domingo, 22 de abril de 2018

JERUSALEM EN EL LIBRO DE SALMOS (X)


“Y soy como un olivo en la casa del Eterno, y mi confianza en la amorosa bondad de Dios es por toda la eternidad. (Salmos 52:10)

El amor, devoción y alabanza del rey David por el Creador son emblemáticos, ya que no ha habido nadie como él para exaltar Sus obras y maravillas.

Estas cualidades son similares a las de un olivo de profundas raíces y larga vida. Parece haber una correspondencia entre las cualidades antes mencionadas y la confianza derivada de estas, con la eterna amorosa bondad mediante la cual Dios sustenta Su creación.

Recordemos que los olivos cargan el aceite que sirve para alumbrar la oscuridad en las primeras y últimas horas del día. Cada vez que hablamos u oímos acerca de ungir se trata de nuestra capacidad de iluminarnos con los significados multidimensionales y trascendentales de la Torá.

Esta es la misma unción que nos conduce a nuestra redención final con el máximo conocimiento y entendimiento del Creador, que tienen lugar en “la casa del Eterno”.

Plantar como olivares la conciencia en esta casa significa vivir permanentemente en el conocimiento de la verdad de que provenimos de la amorosa bondad del Creador, y hacia ella estamos destinados a existir por toda la eternidad.

“¿Quién dará desde Sión la redención de Israel? El Eterno hará retornar los cautivos de Su pueblo. Jacob se alegrará, Israel se regocijará. (53:7)

El versículo nos dice que la redención final de Dios para Israel, y por extensión para la humanidad, proviene de Sión como lugar de conexión entre el Creador y el mundo material.

Debemos ser conscientes de que Sión representa el pleno conocimiento de nuestro nexo con el Creador, y es el tiempo y espacio de nuestra completa libertad de aquello diferente de los modos y atributos de Dios, con los que entendemos la pureza del bien libre de lo que le es ajeno.

Nuestro cautiverio abarca todo lo que carece de bien, lo cual es vivir en el predicamento negativo y destructivo del mal en sus diversas manifestaciones, derivadas de una actitud egocéntrica ante la vida.

Mientras nos enfoquemos en el bien y lo abracemos como nuestra esencia y verdadera identidad, nos reconoceremos en Jacob e Israel, las dos facetas de una vida comprometida a revelar la voluntad de Dios para el mundo, la cual es hacer prevalecer el bien.

Una vez permitamos que el bien se manifieste en todos los aspectos, niveles y expresiones de la conciencia humana, comenzaremos a regocijarnos y alegrarnos de vivir en la verdadera redención, libres de las ataduras del mal.

Como lo leeremos en el próximo versículo, vivir en este conocimiento es la culminación de las profecías en la Biblia Hebrea cumplidas con su trascendencia y eternidad.

“Moraré en Tu tienda para siempre. Tomaré refugio bajo el amparo de Sus alas, eternamente. (61:5)

En la tradición hebrea, “tiendas” se relacionan con recintos de estudio de la Torá, respecto a cómo el Creador se relaciona con Su creación. La tienda de Dios es tan inescrutable e impenetrable como Él mismo, ya que es eterno. Se trata de un tiempo y espacio trascendentales, donde se promete a nuestra conciencia morar en un refugio de eterna protección divina.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.