domingo, 18 de marzo de 2012

Vayikrá: Uniendo Nuestro Amor con el Amor de Dios

Esta semana celebramos la entrada al tercer año de este blog. Lo empezamos con el libro de Vayikrá en el 2010 como un proceso de expansión de los mensajes del libro “Amor de Dios”, que fue el resultado de notas tomadas durante cuatro años de estudio de la visión mística del judaísmo ortodoxo a través de la tradición jasídica.

Todo esto presentado con una perspectiva filosófica con el fin de comunicar los mensajes hacia un entendimiento concreto y práctico de los conceptos místico judíos, y aplicarlos a la realidad material. Lo hacemos enseñando directamente lo “espiritual” del judaísmo, lo cual es el Amor de Dios y nuestra conexión con Él. Ese ha sido el propósito ocultado detrás de Su Creación, escondido por nosotros y no por Él, ya que Su Amor ya está proclamado y manifiesto; y para confirmarlo sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor.

En el libro explicamos que nuestros Sabios no ocultaron el Amor de Dios deliberadamente, sino más bien se enfocaron en las cualidades éticas y morales de Amor como sus medios y atributos, con el fin de salvaguardar la paz y la armonía individual y colectiva. Después de todo, Amor se trata de buenas acciones y no buenas intenciones.

Esperemos que tal vez ahora, en nuestros tiempos, la mayoría de los humanos y judíos en particular estemos preparados en nuestra conciencia para asumir Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad, como la manifestación material del Amor de Dios. Después de este preámbulo de celebración, comentemos por tercera vez la primera porción de Vayikrá.

La mayor parte del tercer libro de la Torá se refiere a nuestra conexión y relación directas con el Creador, definidas como el sacerdocio, y es por ello que fuentes no judías lo llaman “Levítico”. Esta conexión y relación con Dios ocurre primordialmente mediante el estudio de la Torá, el cumplimiento de Sus Mandamientos, y las ofrendas (“sacrificios”) que elevamos a Él con el propósito de estar cerca de Él.

Nuestros Sabios cuestionan el hecho de presentar ofrendas de “alimentos” al Creador, sabiendo perfectamente que Él no “necesita” nada de nosotros, y que somos nosotros quienes lo necesitamos a Él. Por ello citan al rey David para reafirmarlo.

“Si Yo tuviese hambre, no te lo diría a ti, porque Mío es el mundo y su plenitud. ¿[Acasotengo de comer Yo carne de toros, o de beber sangre de machos cabríos? Eleva alabanza al Eterno y paga tus votos al Altísimo. Y clama a Mí en el día de tribulación: Te libraré, y tú me honrarás.” (Salmos 50:12-15)

De ahí que se trate de nosotros y de nuestra actitud hacia el Amor de Dios para desear estar cerca de Él, tal como también es señalado.

“Por vuestro propio deseo la ofrendaréis.” (Levítico 19:5)

Nuestras ofrendas a Él son los rasgos, cualidades y dimensiones de nuestra Esencia común con Él, todos ellos como expresiones de nuestro Amor como conductor y guía de todos nuestros modos. Esta es la dulzura que vivimos y de la que nos regocijamos, así como nos deleitamos en Su Gloria, que es Su Amor.

Nuestros Sabios también se refieren a esta dulzura cuando dicen de un toro grande, “Una ofrenda de elevación, un dulce sabor”; de una paloma, “Una ofrenda de elevación, un dulce sabor”; y de una ofrenda de alimentos, “Una ofrenda de elevación, un dulce sabor”.

Nos enseñan que para el Creador esta “dulzura” es la misma, ya sea si uno ofrece mucho (un toro), o poco (una paloma) de él, siempre y cuando dirija su corazón (Amor) al Cielo (para honrar a Dios siendo y realizando Sus caminos y atributos).

Esta dulzura es recibida a través de humildad como nuestro medio para manifestar Amor en lo que somos y hacemos, porque humildad es la vasija vacía donde depositamos la voluntad del Creador en nuestras vidas.

Los Sabios lo ilustran con una historia.

“Un toro era llevado a sacrificar en el Templo pero se negaba a moverse. Un hombre pobre se acercó con un puñado de heno en su mano y se lo dio al toro, que a su vez se lo comió. Entonces el toro se dejó llevar al Templo. El dueño del toro tuvo un sueño en el que se le dijo que la ofrenda del pobre al toro era mayor que la ofrenda del toro por su dueño”.

Como hemos mencionado en otros comentarios, el toro representa ego como la fuerza motriz que debemos elevar a la voluntad del Creador, a través del mayor conocimiento de nuestra conexión con Él (representada por el sacerdote en el Templo) y esto lo hacemos a través de Amor como el guía y conductor natural de todos los niveles y dimensiones de la conciencia, ego incluido.

El pobre representa humildad como el medio de hacer llegar Amor (el heno) para alimentar y dirigir nuestra fuerza motriz con el fin de servir a Dios. En este sentido, humildad y Amor son mayores que los deseos materialistas de ego (el toro).

En este sentido la agenda de ego está excluida de todos nuestros modos, medios y atributos para honrar el Amor de Dios y Su voluntad.

“Ninguna ofrenda de alimentos con levadura traerás al Eterno, porque no harás levadura ni miel para elevación de una ofrenda quemada por fuego al Eterno.” (2:11)

En este caso levadura representa soberbia como auto-engrandecimiento, y es una de las razones por la que nuestros antepasados comieron pan sin levadura (matzá) durante el Éxodo de Egipto.

Seamos conscientes de que cada nivel de conciencia debe ser una vasija vacía para llenar con los modos y atributos del Creador, y nunca olvidemos que estos no cohabitan con nada diferente de lo que son.

La miel representa sensualidad bajo el control de las fantasías e ilusiones de egoNuestros Sabios también nos recuerdan que Dios no se relaciona con aquel lleno de sí mismo, y dice que el soberbio y Él no pueden morar juntos en el mundo.

En el pleno conocimiento de nuestro Amor y el Amor de Dios con sus caminos y atributos comunes, la paz también se vuelve causa y efecto. Nuestros Sabios enseñan que la ofrenda de paz no tiene como fin la expiación como ocurre con las demás ofrendas, sino exclusivamente el regocijo y la dicha de estar cerca del Creador.

Explican que lo placentero de esta paz se debe a que es compartida por el oferente, el sacerdote y Dios unidosEsto la convierte en la ofrenda perfecta, ya que no tiene otras razones excepto deleitarse en nuestra conexión con Él, que nos da vida y todo lo que somos y tenemos.

Este conocimiento protege nuestra libertad de enredos en las fantasías e ilusiones de ego, y en esta libertad celebramos Su Amor como nuestro sustento y Esencia de la que Él nos creó. En esta conexión asimilamos que nuestro Amor es Su Amor que nos nutre, y de ahí que nuestro Amor sea el nexo con Su Amor.

(...) toda la grosura es para el Eterno.” (3:16)

Nuestro entusiasmo (toda la “grasa”), como máxima alegría y felicidad, es lo que Él quiere de nosotrosser felices y deleitarnos en este mundo. Nuestra mayor satisfacción es saber que el Amor de Dios es nuestra verdadera Esencia e identidad.

La porción concluye con la expiación de transgresiones contra el prójimo, y son definidas como traiciones al Creador.

“Si una persona peca, y comete una traición contra el Eterno, y miente a su prójimo (...)” (5:21)

Mentir se vuelve una violación de confianza y fidelidad contra lo que ciertamente es nuestra Esencia e identidad. Uno de los sinónimos de Amor es verdad, y como tal no hay espacio para nada diferente a sus atributos, y el contexto de Amor es la manera de relacionarnos con el prójimo.

Todos lo medios y arbitrios de Amor son verdad, tal como lo proclama el salmista.

“Todos los caminos del Eterno son amorosa bondad y verdad para aquellos que observan Su Pacto y Sus testimonios [la Torá]. (…) No retengas Tu compasión de mí, oh Eterno, que Tu amorosa bondad y verdad siempre me protejan.” (Salmos 25:10, 40:12)

Amor y verdad son inherentes a sí mismos. Si no hay Amor no hay verdad, y si no hay verdad no hay Amor; por lo tanto sin ellos no hay Redención.

“Guíame en Tu verdad y enséñame, porque Tú eres el Eterno mi Redentor, y mi esperanza está en Ti todo el día.(25:5)


El Amor de Dios es la verdad de Sus caminos y atributos, y todo lo que llamamos verdad en el mundo material en cada nivel de conciencia debe ser consonante con Su verdad. Hay un solo Amor y es el Amor de Dios, y una verdad que es la verdad de Dios.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.