domingo, 21 de septiembre de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXXV) Isaías

Los hijos de tu enojo dirán en tus oídos: 'El lugar es demasiado estrecho para mí, dame lugar para que pueda habitar'. Y has dicho en tu corazón: '¿Quién me ha dado estos? ¿Y yo enojada y triste, cautiva y separada, y estos que has alimentado? He aquí que yo, yo me quedé por mí misma, estos [de] dónde son'?(49:20-21)

Las expresiones de nuestros rasgos negativos, como los hijos de nuestro enojo, no cesarán en su predicamento, exigiendo más para expandir su control de nuestra vida. Nuestras obsesiones, apegos y adicciones a las fantasías e ilusiones de ego no abandonarán fácilmente nuestra conciencia. Debemos confrontar su causa y efecto. Estos son los rasgos negativos representados por las naciones que oprimen a los hijos de Israel.

Así dijo Dios el Eterno: 'He aquí, Yo levanto Mi mano sobre las naciones, y sobre pueblo levanto Mi estandarte, y ellos han traído a tus hijos en sus brazos, y tus hijas son cargadas en el hombro.(49:22)

Dios reafirma Su Redención Final como resultado del proceso transformador señalado antes. La “mano” y el “estandarte” de Dios son los principios y directrices que reivindican y reconocen lo bueno de los modos y atributos de Amor, representados por los hijos de Israel. Estos rasgos transformados en la conciencia, que Dios imprimirá sobre las naciones, servirán al propósito de Su plan para la Era Mesiánica. Esta será manifestada por los hijos de Israel con la asistencia de la nueva identidad de las naciones. Estas traerán y cargarán en sus hombros los reunidos hijos de Israel.

'Y reyes serán tus niñeras, y sus princesas serán tus sirvientas. Se prosternarán ante ti, y lamerán el polvo de tus pies. Y habrás sabido que Yo soy Dios, que aquellos que Me esperan no serán avergonzados'.(49:23)

Las tendencias y rasgos positivos servirán el propósito mayor del aún más grande bien que Dios quiere revelar en el mundo material a través de los hijos de Israel. Esto fue originalmente encomendado en la Torá cuando Dios eligió a Israel como Su socio en Su Creación. La separación de Israel de su misión, y la opresión bajo el dominio de las naciones ha hecho demorar el plan de Dios. Esta demora es claramente parte del plan, porque tanto Israel como las naciones deben primero aprender las consecuencias de vivir en los aspectos negativos de la conciencia, antes de entrar en la Redención Final.

Esta debe ser deseada y añorada como el verdadero tiempo y espacio en que estamos destinados a vivir en el mundo material. Esperamos la revelación de Dios los últimos días de nuestro exilio en las tinieblas de las fantasías e ilusiones de ego, mientras Él también espera que aprendamos las lecciones de nuestras decisiones negativas. Una vez estemos preparados para abandonar nuestros modos negativos, tendremos que perseverar en nuestra espera de Su Redención Final.

¿Acaso la presa puede ser tomada del poderoso, o los cautivos liberados por su vencedor? Pero así dice el Eterno: 'Hasta los cautivos de los poderosos serán quitados, y la presa de los terribles será liberada; y Yo me enfrentaré con quien te enfrente, y salvaré a tus hijos.(49:24-25)

Dios nos pregunta si los modos opresivos más fuertes que nosotros pueden dejarnos libres. ¿Acaso somos suficientemente fuertes para enfrentar nuestras propias tendencias y rasgos negativos, junto con adicciones, apegos, hábitos y obsesiones, frustraciones, depresiones, ira, arrogancia y demás? Tal vez no lo seamos, pero Dios de hecho lo es. El Amor de Dios nos creó y también es nuestra vida, nuestra libertad y nuestra Redención.

Y Yo alimento a los que te oprimen con su propia carne. Y se intoxican con su propia sangre, como con vino dulce. Y toda carne sabrá que Yo el Eterno soy tu Salvador y Redentor, el Poderoso de Jacob.(49:26)

Hemos mencionado que el mal se destruye a sí mismo, porque su naturaleza es destruir. En este sentido entendemos que las palabras del Creador respecto a los opresores que comen su propia carne y se intoxican con su sangre. El rey David también lo advierte: “La maldad matará al malvado, y los enemigos del justo están condenados.” (Salmos 34:22).

El Creador sabe cómo manejar Su Creación, y nos enseña que la fuente de destrucción es la destrucción misma. Así asimilamos que el bien es la fuente del bien, porque el propósito del bien es el bien mismo. Ya sabemos que Dios es el origen de todo lo bueno, como también está escrito: “Agradeced al Eterno porque Él es bueno, porque Su amorosa bondad es eterna.(136:1).

Con este entendimiento nos damos cuenta que Él es Dios, nuestro Salvador y Redentor, el Poderoso de Israel.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.