sábado, 28 de octubre de 2017

Eclesiastés: La ilusión de la vanidad y la realidad del amor (XXII)

“La sabiduría es el bien con una herencia, y es una ganancia para quienes ven el sol. Porque quien esté en la sombra de la sabiduría está en la sombra del dinero, y la ventaja del conocimiento es que la sabiduría da vida a quien posee.    (Eclesiastés 7:11-12)

Realmente nos hacemos sabios cuando abrazamos el bien como razón y propósito de la vida, teniendo en cuenta que el principio ético inherente en el bien es su herencia y ganancia. En los modos y atributos del bien está nuestra riqueza en este mundo, porque el bien es la luz como la vemos en el sol que sustenta la vida.

Entonces así entendemos que la “sombra del dinero” es lo que protege nuestro sustento material, como reflejo del bien que satisface todas nuestras necesidades. También, que nuestra sabiduría es formada y definida por el bien, porque no puede existir sin el bien.

“Mira la obra del Eterno porque, ¿quién puede enderezar lo que Él ha torcido? En un día de bien, sé entre los buenos, y en un día de adversidad, reflexiona. El Eterno ha hecho uno correspondiente al otro, con el fin de que el hombre no encuentre nada después de Él. (7:13-14)

El sabio rey se refiere al bien como la  obra del Creador con la que dirige Su creación y señala al mal para que elijamos el bien. En este sentido el mal no puede ser enderezado por fue creado para que lo diferenciemos del bien.

“¿Acaso no es de la boca del Altísimo que salen los males y los bienes?”
(Lamentaciones 3:38)

En lo bueno podemos elegir ser buenos y en el mal elegimos a lo que pertenecemos. Así es como entendemos que son opuestos (“correspondientes”) para que nos hagamos conscientes de que nuestra conciencia está limitada a esto para poder ejercer el libre albedrío.

“Yo he visto todo en los días de mi vanidad. Está el justo que muere en su rectitude, y el malvado que vive largo [una larga vida] en su maldad. No seas excesivamente recto ni excesivamente sabio. ¿Por qué habrías de traer desolación sobre ti? No seas excesivamente malvado, pero no seas tonto. ¿Por qué morir antes de tu tiempo?”  (Eclesiastés 7:15-16)

La vanidad sigue siendo el campo de juego de la vida según lo que convenga, sin que importen los deberes que exigen la rectitud y la justicia. Este es el predicamento de las fantasías e ilusiones de ego.

El primer versículo podría invitar al nihilismo y la desvergüenza al sugerir que somos proclives a morir viviendo en y por el bien, o proclives a abrazar la maldad para asegurar una larga vida.

Esto no significa elegir la maldad como la manera más fácil de vivir, sino encontrar equilibrio para no caer en las áreas “grises” entre el bien y el mal. Aunque esto podría ser lo insinuado, hay claras distinciones al comparar negro y blanco. El mensaje encubierto en estos versículos es hacernos conscientes de las diferencias, las cualidades y rasgos del bien y el mal con  sus modos y medios.

En este conocimiento adquirimos la necesaria sabiduría para abordar apropiadamente y con éxito la vida, concibiéndola como un proceso de aprendizaje destinado a hacer prevalecer el bien.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.