domingo, 14 de septiembre de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXXIV) Isaías

He aquí, estos vendrán de lejos, y estos [otros] del norte y del occidente, y estos [otros] de la tierra de Sinim [oriente].(Isaías 49:12)

El Creador convoca a los descendientes de Israel de todos los lugares y confines de la tierra. Él decretó que todos, inclusive aquellos asimilados entre las naciones, están destinados a retornar a la tierra de su herencia. Estar alejados de Dios no se refiere a una distancia geográfica. En su tiempo, aquellos que oyen Su llamado a la Redención Final retornarán. Este llamado no tiene que ser respondido por todos, ya que Dios nos dio libre albedrío para rechazar o abrazar nuestra identidad judía.

Nos hemos referido a nuestra tradición oral (midrash) acerca del Éxodo de Egipto, y del retorno de los exiliados judíos en Babilonia. En el caso de Egipto sabemos que solamente el 20% eligió seguir a Moisés, y en el caso de Babilonia fue un número muchísimo menor que decidió regresar a la tierra de Israel. Históricamente, una minoría de los descendientes de Israel permanecieron fieles al Pacto con Dios. Lo mismo se espera ocurra para la Redención Final. Aunque el Creador decretó que Él nos reunirá desde los confines de la tierra, este llamado es para aquellos que elijan retornar.

Cantad oh cielos y regocíjese la tierra, y romped en cántico oh montañas. Porque el Eterno ha confortado a Su pueblo, y tiene compasión por Sus afligidos.” (49:13)

Aquellos de nosotros que oímos el llamado de Dios debemos alegrarnos y cantar de felicidad con todos nuestros niveles de conciencia. Estos son nuestro más elevado conocimiento (los cielos) de Dios, y nuestra naturaleza inferior sensual (la tierra), al igual que nuestra fe, creencias, valores y principios (montañas). Al estos oír el llamado, también sentimos y vivimos nuestra Redención inminente, dándonos cuenta que la amorosa bondad y compasión del Creador son nuestra plena libertad.

Así asimilamos que los caminos y atributos de Dios son también los rasgos y tendencias que debemos entronizar en todos los niveles de conciencia, para poner fin a la aflicción bajo el dominio de las fantasías e ilusiones de ego.

Pero Sión dijo: 'El Eterno me ha abandonado, y el Eterno me ha olvidado'.” (49:14)

Quienes no eligen responder al llamado de Dios prefieren culparlo por su separación de Él. Se niegan a creer que el retorno a Su decretada Redención depende exclusivamente de nosotros mismos. Hemos dicho que Sión, Jerusalén y el Templo representan el máximo conocimiento de nuestra conexión permanente con Dios. Cuando este conocimiento se pierde, este culpa a Dios de nuestra separación de Él. De hecho nunca se perdió, ya que es permanente, pero en nuestro exilio en las fantasías e ilusiones de ego creemos y sentimos que Dios nos abandonó.

¿Acaso una mujer olvida a su infante, el amado, el hijo de su vientre? Sí, estos olvidan. Pero Yo, Yo no te olvido. He aquí que en las manos te He gravado, tus murallas están ante Mí continuamente.” (49:15-16)

Dios reitera Su Pacto con Israel, y Su Amor por Sus hijos. Él nos llama como nuestro Padre que nos recuerda que, a pesar de nuestra separación y olvido de Él, no nos olvida. Nos mantiene no sólo en Su pensamiento sino en Su Amor, porque Él nos ama. Nuestros nombres están gravados en Sus manos, y la fuerza (nuestras murallas) de nuestro nexo con Él está siempre firme.

Apresurados están quienes te construyen, quienes te destruyen y te despojan saldrán de ti.” (49:17)

Nuestra opresión bajo las tendencias y rasgos negativos en la conciencia, impulsados por las fantasías e ilusiones de ego, se convierte en nuestra desesperación que nos hace vivir apresurados. Dios nos recuerda que estas son las destructoras que nos convierten en despojos, de ahí que Él las removerá de nuestra conciencia.

Alza tus ojos y mira: todos ellos han sido congregados, ellos vienen a ti. Como que vivo, dice el Eterno, que tú te vestirás con ellos todos como ornamento, y con ellos como cinto para ti, como una novia.” (49:18)

El Profeta nuevamente destaca que Dios transformará las tendencias y rasgos negativos en cualidades positivas que ocuparán todos los aspectos y dimensiones de la vida. Estas serán el adorno y belleza que se manifestarán en nuestro discernimiento, pensamientos, valores, principios, emociones, sentimientos, pasiones e instintos, al igual que en lo que tengamos, digamos y hagamos. Serán el esplendor que vemos en la novia preparada para desposar a su dueño.

Debido a tus despojos y tus lugares desolados, y la tierra de tus ruinas, ahora ciertamente están apretados a causa de los habitantes, y aquellos que te consumen están lejos.” (49:19)

Nuestros anteriores rasgos negativos y destructivos serán como lugares vacíos que también serán estrechos para la expansión de la nueva conciencia que nos espera. Cada tendencia negativa que devoraba lo bueno de nuestra Esencia y verdadera identidad será eliminada.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.