domingo, 14 de noviembre de 2010

Parshat Vayishlaj: Amor y Luz como Redención de las Tinieblas

El día llega cuando los dos hermanos se encuentran después de más de 20 años, y las fuerzas opuestas que ambos representan otra vez están cara a cara. Y Jacob envió (vayishlaj) mensajeros delante de sí a Esaú su hermano hacia la tierra de Seir, el campo de Edom” (Génesis 32:4) Es evidente que el hombre de paz que es Jacob elige paz con su hermano -- a cualquier costo -- con el fin de evitar el derramamiento de sangre. En este punto hay bastante debate entre nuestros Sabios con las preguntas obvias.

Si Jacob tiene las reiteradas bendiciones y protección del Amor de Dios, ¿por qué él aparentemente lo pone en duda? ¿Por qué no chocar con su verdugo y destruirlo de una vez por todas, considerando que Jacob tiene la reafirmada protección Divina? Estas preguntas debemos hacérnoslas a nosotros mismos, y no con el objeto de justificar la decisión de Jacob en este caso, sino para entender las complejidades de vivir en el plano de las tinieblas con la misión de traer la Luz hacia ellas; y asegurarnos de revelar la Luz ocultada en ellas. Este es el dilema que Adán, Noé y muchos otros no pudieron resolver y fallaron en sus intentos.

Entrar en el reino de las ilusiones de ego es similar a penetrar un laberinto oscuro y sin luz, donde sólo ilusiones son las únicas referencias para confrontar ese espejismo. En términos prácticos es como estar atrapado en deseos que exigen satisfacción inmediata, y parece que no hay escape de ellos excepto apaciguarlos con lo que exigen. Jacob sabe que las cabras, camellos, asnos y ganado, los cuales representan rasgos inferiores y bajos instintos, son las principales exigencias de los deseos de ego: “y [Jacob] tomó lo que le vino a la mano, un regalo para su hermano Esaú: doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, trienta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos" (32:14-16). Pero, ¿qué tal si los deseos de Esaú fuesen de una naturaleza diferente? ¿Qué tal si en sus más profundos pensamientos y sentimientos Esaú añorase su propia redención? Después de todo, la profecía es muy clara: “Y redentores subirán al monte de Sión para juzgar [hacer justicia] al monte de Esaú, y el reinado [la soberanía] será del Eterno" (Abdías 1:21)

Los sucesos relatados por la Torá nos dan las respuestas cuando leemos que Jacob llama a su hermano “mi amo” y se presenta a él como su “sirviente”. Nuestros Sabios debaten estas definiciones y concluyen que Jacob sería castigado por inclinarse a aquel que profana el Nombre del Creador con su recalcitrante maldad. Sabios dicen que las siete veces que Jacob llama a Esaú “mi amo” representan siete reinos que posteriormente subyugarían la Tierra de Israel y a los israelitas. De este episodio aprendemos que debemos confrontar la negatividad a toda costa como la única manera de hacer que Amor prevalezca siempre.

La actitud de Jacob hacia Esaú es aun más irónica después de haber derrotado al ángel (de Esaú) en una lucha que duró toda la noche (Génesis 32:25-30). Jacob (Israel) confirmó en esa larga lucha su pleno conocimiento y compromiso para remover las tinieblas que no permiten la completa revelación de la Presencia Divina en el mundo material. Como hemos dicho muchas veces, esta es la misión de Israel: crear un lugar para que Dios more en este mundo, y ese lugar es Amor como la manifestación material de Su Amor que debemos revelar removiendo los aspectos negativos de la conciencia.

Estos son los rasgos representados por Esaú y sus descendientes, las “naciones” que Israel debe conquistar y subyugar con el propósito de asentarse en la Tierra Prometida. Esta conquista y sus guerras son libradas cuando Israel está en completa unidad con el Creador, porque Sus caminos y atributos son los medios de disipar las ilusiones negativas de ego.

Acciones amorosas y de bondad se presentan como los “redentores que subirán al monte de Sión para hacer justicia en el monte de Esaú”, con el fin de proclamar plenamente la soberanía de Dios todas las dimensiones de Su Creación. Cuando abrazamos al Creador como nuestro único gobernante y exclusivo conductor de todos los niveles, rasgos, aspectos y facetas (todas las “naciones”) de nuestra conciencia, cumplimos Su voluntad tal como está escrito: “Porque el Reino es del Eterno, y Él gobierna sobre las naciones” (Salmos 22:28)

El Amor de Dios nos espera para proclamarlo como nuestro verdadero Redentor: “Y cuando ellos clamaron a Ti durante el tiempo de su tribulación Tú escuchaste desde los Cielos, y conforme a Tu gran compasión Tú les diste redentores que los liberaron de la mano de sus opresores” (Nehemías 9:27) y cuando nos demos cuenta de esto seremos completamente conscientes de que “toda la Tierra está llena de Su gloria” (Isaías 6:3)

En este sentido Jacob sabe que no está listo para confrontar a Esaú porque necesita más tiempo para elevar los rasgos de su carácter, con la misión de convertirse en la Verdad que él y sus herederos representan: Amor y Luz para crear un lugar en este mundo para el Creador de todo more entre nosotros. Por lo tanto Jacob dice a Esaú: “(…) y yo me desplazaré a mi propio paso despacio, según el paso del trabajo que está ante mí, y según el paso de los niños [mis desdendientes], hasta que yo venga a mi amo, a Seir” (Génesis 33:14), con el fin de cumplir la profecía (en Abdías 1:21) como un Mandamiento.

En este contexto podemos entender por qué Jacob llamó a Esaú su “amo”, porque en últimas es esa la misión de Israel: redimir a las “naciones” para que todas puedan reconocer y alabar a Dios como el verdadero soberano de toda la Creación: “Para que Tu camino sea conocido en la Tierra, Tu Redención entre todas las naciones” (Salmos 67:3)

El enfrentamiento de Israel con los riegos y peligros de las tinieblas continúa en esta parshá: “Los dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, los hermanos de Dina, cada uno tomó su espada y ellos llegaron a la ciudad con confianza, y mataron a todo varón”, “Los hijos de Jacob vinieron encima de los muertos y saquearon la ciudad que había mancillado a su hermana” (Génesis 34:25, 27)

Esta vez los hijos de Israel reaccionaron con la actitud inflexible que su padre no tuvo con Esaú. Y tratar con idólatras que son esclavos de sus propias pasiones conlleva al peligro de volverse como ellos: “Entonces Jacob dijo a su casa y a todos los que estaban con él, 'alejen los dioses extraños que estén entre (lit. en) vosotros, y purificaos, y cambiad vuestras vestiduras'.” (35:2) Otros sucesos tristes relatados en esta porción son las muertes de nuestra matriarca Raquel y nuestro patriarca Isaac.

La porción termina mencionando las generaciones de los descendientes de Esaú como recordatorio de que ellos representan no solamente los obstáculos para cumplir la misión de Israel, sino también los verdugos siempre dispuestos a oprimirnos cuando despreciamos los caminos y atributos del Creador y elegimos seguir las fantasías e ilusiones de ego.

Si las decisiones de Jacob fueron ciertamente difíciles en su tiempo, también lo son para nosotros ahora. En cada momento tenemos que tomar decisiones, y la principal lección que nos enseña la Torá es tomarlas pensando no sólo en el bienestar y conveniencia individual sino en el bienestar colectivo. Ese es uno de los rasgos de Amor, y también uno de sus atributos.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.