domingo, 25 de abril de 2010

Parshat Emor: Restituir Vida con Vida

El Amor de Dios crea y sustenta la vida, y todo lo que la amenaza (incluyendo la muerte) debe estar separado de ella. Este es el mensaje sucesivo y reiterativo de la Torá, reafirmado muchas veces en el primer capítulo de Emor: "y diles (emor) que no se contaminen a causa de tocar algún difunto de su pueblo" (Levítico 21:1) Esto se refiere a la casta sacerdotal y al Sumo Sacerdote que representa nuestra conciencia superior y conexión permanente con el Creador, tal como lo hemos señalado antes: "No se contaminará profanándose, pues él es dirigente entre su pueblo." (21:4) y su función es destacada como el portador de Amor permanentemente cercano a Dios. En este sentido, el Sumo Sacerdote es tanto el mensajero como el mensaje: Amor del que somos sustentados cada momento, y que debemos mantener sagrado: "Por tanto, lo tendrás por Sagrado, pues él ofrece el pan de tu Dios. Será Sagrado para ti, porque Yo, el Eterno que os santifica, soy Sagrado." (21:8)

El Pueblo de Israel recibe el Mandamiento Divino de consagrar al Sumo Sacerdote; y el Pueblo, los hijos de Israel, son las múltiples cualidades que deben honrar y exaltar la conciencia superior de unión con el Amor de Dios, siendo y manifestando Sus caminos y atributos todo el tiempo. Este conocimiento vive en el nivel más alto de nuestra conciencia, que es el Templo donde estamos permanentemente unidos al Creador, y que nunca debemos abandonar: "No Saldrá del Santuario ni profanará el Santuario de su Dios, porque sobre él está la consagración de la unción del aceite de su Dios: Yo soy el Eterno." (21:12) 


Las instrucciones acerca de la consagración del Sumo Sacerdote al servicio del Creador continúan en el capítulo siguiente, y tanto Aarón como los hijos de Israel están instruidos a ofrendar sacrificios de animales sin mancha o defecto para ser quemados sobre el Altar del Santuario. Estos animales como hemos mencionado representan pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos incorruptos con los que tenemos para honrar la voluntad y atributos del Creador en todo aquello que hagamos. Por lo tanto no estamos en condición de ofrendar pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos manchados con avaricia, egoísmo o negatividad para servir a Dios, porque Él no cohabita con nada distinto a Sus atributos.

Recordemos que ser Su imagen y semejanza significa ser la manifestación material de Su Amor, la Esencia de donde proviene todo lo que existe. Cualidades negativas sólo atraen lo mismo que ellas, y siempre están separadas de los atributos del Amor, el pan Divino que sustenta toda la Creación: "Podrá comer del pan de su Dios, tanto de lo muy Sagrado como de lo Sagrado." (21:22) En el capítulo siguiente (Levítico 23), el Pueblo de Israel nuevamente es instado a consagrar el Shabat y los días festivos como tiempos designados para reafirmar nuestra continua conexión con Dios. En el capítulo 24 Israel también recibe el Mandamiento de encender un fuego que arda permanentemente en el Santuario (24:2), el fuego material que debe arder constantemente y estar unido al fuego Divino que transforma y eleva nuestras vidas a Dios. Esta continuidad es enfatizada: "desde la noche hasta la mañana ante el Eterno continuamente." (24:3-4, 8)

La profanación del Nombre de Dios, que también significa maldecirlo, nos separa de Él y de la Unidad con Su Pueblo. En esta separación morimos cuando nuestro corazón se vuelve de piedra, y esa petrificación es lo que nos causa la muerte. La elección de vivir las ilusiones de ego en vez de vivir Amor es la maldición y el pecado, y consigo los castigos que ellos también son: "Quien maldiga a su Dios cargará su pecado." (24:15) La Unidad del Pueblo de Israel con Dios es subrayada otra vez al final de esta porción, y asesinar la vida trae muerte al asesino. Tal como mencionamos en nuestro comentario sobre Kedoshim, muerte no es consecuencia de venganza o represalia por transgresiones cometidas contra Dios. Como ya lo hemos dicho, la pena de muerte y otros "castigos" mencionados en la Biblia hebrea son el resultado de irrespetar, deshonrar y destruir la vida humana.

Las transgresiones contra la vida son pecados directos contra el Amor de Dios, y los transgresores están obligados a restituir "vida con vida". La lección aquí es que todas las acciones negativas y transgresiones que uno comete también las comete contra sí mismo, y la única manera de reparar o corregir un acto destructivo o negativo es arreglando el daño causado restituyendo lo robado o destruido, o compensando por aquello que no es posible reparar o restituir. Nuestros Sabios explican en el Talmud que este es el verdadero significado de "Rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente. Según la lesión que haya hecho a otro, así se le impondrá a él." (24:20) y este principio es impartido a todos: "Habrá una misma ley para vosotros, tanto para el extranjero como para el nativo; porque Yo soy el Eterno vuestro Dios." (24:22)

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.