domingo, 30 de noviembre de 2014

La Conciencia Mesiánica en la Profecía Judía (LXXXV) Isaías

Porque esto es para Mí como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé nunca más inundarían la tierra. Así he jurado que Mi ira no está sobre ti, ni te reprendo. Porque las montañas serán movidas y las colinas temblarán, pero Mi misericordia no se apartará de ti. Y el pacto de Mi paz no será quebrantado, dice el Eterno que tiene compasión de ti.(54:9-10)

Dios compara Su promesa de no volver a traer el Diluvio a la tierra con no retirar Su amorosa bondad de Su pueblo, ni quebrantar Su Pacto de paz, porque Él nos ama. El Amor de Dios nunca se separa de nosotros. Él no nos juzga en ira ni nos reprende después de haber decretado Su Redención.

Oh afligida, azotada por la tempestad, sin consuelo. He aquí que Yo fijo con cemento tus piedras, y tus cimientos en zafiros. Tus pináculos de rubíes, tus portales de cristal, y toda tu muralla de piedras preciosas. Todos tus hijos serán enseñados por el Eterno, y grande será la paz de tus hijos.(54:11-13)

El bien con el que Dios nos creó es nuestra esencia y verdadera identidad, y también nuestro nexo común con Él. El bien es afligido y sacudido en malestar cuando las tendencias y rasgos negativos toman control de nuestra conciencia. Una vez más Dios reitera que el bien prevalecerá por siempre al hacerlo regir y conducir todos los niveles y expresiones de la conciencia. Estos son las piedras preciosas como tendencias y rasgos elevados que son nuestro deleite. Al ser eliminado el mal de nuestra conciencia, solamente el bien conduce nuestro discernimiento, pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos hacia el conocimiento de Dios.

Esta premisa es necesaria para comenzar a aprender de la Presencia de Dios revelada completamente. Entonces los hijos de Jerusalén aprenderán de la plena conciencia de su conexión con Dios, y su cosecha será paz en abundancia. Todas las dimensiones interiores y ocultas de la Torá serán totalmente reveladas en nuestra Redención Final.

En rectitud estás establecida. Estás lejos de la opresión, pues no temas; y de la ruina, pues no ha de acercarse a ti. Si alguno conspirare contra ti, será sin Mí. El que contra ti conspirare, delante de ti caerá.(54:14-15)

Rectitud es el bien que Dios ha establecido para nosotros como cimiento de todos los aspectos y expresiones de la vida. En el bien no hay opresión, temor ni ruina que pueda venir a nosotros. Si el mal nos viene no es por deseo de Dios sino por nuestra propia elección. En Su Redención Dios nos recoge y reúne cerca y en torno a Él. Nuestra plena conciencia de esto disipa todos los males, y en este conocimiento la maldad desaparece.

He aquí que Yo he creado al herrero que sopla las brasas en el fuego, y saca una herramienta para su trabajo. Yo he creado al devastador para destruir. Ningún arma forjada contra ti prospera, y has de condenar toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es la herencia de los servidores del Eterno y su rectitud proviene de Mí, declara el Eterno.(54:16-17)

Dios nos habla de la fortaleza y determinación de la nueva conciencia que guarda para nosotros en Su Redención Final. Él se refiere a esta como un herrero que aviva el fuego transformador que removerá todos los males de nosotros. Así comprendemos que el Amor de Dios es el fuego que transforma nuestra conciencia cuando permitimos que sea Él quien rija y guíe todos los aspectos y dimensiones de la vida. Esto ocurre cuando abrazamos los modos y atributos de Amor como manifestación material del Amor de Dios.

Amor es el devastador preparado para destruir todo lo contrario a sus modos y atributos. En este conocimiento no hay nada que pueda estar contra nosotros. Cuando abrazamos el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad, llegamos a darnos cuenta que somos Sus hijos y sus servidores, y que el bien de nuestra rectitud proviene de Él. Así lo declara el Creador de todo.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.