domingo, 14 de octubre de 2012

Nóaj: Transformando y Construyendo con el Creador

Cada personaje de la Torá representa un aspecto de nuestra conciencia. Sea importante o no tan importante, cada uno refleja un rasgo o cualidad que definen nuestra vida en cada dimensión de nuestra identidad individual y colectiva. Estudiamos la Torá para conocer quiénes somos como humanos y como judíos, a través de los personajes, sus historias y las circunstancias vividas desde la Creación hasta nuestros tiempos.

Decimos esto porque la conciencia que el Creador nos dio abarca una multitud de dimensiones y facetas que integran desde intelecto hasta instintos, incluyendo discernimiento, emociones y sentimientos que se manifiestan mediante pensamientos, palabras y acciones. Esta es la manera en la que descubrimos y comprendemos los elementos o partes que forman nuestra conciencia, los cuales nos conducen a ser y hacer lo que somos y hacemos.

Hay un Adán y una Eva dentro de cada uno de nosotros, al igual que un Jardín del Edén, un Árbol de la Vida, un Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal, una serpiente que instiga un sentido o sentimiento de carencia que nos hace desear convertirnos en dioses de nuestra actitud individual ante el mundo material, un Abel y un Caín, y situaciones que reflejan aspectos particulares de nuestra vida.

Mientras leemos el libro que define nuestra identidad como humanos y judíos, debemos discernir sobre cuáles personajes o situaciones influyen más en nosotros, y los menos dominantes en nuestra conciencia y realidad individual. Dios quiere que descubramos nuestra verdadera Esencia e identidad en la Torá que nos dio, al nosotros aprender lo que ella enseña. La Torá nos fue dada como la instrucción mediante la cual nos conducimos en el mundo material, y esto lo hacemos a través de las lecciones que aprendemos de los personajes y situaciones narradas en la Torá. Aprendemos de ellos, de sus modos y atributos, para darnos cuenta de nuestros rasgos individuales que definen lo que somos y hacemos.

En este proceso no sólo aprendemos acerca de nosotros mismos sobre aquellos mencionados en la Torá, sino también los modos y medios con los que Dios se relaciona con Su Creación y con nosotros. En el caso de Nóaj, aprendemos de él nuestro potencial para construir, para transformar, y para destruir. Estos tres potenciales también están representados en los hijos de Nóaj, quien los poseía para transformar su decadente generación (finalmente destruida en el Diluvio) pero optó por no hacerlo.

Nóaj tenía el potencial de construir bajo la voluntad de Dios para empezar un nuevo mundo con una nueva humanidad, convertido en un socio activo del Creador al andar en Sus caminos: “Nóaj fue en sus generaciones un hombre justo e íntegro, Nóaj caminó con el Eterno.” (Génesis 6:9) y en este conocimiento encontramos gracia en el Creador: “Nóaj halló gracia en los ojos del Eterno.” (6:8)

En verdad somos bendecidos mientras vivimos en los caminos de Dios, y nuestra vida se llena de gracia cuando nos hacemos conscientes de que Él es la bendición. Nóaj también tenía el potencial de destruir, y cayó en la desgracia de fantasías e ilusiones negativas derivadas de los deseos materialistas de ego. Caemos con facilidad en el reino de fantasías materialistas cuando nos emborrachamos con deseos de ego y quedamos atrapados en sus ilusiones. Estos son los ídolos en los que nos convertimos cuando abandonamos los modos, medios y atributos de Amor.

Esto ocurre cuando permitimos que las ilusiones de ego manejen todos los niveles de la conciencia, en vez de permitir que los modos de Amor guíen y dirijan todos los aspectos de nuestras vida (ver en este blog nuestro comentario sobre la Parshat Nóaj: “Idolatría como corrupción, Amor como vidadel 2 de octubre de 2010).

Seamos conscientes de que hay un Adán, una Eva, un Caín, un Abel, al igual que un Nóaj en nuestro discernimiento, pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Para nosotros lo que se trata es de elegir sus potenciales positivos para transformar y construir todos los aspectos de la vida bajo la inspiración y conducción de Amor como la manifestación material del Amor de Dios para nosotros y Su Creación.

Nuestros Sabios enseñan que Nóaj era el nuevo padre de la humanidad en un nuevo mundo, todos dirigidos a convertirnos en socios de los planes de Dios para Su Creación. Esto es realmente Su voluntad y nuestro destino, el cual comienza revelando Su Presencia en y alrededor de nosotros. Es así como construimos un espacio para que Él habite en nuestro mundo material. Comenzamos a hacerlo removiendo aquello que no es necesario en todos los niveles de la conciencia, a lo que la Torá se refiere como los ídolos que representan los aspectos negativos de creencias, ideas, ideologías, pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Estos son los potenciales destructivos que todos tenemos en la conciencia. Los removemos o transformamos a través del libre albedrío, cuando vivimos las bendiciones y la bondad de los atributos de Amor, y también las maldiciones e iniquidades de los deseos negativos de ego.

Reiteramos una vez más que la maldad es sólo una referencia para que elijamos Amor, y no una opción para vivir bajo el dominio de fantasías e ilusiones negativas. Las falsas creencias y sentimientos de carencia son los que nos hacen creer que la única manera de sentirnos completos es convirtiéndonos en dioses de nuestras propias vidas. En este viaje de ego negamos todo lo que potencialmente pueda estar fuera de nuestro control.

Los “fanáticos del control” son los que mejor personifican la dictadura de ego en nuestra conciencia, porque no pueden concebir nada que esté fuera de su control. Los fundamentalistas, fascistas, nazis, y promotores del totalitarismo son todos fanáticos del control. Este tipo de actitud ante la vida busca sustraer, restringir, reducir, y limitar lo que Dios creó como exactamente todo lo contrario en la conciencia humana. Dios nos creó con libertad en Su Creación, donde no hay límites excepto aquellos que nos imponemos cuando discernimos, pensamos, sentimos, y experimentamos (ver en este blog nuestro comentario sobre Nóaj: “La Vida como Diversidaddel 23 de octubre de 2011).

Tengamos en cuenta que todo lo que creemos o sentimos que carecemos en lo que somos, tenemos y hacemos son las limitaciones que nos imponemos en la conciencia. Todas ellas son los falsos dioses e ídolos que seguimos y creemos. Ellas son las fantasías e ilusiones que debemos remover con el propósito de despejar el espacio y tiempo infinitos donde la eterna abundancia del Creador quiere morar dentro de nosotros.

Aprendemos de la Torá que Dios nos creó a Su imagen y semejanza, lo cual significa que tenemos los potenciales para vivir en la bondad de Su Amor que nosotros encontramos, vivimos, nos regocijamos y deleitamos en los modos y atributos de Amor en nuestra conciencia.

La Torá es la instrucción de Dios para nosotros con el fin de hacernos conscientes de nuestro libre albedrío y libertad de elegir los potenciales para transformar y construir con el Amor de Dios como nuestra Esencia e identidad, y Amor como su manifestación material destinada a conducir todos los aspectos y dimensiones de la vida. Descubramos y abracemos lo bueno y los potenciales positivos que simbolizan los personajes y episodios que la Torá nos presenta, para que definamos, formemos y manifestemos nuestra identidad judía, y nuestro nexo permanente con el Creador.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.