domingo, 16 de noviembre de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXXXIII) Isaías

Se le ha exigido y él ha respondido. Y él abre su boca como un cordero que es llevado al matadero. Y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda. (53:7)

Hemos dicho que el bien es la expresión de Amor como manifestación material del Amor de Dios. El bien no es arrogante, ni alardea ni pretende. Al igual que la verdad, el bien no necesita defenderse a sí mismo. Así entendemos que los trasquiladores del bien lo encuentran mudo. Tal es la actitud de las fantasías e ilusiones de ego ante los modos y atributos de Amor.

Los deseos materialistas de ego no encuentran razón ni significado en el bien. Del mismo modo, a pesar de las contribuciones de Israel a la humanidad, este ha sido silenciado y sacrificado sin ni siquiera poder defenderse.

Opresión en su tierra (a manos de Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma), exilio (en Egipto, en Babilonia y en la Diáspora), persecución y exterminio (en las guerras santas de los musulmanes, las cruzadas e inquisición de los cristianos, los pogromos, el Holocausto).

Para prisión y para juicio él ha sido tomado, y de su generación ¿quién tiene en cuenta que él haya sido cortado de la tierra de los vivientes? Por la transgresión de su pueblo él es afligido. Y su tumba comparte con los malvados, y con los ricos están sus lugares elevados. Porque él no ha hecho violencia, y no hay engaño en su boca.” (53:8-9)

La humanidad no ha meditado lo suficiente acerca de quitar el bien de la vida. ¿Cómo podríamos encontrar un significado trascendente en la existencia sin vivir en el bien? ¡El bien es la causa, razón y propósito de la vida! ¿Cómo podría ser quitado de la vida? Al mismo tiempo el Profeta señala las consecuencias de reprimir o eliminar el bien de la conciencia humana.

El bien desfallece y se desanima por los rasgos y tendencias negativas. Estas son las aflicciones que traemos a Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad. Nuestras maldades nos llevan a compartir la misma tumba con los malvados.

El bien como nuestra riqueza que es comparte los lugares elevados con aquellos que también son buenos. Mientras permitamos que el bien conduzca todos los aspectos y dimensiones de la vida, jamás habrá violencia ni engaño.

Y el Eterno se ha deleitado en golpearlo, Él lo ha afligido. Si su alma hiciere una ofrenda por culpa, Él ve simiente para que él prolongue sus días. Y el deleite del Eterno prospera en su mano.” (53:10)

Esta dolorosa alegoría debe ser entendida en el contexto apropiado, ya que Dios no se deleita con infligir sufrimiento en Su Creación. Dios toma para Él mismo la aflicción y el padecimiento de Su pueblo. Él toma la opresión de las naciones contra Israel como Suya propia, ya que en cada derrota, humillación y aflicción, la misión de Israel continúa y trasciende.

Por cada sacrificio de Israel hay una simiente plantada destinada a proteger el bien en la vida. Dios se deleita en el bien, y lo hace prosperar a pesar de la oposición de las tendencias negativas en la conciencia.

Él ve de la labor de su alma, de la cual él está satisfecho. A través de su conocimiento él da rectitud, el recto Mi servidor para muchos. Y él carga las iniquidades de ellos.” (53:11)

Dios ve el bien que Israel ofrece a la humanidad, por el cual Israel se complace. Su conocimiento y sabiduría provienen de la Torá y de su nexo con el Creador. Todo lo contrario a ello Israel tiene que cargar hasta que la causa de la maldad sea finalmente removida de la faz de la tierra.

Por lo tanto Yo le doy una porción entre muchos, y con los poderosos él reparte los despojos, porque él expuso a la muerte su alma. Y con transgresores él fue contado, porque él ha cargado con las transgresiones de muchos. Y por los transgresores él intercede.” (53:12)

Dios es la porción de Israel. Esta premisa justifica la misión de Israel en el mundo, tal como lo indica la Torá. De ahí que con los despojos que obtiene Israel está con los poderosos”, porque Dios es el poder con el que Israel prevalece.

Esto además de enfrentar la muerte en su tenacidad para mantener el Pacto con Dios. Esta tenacidad también ha enfrentado las propias transgresiones de Israel, al igual que las iniquidades de otros por las que Israel es contado como el cargador de sus iniquidades.

Así vemos que Israel es el intermediario entre el pecado y la redención del pecado. Israel es el catalizador de la conciencia materialista hacia el conocimiento espiritual que nos hace conscientes de nuestra verdadera identidad y propósito en la vida.

Como indicamos antes, Israel representa nuestro más elevado nivel de conciencia desde donde podemos trascender los rasgos y tendencias inferiores que nos separan del bien proveniente de los modos y atributos de Amor, como manifestaciones materiales del Amor de Dios.


Nuevamente debemos destacar que la Redención Final y la Era Mesiánica prometidas en la Torá (Deuteronomio 30:3-10) y reiteradas por los Profetas se manifestarán a través de Israel, el pueblo del Pacto con Dios. Así ha sido decidido y decretado por el Creador.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.