ello no llaman el Nombre de Dios entre ellos.


Este Nombre representa la abundante amorosa bondad, gracia, compasión, rectitud y verdad que Él quiere que reconozcamos como nuestra esencia y verdadera identidad.

domingo, 19 de abril de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CV) Isaías

“¿Quién es este que viene de Edom, con vestiduras teñidas de Basora [Babilonia]? ¿Este que es glorioso en Su ropaje, viajando en la abundancia de Su poder? Yo el que habla en rectitud, poderoso para redimir. ¿Por qué rojo Tu ropaje, y Tus vestiduras como en un tonel de vino?” (63:1-2)

El Profeta reconoce el dominio de Dios sobre Su Creación, y da más claridad acerca de Su Redención. Edom espera ser redimido, ya que toda la humanidad espera la Redención de Dios. Edom es el antagonista y verdugo de su hermano gemelo, Jacob. El Profeta ve cumplida la promesa de Dios de transformar la conciencia humana, eliminando las tendencias y rasgos negativos representados por Edom. Aquí Basora, la antigua capital de Babilonia representa nuestro exilio material y espiritual del que Dios prometió redimirnos.

La visión de Isaías es una alegoría de Dios como un poderoso guerrero solitario que mata a Edom, y sus ropas se tiñieron con su sangre. Dios elimina el mal de la faz de la tierra y de la conciencia humana, pero debemos ser conscientes de que depende de nosotros completar el proceso. Dios no impone Su voluntad sobre nosotros, y hace que esta dependa de nosotros. Nuestro exilio en Egipto es un ejemplo, cuando según nuestra tradición oral solamente el 20% de los hijos de Israel eligieron dejar su esclavitud.

El Creador responde a Isaías que rectitud es nuestra Redención como el bien moral inherente al Amor de Dios. Las “vestiduras” de Dios se vuelven rojas similares al vino, como la conciencia transformada que Él prometió. El rojo púrpura de realeza de los modos y atributos de Amor, como los destinados a regir en la conciencia humana.

“He pisado las uvas en el lagar por Mí mismo, y de los pueblos nadie estuvo conmigo. Y Yo los pisé en Mí, y los pisoteé en Mi furor. Rociada está su fortaleza en Mis vestiduras, y todo Mi ropaje Yo he teñido.” (63:3)

Un lagar como el poder transformador de la Redención de Dios nos dice que el propósito de un viñedo es que sus uvas sean pisadas para hacerlas vino, simbolizando la culminación de nuestro destino en el mundo material. Estamos destinados a transformar nuestra conciencia en el bien del cual nos creó el Amor de Dios para también manifestarlo en lo que somos, tenemos y hacemos.

El bien proveniente de Dios no cohabita ni se asocia con tendencias y rasgos negativos representados por las gentes de las “naciones”, los descendientes de Edom. Dios solo es el que los somete al bien como resultado de Su “furor”. La fortaleza de nuestras tendencias negativas se vuelve parte de la voluntad de Dios, representada por Sus “vestiduras”.

“Porque el día de venganza está en Mi corazón, y el año de Mis redimidos ha llegado. Y Yo miro atentamente, y no hay nadie que ayude. Y estoy asombrado de que nadie ayude. Y Mi propio brazo Me da Redención. Y Mi furor es el que Me ha ayudado. Y Yo piso pueblos [en] Mi ira, y los hago embriagar en Mi furor, y tumbo a la tierra la fortaleza de ellos.” (63:4-6)

El Amor de Dios desea nuestra Redención Final que Él ha decretado. Dios espera que retornemos a Sus caminos y atributos como nuestro nexo común con Él. No estamos haciendo nuestra parte para ayudar a traer a nuestra tierra nuestros dispersos y perdidos en el tiempo y en el mundo.

Nuestra separación y distancia son el furor y la ira de Dios, y las tendencias negativas de ego nos embriagan alejándonos aún más de Él. Dios derriba hasta el suelo nuestra soberbia y arrogancia, haciéndonos lo suficientemente humildes para convertirnos en las vasijas vacías donde llenará Su prometida conciencia mesiánica.

“Yo proclamo los actos de amorosa bondad del Eterno, las alabanzas del Eterno, de acuerdo a todo lo que el Eterno ha hecho por nosotros. Y el abundante bien de la casa de Israel que Él ha hecho por ellos, según Sus compasiones y según la abundante amorosa bondad de Sus actos.” (63:7)

En este versículo el Profeta destaca dulcemente el bien que el Amor de Dios otorga al pueblo judío, ya que el bien es nuestro nexo común con Él. De ahí que el versículo hable del bien en la casa de Israel, que nosotros como judíos debemos reconocer como parte de nuestra esencia y verdadera identidad.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.