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domingo, 11 de agosto de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XVII) Ezequiel

Tres de los capítulos finales (40, 41 y 42) de las profecías de Ezequiel se refieren al lugar más importante sobre la tierra, que es el Templo de Jerusalén. Hemos dicho a menudo en este blog que el Templo representa el más elevado nivel de conciencia como conocimieto de nuestra conexión permanente con el Creador. En estos tres capítulos el Profeta describe las dimensiones y cámaras del tercer y final Templo destinado a existir eternamente. Comparado con el tamaño de los anteriores, este será una estructura mayor para integrar todos los aspectos, rasgos, cualidades, dimensiones y facetas de la conciencia bajo la regencia del Creador.

"Él los midió por los cuatro lados; tenía una muralla alrededor, el largo quinientos [codos], y el ancho quinientos, para hacer una separación entre aquello que es sagrado y aquello que es profano." (Ezequiel 42:20)

La descripción detallada del Templo final concluye con su razón principal. En este sentido, separar lo sagrado de lo profano tiene un propósito que es transformar y elevar el mundo material para convertirlo en un lugar donde Dios habite entre (en) nosotros.

"Y Él me dijo: 'Hijo de hombre, este es el lugar de Mi trono, y el lugar de las plantas de Mis piés, donde moraré entre los hijos de Israel para siempre; y la casa de Israel nunca más profanará Mi sagrado Nombre; ni ellos, ni sus reyes con su prostitución, ni por los cadáveres de sus reyes en sus lugares altos [pedestales]." (43:7)

El mensajes es claro. No hay espacio para las tendencias negativas de la conciencia ante la Presencia de Dios. Como siempre decimos, los modos y atributos de Amor no cohabitan con nada diferente de ellos. Los modos de Amor son contrarios a las fantasías e ilusiones de ego.

"Ahora dejad que ellos se alejen de su prostitución, y de los cadáveres de sus reyes, lejos de Mí, y Yo viviré entre ellos para siempre." (43:9)

Ha pasado muchísimo tiempo desde la transgresión en el Jardín del Edén hasta hoy día. Miles de años que son demasiados viviendo bajo el dominio de las tendencias negativas de la conciencia humana, a expensas del Amor de Dios. Con Su Amor el Creador nos da vida y la sustenta para que disfrutemos lo bueno de ella, y no lo malo que le imponemos. Crueldad, indolencia, indiferencia, ira, soberbia, avaricia, lujuria, envidia y demás son los cadáveres provenientes del falso sentimiento de carencia instigado por ego. Estas son las prostitutas y los reyes con los que tenemos la falsa creencia de que puedan satisfacer nuestros deseos materialistas.

"Entonces él me trajo de vuelta a la puerta exterior del Santuario, que mira hacia el este; y estaba cerrada. Y el Eterno me dijo: 'Esta puerta estará cerrada y no será abierta, y ningún hombre entrará por ella porque el Eterno, el Dios de Israel, ha entrado por ella; por lo tanto estará cerrada. Pero por el príncipe, siendo un príncipe, él se sentará ahí para comer pan ante el Eterno; él entrará por el pórtico de la entrada, y saldrá por ella misma'." (44:1-3)

Esta es una referencia acerca del mesías judío, llamado aquí el príncipe. Los primeros versículos mencionan la puerta oriental del Templo como la más importante, por el solo hecho de que el Eterno revela Su Presencia a través de ella. Nuestros Sabios reflexionan sobre los puntos cardinales con relación al cuerpo humano, señalando que lo que tenemos frente a nosotros es el este. De aquí aparece el sol naciente como símbolo del Amor de Dios por Su Creación. El brazo derecho representa el sur, y los dos simbolizan amorosa bondad. La espalda es el Mar Mediterráneo (oeste), que representa nuestros pensamientos y acciones que dejamos atrás después de realizarlos. El norte es el punto de donde proceden las tendencias negativas de la conciencia, representadas por el brazo izquierdo. De ahí que siempre debamos estar frente a la Presencia de Dios, de donde proviene nuestra existencia.

El Príncipe como punto focal de la Conciencia Mesiánica se sienta "para comer pan ante el Eterno". Este Príncipe es la piedra fundamental de nuestra conciencia individual y colectiva como Israel. Lo abrazamos como el estandarte de la Redención Final. En este sentido no hay Redención Final sin Conciencia Mesiánica. En esta nueva fase del Plan Divino para el mundo material, el Príncipe reemplaza al Sumo Sacerdote como el conocimiento de nuestra conexión permanente con Dios. Este conocimiento es sustentado por un pan, una fuente de subsistencia, que es consumido ante nuestro Creador. Este pan representa una nueva vida con un nuevo propósito, en el que los modos y atributos de Amor son los medios exclusivos para vivir la vida en todas sus dimensiones, tanto reveladas como oculatadas.

"Y tú dirás a los rebeldes, inclusive a la casa de Israel: 'Así dijo Dios el Eterno: "Oh, vosotros casa de Israel, que sean suficientes todas vuestras abominaciones, en las que vosotros habéis traído extranjeros, incircuncizos en corazón e incircuncizos en carne, para estar en Mi Santuario y profanarlo, en Mi casa cuando ofrecéis Mi pan, la gordura y la sangre; e invalidaron Mi Pacto por todas vuestras abominaciones." (44:6-7)

Este es otro reproche del Amor de Dios contra nuestra terquedad de elegir las fantasías e ilusiones de ego, en vez de los modos y atributos de Amor. Este predicamento está destinado a desaparecer para siempre cuando invitamos la Conciencia Mesiánica para conducir nuestro discernimiento, pensamientos, sentimientos, emociones, pasiones e instintos.

"Sin embargo los sacerdotes, los levitas, los hijos de Zadok que cuidaron Mi Santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de Mí, ellos vendrán cerca de Mí para servirme; y ellos se pararán frente a Mí para ofrendarme la gordura y la sangre, dijo Dios el Eterno. (...) Y ellos enseñarán a Mi pueblo la diferencia entre lo sagrado y lo profano, para que ellos disciernen entre lo impuro y lo puro." (44:15, 23)

Los rasgos, cualidades, talentos y potenciales creativos positivos de la conciencia humana, representados por las Tribus de Israel, están mencionados aquí también como sacerdotes y levitas, los hijos de Zadok (que también significa rectitud) que siempre permanecen fieles y leales a los caminos y Mandamientos de Dios. Estas son las tendencias positivas que guían nuestra conciencia para elegir también lo que es positivo. Estas son los elegidos para servir la voluntad de Dios en la Redención Final.

"Y cuando vosotros dividáis por sorteo la tierra de vuestra heredad, apartaréis una ofrenda para el Eterno, una porción sagrada de la tierra (...)." (45:1)

Cuando las Tribus de Israel retornen a ocupar la tierra de su heredad, cada una tendrá un lugar para que Dios more entre ellos. Esto quiere decir, como indicamos arriba, que cada rasgo, cualidad, talento, destreza y potentiales creativos estarán inspirados, nutridos y dirigidos por la Presencia Divina en nuestras vidas. Estas son las porciones asignadas que también representan nuestras vidas como individuos y como Nación. Es así como nos damos cuenta que Dios es nuestro Creador, y Su Amor la Esencia de lo que verdaderamente somos.

"y Mis príncipes no afligirán más a Mi pueblo, sino que darán la tierra a la casa de Israel, de acuerdo a sus Tribus. Así ha dicho Dios el Eterno: Que os sea suficiente, oh príncipes de Israel, removed violencia y desolación, e impartid justicia y rectitud; retirad vuestros abusos sobre Mi pueblo, dice Dios el Eterno." (45:8-9)

Cuando dejemos que los modos y atributos de Amor inspiren y guíen cada aspecto y nivel de la conciencia -- como los prínciples que dirijan nuestra vida --, no habrá maldad ni iniquidad en lo que pensemos, sintamos o hagamos, porque así lo ha dispuesto el Creador.

"Y será parte del prínciple dar las ofrendas de elevación, las ofrendas de alimentos, y las libaciones, en las festividades, y en los novilunios, y en los Shabats, en todas las temporadas asignadas de la casa de Israel; él preparará la ofrenda de pecado, y la ofrenda de alimentos, y la ofrenda de elevación, y las ofrendas de paz, para hacer expiación por la casa de Israel." (45:17)

La Conciencia Mesiánica como regente definitiva y eterna de nuestra vida tiene el poder de transformar y elevar aquello que obstruye el destino que Dios quiere para nosotros. En este contexto, ella expiará por todas las dimensiones de la vida representadas por la casa de Israel.

Ezequiel concluye sus profecías diciéndonos que del Templo de Jerusalém emanarán dos ríos que se extienden hacia el este y el sur (47:1-12). Estos ríos sanarán y revitalizarán a quienes entren en sus aguas. También entendemos estas aguas como la amorosa bondad que proviene de nuestro nexo permanente con el Creador. Una vez nuestro Amor abrace Su Amor, de hecho estaremos redimidos y viviendo eternamente en Su reino, sabiendo que Él es nuestro Creador. Así revelaremos Su Presencia en el mundo material y sólo lo bueno prevalecerá, tal como Él lo ha dispuesto para el final de los días.

"Y sobre la ladera del río, en este y en ese otro lado, crecerá todo árbol para alimento, cuyas hojas no se marchitarán, ni se dañará su fruto; traerá nuevo fruto cada mes, porque las aguas de ahí provienen del Santuario; y el fruto de ahí será para alimento, y las hojas de ahí servirán para curar." (47:12)

domingo, 14 de julio de 2013

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (XIII) Ezequiel

Casi tres cuartas partes (35 de 48 capítulos) del mensaje del Creador a Israel y las naciones mediante la boca del Profeta Ezequiel tratan de las consecuencias de vivir separados de Él. Duras palabras definen vivir en las tendencias negativas de la conciencia por nuestra propia elección. Antes que Dios traiga en detalle a nuestra atención los efectos de nuestra separación de Sus caminos, atributos y "mandamientos por los que vivimos", como Él repetidamente lo indica en la Torá y mediante Sus Profetas, Ezequiel comparte con nosotros sus visiones.

La psiquiatría moderna (en particular C.G. Jung) trata de determinar los elementos que componen algunos de los niveles de nuestra conciencia desconocidos o confusos para nosotros. El inconsciente, como caso, es el nivel que nos hace actuar o comportarnos sin la aprobación o consentimiento de nuestra conciencia activa. Da la impresión que en cierta medida el insconsciente está íntimamente relacionado con los instintos. Estamos obligados por estos. Basado en teoría, el inconsciente contiene elementos llamados "arquetipos" mediante los que nuestra conciencia activa se relaciona, como estados ideales o fines que estamos forzados a perseguir. Estos arquetipos están presentados por símbolos que representan ideas, sentimientos o emociones que interactúan entre sí para lograr un fin.

En otras palabras, debemos encontrar los significados de lo que nos lleva a actuar de modos peculiares o particulares. Así podemos entender las visiones de algunos de los Profetas hebreos. Lo que ellos ven los conduce a entender y actuar como lo hacen.

"Como la apariencia del arco que está en la nube en el día lluvioso, así fue la apariencia del resplandor alrededor. Esta era la apariencia de lo que se asemeja a la gloria del Eterno. Y cuando lo vi caí sobre mi faz, y oí la voz de Aquel que habló." (Ezequiel 1:28)

El arcoiris contiene los colores del espectro cromático como expresiones de luz pura (blanca), que también representan siete facetas de la conciencia unidas al Creador de donde proviene todo lo que existe (lo que el Zohar llama "las siete esferas"). En el contexto de su visión, el Profeta de hecho relaciona los colores del arcoiris con la Luz de donde provienen, que él llama la Gloria de Dios, la que aquí llamamos Amor de Dios.

Este es el preludio para abrazar a Dios y relacionarnos con Él. Al reconocer Su Amor como Su Gloria en Su Creación, nos sobrecoge el asombro como sentimiento indescriptible que vivimos ante Su Presencia. Lo que nuestros Sabios traducen en el contexto ético del judaísmo como el "temor de Dios". Ante la Luz como Amor de Dios de donde todo fue creado finalmente comprendemos y asimilamos quiénes somos y de dónde venimos.

"Y Él me dijo: 'Hijo de hombre, Yo te envió a los hijos de Israel, a naciones rebeldes, que se han rebelado contra Mí (...)" (2:3)

El Profeta es elegido por su bondad y rectitud como apegos al Amor de Dios, como Sus modos, atributos y Mandamientos que nos mantienen unidos a Él. En este sentido la bondad y rectitud como parte de los modos y atributos de Amor son las cualidades para enfrentar las tendencias negativas de la conciencia, para transformarlas y reorientarlas como expresiones positivas. Aprendemos a hacerlo a través del conocimiento que Dios nos da en la Torá. Lo llegamos a conocer a través de Su instrucción.

"Y Él me dijo: 'Hijo de hombre, haz que tu estómago coma, y llena tus entrañas con este pergamino que Yo te doy'. Entonces lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel. Y Él me dijo: 'Hijo de hombre, ve, anda a la casa de Israel, y habla con Mis palabras a ellos'." (3:3-4)

La dulzura de la Torá revela en nuestra conciencia la Esencia e identidad que definen nuestro verdadero ser. Una vez adquiramos el conocimiento que Dios quiere que tengamos, nos vemos obligados a compartirlo. Somos depositarios de lo que sabemos, tenemos y hacemos. Se ha dicho que a quien mucho se le da, de él mucho se espera. Eso considerado mucho es lo máximo que tenemos, ¡nuestra conexión y relación con el Creador!

Hemos señalado aquí en este blog citando a nuestros Sabios cuando se preguntan quién es rico. Responden que aquel que es feliz con su porción, lo que llamamos aquí nuestro nexo con Dios. Si llegamos a darnos cuenta y asimilar que los modos y atributos de Amor son de hecho los medios para retornar a lo bueno como nuestra Redención de la negatividad, entonces debemos proclamar, propagar, expandir y hacer que Amor transforme y reine sobre todos los aspectos de la vida. Este es nuestro mayor conocimiento fundamental, y también nuestra máxima obligación.

"(...) porque no le advertiste, él morirá en su transgresión. Y sus buenas acciones que él haya hecho no serán recordadas, pero su sangre estará sobre tu mano." (3:20)

El Profeta dice sus palabras para que las entendamos. De ahí que dependa de nosotros entender o ignorar. Somos responsables de todos. Este es uno de los significados de amar al prójimo como a sí mismo. Así entramos a la Conciencia Mesiánica que nos conduce a vivir en los modos y atributos de Amor, como ha querido el Creador que nos ama al igual que al resto de toda Su Creación.

"Y el Eterno dijo: 'Aún así lo comerán los hijos de Israel, su pan impuro entre las naciones donde Yo los dispersaré." (4:13)

El mensaje comienza a hacerse más severo cuando el Creador compara las tendencias negativas de la conciencia con excrementos humanos. Palabras duras para tendencias duras.

"(...) y Yo enviaré sobre ti hambruna y bestias malvadas, y ellas te acosarán; y pestilencia y sangre pasarán por ti, y Yo traeré la espada sobre ti. Yo el Eterno lo ha hablado." (5:17)

Dios trata de manera peculiar las fantasías e ilusiones de ego, al igual que las tendencias negativas de la conciencia. Recordemos el episodio antes del Éxodo de Egipto, cuando Dios "endureció" en corazón del faraón. El Creador quiso darle una lección de comportamiento negativo obsesivo.

El faraón estaba excesivamente obsesionado con oprimir y destruir a los hijos de Israel, al extremo que no pudo cambiar su actitud. Nuestros Sabios explican que el endurecimiento del corazón del faraón fue hacerle perder su libre albedrío. Su única referencia de la realidad era hacer mal a Israel, al punto que no pudo ver otras referencias que pudiesen haberle hecho cambiar su conducta.

Lo mismo ocurre cuando uno queda atrapado en una obsesión, adicción u otros estados de conciencia negativos como la neurosis persistente o el comportamiento psicótico. Una vez somos cautivos de ellos perdemos el libre albedrío como premisa de la libertad. Uno se vuelve el prisionero de sus propias fantasías e ilusiones negativas.

Este predicamento negativo es más fuerte que nuestra voluntad para salir de ellas. Nuestro Amor no es suficiente para traernos de vuelta a la libertad y plenitud de sus modos y atributos. Como hemos destacado en otros comentarios en torno a la Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía, nos damos cuenta que solamente el Amor de Dios nos puede liberar, y clamamos a Él por nuestra Redención. Nuestro Amor necesita nutrirse de Su Amor, y al compenetrarnos con Él mediante Sus caminos y atributos, comenzamos a vivir en verdadera libertad.

"(...) Yo traeré una espada sobre vosotros, y destruiré vuestras cumbres. Y vuestros altares serán desolados, y vuestras imágenes solares serán destruidas; y Yo arrojaré vuestros hombres asesinados ante vuestros ídolos. Y Yo dispersaré vuestros huesos alrededor de nuestros altares." (6:3-5)

El Amor de Dios tiene el poder de redimir nuestra conciencia cuando quedamos atrapados en las fantasías de ego y las tendencias negativas. Así como Él lo hizo con el faraón, también trata nuestros apegos, adicciones y obsesiones. 

Dios nos hace conscientes de que vivimos las consecuencias de nuestras decisiones negativas, las espadas que vienen sobre nosotros. Aprendemos la lección viviendo en la desolación de nuestras adicciones como los ídolos rotos que el Creador pone frente a nosotros. Estos son también los deseos materialistas de ego que son como cadáveres de hombres, y nuestros huesos dispersados en torno a los objetos de nuestras fantasías.

"Y ellos sabrán que Yo soy el Eterno. Yo no he dicho en vano que traería este mal sobre ellos." (6:10)

Una y otra vez debemos enfatizar que, lo que Dios nos dice aquí y en otros pasajes de la Biblia hebrea acerca de nuestra separación de Él, no se trata de venganza, castigo, represalia o retribución de Él contra nosotros. Sabremos que Él es Dios cuando nos separemos de Él, lo que quiere decir que en Su ausencia estamos atrapados en nuestras ilusiones e invenciones. Esta es otra manera de aprender quién es Dios. De ahí que el mal que vivamos por elección nuestra sea la consecuencia directa de lo que Él nos advierte por anticipado que nos vendrá con nuestra actitud.

Entendamos las palabras severas de los primeros 35 capítulos en el mensaje del Profeta. Israel se ve confrontado por el Creador en diversas situaciones en las que las también se refiere a nosotros como Jerusalén y su hija, llamándolas prostitutas, y la razón de ello.

El Creador llama a los hechos por sus nombres para traer nuestra atención a la trascendencia de nuestro nexo permanente con Él. De una vez por todas nos hace darnos cuenta que vivimos por Amor como la expresión material de Su Amor. Aquí radica la razón real de nuestra existencia, y de nuestra verdadera libertad.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.