domingo, 1 de abril de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (VII)


“El Eterno está en ella [Jerusalem], no será movida. El Eterno ha de ayudarla, al llegar la mañana. (Salmos 46:6)

Jerusalem es el lugar elegido por Dios como Su morada en el mundo, que no moverá ni cambiará. Hemos dicho que el Creador y Su morada son inherentes a sí mismos, lo cual convierte a Jerusalem en incambiable como Él.

“El Eterno no es un hombre, para que mienta; ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Él ha dicho, y acaso no lo hará? O ha hablado, y no lo logrará?” (Números 23:19)

“Y tampoco la preeminencia de Israel sea para mentir o cambiar, porque Él no es un hombre para arrepentirse. (I Samuel 15:29)

“Yo no profano Mi pacto, y aquello que sale de Mis labios Yo no cambiaré. (Salmos 89:34)

Así entendemos que la unidad de Dios es inmutable, ya que esta cualidad la define como completa, y lo completo no necesita adiciones ni sustracciones o cambio.

La segunda parte del versículo se refiere a la revelación del Creador en Su prometida redención final. En este sentido esta última se relaciona con iluminación similar a “mañana” que ha de llegar, un nuevo día como un nuevo comienzo para la conciencia humana.

Esta es la “ayuda” que la humanidad ha estado esperando desde sus orígenes, para finalmente ver el advenimiento de una nueva vida en la que no exista el mal.

Grande es el Eterno y sumamente exaltado en la ciudad de nuestro Dios, el monte de Su sacralidad. (48:2)

Nuestros Sabios relacionan la grandeza del Creador con Su infinita abundante amorosa bondad, de la que surge toda existencia, ya que todo lo que existe emana del bien proveniente de Él, y de nada más.

Este atributo divino se manifiesta en todas sus dimensiones en Jerusalem, la cual también representa el más elevado nivel de conciencia en el que nos compenetramos con Dios.

Tal como hemos indicado antes, lo sagrado como conciencia libre de todo mal es la precondición para ascender al próximo nivel donde nuestra compenetración con lo sagrado en Dios habrá de conducirnos a una actitud ante la vida más elevada y espiritualizada en este mundo.

“Hermosa a la vista, el júbilo de toda la tierra [es] el monte Sión, las laderas septentrionales, la ciudad del gran Rey. (48:3)

Este versículo habla de la impenetrable e indescriptible experiencia de vivir en, con y por nuestro sagrado vínculo con el Creador, representado por el monte Sión. Lo hermoso se vuelve una expresión del bien, ya que éste lo es en cualquier forma, modo o dirección que manifieste, porque el bien lo abarca todo.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.