domingo, 19 de diciembre de 2010

Parshat Shemot: Despertando al Conocimiento del Amor de Dios

Y estos son los nombres (shemot) de los hijos de Israel que vinieron a Egipto (...) (Éxodo 1:1) Nuestros Sabios enseñan que uno cuenta y nombra cada cosa que le es preciosa, e Israel de hecho es tan precioso como un hijo a su padre, tal como está escrito: “Así dijo el Eterno, 'Mi primogénito es Israel'.” (4:22) Las Escrituras Hebreas nos cuentan del Amor de Dios por Israel y por toda Su Creación. Pero, ¿hemos considerado nuestro Amor por Él? Aquí no pretendemos definir con conciencia humana al Creador, pero sí concebir con nuestros propios rasgos humanos Su Amor que crea y sustenta toda Su Creación, incluidos nosotros. Si la Creación ciertamente emana del Amor de Dios, este también lo concebimos y entendemos a través de nuestra concepción de Amor como el medio para relacionarnos y comunicarnos con Él.

Con frecuencia mencionamos los Trece Atributos de Misericordia Divina (34:6-7) como referencias específicas para comprender al Creador a través de nuestra conciencia humana. En última instancia es nuestra elección individual concebirlo y relacionarnos con Él, ya sea como el Creador amoroso y compasivo o como algo diferente. El sentido común y lo obvio claramente demuestran lo primero. Cada capítulo de la Torá y cada comentario de nuestros Sabios ilustran y reiteran esta Verdad. El libro del Éxodo es la diáfana prueba viviente del Amor de Dios por Israel.

El faraón ordenó a todo su pueblo, diciendo: 'Cada hijo nacido varón arrojaréis al río'.” (1:22) Nuestros Sabios místicos explican que tanto los varones israelitas como los egipcios estaban sujetos a este decreto, y que el río (Nilo) representa el patrón de vida materialista derivado de los bajos deseos y fantasías de ego. El faraón (la actitud egocéntrica ante la vida) deseaba que cada rasgo y aspecto de la conciencia humana fuese sumergido (ahogado) en las aguas del materialismo.

Esto representa estar muertos ante las aguas de la conciencia superior representada por los caminos y atributos de Amor. De este pasaje aprendemos que sin un descanso de los aspectos materiales de la vida (descanso como el tiempo y lugar llamado Shabat) para unirnos al Creador, la vida es insignificante. Sin el conocimiento del Creador, especialmente de Su Amor, la Creación carece de sentido.

Es en este momento crucial del desarrollo humano que un aspecto primordial necesita nacer para conducir a todos los demás rasgos. Este es al que nos referimos como el más elevado conocimiento del Creador en nuestra conciencia, el conocimiento de Su amorosa bondad, tal como la podemos concebir en nuestra limitada percepción humana. Este conocimiento es el aspecto representado por Moisés: “Y ella [la madre de Moisés] vio que él era bueno” (2:2).

Este también es el conocimiento de Amor que alcanza toda la Creación, y en particular a nuestro prójimo: “Él [Moisés] fue a sus hermanos, y vio su sufrimiento” (2:11). Esa tribulación no es sólo el resultado de vivir bajo la dureza del más denso materialismo sino también la división y separación que sufrimos en nuestro exilio del Amor de Dios. División, conflicto, disputas, odio y violencia son las ilusiones que nos atrapan en las tinieblas, producto de la ausencia de Amor: “Y Moisés temió, y dijo: 'De hecho, el asunto es conocido'.” (2:14). Nuestros Sabios dicen que Moisés vio que las habladurías y los rumores eran barreras para la Redención de los hijos de Israel, concluyendo que eran las causas “conocidas” de su cautiverio.

(…) el rey de Egipto había muerto, y los hijos de Israel se lamentaron de su cautiverio, y lloraron, y su clamor ascendió al Eterno debido a su cautiverio” (2:23). Nuestros Sabios místicos explican que el faraón estaba muerto al conocimiento de Dios y Su eterna soberanía sobre la Creación. En las tinieblas de esta muerte espiritual es cuando nuestro clamor verdaderamente llega a Él.

Rashi complementa este hecho al cuestionar por qué el Eterno aparece a Moisés en una zarza con espinos y no en otro árbol diferente, y responde que fue así para ilustrar y demostrar que “En todas sus aflicciones Él también estaba afligido, y el Ángel de Su Presencia los salvó. En Su Amor y compasión Él los redimió, Él los levantó y los cargó todos los días del mundo.” (Isaías 63:9). El Amor de Dios ciertamente es el fuego que nunca se consume: “La zarza ardía con el fuego, pero la zarza no se consumía” (Éxodo 3:2).

Y el Eterno dijo a Aarón: 'Ve al desierto para encontrarte con Moisés'. Y fue y se encontró con él en la montaña del Eterno, y lo besó” (4:27). En esta montaña del Eterno como el más elevado conocimiento de Él es donde se besan la amorosa bondad (Aarón) y la rectitud (Moisés), tal como lo recuerda el Rey David: “La amorosa bondad y la verdad se unieron, rectitud y paz se besaron” (Salmos 85:11). Verdad y rectitud (Moisés) son inherentes a sí mismas, al igual que el amor y la paz (Aarón).

Y el faraón dijo: '¿Quién es el Eterno a quien yo debería obedecer Su voz para dejar salir a Israel? Yo no conozco al Eterno, y más aún no dejaré salir a Israel'.” (Éxodo 5:2). La naturaleza del ego es querer dirigir nuestra existencia como una entidad separada e independiente, con el fin de llegar a controlar todos los aspectos de la conciencia (los hijos de Israel). En esta separación ilusoria, el ego rechaza el Amor como la Esencia abarcadora e integradora de la Creación. Ego crea su propia realidad “separada”, basado en deseos derivados de concepciones y pensamientos negativos originados en sentimientos de carencia.


Carencia es el resultado de la ilusoria ausencia de Amor en algún aspecto o dimensión del intelecto, mente, emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Carencia de alimento y de recursos esenciales para satisfacer nuestras necesidades materiales básicas (relacionadas con los instintos), carencia del objeto de nuestras ganas y deseos carnales (pasiones), carencia de reconocimiento y satisfacción de nuestros sentimientos y emociones en nuestra relación con lo que nos rodea, falta de interés y atención basada en carencia de conocimiento en nuestra mente e intelecto. Todas estas carencias son el gatillo que dispara los deseos de ego. Sus consecuentes acciones y conducta negativas as su vez esclavizan y oscurecen nuestra conciencia en los niveles más bajos de la existencia. Entonces en ese predicamento ego no conoce ni reconoce nada diferente de su propia imagen, incluyendo Amor como el redentor de sus tinieblas.

La porción termina así: “Y el Eterno dijo a Moisés: 'Ahora verás lo que Yo haré al faraón, porque con mano fuerte él los dejara salir, y con mano fuerte los sacará de su tierra'.” (6:1). Del mismo modo que el Amor de Dios crea y sustenta todo, también transforma nuestra conciencia para que lo lleguemos a conocer a Él y seamos redimidos.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.