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domingo, 13 de noviembre de 2011

Jayei Sara: La Identidad Judía


Una de las más profundas declaraciones de Abraham plasmadas en la Torá es "Yo soy un extranjero y un residente con vosotros" (Génesis 23:4) y tenemos que entenderla, no sólo como una muestra de la humildad de Abraham hacia sus vecinos, sino como una caracterización del judío basada en su relación con el Creador y respecto al mundo material. Nuestra identidad como judíos está ampliamente definida en la Torá como el Pueblo Elegido, y los vecinos de Abraham le reconocieron como la simiente de una gran nación cuya misión es ser el Pueblo del Eterno: "Escúchanos, mi señor: Tú eres un príncipe del Eterno entre nosotros" (23:6)

Debemos asumir nuestra identidad, no sólo como una definición del Testimonio más importante jamás escrito sino como un significado para nosotros como judíos. Tanto "extranjero" como "residente" son términos que parecen complementarse en lo referente a vivir o habitar en un lugar particular, pero debemos verlos en relación con nuestra identidad, definida de acuerdo a nuestro nexo con el Creador. Este nexo consecuentemente nos hace extranjeros en cualquier lugar donde la Presencia Divina todavía no haya sido totalmente revelada. Somos extranjeros en el sentido de que el Creador nos confía y encomienda construir un lugar para que Él habite en el mundo material. Cumplir Su Mandamiento implica que primero debemos convertirnos en residentes del mundo para poder cumplir nuestra misión.

Como el primer hebreo, Abraham fue reconocido por las naciones vecinas como el hombre que estaba con el Eterno entre aquellas. Este reconocimiento es esencial para poder asimilar la identidad judía. Nosotros sabemos que somos el Pueblo del Eterno, no sólo porque lo diga la Torá sino porque desde nuestros orígenes las naciones lo reconocieron. Sabían que somos extranjeros y residentes con ellos porque ante de todo somos los emisarios del Eterno para ellos. Suena como que podemos habitar en la tierra siempre y cuando sigamos siendo el Pueblo del Eterno ante los ojos de las naciones. En este predicamento nos vemos abocados a reflexionar concienzudamente en la esencia de la identidad judía.

De hecho somos (como también lo son el resto de los mortales no judíos) residentes temporales en este mundo, pero lo que nos hace "diferentes" es nuestra misión de ser Luz para las naciones, una Nación sagrada porque el Eterno es sagrado, y una Nación de sacerdotes que con sus acciones santifican Su Nombre. Nuestro lugar es con el Eterno, y esto también significa que dondequiera que estemos nuestras vidas están encomendadas a cumplir Su voluntad. Lo logramos haciendo que el mundo sea un mejor lugar para todos, de acuerdo a lo que la Torá nos instruye a seguir. Para esa misión el Eterno nos da la Tierra Prometida. Podemos ser extranjeros y residentes con otras naciones, pero tenemos una Tierra asignada a nosotros. En ella podemos desarrollar todo el potencial de nuestra identidad para cumplir la misión que el el Creador nos encomienda.

Hemos indicado en comentarios anteriores que la Tierra Prometida, además de ser un espacio geográfico específico conocido como la Tierra de Israel, representa el conocimiento individual y colectivo de nuestro nexo con el Eterno que nos dio ese territorio. Poseerla es la consecuencia directa de ejercer nuestra identidad de judíos. La Torá afirma este principio, y también nos advierte innumerables veces sobre las consecuencias de perder o despreciar nuestra conexión con el Creador mediante las decisiones que tomamos con libre albedrío.

Nuestra condición de extranjeros y residentes entre las naciones también quiere decir que no nos convertimos en parte de ellas y sus costumbres, ya que nuestros principios están definidos por nuestra relación con Dios. También hemos señalado que las naciones cananeas representan cualidades y rasgos negativos que tenemos que conquistar, derrotar y subyugar para poder asentarnos en la Tierra Prometida. La Torá y los Mandamientos del Creador son los modos y medios de superar los aspectos potencialmente negativos de la conciencia. Cuando logramos ese cometido podemos vivir en pleno conocimiento del Amor de Dios, y por lo tanto vivir en esa Tierra Prometida aquí en el mundo material.

Nuestro destino está al lado del Creador y vemos nuestro tránsito por el mundo como el tiempo para realizar el Pacto con Él. Aunque sepamos que nuestro destino espiritual es vivir con Él, también sabemos que nuestras vidas en el mundo están unidas a la misión de revelar Su Presencia y proclamar Su Gloria. Esto lo hacemos eliminando las ilusiones y fantasías de los deseos materialistas de ego, junto con los rasgos negativos que han mantenido a la humanidad en las tinieblas.

Ciertamente somos forasteros y extraños en las tierras de lo negativo que puede haber en pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos. Pero estos también pueden reconocer las bendiciones y cualidades que andan tomadas de la mano del Amor de Dios. Como judíos, los Abraham de hoy, debemos manifestar nuestra identidad como emisarios del Amor de Dios. Así despertaremos a los demás al conocimiento de los caminos y atributos de Amor, en medio de las ilusiones materiales, y habremos cumplido nuestro destino como el Pueblo de Dios.

domingo, 31 de julio de 2011

Parshat Devarim: Vivir en el Amor de Dios

Cada libro de la Torá es importante al igual que cada palabra contenida en ellos, y sus mensajes están dirigidos a todos los aspectos y dimensiones de nuestra conciencia para entenderlos, asimilarlos y asirlos. Sabemos que algunos de los Mandamientos de la Torá están más allá de nuestra comprensión, y ello tiene sentido considerando que la Palabra de Dios, al igual que el Amor de Dios y Sus atributos, en últimas, están fuera de nuestro entendimiento. Nosotros solamente "entendemos" y "sentimos" tanto como nuestras almas nos lo permiten.

Nuestros Sabios dicen que el alma es para el cuerpo lo que el Creador es para el mundo, y esto quiere decir que el alma nos hace conscientes de ella en el cuerpo, como Él hace al mundo consciente de Su Presencia. También quiere decir que el alma es el lugar del cuerpo y Dios es el lugar del mundo, pero ni el cuerpo ni el mundo son el lugar del alma, ni el lugar de Dios. Entendemos este principio haciéndonos conscientes de que nuestra misión como individuos (cuerpos) y como colectividad (mundo) es revelar el Amor de Dios como la Presencia Divina en nuestras vidas y entornos, porque Él es nuestra Esencia, nuestro sustento y nuestra vida.

En el último libro de la Torá, Devarim (Cosas, Dichos), hay una repetición de muchos de los Mandamientos ya dados y reiterados en los libros anteriores, y también profecías que han sido cumplidas a lo largo de nuestra historia judía. Reflexionemos en algunas de estas repeticiones: "El Eterno nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo, 'Vosotros habéis vivido lo suficiente en esta montaña. Volved y partid, y venid a la montaña de los amorreos y a todas sus comarcas, en la llanura, sobre la montaña, en las tierras bajas, y en el sur, y por la playa del mar, la tierra de los cananeos, y el Lebanón, hasta el gran río, el río Éufrates." (Deuteronomio 1:6-7).


En estos dos versículos se nos recuerda nuevamente que una vez vivimos lo suficiente en el Amor de Dios, bajo Su cuidado, protección y guía, como elementos del conocimiento permanente de Su Presencia en nuestras vidas, debemos verter este conocimiento en todos los niveles y dimensiones de la conciencia con el fin de poder "asentarnos" en la Tierra Prometida, en la vida dentro de los caminos y atributos de Amor como manifestación material del Amor de Dios.

Estos niveles y dimensiones son el mayor conocimiento de la amorosa bondad y sus manifestaciones ("las montañas"), de las emociones y pasiones ("las llanuras"), de nuestros instintos ("las tierras bajas"), de los caminos (sur, norte, este, oeste, arriba y abajo) adonde dirigimos nuestros pensamientos ("la playa del mar"), de cómo subyugamos, controlamos y dirigimos nuestras emociones negativas ("las naciones cananeas), de cómo consagramos nuestros deberes y actividades en la vida ("el Lebanón" como símbolo adicional del Tabernáculo o Templo), y el fluir de nuestra identidad activa ("los ríos"), como las premisas para vivir una vida en la plenitud de Amor: "Y ellos tomaron en sus manos el fruto de la Tierra [Prometida] y nos lo trajeron para nosotros, nos contaron y dijeron, 'La Tierra que el Eterno nuestro Dios nos da es buena'." (1:25), ya que la vida, en los modos y de Amor, siempre es buena.

Otra vez se nos recuerda tener en mente que nuestro mayor conocimiento del Creador (representado por Moisés, nuestro maestro) es de hecho nuestro verdadero guía, pero necesita las demás cualidades y aspectos positivos de la conciencia (las Tribus de Israel) para cumplir plenamente nuestra misión de revelar (para nosotros mismos y para las naciones) la Presencia de Dios en Su Creación: "¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestra carga, y vuestras disputas? Preparad para vosotros hombres sabios y entendidos de entre vuestras Tribus, y yo haré de ellos guías sobre vosotros" (1:12-13).


Este mayor conocimiento del Amor de Dios como nuestra Esencia puede elevar toda nuestra conciencia y hacerla capaz de revelarlo a Él en nuestras vidas y en el mundo: "Y yo ordené a Josué aquella vez, diciendo, 'Tus ojos han visto todo lo que el Eterno, tu Dios, había hecho a estos dos reyes' Así el Eterno hará a todos los reinos a través de los cuales atravesarás. No les temáis, porque el Eterno vuestro Dios es quien lucha por vosotros." (3:21-22).

Aquí aprendemos que Josué y Moisés representan el mismo conocimiento para nosotros como individuos y como Nación. Una vez somos conscientes ("vemos") que el Amor de Dios es nuestro Creador, nuestra vida y sustento, podremos reencaminar nuestros pensamientos, emociones, pasiones e instintos, por los que "atravesamos" cuando manifestamos lo que somos y lo que hacemos. En esta "travesía" no tenemos que temer caer en emociones negativas y en bajas pasiones porque Amor con sus atributos está allanando el camino, suavizando las asperezas de nuestra conciencia.


Esta es la manera en que el Amor de Dios "lucha" por nosotros cuando hacemos la elección de permitir que Él conduzca nuestras vida para vivirla en Sus caminos y atributos, que son la Tierra que ha prometido para nosotros.

domingo, 10 de julio de 2011

Parshat Pinjas: Nuestro Celo por el Amor de Dios

Nuestros Sabios místicos explican que el máximo conocimiento de nuestra conexión con el Amor de Dios (representado por el sumo sacerdocio judío) está más allá de toda comprensión, porque trasciende tanto la realidad material como la espiritual. En este máximo conocimiento, nuestra conciencia no deja que nada cuestione o amenace esta conexión. Este nivel de percepción implica un "celo" que tampoco permite nuestra separación del Amor de Dios: "Pinjas el hijo de Eleazar el hijo de Aarón ha alejado Mi ira de los hijos de Israel, por su celo de vengarme entre ellos, para que Yo no destruya a los hijos de Israel bebido a Mi celo" (Números 25:11). Este "celo" asegura nuestra conexión con Él, la cual es y siempre debe ser permanente.

En este sentido la consecuencia de este conocimiento permanente es ser y estar íntegro, completo, eterno, en paz: "Por lo tanto, diles, 'He aquí que Yo le doy [a Pinjas] Mi Pacto de Paz'. Y será para él y para la simiente procedente de él un sacerdocio eterno; porque él fue celoso de su Dios, e [y con ello] hizo expiación por los hijos de Israel." (25:12).


En nuestro constante conocimiento del Amor de Dios transformamos (hacemos expiación por) cada nivel y dimensión de la conciencia, con el fin de crear un espacio para que Él more entre (en) nosotros. Esta transformación ocurre cuando Amor dirige nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, y acciones. Con y mediante Amor toda clase de conflictos y sufrimientos desaparecen: "Acosad a los medianitas, y habréis de someterlos" (25:17), "Porque ellos os acosan con sus maquinaciones que ellos fraguaron contra vosotros en el incidente de (Baal) Peor (…)" (25:18).

Nuestros tratos con la realidad material ponen a prueba las maneras en que abordamos cada situación, y en particular las buenas cualidades que definen quiénes somos. Estas cualidades son las que debemos siempre dirigir de la mejor manera posible, por lo tanto tenemos que
cuidarlas realzándolas y elevándolas hacia el más alto propósito que tenemos en la vida, que es revelar el Amor de Dios en Su Creación, incluyendo las dimensiones de nuestra conciencia y el mundo en que vivimos.


"Toma un censo de toda la congregación de los hijos de Israel (…)" (26:2), ya que es importante contar, distinguir, y apreciar cada rasgo y cualidad que se mantenga firme y decidido para conquistar los aspectos negativos (las naciones de Canaán) que nos separan de la Tierra Prometida, la cual representa nuestra vida en los caminos y atributos de Dios. Entonces dedicación y devoción en la manera como nos cuidamos a nosotros y a otros, paciencia y perseverancia para transformar situaciones negativas, alegría y entusiasmo para ser y haber el bien, figuran entre las cualidades positivas que debemos expandir en nuestro conocimiento del Amor Divino en nuestra vida (la Tierra Prometida): "A la (tribu) más numerosa daréis una mayor herencia (porción), y a la tribu menor daréis una menor herencia, a cada persona se le dará una herencia de acuerdo a su número." (26:54).

Los últimos dos largos capítulos de esta porción (28 y 29) se refieren a nuestras ofrendas al Creador, las diarias y las designadas [festivales], comenzando con: "Ordena a los hijos de Israel y diles a ellos: 'Mi ofrenda, Mi alimento para Mis ofrendas de fuego, un espíritu de satisfacción para Mí, vosotros procuraréis la ofrenda para Mí en su tiempo designado'." (28:2) y termina con: "Estas vosotros las ofreceréis [elevaréis] al Eterno en vuestros festivales, además de vuestras promesas y ofrendas voluntarias, para vuestras ofrendas de fuego, para vuestras ofrendas de alimentos, para vuestras [ofrendas de] libaciones, y para vuestras ofrendas de paz." (29:39).


Es importante destacar que el episodio de Pinjas con Zimri está yuxtapuesto con las ofrendas, porque al elevar constantemente cada aspecto de nuestra conciencia al Amor de Dios, estamos expresando nuestro celo de estar siempre cerca de Él.

Nuestros Sabios reflexionan sobre la soledad que experimentamos individualmente al querer alcanzar el Amor de Dios. Especialmente cuando todos los niveles de conciencia parecen abandonarnos en nuestro propósito de revelar Su Presencia entre las tinieblas de las ilusiones del mundo material. Sin embargo, el nivel de mantenernos siempre conscientes de nuestra conexión con el Creador (el sumo sacerdocio) y nuestro celo por protegerlo (Pinjas y el Profeta Elías) deben ser permanentes.


Así nos lo recuerda la haftará para esta porción: "La palabra del Eterno vino a él. Y Él le dijo: '¿Qué estás haciendo aquí, Elías?' Y él le dijo: 'He estado siendo celoso del Eterno, el Dios de las Multitudes, porque los hijos de Israel han abandonado Tu Pacto. Ellos han destruido Tus altares, y ellos han asesinado a Tus profetas por la espada; y yo he permanecido solo, y ellos persiguen mi vida para tomarla'." (I Reyes 19:9-10).

No importa qué tan dispersas estén nuestras buenas cualidades, pero es esencial que nunca perdamos la conciencia de que fuimos creados por el Amor de Dios, y que Su Amor nos sustenta.

domingo, 3 de julio de 2011

Parshat Balak: Elevando Nuestra Conciencia al Amor de Dios

"El Eterno dijo a Balaam, '¡Tú no irás con ellos! Tú no maldecirás al pueblo (de Israel) porque ellos están bendecidos'." (Números 22:7) y la pregunta que tenemos que hacer es qué representa Balaam. Nuestros Sabios místicos lo llaman el equivalente de Moisés para "las naciones". Dicho de otra manera, lo que Moisés representa para Israel, Balaam lo representa para las naciones. También dicen que Labán, Balaam y el demonio son el mismo.

Ya hemos dicho que Moisés representa el mayor conocimiento que tiene Israel del Creador. En el mismo contexto, Balaam representa no sólo el menor conocimiento del Creador sino también los rasgos inferiores y las cualidades negativas que niegan la presencia del Creador en Su Creación. Es por ello que uno de los reyes de las naciones cananeas (Balak) llamó a Balaam para que maldijera a Israel. Esto porque las emociones negativas, las bajas pasiones y los bajos instintos ("las naciones") no reconocen el Amor de Dios como el Creador y sustentador de todo, ni tampoco la cualidad redentora de Amor. Por tanto, Israel como el portador de este conocimiento, se convierte en el permanente enemigo de las naciones.

"Balaam respondió y dijo a los sirvientes de Balak, 'Aún si Balak me diera una casa llena de plata y oro, yo no podría hacer nada grande o pequeño que transgrediera la palabra del Eterno, mi Dios". (22:18), porque hasta el mínimo conocimiento del Amor de Dios no puede dar crédito a las ilusiones materialistas de ego. Esto quiere decir que todos los niveles de conciencia (altos y bajos) en últimas reconocen que la entera Creación proviene de Dios, y está dirigida por Él: "¿Cómo podría yo maldecir lo que el Eterno no ha maldecido, y cómo podría yo invocar la ira del Eterno si el Eterno no ha estado enojado?" (23:8).


En últimas, el nivel más bajo de la conciencia humana añora vivir y morir en los modos y atributos de Amor, los caminos que Israel está destinado a seguir y manifestar como Luz de las naciones (“Para ser Luz de las naciones” [Isaías 42:6, 49:6]), como Luz del mundo: "¿Quién ha contado el polvo de Jacob o el número de una cuarta parte de Israel? Que mi alma tenga la muerte de los justos, y que mi fin sea como el suyo [con la cualidades de Israel]" (Números 23:10).

Hasta los aspectos y expresiones más bajos de nuestra conciencia reconocen la bondad de Amor manifestada por los aspectos positivos (Israel), por los que el Creador quiere que vivamos: "Él no ve maldad en Jacob, y no ve perversidad en Israel; el Eterno, su Dios, está con él; y él tiene la amistad [Amor] del Soberano." (23:21) y esta "amistad" es nuestra conexión permanente con Su Amor.

En este sentido, no hay lugar para la agenda individualista y manipuladora de ego: "Porque no hay adivinación en Jacob ni presagio en Israel" (23:23), ya que las fantasías e ilusiones materialistas de ego no conviven con los modos y atributos de Amor. Cuando vivimos bajo la voluntad del Creador todas las ilusiones desaparecen, porque Su Amor lo que sustenta todo, incluyéndolas a ellas.


Con este conocimiento tenemos que revelar el Amor de Dios ocultado por las ilusiones y recuperarlo como lo que nos redime de ellas: "He aquí, un pueblo que se levanta como una leona, y que se yergue como un león. No se acuesta hasta comerse su presa y tomar la sangre de lo que mata." (23:24), porque la misión de Israel es elevar todos los aspectos de la conciencia encauzándolos en los caminos y atributos de Dios. Esto incluye convertir los rasgos inferiores en maneras vibrantes y edificantes de proclamar y manifestar Su Gloria, Su Presencia revelada en el mundo material.

Este es el sentido metafórico de la fortaleza de Israel ("la leona") para transformar a través de los modos y atributos de Dios los aspectos inferiores de la conciencia (nuestra naturaleza "animal" [la presa] y su alma [la sangre de la presa]) para cumplir nuestro destino como la voluntad del Creador.

El Amor de Dios, nuestro conocimiento de Su Amor, es el poder transformador para convertir tinieblas en Luz: "El Eterno, que los sacó de Egipto, con la fuerza de Su poder Él consumirá a las naciones [los aspectos negativos de nuestra conciencia] que son sus adversarios (de Israel), exponer sus huesos, y hundir sus flechas" (24:8).


De esta manera, "Edom será poseída, y Seir se volverá la posesión de sus enemigos, e Israel triunfará" (24:18), aunque esta victoria no podría lograrse si seguimos las ilusiones de ego de glamor, prestigio, sofisticación, y sus fantasías: "Israel se asentó en Shitim, y el pueblo comenzó a fornicar con las hijas de Moab" (25:1), "Israel se apegó a (el culto de) Baal Peor, y la ira del Eterno se encendió contra Israel" (25:3).

Como lo hemos indicado en este blog, la "ira" de Dios es solamente el furor que nosotros sentimos cuando vivimos el vacío de nuestra separación de Él, luego de elegir seguir nuestras bajas emociones, pasiones e instintos, en vez de los modos y atributos de Amor.

"El Eterno dijo a Moisés, 'Toma a todos los líderes del pueblo y cuélgalos ante el Eterno, con cara al sol, y entonces la ira ardiente del Eterno será removida de Israel" (25:4). Una vez pensemos, sintamos y actuemos con los más elevados rasgos y cualidades de nuestra conciencia (los líderes de Israel), y los apeguemos al conocimiento permanente de Amor y Su Luz ("cara al sol") de veras retornaremos a Su Amor.


En este sentido, cuando nuestros más elevados rasgos (los líderes de Israel) caen ante las bajas pasiones (idolatría) deben ser sacrificados ("colgados") para que Amor, nuestra verdadera identidad, viva en consonancia con el Amor de Dios, y no con la "ira ardiente" que padecemos al separarnos de Él. En este conocimiento no hay ira, envidia, avaricia, lujuria, indolencia, crueldad, ni ninguno de los rasgos negativos que experimentamos como resultado del sentido de carencia que los causan.

La haftará para esta porción reitera el poder transformador del Amor de Dios, con el que todas las ilusiones desaparecen: "Y Yo destruiré la hechicería de tu tierra, y tú no tendrás adivinadores. Y Yo destruiré tus imágenes talladas [literalmente: máscaras] y tus estatuas de tu entorno. Y tú nunca más te arrodillarás a las obras de tus manos. Y Yo arrancaré tus Asherim [los habitantes de la tierra como alegoría de los deseos negativos de ego] de tu entorno, y Yo destruiré a tus enemigos." (Miqueas 5:12-13).


El Creador también nos recuerda que Su Amor es nuestro sustento y Redención: "Oh Mi pueblo, ¿qué te hecho Yo y en qué Te he molestado? Responde contra Mí. Porque Yo te saqué de la tierra de Egipto, y te redimí de la casa de esclavitud; y te envié a Moisés, Aarón y Miriam" (6:3-4) y "Él te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno; y lo que el Eterno pide de ti es hacer justicia, amar la amorosa bondad. Y caminar con humildad con tu Dios." (6:8).

domingo, 26 de junio de 2011

Parshat Jukat: La Pureza de la Vida como Regalo Divino


Todos los Mandamientos, estatutos y decretos mencionados en la Torá están relacionados con el Plan Divino que abarca la Creación de Dios, y son dados particularmente a Israel porque dicho Plan es parte de la misión de Israel en este mundo. Aunque no podemos comprender la Esencia de Dios o su Plan, la Torá nos hace claramente conscientes de que Israel está destinado a realizar Su voluntad, por tanto Él nos encomienda hacerlo: "Este es el decreto de (chukat) la Torá que el Eterno ordenó, diciendo: 'Habla a los hijos de Israel (…)'." (Números 19:2).

Nuestros Sabios explican que la vida intrínsecamente es pura y todo lo relacionado con ella debe ser puro, mientras que la muerte representa exactamente lo contrario. En este sentido, nuestra vida se vuelve impura cuando la adulteramos con todo aquello que va contra su integridad, dignidad, honor y bondad. En otras palabras, lo que esté contra los caminos y atributos de Amor, porque Amor es la Esencia de la vida como el Amor de Dios es la Esencia y propósito de Su Creación.

En consecuencia, purificación es la manera de mantener Amor siempre presente en nuestras vidas. Debemos comprender que el mensaje aquí es entender impureza como el resultado de invitar aquello que representa lo contrario a la vida. Estamos verdaderamente vivos en los modos de Amor, los senderos puros que el Creador nos encomienda vivir, porque Amor nos protege de las impurezas de las bajas pasiones y los deseos negativos de ego.

La verdadera vida es alimentada por las aguas del Amor de Dios. Nuestros Sabios místicos enseñan que Aarón, Miriam y Moisés representan nuestro mayor conocimiento del Creador; y para nosotros es el conocimiento de Su Amor. Aarón es nuestra sabiduría, Miriam nuestro entendimiento, y Moisés nuestro conocimiento.

Mientras estas cualidades de nuestro intelecto estén permanentemente conscientes del Creador en nuestras vidas y en toda la Creación, estaremos realmente vivos en el mundo material. Si una de estas cualidades no está presente, nos sentiremos separados del Creador. Con esta perspectiva, entendimiento es el agua que da sentido a la sabiduría y el conocimiento: "Y Miriam murió ahí (en el desierto), y fue enterrada ahí. La congregación no tenía agua, y se juntaron contra Moisés y Aarón." (20:1-2).

La narración prosigue con la conquista de la Tierra Prometida, y los sucesos están relacionados con el mensaje principal de esta porción, la purificación. Hemos dicho que las "naciones" que ocupaban esta tierra representan rasgos negativos que Israel debe evitar, con el fin de permanecer sagrados para el Creador: "Por favor permitidnos pasar a través de vuestra tierra; no pasaremos por vuestros viñedos, ni beberemos agua de pozo. Caminaremos por el camino real, y no nos desviaremos a la derecha o a la izquierda hasta que pasemos vuestro territorio'." (20:17).

Debemos darnos cuenta que cuando contemplamos pensamientos, emociones, pasiones y sentimientos negativos ponemos en juego la bondad de Amor como cualidad inherente de la vida. Entonces tenemos que alejarnos de la negatividad porque en ella no podemos llegar a nada bueno: "Edom se negó a permitir a Israel pasar a través de su territorio, así que Israel se alejó de él." (20:21).

Para evitar los aspectos negativos de la conciencia debemos ser determinantes y comprometer cada dimensión de nuestra vida a los modos y atributos de Amor. Cuando permitimos que Amor dirija, podemos transformar los rasgos negativos en cualidades que dedicamos al cumplimiento de la voluntad del Creador. En realidad es Amor el que realiza esa transformación: "Israel hizo una promesa al Eterno, y dijo, 'Si Tú me entregas este pueblo en mi mano, yo consagraré sus ciudades'. El Eterno oyó la voz de Israel y (le) entregó los cananeos. Él los destruyó y (consagró) sus ciudades (…)" (21:2-3).

Esta transformación no tendrá sentido mientras algunos aspectos de la conciencia sigan apegados a las bajas pasiones y deseos materialistas, que son parte de la percepción negativa de ego que adultera la pureza de la vida como regalo del Creador: "El pueblo habló contra el Eterno y contra Moisés, 'Por qué nos sacaste de Egipto para morir en este desierto, porque no hay pan ni agua, y estamos disgustados con este pan podrido'." (21:5).

La ilusión de separación de la agenda individualista de ego, representada por la serpiente, confirma una vez más que es la principal cualidad adulteradora que causa muerte ante los ojos de Dios: "El Eterno envió contra el pueblo serpientes venenosas, y ellas mordieron a la gente, y mucha gente de Israel murió." (21:6). La manera de retornar a la verdadera vida es redirigiendo nuestros egos en los modos y atributos de Amor. Como hemos mencionado antes, ego es parte de nuestra conciencia y como tal también debe actuar bajo la yunta del Cielo: "El Eterno dijo a Moisés, 'Hazte una serpiente y colócala sobre un pilar, y deja que quien haya sido mordido la vea y viva." (21:8).

La porción concluye con este versículo: "Los hijos de Israel anduvieron y acamparon en las llanuras de Moab, que está frente a Jericó cruzando el [río] Jordán" (22:1), donde los peligros de caer en pensamientos y emociones negativos están para recordarnos que nuestra única elección para consagrar la vida es vivir en los caminos y atributos del Creador.

domingo, 12 de junio de 2011

Parshat Shelaj: Encaminándonos en el Amor de Dios

Asentarse en la Tierra Prometida (vivir en la verdad de los caminos y atributos del Creador) es un empeño que virtualmente toma toda una vida. Todos sabemos que la vida en el mundo material no es una tarea fácil, por ello algunos la llaman bendición y otros maldición, dependiendo qué tan llevadera o complicada sea o resulte. En el caso de la Tierra Prometida el empeño conlleva un proceso de aprendizaje encaminado a crear un espacio para que el Creador more con nosotros.

Esta misión es sólo nuestra en el sentido de que ella depende únicamente de nuestro libre albedrío: es una elección que hacemos o no. En este contexto está claro que una cosa son los Mandamientos del Creador y otra es realizarlos por nuestro propio albedrío. Esto es parte de la naturaleza humana y las decisiones que tomamos son el resultado de lo que queremos en nuestra vida. No se trata de lo que necesitamos hacer sino de lo que queremos hacer.

Moisés, nuestro maestro, conoce bastante bien la fibra con la que nos hizo el Creador y por ello actúa como corresponde. Como representante de nuestro más elevado conocimiento del Creador y Su Amor, Moisés tiene que dirigir los aspectos más refinados de nuestra conciencia, como los apropiados para conducir las demás dimensiones de nuestra vida.

El Creador entonces encomienda a Moisés: "(…) 'envía para ti (shelaj lejá) hombres que explorarán la Tierra de Canaán, la cual Yo doy a los hijos de Israel. Tú enviarás un hombre por cada Tribu de su padre; cada uno será un príncipe en su entorno" (Números 13:2), y Moisés es quien envía los más aptos para informarse de los rasgos, cualidades y expresiones de cada nivel de nuestra conciencia con el objeto de encauzarlos en los caminos y atributos de Dios:


"Veréis lo que la tierra es, y la gente que habita en ella; ¿son [acaso] fuertes o débiles? ¿Son pocos o numerosos? ¿Y qué parte de la tierra habitan? ¿Es buena o mala? ¿Y las ciudades en que viven están en campos o amuralladas? (13:18-19), refiriéndose a la naturaleza de nuestros pensamientos, ideas, creencias, hábitos, gustos, estados de ánimo, tendencias, emociones, sentimientos, pasiones e instintos.

La vida de hecho es buena, a pesar de la actitud negativa hacia ella que tengamos en algún momento, y en últimas se trata de nuestra actitud y no la del Creador. Nuestra actitud y no la Suya es la que nos hace percibir la vida y el mundo como los vemos. En la actitud de Amor todo es bueno:


"Ellos le contaron [a Moisés] y dijeron, 'Vinimos a la tierra a la que nos enviaste, y en la que fluyen leche y miel, y este es el fruto de ella'." (13:27), y aquellos que dirigieron su conocimiento en el Amor de Dios la encontraron aun mucho mejor: "Ellos hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo, 'La tierra que atravesamos para explorar es una tierra excesivamente buena'." (14:7). Cuando guiamos todos los aspectos de la conciencia en los caminos del Creador, Su Amor lo hace para nosotros: "Si el Eterno nos desea, Él nos traerá a esta tierra y nos la da, una tierra en la que fluyen leche y miel." (14:8).

Con el propósito de vivir en los caminos y atributos del Creador no debemos nunca separarnos de Su Amor: "Pero no os rebelaréis contra el Eterno, y no temeréis a la gente de esa tierra porque ellos son [como] nuestro pan. Su protección es retirada de ellos, y [entonces] el Eterno está con nosotros; no les temáis." (14:9), porque cada faceta de nuestra conciencia es ciertamente una parte esencial de nuestra vida. En este sentido nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, etc. también nos alimentan como lo hace el pan.


Cuando los limpiamos de sus expresiones negativas Amor está con nosotros y por lo tanto no tenemos nada de qué temer. Si nuestra voluntad no es suficientemente fuerte para eliminar de nuestros actos las expresiones negativas de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos, caemos en las tinieblas de la ilusión que es la negatividad: "Porque los amalecitas y los cananeos están allí delante de vosotros, y caeréis por la espada, porque habéis dado la espalda al Eterno, y el Eterno no estará con vosotros". (14:43) y nos alejamos de Su Amor cuando rechazamos Sus caminos.

La experiencia del episodio de los exploradores (también llamados "espías") nos indica que nuestra naturaleza voluble debe estar encaminada a procurar las delicias sublimes de los caminos del Creador. La guía y dirección de Su Amor también deben estar siempre presentes en cada aspecto de la conciencia:


"(…) esto será como filacterias para vosotros, y cuando los veáis, habréis de recordar todos los Mandamientos del Eterno para realizarlos, y no iréis tras vuestros corazones y tras vuestros ojos [los deseos y fantasías materialistas de ego] tras los cuales os desviáis. Para que recordéis y cumpláis todos Mis Mandamientos y seáis sagrados para vuestro Dios. [Porque] Yo soy el Eterno, vuestro Dios, que os saqué [con Su Amor] de la tierra de Egipto [ilusiones de ego] para ser vuestro Dios [para que viváis en la Verdad]; [porque] Yo soy el Eterno, vuestro Dios." (15:39-40).

sábado, 26 de junio de 2010

Conquistando las "naciones" con Amor

Estas son las siete "naciones" y cómo conquistarlas:

Ira: calma, felicidad, paz, placidez, concordia
Codicia: generosidad, amorosa bondad, benevolencia
Envidia: humildad, contento consigo mismo, auto-confianza
Impaciencia: auto-control, facilidad, entereza, tolerancia, aceptación
Imprudencia: sensatez, cuidado, precaución, previsión, reflexión
Indolencia: diligencia, dedicación, laboriosidad
Lujuria: modestia, templanza, austeridad, moderación, frugalidad

Lujuria y codicia tienen objetivos similares que eventualmente llegan a ser satisfechos, aunque temporalmente. Envidia, al igual que lujuria y codicia son causadas por sentimientos de carencia, ya sea real o imaginaria, pero la envidia nunca llega a ser satisfecha. Envidiar y codiciar tienen raíces comunes. Sabios sostienen que la ilusoria creencia de Eva de que el Paraíso carecía de algo la llevó a comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal. Ira e impaciencia son causadas o motivadas por la creencia o sentimiento de no estar satisfecho con lo que se es o lo que se tiene. Por lo tanto no hay aceptación, tranquilidad, felicidad o paz con lo que se es ni con lo que se tiene. Imprudencia e indolencia tienen como raíz común la negligencia. Si uno es indiferente tampoco le concierne nada ni nadie.

Estas emociones negativas usualmente son percibidas como cualidades malignas, pero de hecho son emociones y no cualidades. Las emociones negativas no son doblegadas por emociones positivas sino por cualidades positivas, porque las emociones en sí mismas son neutrales. Esto quiere decir que las emociones en su estado natural deben ser dirigidas por cualidades positivas. En general, el egocentrismo es el motivador de todas las emociones y rasgos negativos. En el libro "Dios como Amor" dijimos que las emociones son neutrales por naturaleza, y las describimos como "vasijas vacías" en espera de ser llenadas y guiadas por los niveles superiores de la conciencia. Entonces, o las llenamos y conducimos con nuestra conciencia de Amor Divino, o por las fantasías y deseos de ego. Si uno codicia, empeña su confianza y su autoestima en la envidia, la avaricia y la lujuria; y si no consigue aquello que envidia o codicia con lujuria caerá en la impaciencia y la ira, que lo hacen imprudente y finalmente indolente. Es en este contexto que entendemos el dicho de que "el pecado es el castigo mismo".

También mencionamos en el libro que, además de las emociones, los restantes aspectos o niveles de la conciencia también son vasijas vacías que incluyen intelecto, mente, sentimientos, pasiones, los cinco sentidos, e instintos. Nuestro intelecto debe llenar (instruir) la mente con sentido común, ideas prácticas y principios inspirados en los caminos y atributos de Amor. Nuestra mente llena (dirige) las emociones con pensamientos positivos, y estas a su vez llenan nuestros sentidos invitándolos a abrazar la pasión y excitación que colmen cada rincón del cuerpo, haciendo del habla y la acción manifestaciones tangibles de Amor.

Nuestros Sabios enseñan que las cualidades positivas que redimen a las emociones negativas son la amorosa bondad, reverencia, compasión, confianza, honestidad, lealtad y humildad. Otros Sabios consideran que esas cualidades son en realidad el estado natural de las emociones, y que terminan mal dirigidas por las fantasías e ilusiones de ego. Esto significa que aman ideas, personas o situaciones equivocadas; que reverencian y respetan personas prejuiciadas o fanáticas; que son compasivos ante los malvados y la conducta criminal; que confían en falsas creencias y dedican su lealtad a personas negativas; y que son humildes y sumisos ante situaciones que exigen valentía y determinación.

Mucha gente cree que esas cualidades tienen una naturaleza dual, y que son dirigidas hacia lo positivo o lo negativo dependiendo del carácter de la persona. Entonces, en vez de amar lo bueno y las acciones constructivas, ama los malos hábitos y las adicciones destructivas; en vez de ser humilde prefiere la arrogancia; en vez de confiar en la solidez de sus principios decide creer en estilos de vida glamorosos o superficiales; y miente para hacer creer a otros las fantasías de su ego.

Todos sabemos que hay ciertos factores que determinan las creencias y comportamiento de la gente, los cuales son principalmente patrones culturales, ideologías, nivel económico y social, educación, y valores inculcados en la familia. En el judaísmo todos ellos están sujetos a principios éticos, lo que implica que nuestra línea de pensamiento, reacciones emocionales, pasiones e instintos, están sometidos a esos principios éticos. Y ellos están basados en el Amor de Dios por toda Su Creación, y en Sus Mandamientos para que seamos y manifestemos Sus caminos y atributos. En "Dios como Amor" mencionamos que las emociones son el eje que mantiene el equilibrio de todos los niveles de nuestra conciencia. Mientras las mantengamos llenas de la Verdad, estaremos bien con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno; y esa Verdad es Amor. Sin ninguna otra consideración, debemos llenar nuestras emociones y todos los niveles de la conciencia con Amor para serlo y manifestarlo, ya que esa es la misión que Él nos ha ordenado.

Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor de Dios, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor de Dios como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar esta Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar el Amor de Dios como nuestra Esencia y verdadera identidad en todas las dimensiones de la conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros para siempre.