domingo, 10 de mayo de 2015

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (CVIII) Isaías

Y estamos tan impuros todos nosotros, y como vestido vetusto todas nuestros actos justos. Y nos marchitamos como una hoja todos nosotros. Y nuestras iniquidades como viento que nos aleja.” (Isaías 64:6)

Este versículo completa el mensaje del anterior respecto a la futilidad del mal y de las fantasías e ilusiones de ego, en las que hasta nuestras buenas acciones o actos justos se vuelven irrelevantes como “vestido vetusto”. El resto del versículo es suficientemente elocuente para hacernos conscientes del predicamento y consecuencias de las fantasías e ilusiones de ego.

Y no hay nadie que llame en Tu Nombre, que se mueva para apoyarse en Ti. Porque Tú has ocultado Tu semblante de nosotros, y Tú nos has desvanecido por nuestras iniquidades.” (64:7)

En nuestras tendencias y rasgos negativos nos distanciamos de los caminos y atributos del Creador. Las fantasías e ilusiones de ego derivadas de creencias y sentimientos de carencia son las que evitan que llamemos el bien de los modos y atributos de Amor, como manifestación material del Amor de Dios, de donde se sustenta toda la Creación.

Nos separamos del Amor de Dios como Su semblante ante el cual se desvanecen nuestras fantasías e ilusiones materialistas junto con nosotros.

Pero ahora, Eterno, Tú eres nuestro Padre. Nosotros somos la arcilla y Tú eres el alfarero. Todos nosotros somos la obra de Tus manos. No te enojes, oh Eterno, muy adolorido, no recuerdes para siempre la maldad. He aquí, mira atentamente, te rogamos a Ti, Tu pueblo somos todos nosotros.” (64:8-9)

El Profeta apela al Amor de Dios y Su poder para redimir nuestra conciencia de la maldad y las tendencias y rasgos negativos. Porque Él es nuestro Creador, porque es nuestro Padre. Como el Creador que es, Él es nuestro Hacedor, y está en Él transformar nuestra conciencia eliminando la raíz de todas nuestras iniquidades. Isaías incluye en esta plegaria a todos los descendientes de Israel, nuestro patriarca.

Tus ciudades sagradas han sido una desolación, Sión como yermo ha sido, Jerusalén una desolación. Nuestra sagrada y hermosa casa donde nuestros padres te alabaron, ha sido quemada con fuego y todas nuestras cosas deseables se han convertido en desperdicios.” (64:10-11)

Las ciudades sagradas de Dios son los principios y valores con los que estamos unidos a Él. Entre ellas Sión como Jerusalén la más importante, porque representa el conocimiento de nuestro nexo permanente con Dios. Ambas son el tiempo y espacio donde celebramos nuestro Amor y el Amor de Dios unidos para siempre.

¿Te contendrás Tú ante estas cosas, oh Eterno? ¿Retendrás Tu paz y nos afligirás muy severamente?” (64:12)

El Profeta recurre otra vez a la compasión y gracia del Amor de Dios para redimirnos de las fantasías e ilusiones que nos separan de Él. Al distanciarnos de Su Amor perdemos la paz como cualidad integradora y abarcadora que nos hace enteros y completos en nuestra conciencia y en la vida.


Nuestra aflicción es el resultado de perder la paz como la dulce recompensa de vivir en los modos y atributos de Amor. Porque Amor es la esencia y verdadera identidad que el Amor de Dios nos da para ser, tener y manifestar en todas las dimensiones de la vida.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.